jueves, 8 de diciembre de 2011

De Claudio Monteverdi al Codex Calixtinus pasando por Carlos Gardel: música antigua en Úbeda y Baeza (I)

Lo bueno: el habitualmente tan esforzado como discreto Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza está experimentando una espectacular mejoría en cantidad y calidad que lo convierten, si tenemos en cuenta la incomparable belleza de las ciudades y de sus marcos escénicos, en una de las más interesantes del panorama nacional en su género. Lo malo: aunque con esta se cuentan ya quince ediciones, es necesario un importante apoyo por parte de las administraciones públicas si quiere consolidar su posición, y el panorama en este sentido no resulta precisamente halagüeño. Por estas mismas fechas, el desinterés del ayuntamiento de Úbeda ha mandado a tomar viento al Festival de Música de Cine, al tiempo que –por no salirnos de Andalucía- la Diputación de Sevilla retira el 50 por ciento de su aportación anual al Teatro de la Maestranza. A ningún político se le ocurre recortar en televisiones locales y otras lindezas. Así nos va.

En fin, tras mi visita a Madrid en busca de Lady Macbeth (enlace) me acerqué a Baeza para disfrutar de una peculiarísima sesión continua. Buenos Aires Madrigal es el nombre del espectáculo que a las ocho y media nos ofrecía en las ruinas de San Francisco el Ensemble La Chimera bajo la dirección de Eduardo Egüez. Por lo visto el grupo hispanoamericano lleva ya años ofreciéndolo en sus giras, e incluso lo tienen grabado (noviembre 2002) en el sello M. A. Recordings. A tenor de lo leído en el programa pensé que se trataría de una yuxtaposición de páginas de Frescobaldi, De Rore, Marenzio y Monteverdi con creaciones de Gardel, Piazzolla y otros grandes nombres del tango. No fue eso, o al menos no exactamente, porque más que de yuxtaposición se puede hablar de fusión, incluyendo bandoneón en el bajo continuo y violas da gamba acompañando los sones porteños.

Ensemble Chimera Baeza diciembre 2011

De tal combinación podría resultar un mamarracho o una genialidad. Fue lo segundo, pues aunque los miembros de La Chimera no parezcan de primerísima fila, demostraron ser unos músicos “de verdad”, es decir, alimentados por un verdadero espíritu de equipo, dispuestos a servir a la música mucho antes que a ellos mismos y dotados de un gusto exquisito. Realizaron todos un trabajo fabuloso respaldando a dos solistas vocales a cual mejor: un Furio Zanassi que se desenvuelve sorprendentemente bien en este repertorio tan alejado del que le es propio (¡soberbia además su dicción en castellano!), y una excepcional Susanna Moncayo –preferible a Ximena Biondo, presente en la referida grabación- que cada vez que abría la boca conseguía que un escalofrío recorriera nuestras entrañas. En suma, un espectáculo creativo, arriesgado, mágico e inolvidable que contribuye a tender lazos y abrir la mente: el quejido del bandoneón resulta no estar lejos de la melancolía monteverdiana.

A las doce de la noche, un grupo de unos sesenta o setenta frikis nos congregábamos en la iglesia de Santa Cruz –la única obra románica que queda en Baeza- para reencontrarnos con Marcel Pérès y su Ensemble Organum. Programa duro y fascinante: polifonías primitivas –pero que muy primitivas, anteriores a la Escuela de Notre-Dame- que proceden de Limoges y Moissac, con guinda final del Codex Calixtinus tristemente sustraído de la Catedral de Santiago de Compostela. Las interpretaciones respondieron a lo que se podía esperar: tempi tendentes a la lentitud, emisión vocal rústica y continua recurrencia al melisma. Creen algunos que esto último es un intento de establecer vínculos con el mundo islámico, cuando el asunto en realidad va por otro camino: demostrar cómo la liturgia cristiana medieval y la tradición musulmana beben de una misma fuente, que no es otra que la del último imperio romano, léase bizantino, habida cuenta de la extensión territorial de este en tiempos preislámicos y de su funcionamiento como cruce de caminos en el ámbito cultural. ¿Discutible aplicar semejantes parámetros al mundo cluniacense, esto es, al que se encargó de unificar el mosaico artístico que había existido en la Alta Edad Media haciendo uso de la liturgia romana y de la arquitectura románica? Pues sí, pero el resultado –justo como en el concierto de tangos y madrigales- fue tan arriesgado como revelador. El frío, por una vez, contribuyó a crear la ambientación apropiada.

