Mostrando entradas con la etiqueta Hampson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hampson. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de mayo de 2018

Boccanegra en la Staatsoper: cuando la corrección es muy poco

Lo más interesante de mi visita a la ópera de Viena el pasado domingo no fue la función de Simon Boccanegra –tampoco es que tuviera especiales esperanzas en ella–, sino pasear por el interior del edificio. Muy reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial, ciertamente, y menos bello de lo que imaginaba –la inmensa sala me pareció un tanto desangelada–, pero rebosante de historia. De historia de la música y de historia de la interpretación musical. O de las dos cosas mezcladas: allí tienen expuesto el piano en el que Mahler ensayaba cuando era director musical, imagínense. Pero en lo que a la calidad de la interpretación del título de Giuseppe Verdi se refiere, los resultados no fueron para tirar cohetes.


Aunque me hacía muchísima ilusión ver a Thomas Hampson sobre un escenario operístico –hasta ahora solo le había escuchado el War Requiem en los Proms–, era consciente de que en un rol como este el barítono norteamericano podía quedarse corto. Así fue: corto en lo vocal –anda algo gastado–, en lo estilístico ­–Verdi nunca fue lo suyo– y también en lo expresivo. Las tablas estaban ahí, también sus buenas dotes actorales, pero el personaje no surgió hasta la escena de la muerte. En aquellas ya lejanas funciones madrileñas de 2010 –cuatro años mñás tarde en Valencia, bastante menos– Plácido Domingo resultó muchísimo más convincente en todos los aspectos. ¡Incluso en el peso, el color y la adecuación del instrumento!  Seguiré admirando mucho a Hampson –al día siguiente tuve la oportunidad de saludarle en una elegante cafetería junto a la Musikverein–, pero esta interpretación no quedará en mi memoria.

Marina Rebeka lució una voz preciosa, muy esmaltada, así como una técnica prácticamente sin fisuras. Expresivamente tardó mucho en arrancar: su bellísima aria pasó sin pena ni gloria y solo en la segunda mitad del espectáculo hizo gala de un canto verdiano de gran clase. Dmitry Belosselskiy me gustó muchísimo hace tan solo un mes en la retransmisión de Luisa Miller desde el Met –rol de Wurm–. Quizá por eso me defraudó un tanto como Paolo: la voz me pareció pobre en armónicos, y su visión del complicado personaje de Fiesco parca en matices expresivos. Con diferencia, lo mejor de la noche fue el Adorno de Francesco Meli, todo un modelo de italianidad gracias a un canto pleno y muy valiente, de gran brillantez en el agudo y de una proverbial entrega expresiva. Cierto que su línea es de esas chapadas a la antigua –incluso en la gestualidad– y que su voluntad por exhibirse quedó clara, pero da gusto escuchar en directo cosas así. Se merendó al resto de sus compañeros y se llevó los mayores aplausos por parte del respetable.

A Evelino Pidó le había escuchado –precisamente cuanto lo cantó allí Domingo en 2014– este título en Valencia. Entonces me disgustó seriamente por su –cito lo que escribí en este blog– decisión de “interpretar el título más denso, atmosférico y oscuro de Verdi como si fueran Rossini o Donizetti, esto es, adelgazando las texturas, aligerando el fraseo (…), arrojando luz sobre unos colores que deben ser mayormente ocres y ofreciendo encanto, equilibro y apolínea elegancia donde debe haber densidad dramática, negrura y tensión.” Aunque la línea interpretativa en la Staastoper ha sido la misma, esta vez no me ha parecido tan censurable. De hecho, encontré gran fluidez y elegancia en un trabajo que me pareció globalmente muy digno y que se benefició, obviamente, de una orquesta de foso de primerísimo nivel. Ahora bien, de ahí a que me pareciese una gran dirección de Boccanegra media un abismo: este título hay que interpretarlo con una atmósfera mucho más opresiva, así como con una mayor carga dramática.


Tenía un vago recuerdo de la producción escénica de Peter Stein, porque la vi hace mucho tiempo en la tele: se corresponde con la filmación de Claudio Abbado en el Maggio Musicale de 2002. Salvando la escena del senado –realista, aunque nada que ver con el siglo XIV–, se trata de una propuesta desnuda y esencial basada en formas geométricas simples que adquieren fuerza expresiva mediante los contrastes de la iluminación. Los resultados son desiguales: a ratos muy atractivos, a ratos pobretones. El vestuario me gustó muy poco. La dirección de actores  me pareció convencional a más no poder. Al menos hubo sensatez, atención a la música y pocas ganas de provocar al personal.

