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jueves, 23 de abril de 2026

El mejor disco de Michael Tilson Thomas

Tenía previsto entre hoy y mañana terminar una comparativa discográfica de la Italiana de Mendelssohn, pero después de un fallecimiento en la familia –una de mis tías– y pasar la tarde en el tanatorio no me apetece escuchar esa maravillosa música, así que dejaré la tarea para más adelante. Sí que quiero decir algo sobre Michael Tilson Thomas, que nos acaba de dejar después de que tan solo hace unas semanas su marido abandonara este mundo. Valgan las siguientes líneas extraídas de mi inconcluso libro sobre directores de orquesta –líneas que a su vez reelaboran lo escrito en la siguiente entrada– para rendir homenaje al maestro.



Las mayores dudas que hemos tenido a la hora de escoger un disco por director las hemos tenido en el caso de este maestro nacido en Los Ángeles. Sensacionales son sus recreaciones de La mer y los Nocturnos de Debussy. Espléndidos sus discos dedicados a Charles Ives. De muy alto nivel su Stravinsky, de manera particular La consagración de la Primavera. Acertadísima su larga selección de Romeo y Julieta de Prokofiev. De referencia la Quinta sinfonía de Shostakovich. Una revelación la Tercera sinfonía de Aaron Copland: ¡qué manera de descubrirnos esta música! Soberbio el compacto que dedicó a Villa-Lobos. Y una delicia, por su fuerza y swing irresistibles, el musical On the TownUn día en Nueva York– de su maestro Leonard Bernstein.

El carácter ecléctico de sus hitos discográficos, centrados en el siglo XX sin que ello suponga exclusividad alguna, nos habla de un maestro que se mueve con absoluta comodidad en estilos y en ambientes expresivos muy distintos entre sí, así como de una técnica que tiene que ser de primerísimo nivel para salir airosa de la complejidad de todos los universos musicales citados. Los recreó con una sinceridad, una convicción y una capacidad comunicativa desbordantes, pero con bastante más autocontrol que el Bernstein juvenil y sin esa tendencia a enfatizar la brillantez sonora que acostumbramos a identificar con “lo norteamericano”.

Al final nos hemos decidido por el registro que hizo de la versión completa de El martirio de San Sebastián, de Claude Debussy. Primero, porque esta es una música absolutamente maravillosa que no muchos melómanos conocen: bellísima y evanescente, sensualísima y altamente espiritual al mismo tiempo –no es contradicción–, este “drama sacro” sobre textos de Gabriele d'Annunzio es la más perfecta traducción a la música de arte simbolista que se había extendido por Europa décadas atrás.

Segundo, porque en este registro de octubre de 1991 Tilson Thomas rozó el cielo, nunca mejor dicho. Con la absoluta complicidad de una orquesta a la que amó especialmente, la Sinfónica de Londres, así como de la ingeniería de sonido cortesía de Sony Classical, ofreció un Debussy de estilo absolutamente perfecto, en ese punto de equilibrio tan difícil de conseguir entre levedad y tensión sonora, entre claridad y atmósfera, dejando que la música fluya y respire con enorme holgura sin caer en el peligro de lo excesivamente estático y contemplativo. Sí que hay misterio, sugerencia y sentido de lo inquietante. También hedonismo, pero en el mejor sentido: el que le corresponde a una música que por sí misma, con independencia de cualquier circunstancia programática –en este caso, los cargantes textos de d'Annunzio–, está pensada para activar al cien por cien los sentidos, que no necesariamente la “emoción”. La soprano Sylvia McNair, a veces algo cursi, se mueve aquí como pez en el agua.

Hay una tercera razón por las que recomendamos especialmente este disco: las intervenciones de Leslie Caron. Sí, la protagonista de las películas Lilí y Gigí. Su recitado en francés resulta una experiencia embriagadora.

jueves, 25 de diciembre de 2025

El Cascanueces por Tilson Thomas

Suelo traer por Navidad una grabación de El cascanueces de Tchaikovsky. Toca esta vez la que grabó Michael Tilson Thomas al frente de la soberbia Philharmonia Orchestra el 25 de mayo de 1985 para CBS, hoy disponible tan solo en un doble CD de Newton Classics: la cesión de los derechos ha impedido a Sony publicarla en la reciente caja dedicada al gravemente enfermo maestro norteamericano. A mí la compra me ha merecido la pena, porque el precio es barato, pero hay que hacer una advertencia: el disco uno es sensacional, el segundo decepcionante. 