martes, 6 de diciembre de 2011

La ONE puede con Don Quijote

Con el programa en torno a la genial obra cervantina que ofreció el pasado fin de semana la Nacional de España, que yo pude ver en la matinal del domingo 4, Josep Pons parecía tener un fin muy concreto: demostrar que su orquesta -o sea la nuestra, la de todos los españoles- puede con una partitura tan exigente como el Don Quijote de Richard Strauss, y no solo en lo que al tutti se refiere sino también en sus solistas, violonchelo incluido. Lo consiguió. Sonó la ONE muy bien, desde luego bastante mejor que con López Cobos hace pocas semanas (enlace), lo cual demuestra que el catalán se toma los ensayos más en serio que el zamorano -de técnica este último anda sobrado: no parece esa la cuestión-. Miguel Jiménez sorteó sin problemas el virtuosismo de su parte y logró ofrecer un Alonso Quijano que, siendo un tanto plano en lo expresivo, fue lo suficientemente centrado. El violinista Mauro Rossi estuvo tan bien como suele. Y la viola Cristina Pozas, a mi entender gran triunfadora de la noche, demostró ser una artista de grandísima categoría. Espero que pronto le ofrezcan un Harold en Italia.

Me gustó la dirección de Josep Pons. Empezó un poco flácido pero poco a poco se fue calentando y ofreció una recreación bien planificada -Clavileño pocas veces lo he escuchado tan transparente-, dicha sin precipitaciones y que se mantuvo por completo ajena al efectismo para optar más bien por un enfoque introvertido que subrayó los aspectos más líricos de la genial partitura. Faltaron nervio, garra y chispa, como también hondura trágica, pero ¿quién hace hoy un Don Quijote straussiano de verdadera altura? Que yo sepa, solo Luisi y Maazel, y quizá Haitink (no sé si lo tiene en repertorio). Gente como Mehta, Ashkenazy y mi amado Barenboim no entran en la lista, a tenor de sus correspondientes registros discográficos. Conformémonos pues con el dignísimo trabajo de Pons y su orquesta.

En la segunda parte el de Puig-reig nos propuso escuchar el infrecuente Don Quijote de Roberto Gerhard (1896-1970). Fue un acierto, porque es una música interesante digna de ser conocida. Y más acierto aún ofrecer solo una selección: escuchada completa resulta -al menos en la única versión discográfica que conozco, la de Victor Pablo Pérez- un tanto pesada. La interpretación ofreció solvencia y convicción, pero fue recibida por el público con evidente frialdad.

Terminó la velada con El retablo de Maese Pedro, y aquí Pons destapó el frasco de las esencias. Este ha sido el mejor Falla de cuantos le he escuchado, e incluso tengo la impresión de que lo ha hecho aún mejor que en su registro de 1990 para Harmonia Mundi, inyectando incisividad, tensión y fuerza expresiva a su acercamiento de corte stravinskiano a una partitura que aún no sé muy bien si anda infravalorada o sobrevalorada. El tenor Gustavo Peña estuvo soberbio como Maese Pedro, el joven y aún por madurar Joan Martín-Royo mostró muy buenas maneras y, finalmente, la tinerfeña Raquel Lojendio fue de más a menos en su encarnación de ese desagradecido y difícil papel que es el de Trujamán; por cierto, fue la única que se esforzó por semiescenificar su parte. Estupenda la orquesta. Aquí el público sí que reaccionó con entusiasmo. Con toda la razón.

En cuanto a las notas al programa, no voy a repetir lo ya dicho (enlace). A ver si cuidamos esas cosas, por favor.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Lady Macbeth vuelve a Madrid

Hace años pudimos ver en el Teatro Real una Lady Macbeth de Shostakovich que fue memorable por la dirección musical del mismísimo Rostropovich. Cantantes y producción escénica se quedaron en lo bueno sin más, pero aquello se disfrutó mucho incluso en la función a la que yo acudí, torpedeada por el ruido que montó un señor llamado Francisco Álvarez Cascos (¿qué se le habría perdido por allí al casposo líder derechista?) cuando se empeñó en acceder a la sala en mitad de la función. El pasado sábado 3 de diciembre ha vuelto la acongojante ópera de Shostakovich al escenario madrileño. ¿Resultados? Memorables, pese a ser musicalmente algo inferiores a los del DVD con la misma producción que hemos comentado en este blog. A la entrada correspondiente me remito (enlace), limitándome ahora a señalar las principales diferencias con respecto a la filmación realizada en Ámsterdam.