Muy en resumen, un Boccanegra globalmente más que correcto, pero en el que solo las intervenciones de Francesco Meli hicieron sentir de verdad eso que se llama ópera. Demasiado poco para un templo de la lírica como es la Staatsoper.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

War Requiem, de Britten: discografía comparada

La red está llena de información sobre el War Requiem de Benjamin Britten. Aquí me limitaré a recordar que la partitura fue un encargo de la Catedral de Coventry, destruida casi por completo por los bombardeos de la aviación alemana en 1940 y reedificada finalmente junto a los restos de la anterior. Con semejantes circunstancias, es comprensible que el compositor británico diera salida a toda su rabia antibelicista intercalando entre los textos latinos de la Misa de Difuntos poemas muy militantes –en inglés, claro está– del desdichado Wilfred Owen, reservando para los primeros orquesta sinfónica, soprano y coro, destinándose los segundos a una orquesta de cámara con tenor y barítono. En el plano celestial, un coro de niños aporta un toque onírico y esperanzado a los trágicos pentagramas.

La obra se estrenó en Coventry el 30 de mayo de 1962. Meredith Davies dirigió para la ocasión a la Orquesta de la Ciudad de Birmingham, reservándose el compositor la formación de cámara. Peter Pears y Dietrich Fischer-Dieskau fueron los solistas masculinos. Del evento queda un testimonio radiofónico que acaba de ser editado oficialmente por el sello Testament. Por mi parte, me limitaré a comentar las interpretaciones que he podido escuchar recientemente y a disculparme por no haber tenido la ocasión de conocer otras como las de Karel Ancerl, Helmuth Rilling, Mariss Jansons o Paul McCreesh. Adelanto ya que la dirección que más me gusta es la de Giulini, aunque el equipo vocal más equilibrado lo tiene Pappano: Bostridge, Hampson y Netrebko. La mejor toma sonora sigue siendo la de Hickox.


Britten War Requiem Decca

1. Britten/Sinfónica de Londres (Decca, 1963). Aunque posteriormente superada en varios aspectos, la grabación de referencia siempre ha sido y seguirá siendo la digamos “oficial” que, bajo la producción de John Culshaw, realizó el propio compositor en enero de 1963 contando con la London Symphony, el Melos Ensemble, los solistas masculinos del estreno y la soprano que no pudo estar presente pero para la que fue ideada la parte, que es irónicamente quien menos bien está: Galina Vihnnevskaya se muestra en exceso truculenta, por momentos desaforada, y más bien fuera de estilo. Todo lo contrario que Peter Pears, claro, pura distinción británica y saber hacer al servicio de su compañero. Fischer-Dieskau, inmenso: no se puede decir mejor su decisiva parte del “Libera me”. Britten se encarga de dejar claro cómo hay que hacer las cosas, y las hace estupendamente. Lo que ocurre es que otros lo harán aún mejor en el futuro. También la toma se ha quedado hoy un poco corta; es de suponer que la reciente reedición en Blu-ray Audio supondrá una mejora significativa. (9)



2. Giulini/New Philharmonia (BBC Legends, 1969). La primera vez que el maestro italiano dirigió el War Requiem fue en el Festival de Edimburgo de 1968, con Vihnevskaya, Pears y Fischer-Dieskau; a todos ellos se unió el propio Britten dirigiendo, como hacía en numerosas interpretaciones junto a reputados maestros, a la orquesta de cámara. Desgraciadamente no se conserva testimonio de aquella ocasión, sino esta del Domingo de Pascua del año siguiente con diferentes soprano y barítono, una Stefania Woytowicz de instrumento poderoso que sigue la línea tremendista de su colega rusa, y un Hans Wilbrink de voz muy lírica y clara que canta con buena línea y certera intención. El compositor dirige nuevamente de maravilla al Melos Ensemble. ¿Y Giulini? En absoluto la interpretación apolínea y humanística que de él podríamos esperar: aquí la música sale directamente de la angustia y el terror. ¡Qué clímax el del “Libera me”! Incluso Pears –ya con algunas desigualdades y descuidando un tanto la dicción– parece más vehemente y dolorido. Ni quiera la complicada acústica del Royal Albert Hall, la estrecha gama dinámica de la toma y la no óptima conservación de las cintas radiofónicas impiden que la audición sea toda una experiencia. Imprescindible. (10)


