miércoles, 6 de junio de 2012

Bernard Herrmann, magnífico director de ¡Liszt y Sibelius!

Llevo más de veinte años deseando escuchar todas las grabaciones que Bernard Herrmann, que se consideraba a sí mismo antes director de orquesta que compositor, llevó a cabo con obras del repertorio clásico puro y duro para Decca/London entre 1969 y 1972. Los registros, realizados con el espectacular y no poco artificioso sistema Phase 4, son los siguientes: Great Tone Poems (1969), The Impressionists (1970), Los planetas de Holst (1970), The Four Faces of Jazz (1971), Erik Satie and his friend Darius Milhaud (1972) y la Segunda Sinfonía de Charles Ives (del mismo año). Hasta el final de sus días (falleció el 24 de diciembre de 1975 en su Nueva York natal a poco de concluir las sesiones de grabación de Taxi Driver) siguió grabando música cinematográfica suya y ajena para el mismo sello, pero sus grabaciones clásicas en Decca terminaron ahí; alguna cosa hizo para Unicorn y Lyrita, pero esa es otra historia.

De todo este material solo una parte había salido en compacto: Jazz, Satie-Milhaud y Los planetas en su integridad, más alguna cosa suelta de los otros registros por aquí y por allá. Todo con cuentagotas, porque la singular recreación de la obra de Holst que aquí tuve la oportunidad de comentar (enlace) no salió hasta hace unos meses. Lo demás sigue en los archivos de Decca. Pero hete aquí que he descubierto un blog (enlace) en el que un alma caritativa está colocando, con sonido aceptable, una impresionante colección de trasvases de Lps de Phase 4 donde se incluye todo el material que faltaba. ¡Imaginen mi alegría! Voy a comentar aquí los tres que se echaban parcial o totalmente en falta, empezando por el más temprano de ellos en el tiempo: Great Tone Poems. La Filarmónica de Londres estuvo en esta ocasión a su servicio.

La primera, en la frente: he aquí una de las mejores interpretaciones de de Finlandia que servidor haya escuchado. ¿Tiene algo que ver que el mayor intérprete de Sibelius de todo el siglo XX fuera amigo íntimo de Herrmann? Probablemente sí, porque ambos coinciden en su visión áspera, rocosa y dramática de la partitura, por completo en las antípodas de las de grabaciones de Karajan, pero lo cierto es que Sir John Barbirolli –porque obviamente a él me estaba refiriendo- resulta mucho más electrizante e implacable, además de más rápido. Herrmann, como en casi todas sus grabaciones tardías, se toma los tempi con mucha calma (9’12’’, todo un récord), ofreciendo una lectura sombría, poco épica y nada risueña, en cualquier caso llena de fuerza interior, que culmina en un final lleno de grandeza trágica pasando antes por una sección lírica (la del “himno”, para entendernos) de una emotividad patética sin igual: ni a los dos directores antes referidos, enormes recreadores de este poema sinfónico, le he escuchado algo tan excepcional en el referido pasaje.

El aprendiz de brujo es lo único que había salido en compacto de este vinilo, y lo hizo en 1989 en un lanzamiento de la serie Cinema Gala que recopilaba música de la película Fantasía. Increíble la versión: sombría, dramática y a muy mala leche, de un marcado humor negro, con un contrafagot extremadamente sarcástico y una trompeta hiriente en la última sección de desarrollo. No es difícil reconocer la personalidad del Herrmann compositor en esta recreación, eso está claro. Admirable por lo demás la claridad, facilitada por una lentitud en absoluto exenta de fuerza interna. ¿La referencia? Probablemente.

La Bacanal de Sansón y Dalila no apareció en la primera edición del vinilo, sino en una reedición de 1977; los especialistas afirman (enlace) que debió de ser grabada al mismo tiempo que el resto o, si no, con el álbum The Impressionists. Sea como fuere, fenomenal Saint-Säens: interpretación paladeada sin prisas, admirablemente desmenuzada, de enorme riqueza tímbrica, subyugante sensualidad orientalista en la sección central y una fuerza controladísima en las dos extremas, de tal modo que en el final no le hace falta acelerar el tempo para obtener un clímax impactante.

