domingo, 21 de febrero de 2021

Shani y Barenboim hacen Chopin

El pasado 1 de febrero Lahav Shani, la Filarmónica de Rotterdam y Daniel Barenboim –haciendo uso de su propio piano– filmaron a puerta cerrada un breve concierto que acaba de ser ofrecido en streaming por el canal Medici TV. La primera de las dos obras es el Preludio a la siesta de un fauno. De ella el joven maestro israelí ofrece una recreación perfecta en el estilo, que suena a Debussy y no a Ravel, tampoco al pasado romántico y menos aún al futuro “bouleziano” –Jeux está todavía lejos–, pero que por lo que realmente destaca es por su intensa mezcla de concentración y voluptuosidad erótica: difícil encontrar una recreación que suena más claramente a playa del Mediterráneo al comienzo de la tarde. Y eso lo consigue Shani, faltaría más, demostrando no solo conocimiento y sensibilidad, sino también capacidad para planificar con perfecto sentido orgánico –algo indispensable en esta obra que pasa del ensueño a la intensidad, y de ahí a la total relajación– y una exquisita sensibilidad para el timbre. Formidable la flautista, no tanto el primer violín.

En el Concierto para piano nº 1 de Chopin podría uno esperar que la batuta no terminase de rimar con el concepto del piano. Pues todo lo contrario: da la impresión que el antiguo asistente de Barenboim ha querido rendir homenaje a su maestro fusionando las dos personalidades que hoy anidad en el de Buenos Aires. Por un lado hay músculo sinfónico, densidad, opulencia más o menos “germánica” y un apreciable sentido de lo combativo. Por otro, se aprecian una sensualidad, una delicadeza y –muy especialmente– una ternura que el ya venerable artista ha desarrollado plenamente solo en los últimos años: el Larghetto, dirigido con tanta concentración como poesía, es de verdadero infarto. Lástima que en los tutti la orquesta se quede algo corta.

Bueno, ¿y nuestro querido pianista? Peor de dedos, ciertamente, pero mejor que nunca en lo que a técnica se refiere, es decir, en el conocimiento de las posibilidades del instrumento para usarlas con fines expresivos. Su manera de modelar cada una de las notas, de ligarlas entre ellas, de manejar el rubato, de encresparse para luchar contra la orquesta o de adelgazar el sonido al límite –las geniales “interrogantes” sin respuesta orquestal escritas por el polaco en el segundo movimiento– es de no dar crédito.

Por lo demás, Barenboim ha alcanzado por fin el mayor grado de afinidad con el compositor. Reconozcámoslo: en aquellas ya lejanas grabaciones para EMI y en los Nocturnos para DG había cosas dignas de admiración, pero la austeridad y el carácter dramático que caracterizaban por entonces el arte de nuestro artista le impedía alcanzar la sintonía absoluta. Ahora la cosa ha cambiado. ¡Y de qué manera! No es solo cuestión de sonoridad o de fraseo, que también, sino de espíritu. Ya saben el lado “femenino” de Chopin. Cada día queda más claro en la evolución del maestro. Lo frágil, lo coqueto, lo pícaro, lo amoroso… El avance con respecto a su magnífica grabación con Andris Nelsons de 2010 es manifiesto.

En fin, no me resisto a escribirlo: esta de Rotterdam es, al menos para los dos últimos movimientos, mi versión preferida. Hagan lo que puedan por escucharla.

viernes, 19 de febrero de 2021

El último Debussy de Solti

Sir Georg Solti grabó su último Debussy al frente de  la Sinfónica de Chicago entre 1990 y 1991, registros en vivo editados por Decca que hasta ahora yo no conocía, pese a lo muchísimo que me gustan las obras contenidas en el compacto: Nocturnos, La Mer y Fauno. Vamos a ello.

