domingo, 21 de octubre de 2012

Sony deja a Solti sin mejora anamórfica

Aunque no estoy precisamente en mi mejor momento económico (y quién lo está, deberían preguntarse algunos editores y distribuidores que pretenden vender más caro que nunca), una buena oferta ofrecida por Amazon.es me ha animado a adquirir el triple DVD editado por Sony Classical que contiene otras tantas veladas del inolvidable Sir Georg Solti en Japón al frente de la formidable Sinfónica de Chicago de la que era titular, una de ellos de 1986 (Mozart, Mahler) y las otros dos de 1990 (Mussorgsky, Beethoven). De las interpretaciones ya ha hablado en su blog Ángel Carrascosa (enlace) y yo diré algo sobre alguna de ellas más adelante. Lo que quiero ahora hacer constar es mi irritación por la calidad técnica del producto, y no ya por el concierto más antiguo, todavía en formato 4:3, que se ve peor que otras filmaciones también en vídeo de la misma época, sino por los otros dos, ya en 16:9, que dejan bastante que desear toda vez que el sello nipón les ha negado mejora anamórfica .

Solti Chicago DVD Sony

¿Y eso qué es, preguntarán algunos? Mis conocimientos sobre el tema son muy escasos, y de hecho ruego desde aquí a quien pueda corregirme que lo haga, pero aun así intentaré explicarme. Tal mejora consiste en hacer que las consabidas bandas negras que aparecen arriba y abajo cuando una imagen en formato panorámico se reproduce en un televisor antiguo (4:3) no ocupen espacio de información en el DVD, y por ende toda la capacidad del mismo se concentre en ofrecer la imagen propiamente dicha con la mayor definición posible. Esto se consigue “estirando” la misma hasta ocupar dichas bandas, para que luego el reproductor la vuelva a achatar en el momento de ver el DVD en nuestro televisor. Si no aplicamos dicho proceso, además de que tendremos que hacer zoom con el mando a distancia de la TV para encajar el 16:9 original en nuestra pantalla de las mismas proporciones, el resultado será por fuerza una calidad visual muy inferior de la que podíamos haber tenido, además de grandes molestias en el caso de haber subtítulos toda vez que, al aplicar el referido zoom , parte de los mismos quedarán fuera de nuestro campo visual y no podremos leerlos.

Obviamente el descuido que han tenido en estos DVDs de Solti no es equiparable con al terrible destrozo que ha hecho Euroarts con los recientes lanzamientos de Celibidache y Barenboim, en los que se han merendado por la cara un tercio de la imagen, pero resulta lamentable que un sello como Sony, teóricamente muy preocupado por la tecnología, haya incurrido en una práctica propia de la primera época del DVD y –en tiempo más recientes- de las ediciones cutres made in spain de algunos títulos de ciertas mayors. En fin, ustedes verán si merece la pena la compra o más bien resulta preferible copiar los discos de un amigo o buscarlos por ahí.

sábado, 20 de octubre de 2012

El Iván el Terrible por Muti recupera la cuadrafonía

Auténtico bombazo en el blog The Dreaming-Spires Quadraphonic Archive, al que varias veces nos hemos referido ya por aquí: nada menos que el Iván el Terrible grabado por Riccardo Muti en el desaparecido Kingsway Hall de Londres para EMI en 1977, que si ya sonaba maravillosamente en compacto, recupera ahora su cuadrafonía original con resultados asombrosos, al menos en mi equipo que traduce los cuadro canales a los siete que tengo a mi disposición y mete caña suficiente en el subwoofer en esta obra de poderosa percusión y abundantes sonidos graves. Dejando aparte de las cuestiones musicales, este DVD disponible en doble pista audio y vídeo (esta última en Dolby 5.0 y DTS) resulta espectacular y un disfrute total, aunque a decir verdad no estoy muy seguro de la opinión de mi vecina de abajo.

Prokofiev Muti Ivan el Terrible lp

Quien quiera descargar este reprocesado casero (es muy dudoso que EMI se ocupe de hacer una comercialización cuadrafónica en SACD), puede descargarlo acudiendo a la página siguiente. Y a quien no conozca esta música, le animo a que se compre el compacto en cualquiera de las varias ediciones que circulan, aprovechando para hacerle saber que esta cantata, elaborada en 1961 por Alexander Stasevich, recoge con buenos resultados dramáticos una música verdaderamente soberbia, la elaborada por Prokofiev para la truncada trilogía de Eisenstein sobre el célebre monarca ruso que al final quedó en dos impresionantes títulos: Iván el Terrible y La conjura de los boyardos. No es gran música de cine: es gran música a secas.

