jueves, 25 de abril de 2013

RTVE con Paul Mann: dignidad y bastante más

Preguntan ciertos políticos, esos mismos que están empezando boicotear a la formación fundada por Igor Markevitch, para qué sirve la Orquesta de la RTVE. Pues miren ustedes, además de para difundir la buena música en la radio y la televisión y para dar a conocer parte de la creación contemporánea, sirve para que las personas a las que nos resulta imposible pagar la entradas de Ibermúsica y eventos similares -aficionados que somos cada vez más y más en número- podamos escuchar conciertos sinfónicos en directo de una calidad digna y aceptable. Y a veces mucho más que eso. Es el caso del programa que he escuchado esta misma noche en el Teatro Monumental, ese recinto cutre a más no poder pero de excelente acústica que desde hace tiempo acoge a la referida formación.

Ha dirigido Paul Mann, un señor al que hace tiempo escuché al frente de la Sinfónica de Sevilla en un concierto de resultados desiguales (enlace). Esta vez ha ocurrido lo mismo: la orquesta de la RTVE le ha sonado estupendamente en todas sus secciones (¡entérense, señores políticos, de que es la mejor orquesta estable de Madrid!), pero a nivel interpretativo han funcionado mucho mejor las cosas en la segunda parte que en la primera.

El Concierto nº 5, Emperador lo ha dirigido con vitalidad, excelente pulso y adecuado sentido épico, pero la sintonía del maestro británico con el universo de Beethoven me ha parecido nula: ni la sonoridad estaba conseguida ni se percibían cantabilidad, el humanismo y el sentido de los claroscuros propios del autor. Igualmente ajeno al universo expresivo correspondiente se mostró el pianista Steven Osborne, que en cualquier caso toca francamente bien y con un fraseo de la suficiente naturalidad. Lo dicho, una interpretación digna para ser escuchada en un concierto de abono. Nada más, nada menos.

El "bastante más" vino con la Sexta sinfonía de Vaughan Williams, una obra de lo más atractiva, espectacular y de corte muy cinematográfico (tiene su origen en una banda sonora frustrada), que esta misma semana me he podido machacar en las interpretaciones de Boult, Previn, Haitink, Norrington, Hickox y Colin Davis, sensacional esta última. La de Paul Mann, de nuevo sacando un estupendo partido de la orquesta española, ha sabido aunar carácter épico, humor negro y lirismo típicamente inglés en el primer movimiento. Ha logrado también calibrar las tensiones y distensiones del segundo con la adecuada concentración, y ha acertado con la inmediatez dramática del tercero con la ayuda de un saxo muy hermoso (aunque, para mi gusto, este debería haber sonado más canalla que seductor).

Solo se ha quedado la batuta algo corta en el movimiento conclusivo: Mann ha respetado la indicación de Moderato, pero otros maestros demostraron que con mayor lentitud y sequedad se puede ahondar más en el carácter desolado e incluso nihilhista de la página. Pese a ello, espléndida interpretación que ha servido, seguro, para descubrir a muchos esta estupenda música. ¿Y aún siguen preguntando para qué sirve la orquesta?

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Fernando:
Este viernes a última hora de la tarde regresaba a casa en el coche y sintonizando radio clásica me topo con el concierto "Emperador" ya empezado (habrían transcurridos 2 minutos más o menos). Pensé que se trataría de una interpretación rutinaria más propia de los conciertos de abono y sopesé el cambiar de dial, pero rápidamente tuve sensaciones que me hicieron dudar y seguí escuchando. Al final del primer movimiento no tenía ya ninguna duda: estábamos ante una interpretación muy buena del concierto ( de rutinaria nada de nada). El movimiento lento no lo pude percibir con buena nitided como consecuencia del lugar de audición, ruidos y tal; pero nuevamente en el arranque del Allegro y último se me confirmaron las primeras impresiones: sentido épico, perfecta sintonía entre pianista, director y orquesta, virtuosismo del solista, excelente orquesta y sonido beethoveniano 100%. ¿Alguna grabación de campanillas?. Finalizó el concierto, empezaron los aplausos, avidez y curiosidad en saber quienes eran los inérpretes. Pronto se desveló la intriga: los interpretes y concierto eran los objeto de este artículo, en directo desde el Teatro Monumental de Madrid.
No poseo los conocimientos necesarios para rebatirte porqué aquí "ni la sonoridad estaba conseguida ni se percibían cantabilidad, el humanismo y el sentido de los claroscuros propios del autor". Sinceramente no lo sé. Para mí hubo de todo y en su sitio. Me mantuvo la atención en todo momento y me emocionó.
Referente a los conceptos de sonoridad y cantabilidad me gustaría saber quien la tiene realmente: Furtwangler/Fisher; Arrau/Davis, Kempf/Leitner, Celibidache/Orquesta Nacional de Francia; Serkin/Bernstein o Leon Fleisher/Szell, por citar algunas de las interpretaciones más reconocidas. Te digo esto porqué si todas estas grandísimas interpretaciones cumplen estos requisitos, no puedo entender que sea así cuando hablamos de interpretaciones muy distintas entre sí y algunas en las antípodas.¿Cuál es el baremo entonces para establecer esa cantabilidad y sonoridad?
Atentamente y saludos. No he intervenido últimamente porque no tenía ni ganas ni grandes cosas que decir. Ahora seguramente tampoco pero la curiosidad de toparme con este comentario hizo el resto.
JAVIER M.F.