Independientemente del asombroso virtuosismo del que hacen gala la batuta, su orquesta y –en no menor medida– el Coro femenino de la CSO bajo la dirección de Margaret Hillis, la recreación de los Trois Nocturnes –enero de 1990– interesa por apartarse de las brumas impresionistas para optar por la efervescencia, los contrastes y la teatralidad, así como por una paleta de colores menos difuminada, más incisiva que de costumbre. En “Nuages” la cosa funciona regular: el misterioso y ambiguo estatismo que hacen tan visionaria esta página se termina perdiendo. También en “Fêtes”, pero aquí es difícil resultarse ante el dinamismo, el fulgor y el carácter sanguíneo que Solti imprime para ofrecer una recreación más festiva que nunca. En “Sirènes”, amén de la excelencia de un trazo que manera con asombroso sentido orgánico tensiones y distensiones, matices dinámicos y texturas –hay pasajes reveladores–, se aprecia un espíritu gozoso, de verdadera plenitud dionisíaca, que arroja nuevas luces sobre la partitura.

En el Preludio a la siesta de un Fauno –octubre de 1990–, el maestro opta por un tempo considerablemente más lento que la de su grabación de 1976 para el mismo sello (9’35 frente a 10’48) sin que se resientan arquitectura horizontal -portentosamente planificada-, claridad en las texturas o atención al detalle, pero el maestro sigue sin “cogerle el punto” a la obra, que traduce con más tensión que emoción, con más brillantez que verdadera magia poética

En La mer –octubre de 1991– no hay novedad con respecto a la grabación realizada por los mismos intérpretes en 1976. Todo se encuentra expuesto con una depuración sonora extrema, trazo absolutamente natural –orgánico y flexible, pero sin preciosismos–, vehemencia controlada y un sentido de la brillantez que no empaña el gusto más exquisito, pero sin terminar de profundizar en los aspectos más misteriosos, léase más modernos, de esta música genial. Lejos de leer entre líneas, Solti va al grano y trata la pieza como una pieza “romántica”, como un gran tríptico teatral en el que los aspectos más vistosos y extrovertidos de la música son los que más se benefician de semejante enfoque. A descubrirse ante la ingeniería de sonido, que optó sabiamente por un volumen bajo para garantizar la máxima gama dinámica (¡cuidado con los vecinos!) y no se empeña en colocar las arpas o algunos instrumentos de percusión en primer plano.

miércoles, 17 de febrero de 2021

El milagro de Heliane, en imágenes

Conozco y admiro la música cinematográfica de Erich Wolfgang Korngold (1897-1957) desde hace mucho. A su etapa vienesa llegué más tarde, si bien la ópera El milagro de Heliane, que recibió su estreno allá por 1927 para desaparecer por completo en la época nazi, tuve la suerte de escucharla en cuanto se puso a la venta la primera grabación de la misma, la realizada por Decca en 1992 bajo la batuta de John Mauceri. Ahora el sello Naxos y la plataforma Medici TV lanzan el vídeo de la producción escénica realizada en la Deutsche Oper de Berlín en 2018.

Mi opinión sobre la música viene a ser más o menos la misma de antes: esta es una ópera muy irregular que va claramente de menos a más. En el primer acto las tensiones entre los personajes no están adecuadamente reflejadas por una música que posee todo ese hedonismo, esa riqueza de color y ese decadentismo bien entendido del mundo vienés de entresiglos –esta partitura mira hacia atrás–, pero que vuela corto en inspiración poética; el presunto dúo de amor entre tenor y soprano no funciona en absoluto. Mejor el segundo acto, en el que la protagonista tiene un “aria” de estremecedora belleza (escúchela aquí por Renée Fleming), y magnífico de principio a fin el tercero, mucho más dramático y encrespado, terriblemente exigente en lo que al coro corresponde, para culminar en una escena que mezcla erotismo y elevación –porque de eso va la obra, de la relación entre carne y espíritu– con una poesía equiparable a la de los grandes títulos de la lírica del mismo marco, léase Richard Strauss.