Los preludios para terminar, nada menos. De nuevo el neoyorquino se toma las cosas con tiempo. Para que se hagan una idea: 18’42’’ frente a los 16’43’’ de un Fricsay o los 16’00’’ de Barenboim/Chicago. Con tiempo pero no con relajación: la tensión interna está garantizada y nos conduce sin el menor altibajo desde un arranque particularmente sombrío hacia un final de una grandeza opresiva abrumadora. Entre medias, una versión abiertamente “gótica”, es decir, marca de la casa Herrmann, que suena más agónica y desasosegante que nunca en la primera sección lírica para a continuación, en el arranque de “la tormenta”, ofrecer un marcado carácter siniestro y hasta macabro, emparentando el pasaje con la Sinfonía Fausto del propio Liszt. Las secciones épicas, por descontado, están tratadas con todo el carácter vibrante que deben, aunque aquí hay que reconocer que la Filarmónica de Londres no es precisamente la Sinfónica de Chicago ni la Filarmónica de Berlín.

En cualquier caso, si hasta ahora mi versión favorita de la pieza (comparativa) era la de Barenboim con la última orquesta citada (en DVD), seguida por la del argentino en Chicago y la de Fricsay, a partir de ahora la de Herrmann se convierte en mi preferida. ¿Quieren decidir por sí mismos? Hagan click aquí y aprovéchense del magnífico blog arriba citado. No olviden darle las gracias.

lunes, 4 de junio de 2012

Perianes y Hernández Silva, genialidad a la francesa

Concierto redondo el que clausuraba el pasado sábado 2 de junio la vigésimo cuarta edición del Festival de Música Ciudad de Úbeda. Por todo: por la en general espléndida labor de la Orquesta Ciudad de Granada, por la notabilísima y por momentos genial dirección de Manuel Hernández Silva y, sobre todo, por un Javier Perianes inspiradísimo pese a que ha tenido que ensayar y tocar inmediatamente después del desdichado fallecimiento de su madre el miércoles de la misma semana: toda una muestra de entereza y profesionalidad por su parte, dicho sea de paso.

Falla, Ravel y Debussy en los atriles, en enfoque interpretativo marcadamente impresionista todos ellos, incluido el español. Por eso mismo el Concierto en Sol que abrió la velada no sonó en esta ocasión nada jazzístico, ni incisivo, ni descarado, sino mayormente sensual, difuminado, elegante y emotivo, más propiamente "raveliano" que nunca, tanto por parte de la batuta como por la del solista, ofreciendo este último un segundo movimiento de verdadero infarto; tampoco le salieron precisamente mal los dos extremos, toda vez que supo alejar el fantasma del virtuosismo superficial para otorgar pleno sentido a cada una de las frases. A destacar los maravillosos trinos, muy naturales y nada mecánicos, tan increíblemente difíciles de hacer. ¿Se los habrá enseñado Barenboim?

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Estas Noches en los jardines de España de Perianes me han gustado más que las del disco de Harmonia Mundi. La diferencia la ha marcado la batuta: mientras Josep Pons optó por la brillantez, la angulosidad, el nervio y un carácter digamos racial que sonaba bastante insincero, Hernández Silva ha apostado por el impresionismo puro y duro, sonando los pentagramas más sensuales, embriagadores y llenos de embrujo que nunca. ¿Es esta mejor opción? No necesariamente, pero lo que está clarísimo es que el pianista onubense se siente más a gusto en ella, porque con esta batuta su pianismo, algo constreñido y no del todo inspirado en el compacto referido, respiró en la velada ubetense con toda la naturalidad, elocuencia y hondura deseables, permitiendo paladear las melodías con mayor aliento poético y matizar mucho más a conciencia. Los resultados, excepcionales.

De propina ofreció Perianes el Nocturno nº 20 de Chopin. No exagero: la interpretación fue extremadamente genial. Más tarde me enteré de que era la pieza preferida de su madre.