Lady Mabeth Kusej Westbroek Madrid

Especialista en C. P. E. Bach (enlace), Harmut Haechen realizó en el foso una labor menos interesante que la de Jansons y -ni que decir tiene- Rostropovich. Hubo en su dirección brío, brillantez y un certero sentido del la ironía, pero administró las tensiones de manera irregular y no supo dotar de continuidad a la obra, alternándose los momentos buenos -o incluso muy buenos- con otros que pasaron sin pena ni gloria. Logró por otro lado hacer sonar de modo muy convincente a Sinfónica de Madrid (¡qué bien le ha sentado la marcha de López Cobos!), aunque los refuerzos de los metales sonaran a veces demasiado a banda de pueblo; quiero decir, más aún de lo que pide Shostakovich. El Coro Intermezzo sufrió lo suyo en una partitura bien difícil (¡y en ruso!), pero frente a algunas intervenciones que no terminaron de funcionar hubo otras memorables: nuestros compatriotas estuvieron impresionantes -auténtica magia sonora- en el decisivo último acto, a lo que no debe de ser ajena la labor de su titular Andrés Máspero. Todo ello, por cierto, lo hicieron plegándose a las demandas de una producción escénica en todos los sentidos muy exigente.

Michael König me ha convencido bastante menos que Christopher Ventris: su voz es incolora, pobre en armónicos y no corre con facilidad. Durante el primer acto tuvo problemas para hacerse oír, aunque luego fue mejorando y cumplió con cierta dignidad. Escénicamente no hay quien se lo crea debido a su exceso de grasa. Con algún otro cambio en papeles menores, el resto del elenco fue el mismo que el de la Ópera de Holanda. Es de justicia reconocer que Vladimir Vaneev, sin la ayuda de los micrófonos, convence mucho menos que en el DVD en el doble rol de Boris y el preso anciano. En cuanto a Eva-Maria Westbroek no hay novedad: referencia absoluta para Katerina Ismailova y una de las cosas más impresionantes -por voz, técnica, variedad expresiva, comprensión del personaje y desenvoltura escénica- que quien esto suscribe ha visto en su vida. Enorme, increíble, una recreación para la historia. Fue la gran triunfadora de la noche.

La puesta en escena de Martin Kusej pierde en directo la expresividad facial de los cantantes, pero se pueden apreciar mejor ahora cosas como el modo en que el barro del escenario va ensuciando progresivamente la “jaula” en la que vive la protagonista, o el carácter fálico de la escalera de mano con que el repugnante seductor Serguei penetra (en) su habitáculo. El agua que inunda el suelo de la escena de Siberia -aquí una prisión subterránea indeterminada- creo que no estaba en la filmación: quizá se eliminó para no interferir en la toma de sonido. La verdad es que queda muy bien y contribuye a hacer aún más sórdida la voluntariamente incómoda propuesta, que por lo demás a mí me sigue pareciendo espléndida. La crítica española parece que coindice en tal alabanza excepción hecha de Álvaro del Amo, lo que a mi entender es casi un elogio viviendo de un señor que es director de Una preciosa puesta de sol, una de las más risibles películas que he visto en mi vida. Sí, ya sé que esto no viene a cuento, pero hace tiempo que tenía ganas de escribirlo.

¿El público? Hubo abundantes deserciones y no se aplaudió con el entusiasmo merecido. Incluso se escuchó algún abucheo aislado a la dirección de escena. Sin duda tenemos el caldo de cultivo necesario para que triunfe el golpe de estado que se prepara contra Mortier y vuelva al Real la ópera de toda la vida (o sea, la de “voces por encima de todo”) en producciones tradicionales o abiertamente rancias. El paso atrás parece a estas alturas imparable. Mientras tanto, nosotros hemos disfrutado de un espectáculo de muy alto nivel ideado para lograr justo eso que no le interesa a la peña conservadora que anda afilando los cuchillos: incomodar, estremecer y hacernos pensar. Quedará en mi memoria por mucho tiempo.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Carl Philipp Emanuel Bach en Phoenix Edition

Teniendo detrás a su señor padre, muy cerca -nuestro artista era dieciocho años mayor- a Haydn y delante a Mozart, se comprende que Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788) no haya tenido mucha suerte a la hora de encontrar su lugar en la historia de la música, toda vez que su creación no alcanza la inigualable excelsitud de estos tres genios. Sin embargo su obra no es solo francamente buena, a veces más que eso, sino que sin ella resulta imposible comprender cómo se evoluciona en Centroeuropa desde el primero de los compositores citados a los dos últimos, es decir, desde el pleno Barroco hasta el Clasicismo vienés pasando por los dos movimientos en los que el quinto hijo de Johann Sebastian va a destacar, el llamado “estilo galante” y el “Sturm und Drang”.

