Y es que Nelsons realiza una asombrosa labor de reivindicación de la partitura poniendo al servicio de la misma no solo una irreprochable técnica de batuta con la que materializar sus creativas ideas, sino también una gran dosis de intensidad, fuerza expresiva y entusiasmo que se evidencia con claridad en el muy expresivo rostro del maestro, como también en la manera de paladear con voluptuosidad las melodías y ofrecer una verdadera orgía de colores –rutilante la orquesta– sin perder de vista la elegancia y el peculiar sentido del equilibrio que este repertorio demanda.
Thibaudet aporta un pianismo afilado, extremadamente virtuosístico y a veces un punto nervioso, pero también sabio a la hora de ofrecer concentración, sensibilidad, delicadeza y –en más de un momento– frases de un vuelo poético sobrecogedor. No se lo pierdan.