¿Interpretación? De gran calidad. Marc Albrecht dirige de manera formidable, con claridad y con garra, evitando esa tentación del preciosismo que la partitura alberga. Sara Jakubiak posee la voz adecuada y canta con apreciable técnica: Anna Tomowa-Sintow, protagonista de la grabación de Mauceri, me confesó en una firma de autógrafos que encontraba su parte de una dificultad extrema. La soprano berlinesa, por cierto, no tiene reparos en realizar el prolongado desnudo integral que exige el guion.

Brian Jadge sufre en una parte que exige al tenor moverse continuamente en la zona de paso, pero globalmente sale airoso tanto en técnica como en expresión, y además da el tipo físico que requiere su personaje. El malo de la función –el monarca casado con Heliane– le corresponde al bajo-barítono Josef Wagner, quien compensa su canto monocorde con una actuación escénica de impacto. Entre los demás cantantes triunfa la mezzo Okka von der Damerau.

La producción escénica corre a cargo de Christof Loy. Su respeto a la dramaturgia original es grande, pero integrarla en la iconografía de Testigo de cargo –la inolvidable película de Billy Wilder basada en Agatha Christie– y convertir a Heliane en Marlene Dietrich –protagonista del filme– resulta muy inadecuado, entre otras cosas porque un personaje y otro no tienen nada que ver. La dirección de actores es perfecta, eso sí, y la resolución de la difícil escena final –la pareja asciende al más allá– está muy lograda. Bellísima la luminotecnia de Olaf Winter.

Calidad de imagen y sonido son admirables, pero no hay subtítulos en castellano. Aun así, recomiendo calurosamente el visionado.

sábado, 13 de febrero de 2021

Tres breves: una de Valencia, dos de Sevilla

UNA. Leo que el maestro Alexander Liebreich (Ratisbona, 1968) se hace cargo de la Orquesta de Valencia. Conozco tres discos suyos: oberturas de Rossini, Réquiem de Mozart y Sueño e Italiana de Mendelssohn. En ellos deja bien clara la solidez de su técnica, como también la unidad de concepto: fraseo ágil, sonoridad liviana y cierto amaneramiento, en un frustrado intento de fusionar tradición e historicismo. A falta de escuchar más testimonios fonográficos, me parece un nombramiento poco estimulante.

DOS. Mariola Cantarero y mi paisano Ismael Jordi han celebrado esta mañana sus veinte años de trayectoria en el Teatro de la Maestranza. No he ido porque Jerez de la Frontera sigue con cierre perimetral y la movilidad entre provincias andaluzas está prohibida. Ya sé que varios críticos de por ahí vinieron al Villamarta a poner por las nubes el Trovatore. Ellos sabrán lo que hacen: yo cumplo la normativa. Si Ismael ha estado como en su recital del Villamarta de hace unos meses, habrá sido fantástico. Probablemente Mariola, gran belcantista, también se haya lucido. Desde aquí les felicito. La foto es de Guillermo Mendo.

TRES. Compruebo que la Orquesta Barroca de Sevilla ha vuelto a Haydn, y confirmo lo que dije en una entrada anterior: boicoteada la Barenboim-Said por ciertos partidarios del historicismo que hay en la ciudad de la Giralda, la OBS ya puede campar a sus anchas en un repertorio que no es precisamente barroco. Si hubiere lectores hispalenses de este blog, y si no se terminan de creer la calificación de tremendo ignorante que me aplican los admiradores de esa orquesta, les recomiendo que escuchen Haydn de verdad volviendo a los grandes clásicos: Sir Colin Davis, Sir Neville Marriner y, sobre todo, Sir Georg Solti. Y también a Otto Klemperer, a Leonard Bernstein, a Raymond Leppard, a Daniel Barenboim y a Sir Simon Rattle, e incluso a un Jochum o un Karajan, por no hablar de Antal Dorati o Adam Fischer, que firmaron notables integrales sinfónicas. Y a Frans Brüggen, que en la línea HIP interpretó a este autor de manera fenomenal. La colección de sonoridades ingrávidas, saltitos, suspiros, espasmos y amaneramientos que hoy día nos venden no es Haydn, sino una tomadura de pelo. Siempre nos quedarán los discos para comprobarlo.