Rattle Britten EMI

3. Rattle/Ciudad de Birmingham (EMI, 1983). La primera grabación digital de la obra –no muy conseguida en lo técnico, a pesar de la amplia gama dinámica– vino de la mano de un Simon Rattle de 28 años que, a decir verdad, evidenció un apreciable sentido de la atmósfera y una desarrollada sensualidad a la hora de tratar el fraseo y la tímbrica, pero falló de manera evidente –sobre todo en la primera parte de la obra, no tanto en la segunda– a la hora de inyectar tensión dramática, angulosidad y fuerza expresiva a una partitura que está pidiendo a gritos un acercamiento mucho más comprometido. Si la interpretación termina alcanzando un nivel medio notable es gracias a los solistas. Elisabeth Söderström realiza una muy buena labor, mientras que Robert Tear y un sublime Thomas Allen superan a la pareja original Pears/Dieskau con una aproximación que sabe aunar la exquisitez de la línea de canto –elegantísima pero en modo alguno amanerada– con matizadísimos acentos dramáticos llenos de la más sincera congoja. (8)


Britten War Requiem Hickox

4. Hickox/Sinfónica de Londres (Chandos, febrero 1991). Aun siendo el estilo irreprochable y manteniéndose dentro de los parámetros de la elegancia y el distanciamiento típicamente británicos, el maestro sigue la línea de Giulini a la hora de acentuar las aristas de la música, dando como resultado una interpretación no muy atmosférica, pero sí encrespada e hiriente que hurga en los aspectos más rebeldes de la música; todo ello lo hace con una magnífica planificación y gran atención a la claridad, empeño en lo que se ve ayudado por una toma sonora absolutamente sensacional. Por otra parte, su larga experiencia como director coral le permite obtener un rendimiento formidable del Coro de la LSO. Heather Harper había sustituido en el estreno a la prevista Vihsnevskaya; desde luego se muestra mucho más centrada en lo expresivo que su colega, pero en 1991 su instrumento se haya seriamente deteriorado. John Shirley-Quirk, otro veterano, se muestra muy emocionalmente implicado. Philip Langridge posee no menos estilo que Pears y una voz mucho más hermosa, pero no llega a tan extraordinario grado de expresividad; aun así, está francamente bien. Existe edición en SACD. (9)



5. Gardiner/Sinfónica de la NDR (DG, 1992). En esta filmación en vivo de agosto de 1992, editada en CD y también en su momento en VHS y Laser Disc, el maestro británico hace verdad dos de los tópicos que circulan sobre su arte. El primero, que es un mago de la dirección coral: aquí obtiene un admirable rendimiento del Coro de la Radio de Alemania Septentrional de Hamburgo, unido a la sazón a su propio Monteverdi Choir. El segundo, que su proverbial “distanciamiento británico” puede convertirse en sinónimo de frialdad. Y es que es la presente una interpretación expuesta de manera irreprochable, llevada con adecuado pulso, bien tensada –los clímax dramáticos tienen garra- y muy ajena a los devaneos sonoros, pero fraseada con rigidez y ayuda de la calidez, del misterio y de la espiritualidad que la partitura demanda: una cosa es ser austero y otra quedarse en la epidermis de la música. El canto de Anthony Rolfe Johnson es bello y desde luego marcadamente británico, pero en exceso delicado: le falta carácter. Muy bien Boje Skovhus, y apabullante en lo vocal Luba Orgonasova. La presencia del Tölzer Knabenchor es un lujo. Los ingenieros del sello amarillo sortean con enorme habilidad los problemas de acústica de Santa María de Lübek (la iglesia donde tanto tiempo fue organista Buxtehude) y son capaces de recoger el concierto con una amplia gama dinámica. Como de momento no está en DVD, se puede disfrutar en YouTube. (7)


Britten War Requiem Masur front

6. Masur/Filarmónica de Nueva York (Teldec, 1997). En su etapa de titularidad de la orquesta neoyorquina, Masur ofreció en vivo una interpretación extremadamente irregular. Quejumbroso y mortecino “Requiem aeternam”, vibrante “Dies irae”, ridículo en su nada conseguido sentido del misterio el “Liber scriptus”, buen “Lacrimosa”, algo lúdica la fuga del “Quam olim Abrae”, más bien banal el “Sanctus”… Así hasta llegar a un “Libera me” que arranca y se cierra con excesiva laxitud. La orquesta de cámara está dirigida con corrección pero también algo de blandura por un tal Samuel Wong. Lamentables en lo técnico y muy discutibles en lo expresivo las intervenciones de Jerry Hadley. Mucho mejor Thomas Hampson, pero que su línea sea mucho antes lírica que dramática, incluso algo blanda por momentos, no parece lo más apropiado. Espléndida Carol Vannes. La toma sonora, salpicada por numerosas toses, recoge de maravilla a la orquesta grande y al Westminster Symphonic Choir, pero deja a la formación de cámara demasiado en la distancia. (6)


