sábado, 30 de diciembre de 2023

Vasily Petrenko con la Barenboim-Said: excelente, con reparos

He caído en la tentación de leer críticas del concierto que ayer ofreció la Orquesta de la Fundación Barenboim-Said –hoy sábado repiten en el Infanta Leonor de Jaén– en el Teatro de la Maestranza. Muy mal hecho por mi parte, porque condiciona. Y porque me obliga a empezar como no hubiera querido: alarmándome por la circunstancia de que se amplíe el número de firmas que caigan en esa barbaridad de “este dinero es pura propaganda y se debería destinar a…” (pongan ustedes ahí lo que quieran). Encima, intentando –una vez más– crear enfrentamientos artificiales entre esta formación y otras andaluzas. Que si la OJA, que si la ROSS... Demagogia pura y dura, y precisamente por eso muy peligrosa: nada más directo que esta para conseguir el asentimiento por parte del lector mentalmente perezoso. ¿Por qué lo llaman sinergias cuando quieren decir recortes? Todo ello en un contexto en el que algunos de nuestros chicos de la prensa apuestan por recortar o disolver plantillas orquestales, le hacen la cama a Marc Soustrot y hasta empiezan a hacer publicidad a quien les gustaría que le sucediera… Terrorífico.

En fin, a lo que vamos. Un acierto haber contado con Vasily Petrenko, quizá el director más talentoso que ha frecuentado últimamente las formaciones españolas. Yo le escuché en Londres al frente de la Philharmonia y me encantó. De su ciclo Shostakovich en Naxos también he dado cuenta en este blog: hay cosas muy flojas, otras de enorme solidez y algunas que son formidables. En Rachmaninov es estupendo. Y estuvo francamente bien al frente de la mismísima Filarmónica de Berlín, ocasión en la que tuvo la oportunidad de colaborar con un Michael Barenboim que ayer estuvo presente en el teatro sevillano. ¿Ven ustedes cómo Andalucía se beneficia de semejantes contactos? Por si hiciera falta otra prueba, repárese en que entre el profesorado de los chavales han estado Joaquín Riquelme –el simpático murciano que es viola en la Berliner Philharmoniker, Nabil Shehata –que de la WEDO pasó igualmente a la orquesta de Rattle–, Ramón Ortega y Pablo Barragán.

A estos y a otros excelentes maestros –Suisse Romande, Tonhalle de Zurich, Staatskapelle de Berlín, Concertgebouw, etc.– se debe en buena medida el muy rendimiento de estos chicos –y chicas, no se me enfaden les inclusives–, pero hay que subrayar la importancia no menor de otras dos circunstancias: la calidad de la formación recibida en los conservatorios andaluces y, más importante todavía, la mezcla de talento y esfuerzo de cada uno de los chavales congregados para la ocasión.

El concierto. Lo he repetido muchas veces: en casos como este lo importante es no cómo interpretaron, sino cómo tocaron, pero es inevitable que el melómano de turno lleve en su cabeza mil versiones de Scheherazade (aquí discografía) y otras mil de Romeo y Julieta de Prokofiev, y que por ende comience a realizar comparaciones. Vamos a por ello.

Nivel medio alto y sostenido en la suite sinfónica de Rimsky Korsakov. Petrenko ofreció una interpretación de solidísima ortodoxia dentro de una línea “rusa”, léase más cercana a Reiner o Markevitch que a Ozawa o Karajan, lo que significa que faltaron la opulencia, la sensualidad y el refinamiento de aproximaciones “occidentalizadas” para potenciar, por el contrario, la tensión dramática, el impulso rítmico e incluso la sanísima aspereza que a esta música le conviene. Toda la página alcanzó un elevado nivel de inspiración expresiva, salvo –siempre para mi gusto, claro está– el arranque del tercer movimiento y todo el final tras el naufragio de Simbad: eché de menos magia poética.

Muy a destacar la calidad de la planificación por parte de la batuta, tanto a nivel horizontal como vertical. En este último sentido, empaste y clarificación de planos fueron casi siempre muy notables. Es por ello por lo que la orquesta sonó muy bien, aunque el mérito de las intervenciones solistas fue más el de los propios chavales. Hubo alguna pifia, ciertamente, pero solventaron con mucho acierto una partitura la mar de exigente. Una pena que no se nos hiciera saber el nombre de la concertino, una chica que tocó de manera altamente satisfactoria y que, además, supo interpretar expresivamente los estados de ánimo de la protagonista. Su sonido violinísistico probablemente no sea el ideal para hacer Sibelius, pongamos por caso, pero sí para la delicadeza que exige esta parte.