viernes, 12 de febrero de 2021

Una Carmen legendaria: la de Abbado

La celebérrima Carmen protagonizada por Claudio Abbado, Teresa Berganza y Plácido Domingo se grabó a partir de las funciones del Festival de Edimburgo en la capital escocesa entre el 24 y el 27 de agosto de 1977, completando las sesiones en Londres entre el 12 y el 15 de septiembre para dar cabida a unos nuevos intérpretes de Micaela y Escamillo, Ileana Cotrubas y Sherill Milnes respectivamente. Compré el Blu-ray Audio a 192 kHz editado por Deutsche Grammophon y me llevé dos decepciones. Una, la relativamente frágil caja de cartón en la que se presenta el producto. Dos, un sonido que parecía empeorar con respecto a pasadas encarnaciones en compacto.

Escuchado el registro con detenimiento, reconozco que estaba equivocado con respecto a esto último: suena estupendamente. Lo que ocurre es que hay que poner el volumen bien alto y, por descontado, hacer uso del sonido multicanal en el caso de contar con el equipo adecuado. La cuadrafonía, supongo que original, otorga gran espacialidad y no hace uso de efectos especiales más que en los momentos oportunos: coro de niños, pelea de las cigarreras, llegada de Don José en el segundo acto, la retreta, etc. En equilibrio de planos es irreprochable y amplísima la gama dinámica. Claro está, la Carmen de Bernstein de 1972, asimismo DG y multicanal en el SACD Pentatone, suena todavía mejor, mucho mejor incluso, pero aquello era un milagro inexplicable. De la capa en Dolby Atmos poco les puedo decir, porque no tengo instalados altavoces en el techo. Para los tradicionales, esta edición del sello amarillo también incluye el registro en dos CDs corrientes y molientes.

Dejando a un lado la tan genial como discutible dirección de Bernstein, esta sigue siendo la Carmen de referencia. De la dirección de Abbado hay que admirar, ante todo, el increíble trabajo técnico del milanés: a pesar de que sus tempi son rápidos, todo está desmenuzado al milímetro. Líneas, texturas, timbres… ¡Y qué decir de las dinámicas! Pero no hay rastro, en absoluto, de ese preciosismo que afectará muy seriamente al maestro milanés a partir de los años ochenta. Menos aún de la blandura o de la falta de carácter que serán marca de la casa, porque la batuta se pone plenamente al servicio de la acción y de sus personajes: para nada se trata de una dirección “sinfónica”, porque lo que aquí se escucha es teatro puro. La London Symphony Orquesta toca con una perfección absoluta, mientras que los Ambrosian Singers demuestran lo que los amantes de la música de cine sabemos de siempre: que fueron el mejor coro del mundo en aquellos excelsos años.

Teresa Berganza ha dicho por activa y por pasiva que no es una puta. Estoy de acuerdo: yo creo que es más bien una hija de la gran puta –como lo son Don José y Escamillo, por otra parte–. Su encarnación de la gitana es ante todo elegante, refinada en el mejor de los sentidos, francesa si se quiere, pero en su empeño en hacer menos “racial” el personaje se lleva por delante algo de su esencia, lo que quizá tenga que ver con un instrumento en exceso lírico, amén de muy cortito de volumen: aún recuerdo aquellas funciones en el Teatro de la Maestranza, junto a Carreras y con Domingo en el foso, en las que a la mezzo madrileña apenas de la oía. En cualquier caso, su encarnación es sensible, inteligente y de apreciable altura.