En cuanto a la interpretación, solo puedo decir que se trata de una de las más impresionantes cosas que ha hecho Riccardo Muti a lo largo de su carrera, y no solo por el enorme virtuosismo de batuta seguido sin problema alguno por una Philharmonia Orchestra y un Ambrosian Chorus sensacionales, sino también por la absoluta sintonía con el estilo del compositor -mirando en gran medida hacia la rusticidad bien entendida y la sonoridad oscura de un Mussorgsky- y, sobre todo, por la enorme convicción emocional que desprende, inyectando una tremenda dosis de tensión sonora, electricidad, fuerza dramática y hasta carácter apocalíptico a los pentagramas, pero sabiendo también plegarse al matiz delicado y ofrecer un vuelo lírico y una cantabilidad conmovedoras cuando corresponde. En este sentido, la presencia de Irina Arkhipova resulta un verdadero lujo, siendo también espléndido el barítono Anatoly Mokrenko en su breve intervención. Boris Morgunov es un narrador excelente.

Ah, en el blog referido han tenido el gran detalle, olvidado en su momento por los señores de EMI, de subir los textos de la cantata incluidos en el doble elepé original. Lo que sí se han dejado fuera los autores de la recuperación cuadrafónica es la Sinfonietta que completaba los vinilos. Lástima.

viernes, 19 de octubre de 2012

El Anillo sin palabras de Maazel, en Blu-ray barato

Una de las señas de identidad de los Blu-rays del sello Euroarts, aparte del incalificable destrozo del formato original (4:3 convertido a 16:9 a base de recortar por arriba y por abajo) de algunos de sus lanzamientos más importantes, es la obsesión por mantener unos precios considerablemente caros. Ni siquiera recurriendo a Amazon, que vende mucho más barato que la distribuidora oficial en España, por los motivos que sea, pueden nuestros menguantes sueldos adquirir sus lanzamientos. Pero hete aquí que estos señores se han apiadado de los pobres y han editado dos títulos en serie barata, léase doce euros en El Corte Inglés. El primero es el Rigoletto de la Ópera de Zúrich con puesta en escena de Gilbert Deflo (más “moderna”  que la que ahora mismo se está ensayando en valencia del mismo regista) y batuta de Nello Santi dirigiendo a Leo Nucci. Como escribí en su momento (enlace) cuando apareció en DVD, se trata de una globalmente muy interesante interpretación, pero creo que no me merece la pena repetir la compra para mejorar el formato. El segundo no lo tenía y me he hecho enseguida con él: el Anillo sin palabras de Lorin Maazel filmado en la Philharmonie berlinesa en octubre de 2000.

Maazel Anillo sin palabras Blu Ray

Confieso que mi interés por este producto viene por motivos sentimentales: este arreglo del director franco-americano del Anillo del Nibelungo, realizado a requerimiento del sello Telarc para una grabación con la Filarmónica de Berlín, fue de lo primero que le escuché en directo -tras una horrorosa Novena de Beethoven- al controvertido maestro, concretamente el 12 de agosto de 1992 en el Teatro de la Maestranza; la Pittsburg Symphony de la que entonces era titular estaba a su servicio. Recuerdo bien las notas al programa de Ángel-Fernando Mayo, que nos venía a decir algo parecido a lo que el propio Maazel advierte en la pequeña introducción a este vídeo: nada sustituye a la experiencia de escuchar el Ring completo, pero esta suite orquestal de setenta y tantos minutos puede servir de introducción a la obra y nos permite atender a pasajes que a veces pasan desapercibidos. Y es que lo curioso del arreglo es que no consiste en hilvanar los fragmentos orquestales de siempre (solo el “Amanecer y viaje de Sigfrido por el Rin” alcanza aquí cierta longitud), sino en coger fragmentos de aquí y de allá, a veces los más insospechados, hasta formar una suite de cierta continuidad narrativa. Ni que decir tiene que en unos casos las yuxtaposiciones funcionan bien y en otros no convencen, pero lo cierto es que si uno no hace mucho caso a los saltos en el guión -mejor olvidarse del Anillo original-, uno se lo pasa estupendamente.