CPE Bach Sinfonias Haechen

De todo ello da buena cuenta la edición de doce discos que con excelente toma sonora -no tanto en las obras vocales- grabó en los años ochenta el sello Capriccio y que ahora recupera en serie media, agrupados en ocho volúmenes, Phoenix Edition. El más interesante quizá sea el que contiene las sinfonías, tanto las escritas para orquesta “completa” como las que son para cuerdas, pues en ellas encontramos bien fundidas la galantería digamos “rococó” de la época con los claroscuros y hasta el patetismo “Sturm und Drang” que el artista sabe exponer haciendo uso de un atrevimiento, una imaginación y un sentido teatral impagables. Eso sí, hay que advertir que las interpretaciones que ofrece la Orquesta de Cámara Carl Philipp Emanuel Bach, de instrumentos “tradicionales”, acentúan el primero de los ingredientes frente al segundo, a lo que no son ajenas ni la dirección elegantísima, ágil, poética y transparente de Hartmut Haenchen (maestro al que tenemos en el Teatro Real dirigiendo la Lady Macbeth de Shostakovich, dicho sea de paso) como el clave ornamentadísimo y extremadamente coqueto de Michael-Christfreed Winkler al continuo. Por eso mismo, siendo espléndidas estas interpretaciones, me permito sugerir la audición complementaria del registro de las Seis sinfonías para cuerdas realizado por Trevor Pinnock en 1979, sin la sensualidad ni el vuelo lírico de las que comentamos pero mucho más teatrales.

Los cinco conciertos para flauta reciben una muy buena lectura por parte de Eckart Haupt, quien posee una línea serena, flexible y muy musical, respirando con naturalidad y mostrando una agilidad nada entregada al mero virtuosismo. Tanto él como Haenchen aciertan además al atender al vuelo poético de esta música -incluso al dramatismo del impresionante largo del Wq 168/H- sin dejar de ofrecer la elegancia y delicadeza debidas.

CPE Bach Conciertos organo Haechen

El director alemán vuelve a convencer en los dos bellos conciertos para órgano -asombroso el Adagio sostenuto del Wq 35 H 446- con una dirección tradicional, fluida, elegante, luminosa y con chispa, nada nerviosa ni trivial. Junto a él, y sentado frente a un espléndido instrumento, tenemos a un Roland Münch de gran agilidad y notable imaginación a la hora de manejar los registros.

Los dos conciertos para oboe son bien diferentes entre sí, muy amable el Wq 164 y de una acongojante melancolía el Wq 165. De ellos se encargan el Neues Bachisches Collegium Musicum Leipzig -también de instrumentos “modernos”- y el director Max Pommer, quien aborda la música del autor con menos agilidad, incisividad y frescura que su colega Haenchem, pero con mayor concentración, apreciable hondura y buen olfato para mirar al futuro. Burkhard Glaetzner tiene alguna limitación técnica pero hace respirar la música con naturalidad y gran lirismo, si bien donde se luce por completo -admirable la cadenza de su primer movimiento- es en el concierto de Johann Christian Bach que completa la duración del disco.

Pasamos a la música de cámara con una selección de la importantísima obra para teclado del autor a cargo de Linda Nicholson, quien haciendo uso de un clave original de 1767 de atractivo sonido arcaizante, apuesta de modo decidido por los aspectos más concentrados, introspectivos y hasta dramáticos de la obra bachiana. Una opción digna del mayor elogio, si bien su estilo se nos antoja en exceso “tradicional”, sin toda la flexibilidad y fantasía apetecibles; por eso mismo vuelvo a recomendar una comparación, en este caso con el disco que registró en 1987, con obras distintas a las aquí presentadas, el gran Andreas Staier usando no solo el clave, sino también un fortepiano para las páginas más tardías.