Paul Mann dijo...

Thank you to both writers for these comments, especially the second who has kinder things to say about the Beethoven. It's not for me to comment! However, I will say this on the question of the finale of the Vaughan Williams: the tempo is crucial. The composer left a very precise indication, not just in the "Moderato" marking, but with a metronome mark. He also bowed the movement very precisely, and these markings are impossible to execute unless the metronome mark is observed. I recommend studying works from the scores and not from other people's recordings!

Bruno dijo...

Espero que el último comentario no sea una gran broma de alguien. En todo caso la doy por cierta. ¡Menuda medalla que se coloca el blog y su autor! ¡Qué gran incentivo que los intérpretes debatan sus intenciones y sus logros con los oyentes!
No he escuchado ese concierto, por cierto esa música no se hace nunca en España, pero me llama la atención lo de la partitura. Evidentemente debe ser lo fetén. Y me gusta que los críticos aludan a esos aspectos. Pero a los tristes mortales no nos queda más remedio que guiarnos por la intuición, el recuerdo y la comparación. Otro debate interesante es la “fidelidad” a lo escrito. Yo personalmente me alegro de que puedan haber interpretaciones tan dispares. Ya me gustaría conocer las opiniones de cualquier compositor importante sobre las mismas. Incluso oírles decir: jamás me imaginé esto. Pero me gusta. O: nadie ha acertado. Yo imaginaba otra cosa. Bartok, tan escrupuloso, comentó ante el estreno de su Música para Cuerdas: “Vamos a ver cómo suena esto”.
Hemos perdido la costumbre de oír teatro “leído”. O escuchar a Araceli González Campa glosar el 1ª Nocturno de la 7ª de Mahler. ¿Les suena, la entienden, como si la leyeran Uds. mismos? ¿La hubiera hablado igual el escritor?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Tres comentarios que merecen ser contestados poco a poco. Gracias a los tres.

Javier, el baremo para establecer si la sonoridad de Beethoven (o la de cualquier otro compositor) está conseguida es personal y subjetivo, aunque lógicamente debe estar sujeto a una lógica interna y no caer en contradicciones.

En mi caso concreto, me gusta el Beethoven denso y "con brumas", gótico si se quiere. Entiendo por "sonido Beethoven" el de Furtwaengler, Klemperer, Böhm o Barenboim, pero no el de Toscanini o el de Szell, por ejemplo. Tampoco el de Celibidache: lo que el rumano hacía con esas sinfonías, ya lo dije en este blog, me parece maravilloso, pero no es Beethoven.

En cuanto a las cuestiones expresivas, entiendo que en este compositor hay tres vertientes complementarias entre sí: la lírica, la épica y la dramática. En el Emperador prima la segunda de ellas, en eso creo que todos estamos de acuerdo, pero las otras dos tienen que estar presentes.

Por eso mismo no me terminó de convencer la interpretación de Osborne y Mann: estuvo magníficamente sonada, dicha con comunicatividad, entusiasmo y brillantez, pero eché de menos esos claroscuros, ese carácter al mismo tiempo sufriente, rebelde y encrespado, que caracteriza la música del autor. Me resultó una interpretación hermosa, pero no lo suficientemente emotiva. No hace falta recordar que hablo de gustos personales: el público aplaudió mucho. Un saludo.

JAVIER M.F. dijo...

Si realmente es Paul Mann quien escribe, gracias. Es un honor.
Fernando, vale, es defendible tu explicación de conceptos, aunque difiera en alguna cuestión. Considero que las sinfonías de Beethoven por Celibidache no son Beethoven, pero, sin embargo, el concierto con Michelangeli es de los más grandes, y esto, disculpa, creo que lo discute muy poca gente. Referente a Szell, pues que quieres que te diga: un beethoveniano de referencia siempre y, por cierto, no digo mejor ni peor, pero más moderno que Barenboim con 50 años de anticipación, seguro.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Secondly, now in my terrible English.

It’s an honor for us to have comments from you, Mr. Mann.
About Beethoven, I tried to explain myself above. I’ll try about Vaughan Williams.

Undoubtfully, the score is crucial for a performer, but I think that for listeners it’s very interesting to listen to the more recordings as possible of any classical work. If you just known one recording, you will have a poor knowledge of a piece, even if it is the greatest performance ever. Listening to many performers, you’ll have visions with different lights than may discover you things that you haven’t seen before.

I think the score may be taken like a recipe for cooking – there is a lot of ways of doing it. May be this is not the case of this Vaughan Williams and those specific markings, but generally speaking a performer can take liberties to put his or her own sensitivity and points of view. I’m thinking now in the last movement of Shostakovich 15th symphony, a piece that I feel have some connection with this of Vaughan Williams – a dissolution into nothing. For my taste, it works better making it much slower that indicated by Shostakovich himself. That’s the way Kurt Sanderling takes in his recordings. Anyway, it is just a personal perception.

Thanks for your words and congratulations for a concert that I enjoyed very much and that give the public of Madrid the opportunity of hearing a splendid performance of a great work hardly heard in Spain.

Paul Mann dijo...

Congratulations on your "terrible" English! It's MUCH better than my truly dreadful Spanish, which I studied at school and forgot soon after.... Anyway, yes of course you're right up to a point with the recipe analogy. I'm certainly not averse to taking liberties where I think they're justified. But the point about the finale of VW6 is that it isn't a slow movement, and a whole load of trouble results if you try to turn it into one. The music starts to sound dangerously empty, when its emptiness is already "written in", and from a practical point of view, the bowings don't work if it's too slow, and once you start splitting them, the music can easily become too loud. In fact, I think in our second performance, which was the one broadcast, I took perhaps a little slower than the first night, but it's still in the ballpark of VW's quarter = 56. Maybe next time I do the piece I'll think again - this is after all one of the joys of music-making - but for now I think many otherwise fine recordings of this extraordinary finale try too hard to infuse it with significance it already possesses in abundance by means of a distended tempo alone. (A general point here: I often find that if I run into trouble from an interpretive point of view, it's because I'm not paying enough attention to what the composer actually wrote. So I always trust the score first, and other people second. When I studied with Brendel, in my other life as a pianist many years ago, he gave me the best bit of advice I've ever received: when he heard me trying (and of course failing) to play Beethoven Op.109 like him, he looked at me through those thick glasses of his and said "Never trust an idea you didn't work out for yourself.") All the best, Paul Mann

Paul Mann dijo...

P.S. Just to contradict myself: you're right, Shostakovich's metronome marks are almost always too fast!

Bruno dijo...

Queda todo mucho más claro. El intérprete busca por sí mismo, y por la partitura, su personal interpretación. Los mortales tenemos la dicha de poder escuchar a diversos intérpretes.
Por mi parte, gracias, maestro.
Una pregunta de curioso: ¿Es por eso del metrónomo que Mravinski siempre interpretó a Chostakovich un poco rápido y se dejó cosas en el tintero por apresuramiento?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Thank you again, Mr. Mann, for your very interesting and illuminating commentaries. I wish every performer had the time and patience of explaining somewhere that kind of things to the audience. By the way, Brendel’s advice it’s absolutely clever. A real pleasure to have had again notices from you.

Bruno, los tempi de Mravinsky eran relativamente rápidos en todos los repertorios, no solo en Shostakovich. Lo que se le puede criticar, en todo caso, es que su acercamiento al autor fuese muy “romántico” y sin toda la ironía que su música parece demandar. Saludos.