Ozawa Britten War Requiem

7. Ozawa/Orquesta Saito Kinen (Decca, 2009). Como era de esperar, el maestro oriental mira mucho antes al impresionismo que al expresionismo, por lo que su lectura carece de la garra, de la incisividad y de la rebeldía de otras para ganar considerablemente en sensualidad y magia sonora. Curiosamente este concepto ya estaba implícito en la propia grabación de Britten, pero Ozawa lo lleva mucho más lejos con su portentoso dominio del color y de las texturas, sacando además muy buen rendimiento de su orquesta y de los cuatro coros nipones congregados. En este sentido se trata de una recreación que revela nuevos aspectos de la maravillosa escritura de Britten, a la que hace sonar menos inmediata y más sugerente, pero el resultado no es del todo equilibrado: a veces el anciano director parece perder la concentración y pasar de largo ante determinados números, que bajo su batuta carecen del carácter siniestro y opresivo necesario. Incluso a veces hay algo de brocha gorda: en el terrorífico clímax de la primera parte del Libera me parece haber más barullo que auténtica tensión sonora, mientras que la congoja del emocionante final, el “Let us sleep now” en el que se mezclan por fin todos los intérpretes, no está del todo conseguida. Anthony Dean Griffey canta con numerosas desigualdades vocales –muy feo su falsete–, circunstancia que intenta atenuar con una expresividad mucho más inmediata y vehemente, menos distinguida de lo acostumbrado. A la voz de James Westman le cuesta hacerse oír, pero el silencio orquestal de “Libera me” nos permite apreciar su hermosa línea canora y sensatez expresiva. La norteamericana Christine Goerke se limita a cumplir sin más. Espléndida la toma sonora en vivo, sin llegar al nivel de la de Hickox. (7)


Britten War Requiem Noseda

8. Noseda/Sinfónica de Londres (LSO Live, 2011). Tras la grabación oficial de Britten y la de Hickox, esta reciente de la London Symphony, realizada en vivo, supone un considerable paso atrás. La culpa es sin duda de Gianandrea Nosea, cuya dirección resulta sumamente morosa, flácida y aburrida. Y no es que el maestro pretenda hacer una interpretación descafeinada, suavizar aristas o mantenerse dentro de cierto distanciamiento emocional. Simplemente es que no sabe mantener las tensiones, diferenciar el colorido, construir clímax dramáticos ni motivar en lo expresivo a una orquesta que parece tocar como si estuviera dormida, aunque siempre dentro de un excepcional nivel técnico; en este sentido, los momentos más encrespados suenan apabullantes en lo sonoro pero insinceros. La interpretación es rescatada por los cantantes. Bostridge está maravilloso, por supuesto que con su línea flemática y un punto narcisista, pero de enorme belleza sonora, ricos matices y gran clase, por no hablar de la perfecta dicción. Simon Keenlyside, aun algo deteriorado vocalmente y sin las sutilezas de un Dieskau, convence por su expresividad viril e intensa. A despecho de algunas puntuales tiranteces en la zona más alta de la tesitura, Sabina Cvilak triunfa con unos agudos poderosos y muy bien timbrados. La toma sonora tiene como gran ventaja la naturalidad tímbrica y una impresionante gama dinámica muy bienvenida en esta partitura, pero presenta algunos desequilibrios que no estaban en la de Hickox. (7)