“Selección de movimientos” del genial ballet de Prokofiev para la segunda mitad, decía el programa. En realidad, lo que hizo Petrenko fue ofrecer la Suite nº 2 completa para luego extraer Máscaras, La muerte de Teobaldo y no recuerdo si alguna cosa más de la Suite nº 1. No me hizo la menor gracia este orden, la verdad. Interpretativamente hubo cosas buenísimas y otras no tanto, justo como ocurría en el registro del ballet completo que el maestro ruso tiene con la Filarmónica de Oslo. Máscaras y Danza (el nº 4 de la segunda suite) me parecieron dirigidas muy de pasada. Muy bien Montescos y Capuletos –solo eso–, muy notable La muerte de Romeo –algún detalle inteligentísimo, igual que en el disco– y excelente sin reparos La muerte de Teobaldo. Para encontrar algo mejor en esta última pieza –en lo interpretativo, no en lo que a ejecución se refiere– hay que irse a las más grandes recreaciones; por ejemplo, Claudio Abbado y Sergiu Celibidache, ambos con la Sinfónica de Londres, o Riccardo Muti

Dicho esto, en la orquesta hubo muchos desajustes. Demasiados. La responsabilidad es tanto de la orquesta como de su director. ¡Y también del público! ¿Acaso es posible mantener la concentración, y por ende la precisión, soportando una cantidad de toses tan grande como la que ayer en el Maestranza boicoteó toda la segunda parte del concierto? En contrapartida, hay que destacar las numerosas intervenciones solistas de calidad que hubo en una partitura extremadamente exigente –más que la de Rimsky-, intervenciones que no solo acertaron en lo técnico, sino también en lo estilístico. Sí, las maderas andaluzas sonaron a Prokofiev. No es fácil.

Muchos aplausos y ninguna propina. Un amigo se cabreó por ello. Yo creo que, después del horroroso recital de ruidos maestrantes, hicieron bien en no darla.

viernes, 22 de diciembre de 2023

Barenboim vuelve a las andadas

No pensaba sacar a este blog del stand by durante un tiempo. Lo hago de manera excepcional porque esta tarde Daniel Barenboim, después de no pocos meses sin apenas actividad musical, ha vuelto a las andadas. Lo ha hecho en la mejor compañía, Martha Argerich y la Filarmónica de Berlín, más sus amados Beethoven y Brahms en los atriles. ¿Cómo está el de Buenos Aires? En lo físico, muy desmejorado. En lo artístico, el de siempre. Mejor dicho: el de los últimos años. 

Sin novedad el Concierto para piano nº 2 –ya saben, primero en el tiempo– de Ludwig van Beethoven, muy parecido al que Barenboim y Argerich ofrecieron junto a la WEDO en 2015. Lo que escribí en este blog sigue vigente –he repasado varias veces el audio disponible en Peral Music–, así que aquí va el enlace y me limito a resumir: el encuentro entre el Beethoven noble y profundo de él con el efervescente, nervioso e incisivo de ella se salda con la victoria de Doña Marta. Ella es quien lleva la voz cantante, pero también la culpable de que el último movimiento no termine de convencer pese a que Barenboim y la orquesta lo interpretan con una jovialidad y un entusiasmo fuera de lo común. Magnífico el movimiento inicial, y hermosísimo un Adagio en el que la pianista sabe remansarse y destilar matices de admirable poesía, aunque no sea bajo el concepto de Barenboim. Este, en cualquier caso, le soltó un enorme "bravo" nada más apagarse el último acorde. Aplausos muy largos, caras de alegría y ninguna propina.

 

La Sinfonía nº 3 de Brahms ha sido la versión corregida y aumentada de las dos –una en audio y otra en vídeo– que el maestro porteño hizo no hace mucho con la Staatskapelle de Berlín, que a su vez eran el fruto maduro de aquel lejano borrador con la Sinfónica de Chicago. Es decir, versión hipergótica, amarga y profunda, lacerante sin que el enorme desgarro interno conduzca a la extroversión dramática, atentísima al peso de los silencios y ejemplar en su testimonio de la manera en que Barenboim comprende la dirección de orquesta como arte de la transición. ¿Diferencias? Ninguna en lo conceptual, unas cuantas en lo formal. Esta de hoy viernes 22 de diciembre le ha durado dos minutos más que la del disco de DG. La riqueza de matices, por increíble que parezca, ha sido superior. El equilibrio de planos sonoros conoce algunos reveladores cambios. Y la inspiración poética es más elevada.