¿Y la interpretación? Difícil es hablar de ello dada la naturaleza del producto, entre otras cosas porque el arco de tensiones no puede ser el mismo que el de la monumental tetralogía. Pero sí se puede confirmar -por si alguien lo dudaba- que a Maazel no le sale el sonido wagneriano por ningún lado, y eso que tiene a su servicio a la adecuadísima Filarmónica de Berlín con la que años atrás grabó el referido compacto. De hondura reflexiva, grandeza trágica y carácter visionario, ni hablemos. Pero lo cierto es que este viejo zorro que se las sabe todas en lo que a dirección orquestal se refiere ofrece una dosis admirable de brillantez, de belleza sonora, de transparencia, de teatralidad, de frescura y de comunicatividad. Lo dicho: al final, el disfrute esta garantizado.

Quien no me crea tiene aquí arriba el vídeo en su integridad para comprobarlo, aunque en YouTube se perderá un magnífico sonido (que se ofrece en estéreo y en 5.1) y una espléndida calidad de imagen en 16:9 original, si bien hoy día las producciones de la Digital Concert Hall de la propia orquesta son más impresionantes. La filmación es irreprochable y nos permite disfrutar bien de la gestualidad del maestro: impagable el arqueo de cejas cuando un trombón entra algo destemplado y la subsiguiente sonrisa de satisfacción tras la enmienda. En fin, muchas gracias a los señores de EuroArts, aunque si el resto de los lanzamientos los siguen poniendo tan caros uno va a tener que plantearse seriamente comprarse una grabadora de Blu-ray y empezar a hacer uso de los numerosos enlaces que circulan por buena parte de la red. Ya han abusado bastante de los precios y de nuestra paciencia.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Ay, Amor: Falla por Wernicke en Madrid

Me acerqué el domingo 14 de octubre al Teatro de la Zarzuela para ver el espectáculo que bajo el título Ay, amor preparó en 1995 para Bruselas y Basilea el malogrado Herbert Wernicke a partir de dos emblemáticas obras de Manuel de Falla: El amor brujo -la gitanería, no el mucho más breve ballet al que estamos acostumbrados- y La vida breve. Dirigía musicalmente este estreno madrileño no quien lo hizo en los primeros días, Juanjo Mena, sino Guillermo García Calvo, dos nombres ascendentes con los que el nuevo responsable del teatro, Paolo Pinamonti, sobre cuyo nombramiento tanto despotricaron los de siempre por el hecho de ser italiano, comienza su proyecto de traer batutas de fuste a la calle Jovellanos.

La primera parte me dejó relativamente frío. Al frente de un grupo muy reducido de instrumentistas, el director madrileño desplegó tempi espaciosos para desgranar el lirismo de la partitura y atender a la sensualidad que desprende la misma, pero por desgracia no suyo inyectar tensión interna -sin progresión alguna la danza del fuego- y no atendió a la tímbrica incisiva e incluso un poco stravisnkiana propuesta por Falla, tendiendo más hacia el Impresionismo. A mí me aburrió, tanto como la cantaora de turno, una Esperanza Fernández todo lo gran artista que se quiera, pero limitada en lo vocal y escasa en sutilezas. Tampoco la bailaora en que se desdoblaba Candelas, la ubetense Natalia Ferrándiz, ofreció dentro de su innegable corrección ese plus de magia necesaria para estar a la altura de los pentagramas. Lo mejor, el trabajo de Wernicke, marcadamente conceptual y de enorme belleza plástica, si bien sobran los desfiles de nazarenos de Semana Santa, erróneamente identificados por el alemán: los de negro son para él la muerte y los de blanco la vida.

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En la segunda parte el nivel subió de manera considerable, y eso que La vida breve es obra desequilibrada en lo dramático e irregular en la inspiración. Pero aquí García Calvo, pese a tener a su servicio a una orquesta y un coro insuficientes, logró insuflar vida, emoción y aliento teatral a los pentagramas, todo ello sin caer (como hacen otros directores españoles y extranjeros) en el estruendo ni en el topicazo a la hora de poner en sonido los extensos pasajes orquestales. La comparación con las maravillas que hizo en Valencia Lorin Maazel no me parece procedente, porque hablamos de niveles que no tienen nada que ver el uno con el otro

No me tocó Lola Casariego como Salud, sino María Rodríguez. Me encantó: la voz me parece mejor ahora -con carne, rica en vibraciones, extensa en tesitura- y la chica canta con buena línea y emoción sincera, siempre desde la honestidad musical, sin desgarros ni gimoteos, en una concepción del personaje distinta de lo racial -Berganza- y de lo aniñado -de los Ángeles-. Junto a ella estuvieron una notable Milagros Martín, que fue de menos a más como la abuela, y un muy tosco pero efectivo Enrique Baquerizo como el Tío Salvaor. El tenor peruano Andrés Veramendi hizo lo que pudo con el siempre desagradable (para el público y para los cantantes) rol de Paco. Josep-Miquel Ramón estuvo bien como Manuel y se lució Gustavo Peña como la voz en la fragua. Triste encontrarse a la en otros tiempos reputada Milagros Poblador como miembro del coro cantando la vendedora primera.