La segunda parte se abrió, tras entrega de premios e inevitable desfile de políticos, con la orquestación de la Petite Suite de Debussy. No es lo mejor del autor, seguramente. ¡Pero vaya recreación! Es verdad que los movimientos pares sonaron un poco espesitos, pero en los impares, sobre todo en el primero, parecía que estuviesen dirigiendo Giulini o Celibidache, tal fue el grado de sensualidad, humanismo, ternura y poesía que consiguió Hernández Silva extraer de los pentagramas -manteniendo el pulso pese a la lentitud- con la colaboración de una orquesta ideal para esta música.

Lo menos impresionante, la breve Suite nº 1 del Sombrero de tres picos que cerró la noche: comenzó estupendamente, con una atmósfera sensualísima, llena de embrujo, pero más adelante se echaron de menos nervio e incisividad, aquí más necesaria que en las Noches... También hubiera sido adecuada una dosis mayor de depuración sonora y un tratamiento mucho más expresivo del solo de fagot, único momento en el que se pudo reprochar algo a la espléndida sección de maderas de la orquesta granadina. Aun así, notable recreación que cerró un concierto soberbio.

domingo, 3 de junio de 2012

Achúcarro, cristal de roca

Me habían comentado, a raíz de su reciente filmación para el sello Euroarts, que Joaquín Achúcarro –ochenta años nada menos- había perdido parte de la pasmosa agilidad digital que hasta hace poco le caracterizaba. También que su concentración empezaba a ser un tanto irregular. Cierto: las dos circunstancias se evidenciaron en el recital ofrecido en el Hospital de Santiago de Úbeda el pasado viernes 2 de junio. Pero fue, pese a todo, un espléndido concierto, porque el bilbaíno sigue siendo –por si alguien no se había enterado aún- uno de los grandes pianistas del mundo.

De Achúcarro me fascina su sonido: muy duro –en el buen sentido-, de contornos definidos, en absoluto difuminado, poderosísimo cuando debe, pero capaz de adelgazarse hasta el límite sin perder solidez y de ofrecer las más delicadas filigranas sonoras. Diríase que se encuentra tallado en cristal de roca. Un sonido admirable, sí, siempre al servicio de un concepto interpretativo sensato, musical y coherente en el que no hay espacio para el narcisismo, la blandura o el arrebato espontáneo, porque todo está dicho desde la objetividad, la sinceridad expresiva y una perfecta unión entre cálculo y emotividad, entre mente y corazón. Todo ello con una elegancia digamos viril, sin afectaciones, que otorga a su pianismo una enorme clase.

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El recital ubetense comenzó con dos piezas de Falla: una Montañesa dicha con serena objetividad y una Danza del fuego seriamente enturbiada por las actuales limitaciones técnicas del pianista. Seguía el estreno mundial de un encargo del propio Festival Internacional de Música y Danza: Sonata en forma de cármenes de Tomás Marco. Conozco poco la obra de este señor, aunque quizá lo suficiente para saber que no me gusta. En esta ocasión no me partí de risa ante lo escuchado, un pastiche entre el universo sonoro del propio Marco y el mundo de Manuel de Falla, entendido éste a su vez como fusión entre lo impresionista y lo jondo. No quiero decir que la obra me pareciera buena, pero al menos encontré en el autor un apreciable intento por resultar cálido y comunicativo. Probablemente Achúcarro hizo mucho por potenciar esto último.

Vinieron a continuación tres Preludios de Debussy. El artista recreó de manera irreprochable la esencialidad de las Danzarinas de Delfos y el erotismo de la Puerta del vino –en los espléndidos comentarios que realizó a viva voz de cada una de las piezas insistió mucho en este aspecto-, pero donde dio la campanada fue en Fuegos de artificio, que con los dedos ya “calientes” recreó con agilidad y sutileza pasmosas.

La segunda parte, globalmente más satisfactoria, se abrió con una Barcarola de Chopin dicha con enorme nobleza. Volvió Debussy con una sensual recreación de La plus que lente y de La soiree dans Grenade, tocando a continuación sin solución de continuidad el impresionante Homenaje a la tumba de Debussy del compositor gaditano. De nuevo magistral. Cerrando oficialmente el programa, una Fantasía bética elegante, no particularmente racial pero con estilo, y de enfoque mucho antes clásico que cercano al carácter visionario que le imprime Javier Perianes, presente en la sala, en su sensacional grabación para Harmonia Mundi. El público reaccionó con justificado entusiasmo y un Achúcarro risueño como un niño se lanzó a ofrecer tres propinas recreadas de manera portentosa: Claro de Luna de Debussy, Preludio para la mano izquierda de Scriabin y el Estudio patético del mismo autor.