A destacar cómo el celebérrimo Poco Allegretto arranca ahora con un sugestivo rubato y alcanza, cosa que aún no lograba con la Staatskapelle, una inspiración tan grande como el de Giulini con la Filarmónica de Viena, aunque desde una visión menos amorosa y más inquietante que la del italiano. Sublime la trompa de Stefan Dohr –creo que era él, aunque ya no esté en plantilla–, y el mismo calificativo se puede otorgar a los demás solistas de la formación berlinesa. Lástima que en el Finale, en cuya introducción Barenboim saca un partido extraordinario de la sonoridad grave de la madera –más que en el disco–, haya un momento en el que parezca perderse el pulso, porque globalmente es difícil alcanzar un grado tan superlativo de comunión espiritual con esta música.

Me incomoda terminar como algunos lectores malignos esperan que lo haga. Pero tengo que hacerlo, porque es la verdad: esta es la Tercera de Brahms que más me gusta de cuantas he escuchado. ¿Más que la citada de Giulini? Sí, todavía más. Si por desventura este fuera el cierre de la carrera de Barenboim, ¡menudo broche de oro!

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Constitución

Seis de diciembre, Día de la Constitución. Quizá haga falta recordar que lo que se celebra no es la Carta Magna de 1978 en sí misma, sino lo que esta representó en su momento: la llegada de la democracia tras una dictadura ultraderechista de cuatro décadas.

Dictadura encabezada por un general mediocre que, junto con otros miembros del ejército y el apoyo de fascistas, carlistas, terratenientes, oligarquías financieras y buena parte del clero, dio un golpe de estado que condujo al país a una guerra de tres años unánimemente hoy considerada como pórtico de la II Guerra Mundial; que una vez terminada la contienda, y por puro deseo de exterminar físicamente a la oposición y establecer el régimen del terror, incurrió en el genocidio sistemático de 40.000 personas, al tiempo que encarcelaba y represaliaba a muchas otras; que devolvió los privilegios a los ricos mientras mantenía a la mayor parte del país en la miseria; que con toda comodidad se mantuvo en el poder gracias al contexto de la Guerra Fría, aunque jamás nos librara de ese comunismo soviético sin duda repugnante, pero que realmente nunca tuvo más interés por nuestro país que el logístico y crematístico; que no supo aprovechar la bonanza económica de los sesenta con ese desarrollo que, con toda justicia, se ha terminado conociendo como desarrollismo, por lo parcial y desequilibrado de su extensión; que manipuló a la juventud con un inmenso aparato propagandístico para crear una ciudadanía tan cobarde como obediente, para terminar recurriendo a la más dura represión policial cuando empezaron a soplar nuevos aires ideológicos; y que en modo alguno, con su designación de Juan Carlos I como sucesor en la jefatura del estado, tuvo la intención de facilitar una transición a la democracia.

Pero en ella, en la Democracia –así con mayúsculas, por muchos defectos que tenga– estamos. Y eso precisamente es lo que celebramos hoy, a pesar de que la palabra anda hoy en boca de quienes cada día disimulan menos su añoranza del régimen de Francisco Franco. Frente a ellos, y frente a su deseo de apropiarse de lo que es de todos y para todos, podemos decir hoy con orgullo VIVA ESPAÑA.

domingo, 19 de noviembre de 2023

La música no nos hace mejores

Tuve hace unos días el atrevimiento –insano pero a la postre acertado, por revelador– de asomarme por el Twitter de cierto crítico musical que ejerce su actividad tanto a nivel local como en una prestigiosa revista especializada de tirada nacional; crítico que suele presumir, en sus textos musicales, de objetividad y sensatez. Había llenado su red social de chulescos exabruptos hacia la izquierda, como en él es habitual, pero esta vez había algo distinto. No solo es que calificara al PSOE de golpista y tal: es que había ido retwitteando, uno a uno, nombres y fotografías de ciertos diputados socialistas rotulados con un significativo "YO VENDÍ ESPAÑA". Guardo pantallazos, por cierto, de los cuales pongo aquí uno con el rostro y el nombre borrados por mí.

Me pregunté entonces, y me pregunto ahora, si es verdad eso de que la intolerancia se cura leyendo. Y una vez más va a ser que no. Personas cultas y sensibles hacia el arte –también hacia una de sus vertientes más sublimes, la música clásica– pueden comportarse como auténticos neonazis, algo que se está sintiendo con claridad en estos días de extrema crispación política en los que se practica la más detestable cultura del señalamiento. Porque esas fotos y esos nombres no se cuelgan en internet de manera inocente, no señor.