Plácido Domingo sí que tiene la voz adecuada. Pero no (¡que conste que soy fan suyo!) el estilo, ni menos aún la dicción. Tampoco le pone mucho interés a eso de jugar con las dinámicas: las medias voces nunca fueron su fuerte. Ahora bien, a lo que a conjunción entre temperamento y belleza vocal no le gana nadie: hay tenores más idiomáticos para Don José, también los hay más “veristas” y desgarrados, pero el equilibrio de Plácido le hace ganar la partida, muy particularmente en la progresión psicológica del dúo final.

Ileana Cotrubas, ya se sabe: canto exquisito, pero temperamento pelín cursi. Como su personaje también lo es, los resultados alcanzan gran altura. Tampoco hay novedad con respecto a Sherill Milnes, como siempre voz estupenda y expresión monolítica. Me gusta más todavía más Tom Krause, que cantó en Edimburgo; quizá le sustituyeron porque ya estaba en el citado registro de Bernstein. Excelentes Yvonne Kenny, Alicia Nafé y Robert Lloyd. Ah, la versión –menos mal– es con diálogos, estupendamente realizados.

“Una Carmen legendaria”, dice Alan Blyth en sus notas, escritas en 2005. Creo que lo sigue siendo.

martes, 9 de febrero de 2021

Adiós a la Barenboim-Said

Desde que el Partido Popular alcanzó el poder en la Junta de la Andalucía en coalición con Ciudadanos y con el apoyo de los votos de VOX, solo era cuestión de tiempo. “La Junta integra las fundaciones Tres Culturas, Barenboim-Said y Legado Andalusí en una sola entidad”, reza el titular de La Vanguardia. La Voz del Sur nos recuerda que se trata de “tres fundaciones históricas y que han ayudado a trascender la marca Andalucía más allá de España, relacionadas con el mundo de la cultura o la paz”. Claro que para entender con más perspectiva el asunto hay que leer el artículo publicado por Jesús Ruiz Mantilla el pasado marzo en El País, en el que se nos recuerda la miopía del anterior gobierno andaluz, del PSOE, que no se inmutó cuando Angela Merkel –con mayor olfato político que nuestros gobernantes de uno y otro bando a la hora de comprender las posibilidades de la cultura– se llevó a Berlín el epicentro de las actividades interculturales de Daniel Barenboim, mientras que el PP local anunciaba que en cuanto pudiera “cerraría el chiringuito”. Dicho y hecho.

Toca ahora realizar algunas felicitaciones. Al Partido Popular andaluz, por materializar su idea neoliberal de que “quien quiera cultura, que se la pague”, y de que si hay que recortar por algún lado es ahí donde primero hay que usar las tijeras. Veremos qué cae a continuación.

A VOX, por su éxito a la hora de extender la idea de que el diálogo entre culturas –léase civilizaciones– es imposible; de que en nuestro mundo globalizado solo se puede hacer frente a los problemas cerrándonos en nuestras propias identidades –identidades que ellos mismos, los ultraderechistas, se encargan de definir–; y de que en nuestro pasado Al-Ándalus fue un fenómeno por completo ajeno a la “verdadera Historia de España”. Especial felicitación le trasmito, como aprendiz de medievalista que soy, al catedrático nacional-católico Rafael Sánchez Saus, de la Universidad de Cádiz, por su libro “Al-Andalus y la Cruz”, a mi entender uno de los más destacados ejemplos recientes manipulación historiográfica.

A los diarios sevillanos –particularmente a aquel en el que todos los jueves escribe el citado Sánchez Saus una columna sobre política en la línea de VOX– que han colaborado activamente en la tergiversación de las actividades de la Fundación Barenboim-Said, sea absteniéndose de recoger buena parte de las mismas –muchos comunicados de prensa se han tirado a la basura–, sea colocando titulares sensacionalistas a algunas de las críticas publicadas, sea incluso mintiendo descaradamente a la hora de decir qué organismo estaba al frente de determinado concierto.