A pesar de las muy convencionales coreografías diseñadas por la Candelas/bailarina de la primera parte, Natalia Ferrándiz, la escena funcionó muy bien gracias a Wernicke, de nuevo esencial y mayormente antinaturalista, “moderna” sin estridencias, y en general -salvando la escena del baile- alejada del tópico. La dirección de actores podía mejorar, aunque en la concepción de los personajes hubo detalles muy buenos. La aparición durante el interludio de Esperanza Fernández, espléndida como recitadora, enturbió un tanto la música pero le otorgó mayor solidez dramática a la obra. Bellísimo y estremecedor el final, donde el regista devuelve a la partitura -según sus propias palabras- la sutileza originalmente ideada por el gaditano -el final en fortissimo lo escribió por motivos comerciales- haciendo que la cantaora -sublime por fin Fernández- le cante la Nana de Sevilla (“Este galapaguito no tiene cuna…”) al cadáver de una Salud enterrada en una lluvia de pétalos. A mí se me saltaron las lágrimas.

lunes, 15 de octubre de 2012

Pape confiesa: fumando espera…

Viendo el Boris Godunov del Metropolitan de Nueva York de 2010 que se retransmitió en su momento en cine y circula ahora por diversos lugares de la red, me ha llamado la atención la franqueza de la respuesta de René Pape cuando en el intermedio le preguntaron qué hacía en las largas esperas entre cada una de las apariciones del personaje: “Secreto. Bueno, dos secretos: cigarrillos”. No, no crean que se lo inventa, porque quien esto suscribe ha visto al excepcional bajo alemán fumando sin el menor complejo entre el público en un intermedio de un concierto de Barenboim en la Alhambra. Personalmente preferiría que no fumase, por su longevidad vocal y vital, pero tampoco me importa demasiado si sigue cantando de la manera en que lo hace. Lo siento pero los señores Orlin Anastassov (en Valencia) y no digamos Günther Groissböck (estos días en Madrid) no tienen nada que hacer a su lado. Lástima que la dirección de Gergiev no esté ni mucho menos a la altura.

domingo, 14 de octubre de 2012

Desequilibrado Boris en el Real: Pimen y poco más

No tengo tiempo ni ganas de escribir -hay gentuza que le pone a uno de mala hostia, y esta noche me he encontrado con una de esas personas-, así que solo dos líneas sobre el Boris Godunov -versión con acto polaco y escena de la Catedral de San Basilio, siempre en la orquestación original de Mussorgsky- que he visto este sábado 13 de octubre en el Teatro Real. Por si las moscas, recuerdo que se trata de tan solo una opinión y no de verdades absolutas. Ya digo que hay mucho imbécil suelto.

La Sinfónica de Madrid y el Coro Intermezzo han realizado una muy digna labor desde el punto de vista técnico bajo la dirección de Hartmut Haechen, quien ha acertado sobre todo en los pasajes líricos. Por desgracia su batuta ha adolecido de una grave falta de concentración, tensión interna y garra dramática, por lo que el resultado ha sido flácido, irregular (fatal la polonesa) y a la postre más bien mediocre.


Algo parecido se puede decir de la producción escénica -encargo de la casa- de Johan Simons, en la que se alternaron momentos muy convincentes, por inteligentes y bien realizados, con otros desafortunados y plagados de estupideces. Horribles los colores salmón del acto polaco. Que el resto se inscribiera dentro de la estética feísta o que la acción se trasladara a la Rusia actual es lo de menos. Excelente la iluminación a cargo del mismo autor de la escenografía, Jan Versweyveld.

