miércoles, 15 de junio de 2011

Tercera de Mahler por Mehta en Les Arts: más técnica que arte

Esto ya lo he escrito mil veces, pero parece que tendré que seguir haciéndolo: no es lo mismo ejecución que interpretación. Son dos factores que, por supuesto, no solo están relacionados entre sí, sino que además son interdependientes, pero que a la hora de valorar un disco o espectáculo hay que separar de manera suficiente. Muchos siguen cayendo en el error de no hacerlo. Resulta frecuente encontrarnos con descalificaciones hacia una extraordinaria interpretación por culpa de una ejecución no del todo limpia; decir, como se anda diciendo por ahí, que Barenboim ha dejado de ser un gran pianista, me parece una auténtica burrada. También suele ocurrir lo contrario: rendirse ante una soberbia demostración de técnica cuando en el fondo no hay mucha enjundia expresiva.

Dicho esto, entro a valorar la Tercera de Mahler que ofreció Zubin Mehta el pasado domingo 12 de junio en el Auditori del Palau de Les Arts: soberbia ejecución, interpretación notable. Nada menos, pero tampoco nada más. Y es que el maestro indio hace tiempo que dejó de ser lo que era, al menos en Mahler: comparen su sensacional Segunda Sinfonía de 1975 (Decca), posiblemente una de las mejores de la historia del disco, con la tan correcta como rutinaria que registró en 1994 (Teldec). Esta Tercera me ha parecido globalmente similar a la que comenté en este blog con la Filarmónica de Berlín filmada en 2008 (enlace), es decir, de irreprochable ortodoxia en el estilo, trazada sin puntos muertos (¡gran mérito en una obra de tan colosales dimensiones!), rica en el colorido, atenta al vuelo lírico y por fortuna muy apartada del efectismo, el aspaviento y la acumulación gratuita de decibelio... pero no del todo inspirada.


Concretando un poco, el primer movimiento no me ha gustado tanto como el de la Filarmónica de Berlín: lo encuentro menos tenso, menos aristado, no tan atento a la atmósfera. Segundo y tercero me han parecido ahora menos blanditos, mejor enfocados, sobresaliendo por su sensualidad y carácter evocador, como también por la concentración de los pasajes más meditativos, es decir, aquellos con los solos de fliscorno. El buen pulso se mantuvo en el cuarto, que se benefició la voz pequeña pero bien timbrada de una voluntariosa Christianne Stotijn. El quinto no me interesó gran cosa: o se cargan las tintas en los aspectos inquietantes de la escritura o termina uno harto del coro angelical. Eso sí, fabulosos el coro y la escolanía. Magnífico el sexto, cálido y emocionante a más no poder, aunque su final épico y afirmativo seguramente no será del gusto de todos.

Total, una muy buena interpretación que, para mí, no fue del todo suficiente para venir de quien viene: esta partitura necesita una dosis especial de compromiso expresivo, incluso de imaginación, para terminar de enganchar. Justo lo que hoy día hacen otros veteranos como Bernard Haitink (increíble su reciente grabación con Chicago), Pierre Boulez (no tanto en el registro oficial para DG como en su toma radiofónica de 2007 junto a la Staatskapelle de Berlín), o Christoph Eschenbach (enlace), una lista en la que quizá se podrían añadir los nombres de Claudio Abbado (buenísimo su registro con Viena, bastante menos los más recientes) o James Levine (admirable aunque ya añeja interpretación con Chicago), entre otros. Zubin Mehta se mueve en un nivel inferior, aunque se encuentre por encima de muchos otros: por ejemplo, su Tercera ha sido mucho mejor que la cursi y aburrida que ofreció hace años también en Valencia el sobrevalorado Semyon Bychkov al frente de la Orquesta de la WDR.

En cualquier caso, la gran triunfadora del concierto del domingo fue la Orquesta de la Comunidad Valenciana, soberbia en todas sus secciones así como en los solistas, particularmente el trombón en el primer movimiento y el fliscorno (pequeñísimo resbalón aparte) en el tercero. Mehta, dueño de una técnica de batuta soberbia, la dirigió con una seguridad y un estilo admirables, confiando plenamente en el virtuosismo y la musicalidad de los profesores que la integran. Quizá por ello su labor se centrase mucho antes en la ejecución -sonoridad tan hermosa como rotunda, gran claridad, equilibrio de planos- que en la interpretación, dicho sea aunque algunos parezcamos marcianos por escribir cosas como estas y no rendirnos incondicionalmente ante la supuesta genialidad de un Zubin Mehta cuyo esfuerzo intelectual dudo mucho que se corresponda con lo abultado de sus honorarios.

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