martes, 29 de mayo de 2012

Céline Moinet, un descubrimiento

CÉLINE MOINET, oboe.Obras de J. S. Bach, Berio, Britten, Carter y C. P. E. Bach.
Harmonia Mundi, HMC 902118
64’ 31’’
DDD
Harmonia Mundi Ibérica
**** R
A S

Celine Moinet Harmonia Mundi
Primer oboe de la Staatskapelle de Dresde desde junio de 2008, Céline Moinet (Lille, 1984) demuestra en este debut discográfico ser una artista enorme categoría. En la Partita en la menor BWV 1013 de J. S. Bach, originalmente escrita para flauta travesera, exhibe un perfecto dominio de la respiración para enriquecer las notas con multitud de acentos sin perder de vista el trazo polifónico. En la Sequenza VII de Luciano Berio hace gala de un asombroso virtuosismo a la hora de desplegar la más increíble gama de colores y texturas.

Las Seis Metamorfosis sobre Ovidio de Britten nos revelan la cantabilidad con que es capaz de frasear y su perfecta manera de sacar a la luz esa elegancia melancólica tan propia del autor. En Inner Song de Elliot Carter se muestra capaz de humanizar una escritura especialmente hermética como es la del compositor estadounidense. Para terminar, con la Sonata en la menor de C. P. E. Bach, escrita en su momento para la flauta de Federico II de Prusia, nos demuestra que es posible compaginar coquetería con hondura expresiva alcanzando un perfecto equilibrio clásico y la mayor belleza sonora.

Enhorabuena a Harmonia Mundi por marcar un gol de este calibre.
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Esta fue la última crítica discográfica escrita por mí para Ritmo, concluyendo así mis once años de colaboración. Ha sido publicada en el número de mayo de 2012.

domingo, 27 de mayo de 2012

Makropulos en Salzburgo con Denoke y Salonen

Ya he tenido la oportunidad de ver el DVD de El caso Makropulos -obra que me fascina- filmado en el Festival de Salzburgo de 2011. Me ha gustado bastante, pero más a nivel musical que escénico, y por ello la primera opción para acercarse a este título me sigue pareciendo la filmación del Festival de Glyndebourne con una producción escénica muy lograda de Nikolaus Lenhoff (que por cierto pude ver en el Liceu de Barcelona), bien dirigida por Andrew Davis y protagonizada por una fascinante Anja Silja en el papel de su vida. La imagen y el sonido no son tan buenos como en esta edición de Cmajor, aunque ofrece igualmente subtítulos en castellano.

Makropulos Salonen Denoke

Salzburgo cuenta con la enorme baza de la Filarmónica de Viena, orquesta que ya había firmado la grabación de referencia de esta ópera en 1978 bajo la dirección de Sir Charles Mackerras (Decca). Esa-Pekka Salonen no posee el colorido, la incisividad ni el sentido dramático del malogrado maestro australiano, pero sabe mantener el pulso, acierta con el peculiarísimo sentido rítmico de Janácek, sabe crear una atmósfera opresiva y alcanza un muy emocionante vuelo poético en los pasajes que lo requieren, fundamentalmente en el tercer acto. ¿Emotivo Salonen? Por una vez, mucho.

Como ya pudimos comprobar en Madrid (enlace), Angela Denoke es una notabilísima Emilia Marty. Con algunas destemplanzas y chillidos, ciertamente, pero mostrándose como una cantante-actriz de primer orden, que eso es lo que aquí hace falta.El resto del elenco alcanza un muy alto nivel vocal, sin apenas puntos flacos: Raymond Very como Albert Gregor, Johan Reuter en el rol de su oponente Jaroslav Prus, Jochen Schmeckenbecher encarnando al abogado Kolenatý, Peter Hoare como Vitek y, al igual que en el Teatro Real, Ryland Davies en el papel breve pero conmovedor del anciano Hauk-Sendorf.