CPE Bach Sonatas Nicholson

En las sonatas para flauta nos volvemos a encontrar con Eckart Haupt, quien nos ofrece una acertada selección que nos permite comparar los múltiples rostros expresivos de la creación bachiana. Las interpretaciones, de amplio aliento melódico aunque quizá un punto sosas, se ven acompañadas por el notable clavecinista Armin Thalheim, un punto más coqueto de la cuenta y algo anticuado.

Los cuatro últimos discos nos ofrecen una selección de cantatas y obras corales, sobresaliendo -por su extensión, pues su música no es necesariamente mejor que la de las otras páginas- el oratorio La Resurrección y la Ascensión de Jesús. No nos encontramos ante las obras más personales de su autor, si bien hay momentos llenos de belleza y podemos trazar conexiones con la labor de su padre -eso por descontado-, con el tentador universo operístico del momento y con lo que vendrá después de la mano de Haydn, siendo asimismo muy interesante constatar, particularmente en los textos, la evolución hacia una nueva espiritualidad de corte digamos “ilustrada”. Las interpretaciones, estas sí, se realizan con instrumentos originales, aunque por desgracia Das Kleine Konzert es una agrupación desigual -francamente mediocre el fagot- que no siempre está a la altura de las circunstancias. Bastante mejor están los Rheinische Kantorei, todos ellos dirigidos con sensatez, estilo y buen gusto por un Hermann Max que, salvando algún pasaje algo pimpante y cierta falta de claridad achacable en parte a la toma sonora, convencerá sin problemas a los detractores del historicismo. El equipo de solistas resulta desequilibrado. Lo mejor, un espléndido Christoph Prégardien en el citado oratorio. No lo hace mal el bajo Gotthold Schwarz, que cuenta con arias muy hermosas. Lo más flojo, las sopranos Barbara Schlick y Martina Lins, esta última muy aniñada. Aun así, nos encontramos ante discos recomendables que lo serían aun más si se hubieran incluido, además de los originales en alemán, traducciones de los textos cantados.

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Artículo publicado en el número de noviembre de 2011 de la revista Ritmo.

C.P.E. BACH: Sinfonías.
Orquesta de Cámara Carl Philipp Emanuel Bach. Dir: Hartmut Haenchen.
Phoenix Edition, 443
2 CDs. 103’28’’
DDD
Ferysa
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C.P.E. BACH: Los cinco conciertos para flauta.
Eckart Haupt, flauta. Orquesta de Cámara Carl Philipp Emanuel Bach. Dir: Hartmut Haenchen.
Phoenix Edition, 446
2 CDs. 114’58’’
DDD
Ferysa
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C.P.E. BACH: Los dos conciertos para oboe. J.C. BACH: Concierto para oboe.
Burkhard Glaetzner, oboe. Neues Bachisches Collegium Musicum Leipzig. Dir: Max Pommer.
Phoenix Edition, 449
2 CDs. 69’36’’
DDD
Ferysa
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C.P.E. BACH: Los dos conciertos para órgano. Preludio en Re mayor. Fantasía y fuga en Do menor. Roland Münch, órgano. Orquesta de Cámara Carl Philipp Emanuel Bach. Dir: Hartmut Haenchen.
Phoenix Edition, 450
52’31’’
DDD
Ferysa
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C.P.E. BACH: Tres sonatas para teclado. Piezas pequeñas y fáciles para teclado.
Linda Nicholson, clave.
Phoenix Edition, 451
63’06’’
DDD
Ferysa
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C.P.E. BACH: Selección de sonatas para flauta.
Eckart Haupt, flauta. Siegfried Pank, viola da gamba. Armin Thalheim, clave.
Phoenix Edition, 452
48’37’’
DDD
Ferysa
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C.P.E. BACH: Obras vocales. Klopstocks Morgengesang am Schöpfungsfeste. Auf, schicke dich rechet feierlich. Anbetung dem Erbarmer. Heilig. Gnädig und barmherzig ist der Herr. Wer ist so würdig als du. Der Herr lebet.
Solistas. Rheinische Kantorei. Das Kleine Konzert. Dir: Hermann Max.
Phoenix Edition, 453
2 CDs. 125’33’’
DDD
Ferysa
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C.P.E. BACH: La Resurrección y la Ascensión de Jesús. Cantata “Gott hat den Herrn auferwecket”.
Solistas. Rheinische Kantorei. Das Kleine Konzert. Dir: Hermann Max.
Phoenix Edition, 456
2 CDs. 99’06’’
DDD
Ferysa
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jueves, 1 de diciembre de 2011

