
¿Virtudes? Una enorme frescura, una gran capacidad para la narración y un desarrollado sentido teatral que despegan a su lectura de una mera interpretación de concierto para mantener en vilo al oyente -no hay lugar para el aburrimiento- y hacerle recrear la historia con la sola fuerza de la música. Un fraseo flexible pero alejado de cualquier amaneramiento que sabe inyectar una irresistible electricidad, un contagioso sentido del ritmo y una fuerza dramática por momentos áspera y rebelde, características todas ellas muy adecuadas a esta partitura no poco stravinskiana. Una riquísima paleta de colores y texturas en la que se subrayan los timbres más incisivos y aristados, todo ello sin caer en la tosquedad sonora y consiguiendo al mismo tiempo una claridad asombrosa. Y, finalmente, un irreprochable estilo que sabe ofrecer toda la modernidad de la partitura, alejándose de la retórica digamos "romántica" de por ejemplo un Karajan (enlace) y de cualquier tentación de ampulosidad, sin despegarse en absoluto del vuelo lírico, emotivo y cantable, de la maravillosa inspiración pucciniana.
Imposible pormenorizar sobre cada uno de los hallazgos que trufan esta sensacional recreación, pero no me resisto a citar la primera aparición del tema del "Nessun dorma" al final del segundo acto ("dimmi il mio nome"), que alcanza una sensualidad estremecedora, y el mágico comienzo del acto siguiente, en el que el maestro realiza un revelador análisis de las texturas. La orquesta se porta muy bien y el coro realiza una irreprochable labor.
Las voces alcanzan un estimable nivel. Meritorio trabajo el de Alessandra Marc, que no solo tiene la voz de Turandot y canta solventando los terribles escollos de su parte sino que además ofrece toda la rabia alucinada propia de la princesa; sus aspectos más delicados y vulnerables, que obviamente existen, quedan por desgracia desdibujados. Johan Botha ofrece un Calaf más interesante en el plano vocal que en el expresivo. Hei-Kyung Hong hace una Liú rutinaria, pero al menos evita toda ñoñería. Stphen Milling aporta su profesionalidad a Timur y las máscaras están bien. La presencia del enorme Nicolai Gedda como Altoum es más que testimonial: lo hace mejor que otros cantantes más jóvenes que se enfrentan al pequeño rol.
Por favor, no dejen de escuchar esta grabación que se convirtió en el testamento musical de un enorme director pucciniano: tan solo tres semanas después, Giuseppe Sinopoli fallecía de un infarto en Berlín mientras dirigía Aida.

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