jueves, 16 de abril de 2009

La Turandot de Karajan: orgía sonora

El absolutamente genial trabajo que Puccini hizo con la orquesta en Turandot convierte a esta ópera en una auténtica prueba de fuego del virtuosismo de orquestas sinfónicas y directores, pero también en una invitación al exhibicionismo de las formaciones y de las batutas más dotadas. Esta grabación de Herbert von Karajan, registrada en la Musikverein de Viena -con apabullante toma sonora- por los ingenieros de Deutsche Grammophon en mayo de 1981, supone toda una experiencia en ese sentido.


Karajan es aquí más Karajan que nunca. Para lo bueno y para lo malo. El salzburgués se olvida por completo del drama -es decir, de hacer auténtica ópera- y convierte la partitura en un gigantesco poema sinfónico al servicio de la megalomanía más desatada, de tal modo que deja a un lado la arquitectura interna de la obra, la caracterización de las diferentes situaciones y su progresión dramática para perderse en mil y un detalles primorosos, acentuar hasta el límite los contrastes dinámicos y apabullar con la potencia, tersura y belleza sonoras de la inigualable Filarmónica de Viena. Ni que decir tiene que el colorido es riquísimo, la elegancia inalcanzable, la sensualidad irresistible, las texturas de ensueño y la claridad absolutamente portentosa, pero esto no es Puccini.

El equipo vocal es de alto nivel, pero eso aquí es lo de menos: todo está al servicio de la batuta. La Ricciarelli, obviamente una voz demasiado lírica para el imposible rol de la princesa, sale del empeño más airosa de lo esperable, a pesar de que -claro está- lo pasa mal en los extremos de la tesitura. Domingo no tiene el agudo, ya lo sabemos, pero su calidez y sinceridad expresivas le hacen mantenerse muy digno en este registro en el que, dadas las circunstancias, las voces han de pasar desapercibidas.

Barbara Hendricks hace una Liu muy musical, bellemente cantada pero también -como era de esperar- un punto sosa. Raimondi está muy bien. Y resulta un lujo tener a Gottfried Hornik, Heinz Zednick y Francisco Araiza en las máscaras, a Siegmund Nimsgern como el mandarín y a Piero di Palma como el Emperador. Como también es un lujo contar con el Coro de la Wiener Staatsoper, por no hablar de los Niños Cantores de Viena: el que en sus intervenciones suenen extremadamente almibarados no es culpa de ellos.

Jamás recomendaría a alguien acercarse a Turandot con esta interpretación, un verdadero disparate desde el punto de vista estilístico y conceptual. Pero yo he disfrutado muchísimo con el sonido de la Filarmónica de Viena y con el brillante, refinado y sensualísimo espectáculo que monta Karajan con su complicidad. Por eso recomiendo a todo amante de la música orquestal que no se pierda la orgía sonora contenida en estos dos compactos.

2 comentarios:

Julio César Celedón Orduña dijo...

Desde hace unos meses sigo tu blog con mucho entusiasmo desde México y te envío un cordial saludo.

Concuerdo en lo que dices en esta versión que efectivamente también disfruté mucho la primera vez que la escuché, aunque sabía que así no debía sonar precisamente Turandot. Soy fan de Karajan y su sonido y exageraciones para bien y mal, aunque reconozco y estoy consciente de sus desaciertos a la hora de abordar varias obras.

Mi referencia para esta - en mi Top 5 de óperas favoritas - es la referencial con Pavarotti, Sutherland, Caballé y Ghiaurov bajo la dirección de Mehta. De no ser por la Sutherland que, si bien cumple, no es la adevuada para el papel, sería la versión definitiva de la discografía.

Como curiosidad, ahí leí en otro lugar que el agudo del segundo acto "Ti voglio tutta ardente d'amore" fue pegoteado por la ingeniería de sonido dursnte la edición final. Domingo no tenía el agudo pero...por que recurrir a ese truquillo? Tal vez idea y orden del propio Karajan, que no nos sorprendería en absoluto.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por su interés. Tengo la Turandot de Mehta (la primera de ellas, quiero decir) como una de las cosas más grandes jamás grabadas. En cuanto a lo del agudo de Domingo, no solo no me extraña lo más mínimo sino que tengo entendido que es habitual en los estudios de grabación. Un cordial saludo.