El punto, la coma y el bochorno

Como la Orquesta Nacional de España ha decidido ajustar sus finanzas relegando las notas al programa a un PDF que se ha de descargar a través de internet –en sala solo entregan un díptico con un resumen del texto y los datos esenciales-, he acudido a la red para prepararme el concierto que espero ver el próximo domingo: los Don Quijote de Strauss, Gerhard y Falla bajo la dirección de Josep Pons. Tras la lectura no puedo menos que escribir una líneas acerca de la vergüenza ajena que he sentido. ¿Podría alguien explicarle a Doña Begoña Lolo, Catedrática de Musicología de la UAM y directora de los trabajos Cervantes y el Quijote en la música. Estudios sobre la recepción de un mito (2007) y Visiones del Quijote en la música del siglo XX (2010), por favor, la diferencia entre el punto y la coma en el idioma castellano? ¿Podría alguien enseñarle a redactar con un mínimo de corrección? ¿Podría el personal de la OCNE, concretamente el señor Eduardo Villar, coordinador de publicaciones, revisar los textos antes de convertirlos en un PDF para que no parezcan escritos por uno de mis alumnos de enseñanza secundaria? Sí, ya sé que a todos se nos escapa de vez en cuando alguna falta, pero lo de estas notas -tengan paciencia para leerlas completas si no me creen- va mucho más allá de lo anecdótico para llegar a lo absolutamente bochornoso. Y es que a veces hay que exclamar ¡ya está bien!

Descarga de las notas: enlace.

martes, 29 de noviembre de 2011

Lady Macbeth de Shostakovich en versión Kusej

La producción de Lady Macbeth de Mtsensk que se presenta este sábado en el Teatro Real -allí espero estar- la preparó Martin Kusej para la Ópera de Holanda y fue filmada por las cámaras de Opus Arte los días 25 y 28 de junio de 2006 en el Het Muziektheater de Ámsterdam. Se trata de una propuesta llena de sexo más o menos explícito. De sexo, incluso de genitalidad pura, pero no de erotismo: todo aquí es seco, escabroso, desagradable. Los calzoncillos cagados del borracho en la fiesta -recuerdan a los de Divine de Cosas de hembras, pero aquí sin gracia ninguna- no son sino una muestra de todo un desfile de fea ropa interior, carnes flácidas y sudorosas, suciedad abundante -el suelo del escenario se encuentra cubierto de barro- y una mezcla de sangre y semen que se intuye más que se ve, aunque el asesinato de Zinovy (la aguja del zapato clavada en el ojo) sea bastante explícito.

Lady Macbeth Kusej Jansons

Una puesta en escena voluntariamente incómoda, pues, que se aparta del tono con frecuencia caricaturesco de la algo desigual partitura de Shostakovich para incidir en los aspectos más escabrosos de una historia por completo vigente: la de una mujer antes víctima que verdugo, presa -la jaula de cristal de los primeros actos lo deja bien claro- en un mundo de hombres a cual más machista, mediocre y repugnante. Que algunos detalles no estén bien resueltos (hay alguna contradicción aislada entre lo que se ve y lo que se dice) no invalida una propuesta escénica que puede no ser la que mejor rime con la música, pero sí la que más nos hace pensar al tiempo que pasamos un mal rato.

Musicalmente el nivel en este doble DVD es alto. No podría ser menos teniendo en el foso a la que es probablemente una de las dos mejores orquestas de Europa, la del Concertgebouw, instrumento tan musical como flexible con el que su titular Mariss Jansons ofrece un trabajo de artesanía de la mejor calidad. ¿Artesanía? Sí: todo está en su sitio, expuesto con meridiana claridad, en perfecta sintonía con el estilo y dejando a un lado cualquier tipo de devaneo sonoro, pero falta ese grado de implicación última -de tensión sonora, visceralidad y desgarro- que encontramos por ejemplo en la filmación del mismo año en el Covent Garden (aún no en DVD) bajo la batuta de ese músico a todas luces más interesantes que es Antonio Pappano. Lástima.