Muy voluntarioso en lo expresivo -solo eso- pero insuficiente por su condición baritonal el Boris de Günther Groissböck. De pena el Grigori/falso Dimitri de Michael König, un señor cuya presencia en los grandes teatros es tan inexplicable como la de Marco Vratogna. Sensacional -por voz y línea de canto- el Pimen de Dimitry Ulyanov. Muy interesante la voz de Julia Gertseva, solvente Marina. Stefan Margita canta con gran belleza a Chuiski, pero se le escapan los pliegues del siniestro personaje. Todo lo contrario de lo que ocurre con el Rangoni de Evgeny Nikitin, no muy bien cantado pero lleno de mala intención (su talla de actor se evidencia en el vídeo del Met de hace un par de años, mediocremente dirigido por Gergiev pero con un inmenso René Pape en el rol titular). Y una pena ver en semejante estado vocal a Anatoli Kotscherga, que fue en los noventa un notable Boris bajo la dirección de Abbado (el CD de Sony y la filmación de la espléndida propuesta de Herbert Wernicke); en Madrid ha hecho un Varlaam tosco a más no poder. Digno nivel medio en el resto.

En suma, un Boris no del todo desdeñable, pero sí desequilibrado, que ha merecido la pena por los veinticinco minutos en que canta Pimen. Poco más.

viernes, 12 de octubre de 2012

Bodrio monumental en el Monumental

Para acceder ayer jueves 11 de octubre al Teatro Monumental tuvimos que soportar un chequeo de objetos metálicos en el hall y poco después ser obligados a abandonar dicho espacio por un simpático encargado de seguridad bajo la amenaza de dejarnos fuera del concierto. El motivo, la asistencia de la Reina a la entrega del XXIX Premio reina Sofía de Composición Musical. No sé si fue por lo fastidioso de dichas medidas o por el progresivo desafecto de la sociedad española hacia la monarquía, pero lo cierto es que quienes estábamos en la sala esperando el inicio del concierto recibimos a Su Majestad con una manifiesta frialdad: pocos fueron los que aplaudieron o se levantaron de sus asientos.


La obra en cuestión era Mandalas, del coreano Hong-Jun Seo (1978), página de marcado carácter expresionista y evidente extroversión decibélica dentro de un lenguaje digamos que "moderno ma non troppo". En cualquier caso la opción estética adoptada es lo de menos: a mi entender, se trata de bodrio monumental en la que cuatro o cinco fórmulas más vistas que el tebeo se alargan de manera artificial hasta alcanzar los quince minutos de rigor para desesperación del oyente. La interpretación a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Radio Televisión Española y su nuevo titular, Carlos Kalmar, me pareció irreprochable.

Relativa decepción el Concierto para Violín nº 1 de Shostakovich, tanto por parte de la batuta como por la del solista. El maestro uruguayo hizo sonar francamente bien a la formación madrileña, pero -ya desde el arranque de la página- mostró su falta de sintonía con la obra: el primer movimiento careció de la densidad y negrura deseables, el segundo fue superficial y por momentos sonó equivocadamente alegre y jovial, la Passacaglia arrancó sin la grandeza trágica debida y el final resultó más vistoso que otra cosa. Frank Peter Zimmermann, en otras ocasiones gran violinista, hizo gala de un sonido sin la corporeidad suficiente y sustituyó la densidad dramática de los pentagramas por cierta tendencia a la blandura, incluyendo el abuso de los portamenti. Solo en la tremenda cadenza empezó a comprometerse en lo expresivo, poniendo toda la carne en el asador en un final de virtuosismo arrollador que le granjeó un enorme triunfo entre el respetable. No logré identificar la propina barroca.


Más convincente la interpretación de esa enorme obra maestra que es la Quinta Sinfonía de Prokofiev, aun con serias irregularidades en la administración de tensiones y más de  una caída en el efectismo. A destacar como Kalmar planteó el Andante inicial con amplitud, sin la precipitación de otros directores mucho más renombrados, y como acertó al ver la obra más desde la negrura que desde un planteamiento épico. Hubo además muy buenos detalles en el Allegro marcato y un cierto vuelo lírico necesario para no convertir la obra en una mera sucesión de ritmos y decibelios. La orquesta sonó -o eso me pareció a mí- bastante menos bien que en la primera parte. En definitiva, una solvente y apreciable interpretación digna de  un concierto de abono de una orquesta de segunda. Nada más.

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PS. Leo en la crítica de J. L. Pérez de Arteaga (versión completa) que la propina de Zimmermann fue el Andante de la Sonata BWV 1003 de J. S. Bach. Shame on me.

PS2. Como RTVE pone ha puesto el vídeo a disposición de todos nosotros, aprovecho para insertarlo en esta entrada por si alguien quiere ver el concierto. Mucho ojo: no corresponde a la sesión en la que estuve yo presente, sino a la del día siguiente.


Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...