britten-war-requiem-nelsons-bd-cover

9. Nelsons/Ciudad de Birmingham (Blu-ray Arthaus, 2012). La formación protagonista del estreno de la obra vuelve a la Catedral de Coventry conmemorando el cincuenta aniversario con una interpretación retransmitida por radio, televisión por todo el mundo que ahora recoge Arthaus en Blu-ray con las grandes ventajas que ofrece el sonido multicanal –el coro infantil, en esta ocasión de niñas, suena detrás–, aunque sin terminar de soslayar los esperables problemas de acústica del recinto. Su titular Nelsons realiza un trabajo técnico formidable en el que las fuerzas a su disposición están tratadas con plasticidad asombrosa, haciendo además gala de un fraseo amplio, natural y efusivo, aclarando todo lo posible las texturas sin restar por ello sentido de la atmósfera –muy desarrollada aquí–y renunciando por completo a los excesos y efectismos. El problema es que el joven maestro no solo se muestra poco interesado en la vertiente más escarpada de la partitura, sino que además tiende a la lentitud –como por otra parte es lógico en un recinto de tan grandes dimensiones– y no es capaz de ajustar las tensiones, hasta el punto de que en más de un momento parece más bien laxo, incluso mortecino; incluso la segunda aparición del “Dies Irae” resulta un tanto hinchada. En el crucial “Libera me” parece que de nuevo la arquitectura se va a venir abajo con la lentitud, pero lo cierto es que se llega al clímax con lógica y suficiente fuerza, si bien carente la rabia expresionista que imprimen al pasaje otros directores; también sin el barullo en que no pocos caen, todo hay que decirlo. Más hermoso que emotivo “In paradisum”. Hanno Müller-Brachmann luce voz bellísima y una línea muy cálida, natural y comunicativa, a despecho de alguna insuficiencia en el grave. Mark Padmore, de emisión muy británica, ofrece distinción y elevado compromiso expresivo; admirable su rostro, con ojos humedecidos, al mirar al barítono cuando este dice lo que “I am the enemy you killed, my friend”. Irreprochable la soprano Erin Wall, de voz muy adecuada para su parte. (8)



10. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). Treinta años han pasado desde su grabación para EMI y Rattle, ahora Sir Simon, sigue sin terminar de convencer en su visión excesivamente apolínea de la obra. En cualquier caso el tiempo no pasa en balde, y ahora el deslavazamiento de entonces se ve corregido por una arquitectura mejor tensada, al mismo tiempo que el maestro sabe sacar un portentoso partido sonoro –no tanto expresivo– a los suntuosos medios a su disposición: excelente el Coro de la Radio de Berlín y la Escolanía, a su nivel habitual la Filarmónica de Berlín y todo un lujo tener en la orquesta de cámara a gente como Emmanuel Pahud o Albrecht Mayer. En cualquier caso, una labor de batuta bastante notable. A destacar como, al igual que en su primera grabación, Rattle va graduando en intensidad las lacerantes intervenciones de los violines de dicha orquesta en la última intervención del barítono (“I am the enemy you killed, my friend”). Emily Magee sufre por un agudo muy áspero, pero su expresión es muy certera: rebelde mas no desaforada. John Mark Ainsley está muy bien, mientras que Matthias Goerne, aun con la voz algo deteriorada, deja constancia de su condición de excelente liederista. La toma sonora es muy buena, pero carece de la gama dinámica que la obra demanda. (8)



11. Pappano/Academia Nacional de Santa Cecilia (Warner, 2013). El maestro británico saca aquí a relucir su ascendencia italiana en una lectura cálida, cantable, un punto naif (escolanía el final del “Offerturium”), antes esperanzada que nihilista, por ello un tanto discutible, pero en cualquier caso muy bella y –eso por descontado- admirablemente trazada, independientemente de que orquesta y coro no sean los mejores posibles. Con semejante enfoque sintoniza por completo un Thomas Hampson aún más humano, emotivo y sabiamente matizado –también más centrado en lo expresivo– que en la versión de Masur. Bostridge repite su admirable, y muy british, acercamiento con Noseda. La Nebrebko, aun algo tirante en el agudo –su parte se las trae–, posee el instrumento ideal y canta en el punto justo de equilibrio entre sobriedad y vehemencia dramática. La toma sonora es espléndida, pero en tiempos del multicanal se podría esperar otra cosa. Por suerte, parece que esa “otra cosa” llegará pronto. (9)




12. Pappano/Academia Nacional de Santa Cecilia (Unitel, junio 2013). Tras grabar la partitura en estudio en Roma, Pappano y su equipo –con excepción de la escolanía– ofrecieron una interpretación en el Festival de Salzburgo –el 18 de agosto, para ser exactos– que fue registrada por las cámaras de Unitel. Parece que saldrá en DVD y Blu-ray, probablemente en el sello Cmajor. Cuando lo haga, creo que será la primera opción de compra: he visto la filmación completa que circula por la red y me ha parecido una interpretación aún mejor que la de Warner. