domingo, 24 de marzo de 2013

La Pasión según San Otto Klemperer

La primera grabación que escuché en mi vida de La Pasión según San Mateo de Bach, y aquella con la que aprendí a amar la obra, fue la que grabó Otto Klemperer en Londres (dos recintos distintos: el Kingsway Hall y Abbey Road) en 1961, al frente de su fabulosa Philharmonia Orchestra y el no menos fabuloso Philharmonia Chorus de Wilhelm Pitz, para el sello EMI. Hacía muchos años que no la escuchaba. Hace unos días he vuelto a ella atraído por el nuevo reprocesado realizado en Japón en 2008, que he podido conseguir de manera sarracena, nunca mejor dicho, en The Pirate Bay.

Dos chascos. Uno, pequeño: tímbricamente este registro sigue sin sonar bien (no he podido hacer la comparación con mi antigua copia), aunque también es cierto que la gama dinámica es amplísima, recogiendo muy bien el contraste entre los recitativos, las arias con sus correspondientes obligati y el despliegue de masas corales, aquí de enorme tamaño. Eso sí, he usado una opción de mi receptor que “estira” los dos canales originales hasta los siete que tengo alrededor de mi asiento, consiguiendo así que las dos orquestas y los dos coros usados por Bach estén colocados de manera perfectamente antifonal, a mi derecha y mi izquierda, mientras que los solistas se distribuyen a mi alrededor.

Cover

El otro chasco: esta lectura ha perdido no poco en algunos aspectos. Igual que la interpretación de Rossini o de Puccini no son ahora las mismas que las de hace unas cuantas décadas, la del Barroco ha cambiado una enormidad en tan solo cuarenta años. No digamos en los cincuenta y dos que han transcurrido desde esta grabación. Por descontado que a mí me convencen poco ciertas propuestas minimal que hoy parecen estar de moda, porque las pasiones bachianas exigen claramente densidad tanto sonora como espiritual, pero tampoco me encuentro a gusto con una articulación como la que aquí se despliega. Por no hablar de los tempi: 223 minutos frente a los 154 del último registro de Ton Koopman del que hablé por aquí, o a los 153 de la segunda de Herreweghe que también tengo comentada, para que se hagan una idea. El bajo continuo de la Philharmonia suena pobre y muy perdido, mientras que los solistas de la orquesta, de una musicalidad asombrosa, tampoco están muy en estilo. Ni había manera de que lo estuviesen por aquellas fechas, desde luego.


Claro está que todo esto es relativo, porque Otto Klemperer fue uno de los más geniales directores de todo el siglo XX y eso se nota: su manera de sostener el pulso pese a la tremenda lentitud, su abrumadora fuerza dramática, su tratamiento al mismo tiempo rocoso y perfilado de los timbres, la tensión armónica que se deriva de su tratamiento de la polifonía… Y por encima de todo ello, su profundísima espiritualidad, nada retórica y de una desolación digamos existencialista que, digresiones teológicas aparte, casa muy bien con la temática del libreto. El coro inicial, impresionante. El conclusivo, sublime.


Lo que me parece que sigue estando por completo vigente es el equipo de cantantes, aunque aquí hay que matizar: mi adorada Elisabeth Schwarzkopf, pese a detalles de enorme clase, no está aquí especialmente memorable, y el enorme Nicolai Gedda tampoco encuentra muchos momentos para lucirse. Pero lo del matrimonio Christa Ludwig/Walter Berry no tiene nombre: belleza, sensualidad, emotividad y profunda religiosidad difícilmente habrán alcanzado nunca una armonía así. Las dos arias que les he dejado a través de YouTube –son interpretaciones conocidísimas, desde luego– dan buena cuenta del nivel de absoluta excelsitud del que estamos hablando.

El Evangelista de Peter Pears no tiene la belleza vocal del referencial Peter Schreier, pero canta con valentía, teatralidad e irreprochable gusto. En cuanto al Jesús de Dietrich-Fischer Dieskau, escuchándolo se da uno perfecta cuenta de lo que ha sido el barítono alemán: el más grande cantante clásico de todo el siglo pasado. Un solo recitativo de Bach cantada por él ya contiene mucha más espiritualidad sincera que cualquier “canción con guitarra” de las que se suelen escuchar en misa. A los buenos melómanos no hace falta decirles nada porque ya conocerán este registro. A los que tengan prejuicios ante las interpretaciones mastodónticas del Barroco vaya mi consejo: pese a los reparos expuestos, no se lo pierdan.

3 comentarios:

vicentet dijo...

No existe una version mas hermosa, humana y emocionante que la de Otto Klemperer. En 1961 no existia el movimiento historicista y él se lanza a tumba abierta.Hay otras pasiones mas o menos de la misma epoca de directores como Mengelberg del domingo de ramos del 39 (llena de acelerones y rallentandi, pero con unas voces maravillosas), o la de Furtwangler del 54 (tambien lenta y espiritual) pero la de Klemperer es a mi gusto una de esas grabaciones de Bach que me llevaria a una isla desierta.La otra serian las suites para cello por Pau Casals.

maac dijo...

No he conectado nunca con esta Pasión de Klemperer y creo que es una pena, quizás porque accedí a Bach cuando la corriente historicista estaba en marcha y quizás también porque la toma es muy mala, a veces se escucha como un barullo en el que es difícil distinguir nada, al menos así es como la recuerdo. No creo que sea una cuestión orquestal sino de concepto, sobre todo volumen sonoro e interpretación, porque ahí está el concierto de San Silvestre de Rattle y la Filarmónica de Berlín interpretando maravillosamente a Haendel para demostrar que todo el secreto no esta en los instrumentos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por vuestras aportaciones. Espero que vuestra Semana Santa haya sido mejor que la mía, tan mojada...