Lo menos interesante es la puesta en escena. Sobre escenografía y vestuarios de Anne Viebrock que apuntan tanto a los años veinte -época en que transcurre la acción original- como a momentos más avanzados del siglo, Christoph Marthaler propone una acción en la que se combinan evidentes aciertos narrativos digamos naturalistas, tradicionales en el buen sentido, con aportes más o menos conceptuales que convencen bien poco, añadiendo además algunas acciones paralelas que en lugar de aportar reflexiones de interés, entorpecen la admirable concisión escénica de la obra original. El histrionismo con que hace moverse a los personajes masculinos me parece, además, fuera de lugar, aunque Reuter va por libre y, siendo un soberbio actor, aporta una enorme fuerza escénica en todas sus apariciones. Que la protagonista no muera al final resulta muy discutible.

No lo dude: si no conoce esta obra, háganse con el DVD de Glyndebourne. Este de Salzburgo queda como segunda y muy notable opción.

sábado, 26 de mayo de 2012

No a los recortes… de formato

Tranquilos, que esta vez no voy a hablar de la política económica del Partido Popular en España, sino de otro tipo de recortes. ¿Se acuerdan de cuando en los años ochenta las películas de formato más o menos panorámico –no hace falta irse al ejemplo extremo del Cinemascope- que nos llegaban a través de la antena o alquilábamos en el videoclub venían sistemáticamente mutiladas por los lados para que encajaran en el formato 4:3 de nuestros televisores y no tuviéramos que ver bandas negras por arriba y por abajo? Bueno, pues ahora que el asunto parecía por completo superado con nuestras flamantes pantallas 16:9 vuelve la moda, pero al revés, al menos en varios lanzamientos inminentes de música clásica por parte del sello Euroarts… ¡en Blu-ray!

Barenboim Ponnelle recortes

El ejemplo que ya se encuentra comercializado es el conjunto de conciertos para piano de Mozart grabados por Barenboim y la Filarmónica de Berlín entre 1988 y 1989, uno de ellos, el KV 467, bajo la dirección nada menos que del gran Jean-Pierre Ponnelle (enlace). Me aseguran que la calidad de la imagen es ahora excepcional y que el recorte no canta en exceso, porque se ha hecho con cuidado, pero como pueden ustedes ver en las muestras que les dejo aquí –realizadas por un amigo de manera casera a partir de su antigua copia- el destrozo visual es considerable. ¿Tanto les hubiera costado respetar los encuadres originales y dejar que los aficionados que no quieren tener bandas negras a los lados aplicaran zoom a discreción? ¡Vaya panda de paletos!

Barenboim Ponnelle recortes 2

Por si fuera poco, los próximos lanzamientos que ya se anuncian con recortes son de extrema importancia: la increíble Séptima de Bruckner de Celibidache con la Filarmónica de Berlín de 1992 (enlace), uno de los mayores testimonios brucknerianos de la historia del disco, y la bellísima filmación realizada por el citado Ponnelle de la integral de las sonatas para piano de Beethoven por un Barenboim en la cima de su genialidad en la primera mitad de los ochenta. Dada la calidad de las interpretaciones no habrá más remedio que comprarse estos discos, preferentemente en Blu-ray, pero dan ganas de decirles a los señores de Euroarts que se los metan directamente POR EL CULO. Con perdón.

Barenboim Ponnelle recortes 3

jueves, 24 de mayo de 2012

Plácido revisita Cyrano en Madrid: de lo mediocre a lo sublime

Lo digo sin rodeos: si viajé al Teatro Real para escuchar una ópera tan desequilibrada como esta de Franco Alfano -el primer acto no vale un pimiento-, fue exclusivamente por escuchar a Domingo en el rol titular. Por eso mismo sentí una enorme decepción cuando, al comenzar la función del pasado sábado 19 de mayo, se nos anunciaba por megafonía la indisposición del tenor madrileño. Escucho ahora la retransmisión radiofónica -la misma velada, de la que además alguien ha colocado fragmentos en YouTube- y puedo confirmar que Plácido realizó una labor mediocre, al menos durante la primera hora, con voz reservona -a veces ni se le oía-, incomodo en el grave, cortísimo en el fiato y, por ende, incapaz de frasear con el lirismo adecuado. Incluso hubo sonoridades no precisamente bellas inhabituales en el cantante. Lo que nunca sabré es hasta qué punto estas limitaciones se debían al resfriado (el aire acondicionado, se nos dijo) o más bien a su edad, que muchos pensamos que debe rondar ya los setenta y cinco, toda vez que en la filmación del Cyrano de Valencia de 2007 (editada por Naxos) ya se evidenciaban algunas de ellas.