El primer acto es uno de los mejores que quien a ustedes se dirige haya escuchado, un verdadero ciclón de entusiasmo, brillantez bien entendida y sentido del humor. No necesita Tilson Thomas hacer una reinterpretación a lo Mravinski su justamente mítica selección de esta mitad inicial de la obra o a lo Barenboim tan discutible y personal como reveladora filmación del ballet completo, porque su visión no es dramática, sino eminentemente festiva. Se limita, sencillamente, a inyectar fuerza y convicción al tiempo que mantiene a raya todo lo que tenga que ver con la blandura o lo decorativo. Sí que hay espacio para la ternura y la sensualidad, como también para el refinamiento en la exposición, pero una sana rusticidad y un cierto espíritu gamberro terminan imponiéndose.

El problema empieza con el bosque de pinos y el vals de los copos de nieve. La razón es obvia: hasta ese momento la batuta se ha movido de maravilla con una partitura que pide teatralidad ante todo, pero en ese momento la música cambia, volviéndose mucho menos narrativa y más abstracta, digamos que más propiamente "sinfónica", de tal modo que los tempi rápidos, el carácter bullicioso y la vehemencia de la batuta pasan de ser una ventaja a convertirse en un lastre. Y así se desarrolla un segundo acto marcado por las prisas y la relativa falta de inspiración. Hay por medio, claro está, un admirable trabajo de la orquesta sensacional trompeta en la Danza italiana, tremendo sentido del ritmo y un admirable alejamiento de lo empalagoso o preciosista, pero quien conozca y ame esta música enseguida se dará cuenta de lo muy desaprovechada que están las notas. Desigual segundo acto, pues, alcanzando su punto más bajo precisamente en dos piezas fundamentales: el Vals de las flores y el Paso a dos que viene a continuación.

Total, un doble CD que recomiendo vivamente para ver todo lo que puede dar de sí el primer acto, pero que no aconsejo a quienes busquen una sola grabación de la obra. En CD y dentro de una línea más equilibrada, Previn con la Royal Philharmonic sigue siendo la primera opción. Para la suite tradicional, Rostropopvich con la Filarmónica de Berlín, faltaría más. ¡Feliz Navidad!

sábado, 7 de junio de 2025

Respighi por Tilson Thomas: doble sorpresa

Este disco con Fuentes de Roma y Fiestas de Roma de Ottorino Respighi por Michael Tilson Thomas me ha supuesto una agradabilísima sorpresa, por partida doble. Una, porque a pesar de la distorsión tímbrica la toma, realizada en 1978, es de una enorme calidad: redonda, con cuerpo, graves espectaculares, amplia gama dinámica y apreciable sentido espacial. Dos, porque las interpretaciones son estupendas.

El amanecer en Valle Giulia lo plantea el maestro norteamericano con trazo fino y mucha sensibilidad, pero procurando no caer en lo excesivamente impresionista y que no se le caiga el pulso. Regula con cuidado las dinámicas y adopta el fraseo curvilíneo aquí imprescindible sin merma de la naturalidad. Impecable el tratamiento tímbrico y la clarificación de líneas, justo como ocurre en una Fuente del Tritón particularmente ágil y aérea, plena de elegancia y sin el espíritu digamos que "gamberro" de otras batutas, como si buscara el mayor contraste posible con una Fuente de Trevi que arranca con excesiva pesadez, incluso hinchada. Luego mejora y plantea de manera irreprochable el largo diminuendo hasta una Fontana di villa Medici en la que vuelve a imponerse un refinamiento extremo sacando asombroso partido de una orquesta que nunca fue particularmente buena.

Los resultados son más redondos en Feste Romane. Estamos al lado de Hollywood, y MTT se lo pasa en grande describiendo la brillantez del circo, la oración quejumbrosa de los cristianos, el avance de los leones y la fiesta final de carne y sangre. Pero no basta con ponerle carácter narrativo al asunto, claro está: Tilson Thomas trabaja con pinceles finos, procura no caer en el exhibicionismo gratuito la música suena con veracidad, teatral en el mejor de los sentidos y alcanza los clímax a base de un portentoso sentido del ritmo y de las sutilezas en la planificación. Concentración y belleza sin hedonismos en El jubileo, aunque tampoco la música termine de desprender toda la poesía posible. Gran acierto: L'Ottobrata arranca de manera maravillosamente bulliciosa de nuevo el trazo es finísimo, el canto italiano posee fuerza melódica y toda la sección íntima, se supone que una serenata amorosa, evita el grave peligro de esta música: caer en la excesiva ensoñación y perder el pulso. La Befana es lo que tiene que ser: ruido, muchísimo ruido, pero ruido férreamente controlado para que se escuche todo, la expresión de cada una de las líneas que se van superponiendo a mí esta música me trae a la mente a Charles Ives sea la correcta y tanto dinámicas como tensiones no se atasquen en el principio, sino que se acumulen de manera lógica hasta un final verdaderamente explosivo. Pocas versiones conozco tan buenas como esta.

martes, 18 de marzo de 2025

Stravinsky por Gaza

Horrorizado esta mañana por las noticias que llegaban desde Gaza, se me ha metido la Sinfonía en tres movimientos de Igor Stravinsky en la cabeza y no he podido salir de ella. Sé que puedo estar equivocado en mi asociación, por lo demás absolutamente involuntaria. Que esta música, aunque Stravinsky reconociera que era respuesta directa a los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, no hable de los conflictos bélicos, ni de la violencia del ser humano, ni de la necesidad de la fe para enfrentarse al dolor –recuérdese que el segundo movimiento partía de la banda sonora fallida para La canción de Bernardette–. Puede incluso que esta música no hable de nada en absoluto, por más que algunos la veamos como un grito de dolor.

Sea como fuere, he topado con esta filmación que quiero recomendarles vivamente. En ella, poniéndose al frente de una espléndida orquesta de jóvenes, un Michael Tilson Thomas que acababa de cumplir los setenta y tres –corresponde a enero de 2018– ofrecer una admirable lectura “de síntesis” en la que, aun sin ninguna genialidad por su parte, logra destilar y equilibrar lo que de dramático, sensual, lúdico, poético, irónico y desgarrador –a mí me parece que de todo ello hay– se esconde en esta música. Lo consigue, además, haciendo gala de una frescura y una inmediatez irresistibles, siempre dentro del más irreprochable estilo.

Asombrosa imagen 4K, sonido sensacional y disponibilidad gratuita en YouTube merced al patrocinador de turno. ¿Qué más se puede pedir?

miércoles, 22 de enero de 2025

Stravinsky por Tilson Thomas, cosecha del 91

Michael Tilson Thomas ha sido un gran intérprete de Igor Stravinsky, pero sus registros discográficos han estado en exceso espaciaos en el tiempo. Este que comento ahora con la Sinfónica de Londres lo grabó Sony Classical en septiembre y octubre de 1991 en los míticos estudios de Abbey Road: toma algo turbia, pero de muy amplia gama dinámica y graves de impresión.

La genial Sinfonía de los salmos conoce una lectura que me ha recordado un tanto a la de Leonard Bernstein comentada aquí mismo: un verdadero grito de desesperación en el que aristas y tensiones se ponen en primerísimo plano sin menoscabo, más bien todo lo contrario, del sentido del misterio. La diferencia es que Lenny lograba llegar a una síntesis entre este planteamiento expresivo y el estatismo arcaizante y mayestático de los iconos rusos; su joven colega, no tanto. En cualquier caso, los dos primeros movimientos resultan particularmente estremecedores bajo la batuta de Tilson Thomas; en el tercero, que es el más importante, el nivel de inspiración de la batuta baja un poco.

Vida, muchísima vida hay en la Sinfonía en Do. En la partitura y en la interpretación del maestro norteamericano. ¿Neoclasicismo? Ciertamente. ¿Abstracción? Desde luego, en el sentido de que no hay el menor intento de narratividad. Pero ocurre igual que en las sinfonías clásicas: dentro del marco formal hay que saber bucear en los diferentes ambientes expresivos para sacar todo lo que hay dentro, que en el fondo termina siendo no otra cosa que la experiencia humana. Tilson Thomas lo sabe y lo lleva noto de frescura y de comunicatividad, también de potencia, de alegría y de sentido del humor sin descuidar tensiones y claroscuros. Y lo hace sin renunciar al sonido apropiado para Stravinsky, a su incisividad y a su sentido del ritmo, a su protagonismo de las maderas y hasta a su punto de mala leche.

Si la Sinfonía en Do era de 1940, la Sinfonía en tres movimientos es cinco años posterior. Fíjense bien; 1945. ¿Recuerdan qué ha pasado entremedias en el globo terráqueo? Pues eso. Stravinsky decía que la música es solo música, pero nadie le cree. Lo que se ha querido ver en esta obra está ahí, entre las notas. Otra cosa es que se pueda subrayar con mayor o menos intensidad. La gracia es que el propio compositor se encuentra entre quienes lo hacen: su grabación de 1943 era de una aspereza y rabia extremas. En 1961 se moderó un poco y quiso demostrar que había más cosas tras las notas. Luego vinieron Klemperer con su mala leche, Boulez con su objetividad, Rozhdestvensky recreando una atmósfera malsana. Vista desde la distancia, la interpretación de Tilson Thomas parece una síntesis entre todas ellas, añadiendo un punto de espiritualidad y hasta candidez en el segundo movimiento que nos recuerda que esa música tuvo su origen en la banda sonora que iba a realizar para el filme La canción de Bernardette. Todo ello lo consigue Tilson Thomas, una vez más, con el lenguaje más apropiado y una espontaneidad que niega el carácter intelectual que muchos han querido ver en la música stravinskiana. 

Total, un disco de lo más recomendable. Advierto que a Santiago Martín no le estimula especialmente en su libro sobre el compositor: siendo cierto ese trabajo resulta modélico e imprescindible (¡qué bien escrito está!), raramente estoy de acuerdo con las calificaciones discográficas que en él ofrece.

domingo, 19 de enero de 2025

Bartók por Takezawa y Tilson Thomas: sin palabras

Otro disco sensacional de Michael Tilson Thomas: Concierto para violín nº 2 de Belá Bartók con Kyoko Takezawa y la Sinfónica de Londres, en grabación realizada por Sony Classical en 1992. Solo hay un problema: no sé qué decir. Tan solo que, aunque habrá quien prefiera enfoques más viscerales, a mí me parece que lo que aquí hacen la violinista japonesa y el director californiano resulta referencial e indiscutible.

Ella no puede tocar con una mezcla más admirable de belleza y emoción, fraseando siempre de manera encendida pero dejando muchísimo espacio para el vuelo poético y el perfume magiar. Él no puede ir más allá en sentido del ritmo –algo fundamental en Bartók– como tampoco en calidez, sensualidad y en tratamiento de las texturas, sean estas incisivas o acariciadoras. La orquesta está formidable y se encuentra trabajada con pinceles muy finos. Como la toma sonora es de lujo, esta es la primera opción discográfica para acercarse a la partitura. Ah: las dos Rapsodias para violín y orquesta que vienen como complemento se grabaron al año siguiente y no son menos excepcionales en lo interpretativo.

sábado, 18 de enero de 2025

El Prokofiev irónico e incisivo del joven Tilson Thomas

No hubiera conocido este formidable disco dedicado a Serguei Prokofiev que grabó Michael Tilson Thomas al frente de la Filarmónica de los Ángeles en 1978, pero no editado por CBS hasta 1983, de no ser porque me he comprado la gran caja con que Sony rinde homenaje al hoy muy enfermo director nacido precisamente en la ciudad californiana. Por cierto, la toma es analógica pero la calidad sonora llega a deslumbrar.

Las interpretaciones son fáciles de explicar. En El Teniente Kijé el maestro acentúa los aspectos más incisivos de la tímbrica y los más irónicos de la expresión, aun sin necesidad de cargar las tintas, de caer en explosiones sonoras superficiales o el nerviosismo –pienso ahora en Tennstedt– ni de descuidar el maravilloso vuelo poético que también albergan las notas. Todo ello lo consigue mientras mantiene una impresionante claridad de texturas –la partitura se encuentra meticulosamente desgranada, siempre evitando que parezca una interpretación cerebral– y traza la arquitectura con un pulso perfecto.

Tres cuartos de lo mismo en lo que a la suite de El amor de las tres naranjas se refiere: siendo un prodigio de refinamiento, delicadeza, sensualidad y evocación poética el cuarto movimiento –a Tilson Thomas siempre se le dio de maravilla el impresionismo–, la mayor parte de la música corresponden a ese Prokofiev "gamberro" que el maestro defiende con un dominio de timbres y texturas impresionante, enorme impulso rítmico, imaginación en la agógica –atención a la celebérrima Marcha–, extroversión bien entendida, desarrolladísimo sentido del humor y unas cuantas gotas de mala leche. 

Como complemento, la más que interesante Obertura americana, op. 42 en grabación ya de 1982. En fin, me ha gustado tanto este CD que lo he escuchado dos veces seguidas. Para los aficionados a los puntos del uno al diez, 9'5 a todo el disco.

lunes, 6 de enero de 2025

Gershwin Live! Con Michael Tilson Thomas y Sarah Vaughan

Por estas festividades suelo traer al blog alguna grabación de El cascanueces. Esta vez iba a ser la de Michael Tilson Thomas, que escuché ayer por la tarde, pero me ha parecido tan desigual soberbio primer acto, decepcionante el segundo que me gustaría repasar algunos números antes de escribir algo. Mientras tanto, traigo otro disco del maestro estadounidense muchísimo más fácil de comentar. Se trata de un registro en vivo dedicado a George Gershwin realizado por CBS en invierno de 1982 en el que el aún relativamente joven artista treinta y ocho años unía sus fuerzas a la Filarmónica de Los Ángeles y la grandísima Sarah Vaughan. Disco imprescindible, lo advierto ya, y que en su momento ganó un Grammy.

Nada especial que decir sobre la labor del maestro: estilo perfecto, un tremendo control de los medios y enorme fuerza expresiva. Desde el podio despliega brillantez bien entendida, descaro, sentido del swing, voluptuosidad melódica y una frescura que atrapa de principio a fin, acercándose todo lo que puede a la "vulgaridad" de Broadway ustedes ya me entienden sin por ello caer en la chabacanería, el mal gusto o el efectismo. Un modelo. Y muy bien cuando le corresponde tocar el piano.

De la Vaughan tampoco puedo decir nada que no haya sido mil veces repetido: la más increíble voz de contralto que se haya escuchado jamás, manejada con una técnica para desmayarse (¡qué manera de adelgazar el sonido!) al servicio de una mente que dominan todos los resortes expresivos de un universo musical mucho más complejo y heterogéneo de lo que algunos creen. La clave, en cualquier caso, está en la manera que esta señora tenía de poner los acentos expresivos: aun situándose en galaxias muy distintas, hay que irse a un Fischer-Dieskau para encontrar algo así.

¿Y la música? Que quieren que les diga, a mí me gusta este señor muchísimo más que otros compositores igualmente "ligeros" del repertorio clásico que cuentan con bastante prestigio entre algunos aficionados. Mejor no especifico a qué me refiero, porque ahora no tengo tiempo ni ganas de polemizar. Baste con lo que le dijo Arnold Schönberg cuando nuestro artista, buen amigo y compañero de golf en sus días californianos, le pidió clases de composición musical. "¿Para qué quieres ser un Schönberg de segunda si puedes ser un Gershwin de primera?" Pues eso mismo.

domingo, 2 de junio de 2019

Enorme Debussy de Tilson Thomas

Grandísimo disco este de Michael Tilson Thomas al frente de la Sinfónica de Londres dedicado a Debussy, que además de estar soberbiamente interpretado se beneficia de una portentosa toma sonora de Marcus Herzog realizada en 1991 en los estudios de Abbey Road. Se abre con una de las mejores versiones que conozco, quizá a la altura de la ya mítica de Bernard Haitink, del Preludio a la siesta de un fauno: siempre excepcional intérprete de Debussy, el maestro norteamericano hace gala de un estilo impresionista cien por cien y sobresale por su manera de conjugar una absoluta concentración en el fraseo con el carácter vehemente y ansioso de la sección central -impresionante tratamiento de las maderas-, todo ello sin dejarse llevar por el mero hedonismo y sabiendo ser muy comunicativo. El final resulta particularmente mágico.


Sigue La caja de juguetes, por descontado que en la orquestación de André Caplet: un prodigio de delicadeza sin blandura, de inocencia no confundida con simplicidad y de refinamiento ajeno a narcisismos para una obra decididamente menor que a mí suele recordarme a algunos lienzos surrealistas de Joan Miró (El carnaval de Arlequín) y que, así interpretada, se escucha con sumo placer

Se cierra el disco con Jeux. La obra orquestal más “moderna” y hermética de Debussy recibe aquí la que quizá sea, amén de la mejor grabada, la interpretación más convincente de todas. Porque mientras un Boulez miraba de manera inteligente hacia sus propias Notations, es decir, hacia la abstracción pura y dura, y directores como Lorin Maazel o François-Xavier Roth (con instrumentos “originales”) se han apartado de las brumas para subrayar aristas sonoras y teatralidad expresiva aportando nervio e inmediatez, el maestro norteamericano, igual que Haitink pero sin caer en el excesivo distanciamiento de aquel, se mantiene dentro de la más absoluta ortodoxia impresionista sabiendo atender tanto a la sensualidad y al misterio como al carácter narrativo, a la frescura y a la comunicatividad de la página, la cual se encuentra expuesta con enorme concentración en el fraseo, plena atención al peso de los silencios y refinamiento tímbrico.

Disco imprescindible, aunque hoy por hoy muy difícil de encontrar. ¡Gracias a Ángel Carrascosa por prestármelo!

martes, 31 de julio de 2018

Otra recomendación Dvorák: la Sexta por Andrew Davis

Permítanme ustedes que realice otra calurosa recomendación a un disco Dvorák, cuyo repaso acabo de terminar: Sinfonía nº 6 y Scherzo Capriccioso por Andrew Davis y la Philharmonia Orchestra, correspondientes al ciclo que el por entonces joven maestro británico –treinta y tres años– grabó para CBS en 1979, más la Suite en la mayor para orquesta, "Americana", por la Sinfónica de la Radio de Berlín y Michael Tilson Thomas.


La Sexta, aun con la fuerte competencia de las no menos admirables recreaciones de
Belohlávek y Nézet-Séguin, es una maravilla: interpretación de fraseo amplio, curvilíneo, flexible y muy sensual que destaca por la enorme poesía y efusividad que desprende el Adagio, paladeado con enorme delectación pero en absoluto exento de pathos dramático cuando corresponde. Muy bello y de gran aliento lírico el primer movimiento, sorprendentemente tenso y vehemente el Scherzo, y pletórico de grandeza, incluso de potencia, un Finale que sabe no caer en lo retórico gracias a un fraseo natural y a una planificación llena de lógica.

El  Scherzo Capriccioso destaca por la enorme poesía y efusividad que desprende la sección lírica del segundo cuarto de la página; el resto es más que notable, pero falta un punto de vigor y de rusticidad para alcanzar la genialidad. Lástima que la toma, como la de la sinfonía, resulta más bien turbia, aunque también hay que reconocer que cuenta con una amplia gama dinámica.

En cuanto a la Suite, se trata de una música verdaderamente preciosa cuyas hermosísimas melodías son recreadas con cantabilidad y sensibilidad supremas por un Tilson Thomas que también sabe ofrecer vivacidad y frescura a raudales, pero siempre con un trazo flexible y cuidadoso que deba bien claro lo gran director que a veces podía y puede ser.

Pues eso: para quienes tengan unos gustos no muy distintos de los de un servidor, disco absolutamente recomendable.

lunes, 9 de abril de 2018

West Side Story por Tilson Thomas

Adoro West Side Story. Me conozco de memoria la grabación realizada por Leonard Bernstein en septiembre de 1984 para Deutsche Grammophon y conservo mi doble CD, firmado por Kiri Te Kanawa, como uno de los tesoros de mi colección. Hace pocas algunas semanas volví a escuchar el registro, esta vez en la reciente remasterización en HD realizada por el sello amarillo. Me produjo asombro la mejoría de calidad sonora que ha supuesto este nuevo lanzamiento frente a los antiguos compactos (¿cómo demonios lo habrán hecho?), pero sobre todo volví a quedar tocado, pero que muy tocado, por la calidad de música e interpretación; no tengo ningún reparo en reconocer que prefiero esta música frente a muchas otras obras líricas, empezando por todas las zarzuelas –sí, todas– y continuando con algunos títulos del repertorio belcantista. Quizá algún día sea reconocida como una de las grandes partituras del siglo XX.


Pues bien, este fin de semana he tenido la oportunidad de escuchar una nueva recreación fonográfica. Se trata de un registro en vivo, de excelente toma sonora, realizado al hilo de las representaciones semiescenificadas de junio y julio de 2013 a cargo de la Sinfónica de San Francisco y Michael Tilson Thomas, editado por la propia orquesta norteamericana. Las diferencias fundamentales con respecto a la del propio Bernstein son dos. Por un lado, aquí se sigue igualmente la orquestación original pensada para Broadway –no la de Johnny Green para la película–, pero en lugar de conformarnos con una plantilla reducida propia de un foso –por ella optó Lenny para DG–, tenemos toda una formación sinfónica: como explica Tilson Thomas en las notas, la cuerda se multiplica por dos.

La otra diferencia viene por parte de las voces principales: en vez de célebres nombres de la ópera encontramos cantantes experimentados en el mundo del musical y de la televisión, por lo que se pierde en calidad vocal al tiempo que se gana –considerablemente– en veracidad dramática; de este modo, en los diálogos no es necesario recurrir a personas –en el registro de DG, Nina y Alexander Bernstein­– con más habilidades escénicas que los divos operísticos.


¿Resultados? A todas luces excelentes, aunque para mi gusto no alcanzan la excelsitud de la grabación anterior, empezando por un Tilson Thomas perfecto en el estilo, implicado a más no poder, lleno tanto de chispa como de garra dramática, mas sin el grado de inspiración que exhibió el propio creador de la partitura.

En el elenco un servidor solo conocía al atractivo Cheyenne Jackson, por su participación en tres temporadas de la excelente serie American Horror Story. Aquí ofrece una muy buena encarnación de Tony, pero en las canciones no hay ni punto de comparación con la excelencia de un José Carreras muy injustamente criticado por algunos que se tomaron demasiado en serio su bronca con Lenny recogida en el documental del making of. La que sí logra ponerse a la altura de Te Kanawa es Alexandra Silber, ciertamente no en I Feel Pretty –lo más flojo de la partitura, por cierto– más sí en el resto merced a su sensibilidad y sinceridad expresivas. Jessica Vosk, antes niña algo redicha que sensual puertorriqueña, no tiene nada que hacer frente a la memorable recreación Tatiana Troyanos, mientras que la correctísima Julia Bullock tampoco logra hacernos olvidar la voz singular de Marilyn Horne en Somewhere. El resto, estupendo.

Creo que la conclusión está clara: el registro de San Francisco gustará sobre todo a quienes encuentren a West Side Story más cerca del musical que de la ópera, mientras que el resto de los aficionados se seguirán quedando con el de Deutsche Grammophon. Lo que está claro es que hay que conocer al menos uno de los dos.

jueves, 5 de abril de 2018

Tilson Thomas dirige Gershwin... con Gershwin al piano

Como el otro día estaba un tanto de bajona, decidí escuchar dos discos que bien podían animarme. Y lo consiguieron: música de George Gershwin en interpretaciones de Michael Tilson Thomas, registros en ambos casos realizados para CBS a mediados de los setenta uno de ellos y a mediados de la siguiente década el otro.


El más antiguo se abre con enorme morbo: la Rhapsody in Blue con el propio Gershwin al piano, es decir, con los rollos de pianola de 1925, y por descontado que en la versión original para jazz band. Debo decir que no me satisface el modo en que el autor interpreta su música: con idioma jazzístico incuestionable, con garra y con electricidad interna, pero también tomándose las cosas con demasiada prisa, cayendo en el nerviosismo y no terminando de matizar algunas frases. El joven Tilson Thomas –treinta y un años– tiene que someterse a los tempi originales y se despacha la obra en nada menos que 13’41, tiempo récord, lo que no le impide sacar petróleo de la Columbia Jazz Band, todo un prodigio de colorido, incisividad y fuerza expresiva. La toma es espléndida.
 
Sigue An American in Paris, esta vez con la New York Philharmonic “etapa Boulez”. Interpretación admirable, llena de nervio mas no de nerviosismo, que resulta interesante comparar con la no menos conseguida de Ozawa: la del nipón es más parisina –sensual, curvilínea, depuradísima–, mientras que Tilson Thomas acierta mejor con la frescura, el desgarro y chispa propiamente norteamericanas, algo que también se encontraban en la espléndida recreación con la misma orquesta y para este mismo sello de Leonard Bernstein. Lástima que los ingenieros de sonido se queden algo cortos: la toma es plana y carece de graves suficientes.

El disco se completa con seis oberturas de musicales, esta vez con la Buffalo Philharmonic: Oh, Kay!, Funny Face, Girl Crazy, Strike up the Band, Of Thee I Sing y Let’em Eat Cake. Es decir, una música absolutamente deliciosa y chispeante, estupendísimamente escrita y cuajada de melodías memorables, entre ellas las celebérrimas I Got Rhythm y Someone to Watch over me, servida en interpretaciones brillantes, dichas con desparpajo, cargadas de swing –en definitiva, por completo insuperables–, que además suenan de maravilla. Gozada total.


El otro CD cuenta con la participación de la Filarmónica de Los Ángeles y se grabó con sonido digital. Arranca con la Rhapsody in Blue, de nuevo en la orquestación original pero con Tilson Thomas al piano. Ya sin el pie forzado de antes, la obra le dura 15’50 (¡dos minutos más!), lo que significa que la música vuela con mayor holgura melódica y sin precipitaciones; como pianista, Tilson supera a Gershwin con creces en sentido orgánico del fraseo y en matices, lo que da como resultado una versión que podría calificarse como modélica si no fuera porque hubo un señor que llegó mucho más lejos en este obra tanto dirigiéndola como tocándola al piano: Leonard Bernstein, obviamente. Antes de cerrar estas lineas he vuelto a su grabación de 1959 y he quedado anonadado.

Resulta espléndida la lectura que recibe la Second Rhapsody –en su momento fue primera grabación mundial de la versión íntegra– por parte de Tilson Thomas, pero aquí hay que reconocer que la partitura es mucho menos buena. Sí que es una delicia Walking de Dog, la piececita compuesta para la película de Ginger Rogers y Fred Astaire Shall We Dance (Ritmo loco en España). Pero a todas luces lo mejor del disco, por música y por la interpretación, se encuentra en las piezas en la que escuchamos al maestro en solitario ante el piano: Short Story, Violin Piece, For Lily Pons, Sleepless Night –todas ellas reconstruidas y/o arregladas por el propio intérprete– y, muy especialmente, esa maravilla que son los tres Preludes for Piano de 1926. Escuchen estos discos, por favor.

lunes, 13 de junio de 2016

Tilson Thomas nos explica la Quinta de Shostakovich

Antes de comentar el concierto que escuché el sábado a la Orquesta Nacional de España, y como necesaria justificación de lo que voy a escribir, tengo que dejar claro qué piensa un servidor sobre la polémica Shostakovich-Volkov en general y sobre la Quinta sinfonía del compositor ruso en particular. Mi idea coincide en buena medida con lo que declaró Mstislav Rostropovich a Justo Romero en una entrevista de hace ya bastantes años. Por un lado, las presuntas memorias relatadas a Volkov parecen ser una falsificación: los argumentos que he podido leer defendiendo esta postura me han convencido plenamente, y a ellos hay que sumar las declaraciones del enorme violonchelista y director afirmando que el autor de La nariz no confiaba en el periodista ruso. Pero por otro lado, y aquí está la enorme paradoja, la idea que se encuentra detrás de Testimonio parece ser verdadera: en la creación shostakoviana posterior a a la censura stalinista de su ópera Lady Macbeth hay, además de obras malas escritas exclusivamente para complacer al régimen, mucho de ambigüedad y de dobles lecturas, incluyendo desafíos y hasta burlas más o menos veladas a la autoridad que no escapan en absoluto a quien quiera verlas.


La cuestión es: ¿cómo demostrar algo tan extremadamente resbaladizo como eso de las segundas lecturas, es decir, que la música no quiere decir lo que parece querer decir sino justamente lo opuesto? Concretando en el tema que nos ocupa: ¿dónde se evidencia que la Quinta sinfonía es todo lo contrario a “la respuesta de un artista soviético a unas críticas justas"? La solución nos la da Michael Tilson Thomas en el capitulo dedicado a dicha partitura dentro de la excelente serie Keeping Score que protagoniza frente a su San Francisco Symphony: en la partitura está todo. Si están ustedes interesados en la música del autor, les recomiendo que vean este Blu-ray de soberbia calidad de imagen –de momento, además, lo pueden encontrar en YouTube– en el que se realiza un análisis admirable que concluye con sólidas pruebas sonoras de que el final de la partitura, ese mismo que suele despertar aullidos de entusiasmo entre el respetable, fue escrito precisamente con ese carácter opresivo, trágico y antirretórico –pese al monumental despliegue decibélico– con que han sabido interpretarlo los grandes traductores de la pieza, que a mi entender son  –por orden alfabético, pues las preferencias no las tengo del todo claras– Bernstein, Haitink, Jansons, Petrenko, Previn, Rozhdestvensky y Sanderling. No, Rostropovich no está en mi lista. Y menos aún Mravinsky, quien precisamente se encargó de estrenar la obra haciéndola digerible a las autoridades.


Como en el resto de esta serie documental, al final del capítulo se incluye la interpretación de la obra completa. Y aquí ha venido una gran sorpresa para mí: no se trata esta vez de una grabación realizada en San Francisco, sino de la filmación de la BBC del Prom del 1 de septiembre de 2007, un concierto en el que estuve presente y en el que disfruté muchísimo. Pero bueno, dejando a un lado la cuestión personal, ¿qué tal está esta versión? Pues lo cierto es que, al contrario que otros maestros que dicen una cosa sobre la partitura para luego terminar haciendo otra muy distinta a la hora de ponerla en sonidos, Tilson Thomas lleva a la práctica el magistral análisis que realiza en el documental, es decir, apuesta por una lectura en la que los aspectos más sombríos, amargos y opresivos de la obra quedan en primer plano y subraya la ambigüedad expresiva que subyace en mucho de los pasajes, de manera muy particular en un Finale que es aquí una beligerante denuncia política cargada de negrura, más aún quizá que con los directores arriba citados.

Los otros tres movimientos son francamente buenos, destacando un primero cargado de poderoso dramatismo y un segundo no particularmente corrosivo ni sarcástico, pero dicho con saludable socarronería y magníficamente expuesto. En el tercero cosas aun más profundas y acongojantes se han escuchado, pero aun así Tilson Thomas, que en el documental relaciona el pasaje con la música litúrgica de la iglesia ortodoxa, logra convencer por su sabia mezcla de vuelo lírico e intensidad emocional. La orquesta, ni que decir tiene, funciona de maravilla y es tratada por la batuta con una claridad y una plasticidad admirables, bien recogida por una toma sonora en surround auténtico que supera las limitaciones propias de la acústica del Royal Albert Hall, aunque no del todo las del origen televisivo del producto: la gama dinámica no es todo lo amplia que podía haber sido.

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