El elenco holandés es muy parecido al que escucharemos en Madrid, incluso en los papeles más breves, con la importante excepción de Sergei: en el Real escucharemos a Michael König, mientras que en Ámsterdam vemos a un Cristopher Ventris que no solo realiza una irreprochable labor en lo vocal -ya lo hizo en una filmación anterior, la del Liceu-, sino que ofrece un físico grasiento, peludo y -pese a todo- no exento de cierto atractivo facial que hace que dé verdadero miedo verle en ropa interior. Claro que quien se lleva el gato al agua es Eva-Maria Westbroek, inmensa en su recreación de Katerina Ismailova no ya por su voz de muchísimos quilates y por una técnica de enorme solidez, sino por su perfecta comprensión del personaje tanto desde el punto de vista vocal como desde el escénico; las cámaras no tiene reparo a la hora de mostrarnos que en algún momento llora de verdad. También le ayudan su físico -carnes mórbidas, tetas generosas- y un maquillaje que acentúa su vulgaridad y hasta ordinariez. El resultado es prodigioso y el público de Ámsterdam así lo sabe ver con unas ovaciones que dejan aturdida a la maravillosa soprano holandesa. Si en Madrid se mueve en el mismo nivel vocal, estaremos ante una de las más portentosas recreaciones de un personaje operístico que se hayan presenciado en el Real en los últimos años.

El resto del elenco –ya les digo, casi al completo el mismo que veremos aquí- ofrece un alto nivel medio, destacando el vocalmente impecable y adecuadamente irónico inspector de policía de Nikita Storojev. Vladimir Vaneev convence en lo escénico, pues su Boris -el suegro de la protagonista- no puede ser más repulsivo, pero vocalmente no anda muy allá; en los dos aspectos le supera, con mucho, el inmenso John Tomlinson que tuvo Pappano (junto a Westbroek y Ventris, vaya suerte) en su citada recreación londinense. A destacar la valiente labor de Carole Wilson, que no solo tiene que mostrar sus pechos al personal sino dejar que se los magreen todos los miembros del coro masculino. Y un hallazgo la concepción particularmente alienada de Sonyetka, espléndidamente recreada por Lani Poulson, en el último acto.

No hay mucho más que decir: DVD imprescindible -imagen y sonido espléndidos, subtítulos en castellano, extenso documental complementario- y cita obligada en el Teatro Real para todos aquellos que piensen que la ópera es más, muchísimo más, que una serie de cantantes compitiendo a ver quién tiene más fiato y mejores agudos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Jerez, en su línea

Lo he dicho muchas veces: el mundillo de la crítica musical de Jerez de la Frontera avergüenza desde hace años por su descarado peloteo hacia la figura de Francisco López, antiguo director del Teatro Villamarta y actual cabeza de la Fundación homónima. El pasado viernes 25 se estrenó una nueva producción realizada por él mismo de Sor Angelica (¡en versión con piano, cuando lo mejor de la portentosa partitura está en la orquesta!) combinada con varias canciones de Brahms. Pues bien, miren ustedes lo que escribe Nicolás Montoya en la prensa oficial del régimen, es decir, el Diario de Jerez (el texto completo lo pueden leer aquí):

“Si Puccini levantara la cabeza y observara, casi un siglo después, lo que un director de escena andaluz hacía con su obra, le estrecharía en un abrazo tal que hasta los ángeles del cielo se estremecerían. Claro, que enfrascados como están en Italia con los desmanes de un tal Berlusconi, ni la Scala ni la Fenice se han percatado del lujo de cabeza creadora que desde hace años anda por estas tierras. Mejor para nosotros. (…)

A nivel escénico, la genialidad del dueto formado por Francisco López y Jesús Ruiz se volvió a disfrutar en un escenario. Luces y sombras, blancos y negros, ambiente intimista, tonalidades como protagonistas y un vestuario que reflejaba en todo momento las intenciones de sus protagonistas. Quizás el espectáculo visual se enriqueció en gran parte debido a la maravilla de creación lumínica que, como siempre, nos tiene acostumbrados, y que en este caso además consiguió llenar de sentimientos y de emociones los momentos cruciales de la producción. La esmerada ocupación de espacios, a pesar de algunas indecisiones, los movimientos en escena en segundos planos, la capacidad de mover como unidades visuales a los participantes y la enorme carga de intenciones en todas las creaciones de personajes, fueron impactantes. Todo el ambiente conseguido rezumaba un trabajo milimétrico, y en esta ocasión, aforando calles en líneas verticales cruzadas en busca de lo trascendente, con un escenario abierto y limpio en aras de lo inmaculado, y con la grandiosidad de un ciclorama que a nivel audiovisual impactaba y conseguía hacer latir en pocos metros las entrañas más divinas de lo humano.”

