lunes, 26 de mayo de 2014

Brueggergosman me da la sorpresa

Jamás había escuchado a Measha Brueggergossmann, ni en vivo ni en directo, pero había leído unas cuantas cosas sobre ellas: algunos comentarios muy elogiosos y otros de tremenda agresividad, centrándose estos últimos, sobre todo, en el presunto escaso volumen de su voz en un teatro de ópera. Pues bien, como espero escucharla la semana que viene en el Real haciendo la Antonia y la Giulietta de Los cuentos de Hoffmann, he creído que es el momento oportuno de escuchar este compacto que compré hace tiempo en una tienda de segunda mano de Madrid con nombre de arma de fuego (¿adivinan?). El disco se titula Surprise, lo grabó Deutsche Grammophon en Londres en mayo de 2007 y contiene canciones de cabaret de un tal William Bolcom (n. 1938), de Arnold Schoenberg (tranquilos, no son dodecafónicas) y de Eric Satie. Y me ha parecido magnífico.

Brueggergosman Surprise

No sé aún si la voz de la soprano canadiense –homogénea y esmaltada– se escuchará o no en una sala grande, pero lo que tengo claro es que en este repertorio demuestra un olfato expresivo portentoso. Así, en las Cabaret Songs de Bolcom, muy entroncadas con la música ligera norteamericana pero con un apreciable corte surrealista en los textos, derrocha picardía, desparpajo, humor nada inocente –estas piececitas llenas de atractivo poseen muchos pliegues inquietantes– y enorme intención cuando tiene que recurrir al parlato.

En las del autor de los Gurrelieder, Brueggergossmann ofrece el punto justo de equilibrio entre explicitud sexual y sofisticación, con un punto de picardía muy descarada pero sin confundir a Schönberg con Kurt Weill. En las de Satie, finalmente, derrocha sensualidad, morbidez, ensoñación bien entendida, coquetería muy francesa y enorme vuelo lírico, haciendo plena justicia a unas páginas que son, desde el punto de vista musical, absolutamente maravillosas. ¡Ah! Y cantar, lo que se dice cantar, canta de manera irreprochable.

La Sinfónica de la BBC realiza una formidable labor bajo la batuta de David Roberston, particularmente en las piezas de William Bolcom, que poseen orquestaciones incisivas y a ratos muy originales realizadas ex-profeso para este discos. Las piezas del alemán se ofrecen en orquestación de Patrick Darwin, con la excepción de Der Nachtwandler, que recibe un genial arreglo camerístico del propio compositor. En las piezas de Poulenc que llevan acompañamiento exclusivamente pianístico es Bolcom en persona el que se sienta al teclado, quien a su vez firma la orquestación de la más maravillosa de todas, Je te veux, que cierra el disco.

La toma sonora resulta admirable. Solo un reparo: la maquetación del cuadernillo es deficiente y las notas y los textos no se leen bien. Por lo demás, disco altamente recomendable. Estoy deseando que la Brueggergossmann me lo firme el sábado.

5 comentarios:

Eduardo. dijo...

Qué casualidad que reseñes a esta soprano; estuve el pasado día 17 en el estreno de "Los cuentos..." en el Real (la primera vez que visitaba el teatro).
Sobre el volumen de la voz me es difícil pronunciarme, no estoy acostumbrado a la ópera en directo, pero desde luego se la oía más que al tenor protagonista (Cutler). Es una soprano lírica con un color más bien oscuro (un timbre muy "de negra") con alguna dificultad en el acceso al agudo -que después mantiene bien-, y sobre todo, lo que más me molestó, un vibrato bastante acusado que ensucia un poco la musicalidad. Tal vez sus características no se adapten al ideal que puedo tener de Antonia, una chica frágil y enfermiza; como Giulietta bien.

En cuanto a la puesta en escena, lo más breve que se puede decir de ella es que fue bastante irregular, alternando soluciones interesantes con momentos anodinos o inapropiados. Por lo menos no la puedo acusar de mal gusto (cosa que temía a priori). En fin, ya verás, aunque te aconsejo que no esperes la función de tu vida.
Saludos.

Eduardo. dijo...

Por cierto, atención a la Durlovsky como Olympia. La mejor del reparto, sin duda.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por las aportaciones, Eduardo. La verdad es que esos cuentos tenían buena pinta pero todos los comentarios me hacen pensar que voy a salir moderadamente decepcionado. Eso sí, me he cuidado mucho de escoher el segundo reparto, porque conozco el ruinoso estado vocal de mi admirada Von Otter. Tengo mucho interés por escuchar a la Brueggergossman en directo, a ver qué pasa. Yo tampoco me la imagino como Olympia, pero aún no sé si en esta edición se incluye el aria de coloratura recuperada no hace mucho que ofrece una definición completamente nueva para el personaje. En caso afirmativo, una voz robusta como las que estamos acostumbrados a escuchar aquí sobraría por completo.

Un saludo.

Eduardo. dijo...

Fernando, no entiendo muy bien tu comentario, supongo que te has liado con los nombres: la que hace de Olympia es Ana Durlovsky, que está a mi juicio fantástica, sin duda la que más justicia hizo a su papel.
La Brueggergossman hace de Antonia y Giulietta, y creo que el aria de coloratura de reciente descubrimiento es de la cortesana veneciana. Sin embargo, te hago saber (a mí me hubiera gustado saberlo antes de la representación, más que nada por saber a qué atenerme) que la versión escogida no es la de Michael Kaye, que es la más reciente, sino la anterior de Fritz Oeser, sólo que con algunas de las páginas apócrifas tradicionales como el "Scintille diamant" y alguna otra.
Vamos, es un poco una mezcla de Oeser con algo de Choudens, con el acto de Venecia al final, que en mi opinión queda muy desangelado en esta versión (mucho mejor en la de Kaye).

Cambiando de tercio, fíjate que yo elegí deliberadamente el primer reparto porque tenía la ilusión de ver a la Von Otter en directo, aún sabiendo que anda lindando la sesentena. Y efectivamente, aunque se notan las tablas, la voz suena pequeña (ésta sí) y mate, dura, sin esmalte. Dudo que la Minutillo (creo que era) la desmerezca.

Comenta tus impresiones de la función, ok? Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Obviamente, donde dije Olympia quise decir Giulietta. No es la primera vez que confundo los nombres de la muñeca y la cortesana. Muchas gracias por la corrección, Eduardo.

En un rato estaré en el Real, aunque no podré escribir nada hasta la semana que viene. Un saludo.