En cualquier caso, lo que parecía claro es que la estrella se estaba reservando. Y así fue. En la escena del balcón ya empezó a aparecer -entre diversos problemas- el Domingo de siempre, cálido y comunicativo a más no poder, con su timbre reconocible e intacto. En el acto final, que me parece una música hermosísima y desde luego aplastantemente superior a toda la que la precede, el tenor madrileño nos ofreció -pese a alguna vacilación puntual censurable solo para los beckmessers de turno, que ven los árboles pero jamás el bosque- una verdadera lección de ópera con mayúsculas, es decir, de canto hermoso, apasionado y -esto es fundamental- con significado; es decir, de canto que tiene en cuenta lo que se dice, lo que está ocurriendo en la escena, que no se limita a ser una mera sucesión de notas más o menos bien dadas. ¿Hay hoy en el panorama operístico un solo cantante que sepa morirse como Plácido, con su increíble combinación de belleza, emotividad y sinceridad? Para mí, aun con sus cada día más evidentes limitaciones, sigue siendo el más grande de los que están en activo. Solo por esos veinte minutos ya mereció la pena el viaje.

Pero hubo más. Ainhoa Arteta -sustituyendo a Sondra Radvanovsky- hizo un buen trabajo. Su voz, sin haber sido nunca gran cosa, se conserva bien y ha adquirido características más interesantes. La técnica ha mejorado de manera sustancial pese a sus lagunas. Y la artista, pues ya se sabe: algo gris, sin mucha personalidad pero en esta ocasión con buen gusto, irreprochable estilo y una buena dosis de sensualidad que le visto estupendamente a su Roxane. Lo que no me pareció bien es que -sospecho que por órdenes de la diva- se parase la música al final de su “aria” del tercer acto para recibir aplausos, algo que en esta ópera no pega en absoluto. Michael Fabiano se limitó a cumplir como Christian. Más me interesó Ángel Ódena, irregular pero con momentos excelentes encarnando a De Guiche.


La dirección de Pedro Halffter no fue redonda, pero sí de saldo muy positivo, porque lo que menos bien dirigió fue lo peor de la partitura -sus momentos pretendidamente briosos-, y lo que le salió mejor fue su vertiente lírica, en la que el director madrileño hizo gala de su capacidad para ofrecer un fraseo mórbido, exquisitas texturas y un admirable sentido atmosférico. En el último acto estuvo excelso, y globalmente su labor se puede considerar superior a la de los directores de las correspondientes filmaciones con Alagna y Domingo: Marco Guidarini y Patrick Fournillier. La Sinfónica de Madrid realizó un buen trabajo, aunque encontré a los violines un tanto ácidos. El coro estuvo bien, gustándome esta vez más ellas que ellos.

La producción escénica de Petrika Ionesco era de las tradicionales en el mal sentido: abundante cartón piedra y muchísima gente por el escenario haciendo toda clase de tonterías. Muy espectacular, pues, sobre todo en el homenaje al teatro barroco realizado en el primer acto, pero bastante confusa, anticuada en la gestualidad y resuelta de manera muy mediocre en momentos tan cruciales como la escena del balcón. La iluminación era francamente pobre.

Total, que aunque en conjunto esta propuesta resulte preferible a la de David Alagna en el DVD editado por DG, la producción improvisada por Michal Znaniecki en el Palau de Les Arts me parece, sin ser una maravilla, bastante más lograda. Como allí la Radvanovsky está espléndida y Plácido mejor de voz, la recomendación queda hecha para quienes no pudieron estar en Madrid asistiendo al lentísimo ocaso de una de las mayores figuras del canto del siglo XX, dicho sea con permiso de quien falleció el pasado viernes: el grandísimo, genial y definitivamente eterno Dietrich Fischer-Dieskau.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...