Finalmente, a los críticos musicales de los referidos diarios, que con tanto empeño han machacado las actuaciones de Barenboim y la West-Eastern Divan Orchestra, porque podrán descansar tranquilos sabiendo que a partir de ahora –es dudoso que Barenboim y sus chicos vuelvan por aquí– el público andaluz no podrá disfrutar en directo de interpretaciones del repertorio clásico radicalmente opuestas en todo –en las formas y en la expresión, a mi entender también en la calidad– a aquellas que suelen realizar la formaciones de instrumentos originales que estas firmas tan constante y firmemente han apoyado, y cuyas maneras se empeñan en publicitar como las más apropiadas e interesantes frente a una "tradición centroeuropea" presuntamente superada. No se preocupen: la Orquesta Barroca de Sevilla y las formaciones que acuden al FeMÀS ya no encontrarán competencia en la WEDO. Sus maneras de hacer Mozart y Beethoven a partir de ahora serán las únicas por estos lares.

Lo dicho: felicitaciones a todos ellos. Cuando dentro de cien años se escriba la pequeña historia de la difusión musical en Andalucía, ya sabemos quiénes figurarán en ella con letras de oro.

sábado, 6 de febrero de 2021

Más música de cine en Dinamarca: Galaxymphony

En noviembre de 2019, la Sinfónica Nacional Danesa continuó su ciclo de música de cine con Galaxymphony, un programa dedicado –obviamente– a las películas del espacio o, al menos, de ciencia-ficción. Lo hizo bajo la batuta más vistosa y encendida que refinada del maestro holandés Antony Hermus, y con la colaboración de un par de coros de contrastada calidad. La edición comercial de producto corre a cargo de Euroarts.


Tras el inevitable prólogo del Zaratustra de Richard Strauss venían dos desiguales obras del malogrado James Horner: mientras que Avatar es muestra de su blanda y ruidosa etapa –llamémosla así– “New Age”, años atrás Aliens ponía en evidencia el talento de un compositor entonces joven que parecía que tenía muchas cosas por decir, a pesar de que la referida partitura es una indisimulada mezcla de Jerry Goldsmith y Aran Khachaturian.

Muy hermosa y sugestiva la suite de Blade Runner, aunque no siempre la orquestación hace justicia a la idea original de Vangelis, que escribió solo para sintetizadores; gran idea la de incluir el monólogo final del personaje que interpretaba Rutger Hauer, en este caso en la voz de David Bateson.

La suite de Interstellar nos trae al mejor Hans Zimmer, aunque su tendencia a lo machacón llega por momentos a molestar. Seguidamente aparece por sorpresa Donizetti con la escena de la locura de su Lucia. ¿Y eso? Referencia a la película El quinto elemento, porque al rato el original se sustituye por la “deconstrucción” posmoderna perpetrada por Eric Serra. La soprano Jihye Kim está mejor en la parte original que en las coloraturas escritas por Serra.

Mal el popurrí de Star Trek, porque los engarces entre unas piezas y otras, tan breves que penas dan tiempo a paladearlas, no convencen en absoluto. Lo mejor viene a continuación, “No Escape” de El planeta de los simios, que nos permite disfrutar no solo escuchando, sino también viendo, la ingeniosa escritura para percusión realizara por un Jerry Goldsmith entonces el punto más creativo de su carrera.

Todo lo demás es John Williams y su Star Wars. La selección temática está bien hecha, pero hay empalmes -para abreviar la duración del concierto- que disgustan y algún retoque en la orquestación muy innecesario, como incluir coro en la coda final. Se disfruta, en cualquier caso, porque la música es estupenda. Y no hay mucha oportunidad de ver en un vídeo comercial interpretaciones en concierto de “Duelo the Fates” y “Battle of the Heroes”. De propina, “Cantine Band” con aplausos del público, pero sin el desmadre que en España montan los chicos de la Film Symphony Orchestra.

Calidad de imagen y sonido en Blu-ray son muy buenas. La realización, por el contrario, deja mucho que desear: sencillamente, el director de la filmación no sabe a qué instrumentos mirar.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...