Sobre el espectáculo en sí mismo no puedo hablar, porque no estuve. A mí me han dicho que fue un muermo pedantorro e infumable, pero no dudo que al autor del artículo le haya gustado mucho. Pero una cosa es eso y otra muy distinta el tono ditirámbico utilizado. ¿Sabe el tal Montoya lo que es un genio de la escena? ¿Ha visto mucha ópera por ahí? ¿Ha oído hablar de Strehler, de Ponnelle, de Chéreau, de Wernicke, de Carsen o de Kupfer, por ejemplo? A Francisco López le he visto bastantes producciones en Jerez, algunas que me gustan mucho, otras que me gustan lo suficiente y otras que me gustan poco o nada. No me parece un mal director. Puede que algo rancio y previsible, eso sí, pero no malo. Ahora bien, de ahí a la genialidad, la que por ejemplo he visto recientemente en el Pelléas de Robert Wilson (enlace) o en el Gran Macabro de La Fura (enlace), me parece a mí que media un abismo.

Me hace particular gracia eso de que en La Scala no se han enterado del presunto genio del director de escena cordobés. ¿Cuántas producciones le han ofrecido a este señor por ahí fuera, en teatros más de andar por casa? Lo único que yo le conozco es su magnífico trabajo sobre El loco para el Ballet Nacional de España. Al margen de eso, su obra en los últimos lustros se limita casi en exclusiva a las producciones que ha realizado para las dos instituciones de las que ha sido rector, el Gran Teatro de Córdoba y el Teatro Vilamarta de Jerez, en las que por cierto fue contratado en la figura de gestor y no en la de director escénico; otra cosa es que una vez ocupado el cargo bien que haya procurado estar presente en todas las temporadas y, obviamente, intercambiar sus realizaciones con las de otros teatros en los que también sus gestores se invitan a sí mismos a ofrecer sus servicios como artista, desde Curro Carreres en Murcia hasta Giancarlo del Monaco en Tenerife (enlace).

Además, ¿no era el Villamarta un teatro comprometido con los jóvenes artistas? Con la cantidad de directores de escena noveles que hay en España esperando una oportunidad para ofrecer -por el precio que sea- algunas de sus propuestas, no deja de sorprender que la inmensa mayoría de sus producciones propias hayan corrido a cargo de López, quien además escoge los títulos que a él le parece sin tener en cuenta que pueden ser repetidos: es el caso de este Puccini, pero también obras como Elixir, Don Giovanni o Carmen se habían visto ya en el teatro jerezano antes de que este señor decidiera ofrecer una producción firmada por él mismo y repetirla cada cierto tiempo. El resultado es que determinados títulos han sido visto en Jerez una buena cantidad de veces desde la reapertura del teatro mientras que otros muy importantes siguen durmiendo el sueño de los justos. Buena manera de educar al público.

Lo que sí hay que reconocerle es su capacidad para despertar adhesiones incondicionales, sobre todo en el mundo de la prensa. Justo como su colega Del Monaco, curiosamente. En Jerez ya hace tiempo que los chicos de La Arcadia (enlace) empezaron a funcionar como guardia pretoriana de López y sus allegados, así como del Coro del Villamarta y de cantantes de la localidad como Ismael Jordi (otra suerte han corrido artistas como Ángel Hortas, caído en desgracia ante López y por ende en el punto de mira de  los arcadios). Desde que el anterior director del Diario de Jerez empezó a hacer giras junto a su esposa -miembro del coro- y a compartir experiencias con la dirección del teatro, todo quedó atado y bien atado. Nadie queda ya en Jerez que se atreva a levantar la voz. Todo son aplausos, aplausos y aplausos. Prietas las filas: el pensamiento crítico está desterrado. Los graves problemas presupuestarios que atraviesa el Villamarta ofrecen la excusa perfecta para considerar la disidencia como alta traición. Mientras tanto, al tiempo que algunos se autoimponen la medalla de “verdaderos amantes de la lírica”, las sesiones que ofrecen los martes en los Cines Ábaco siguen teniendo una media de asistencia de tres personas. En las últimas semanas se han visto la Carmen de Barenboim, la Adriana de Kaufmann y Gheorghiu y una Tosca por los mismos cantantes dirigida por Pappano. Mañana repiten Puritani con Flórez. ¿Qué se apuestan a que no va nadie?

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...