Cierto es que semejante dinámica la abrió en la España reciente la izquierda, el partido Podemos para concretar, en sus tristemente célebres escraches. Pero ahora parece monopolio de la derecha, alcanzando unos niveles de considerable violencia verbal y de creciente acción física. Lo explica hoy El País en este artículo: llamadas de teléfono amenazantes, insultos cuando bajas de la oficina a fumarte un cigarro, acosos en cafeterías, gente que te espera con un pasamontañas en la puerta de tu casa, pintadas en las sedes del partido, huevos en las ventanas, silicona en las cerraduras, mierda en los pomos de las puertas... Y rotura de cristales, como en la Alemania de 1938. ¿Recuerdan? De momento, el límite se ha alcanzado con una agresión física aquí cerca de donde escribo, en Sanlúcar de Barrameda para concretar, y con una concejala del PP de un pueblo de Cuenca pidiendo para el presidente Pedro Sánchez un tiro en la nuca. Irá a más, seguro, porque con el éxito –incuestionable– de las manifestaciones en contra del nuevo gobierno muchos radicales se han quitado la careta y andan envalentonados.

Miro Twitter hace un rato y compruebo que el crítico arriba referido ha borrado sus mensajes políticos. Me alegro, aunque no sé si lo ha hecho motu proprio o porque alguien de la revista en que escribe le ha dicho que no pueden mantener una columna de opinión mensual (¡vaya con su columna, dicho sea de paso!) firmada por alguien que en sus redes sociales incita a la violencia ad hominen. Sea como fuere, lo que les quiero decir sigue vigente: quizá el pobre Daniel Barenboim se equivoca al seguir reivindicando la música como instrumento de paz, porque a la vista está que se puede amar a Bach intensamente y a la vez participar de manera activa en la escalada de violencia política. Lo que yo mismo he comprobado hace unos días en este blog, sin ir más lejos.

¿Y qué se puede hacer contra todo esto? ¿Callar y mirar hacia otro lado para que a ti no te señalen, esperando que se calmen los ánimos? No: eso se hizo con los totalitarismos de los años treinta y miren lo que pasó. La única salida es denunciar. Justo lo que hizo ayer Antonio Muñoz Molina en un magistral artículo (leer aquí) en el que, haciendo referencia a la manera en que cuando le tocó hacer el servicio militar se veía venir un golpe de estado que terminó llegando aquel inolvidable 23 de febrero de 1981, finalizaba con las siguientes palabras:

"Sobre la solidez de este Gobierno y la lealtad de sus precarios aliados nadie puede hacerse muchas esperanzas. Pero quien vivió en persona una dictadura se siente ofendido cuando oye llamar tranquilamente dictadura a este tiempo que ahora vivimos. Los que llaman golpe de Estado a la formación de un Gobierno nacido de unas elecciones escrupulosamente libres y de una mayoría parlamentaria son del mismo linaje de aquellos que estuvieron a punto de devolvernos a la barbarie de la tiranía en aquellos años de mi primera juventud, cuando casi nadie pensaba que la libertad recién ganada pudiera durar mucho tiempo."

Pues eso. La violencia solo puede ser atajada pacíficamente mediante la denuncia.

viernes, 17 de noviembre de 2023

Vuelve el fascismo a España

 "La idea de turno o juego político, ha sido sustituida para siempre, por la idea de exterminio y expulsión, única salida válida frente a un enemigo que está haciendo de España un destrozo como jamás en la historia nos lo causó ninguna nación extranjera".

Radio Jerez. José María Pemán, 24 de julio de 1936.  

Ayer Pedro Sánchez (PSOE) fue elegido presidente por una mayoría absoluta que salió de las urnas: repárese en que, en España, quien gana las elecciones no es necesariamente el partido más votado, sino aquel que logra consenso suficiente para sumar votos.

Hoy, la editorial del diario derechista El Mundo (leer), dice lo siguiente:

"Superada la investidura, es crucial que ni la oposición ni la sociedad civil se abandonen a la resignación."

¿Veremos los tanques en la calle? No creo que lleguemos a eso, al menos de momento. Pero sí me parece claro que la oposición está alimentando a un monstruo que acabará por devorarla. Los precedentes históricos son claros. Y no, no son únicamente las masas sociales desarraigadas las que se dejan llevar por las emociones fuertes que plantean estos nuevos fascismos. Son también personas cultas e inteligentes las que se apuntan a eso de que se ha cometido un golpe de estado (¡formar gobierno con mayoría absoluta!) y de que "el pueblo" ha de continuar "la resistencia en la calle". Entre ellas, numerosos lectores de este blog. Por eso está cerrado: a favor de la democracia y en contra de cualquier tipo de fascismo, entre ellos el de Santiago Abascal, Isabel Díaz Ayuso e incluso un cada vez menos moderado y más siniestro Alberto Nuñez Feijóo.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...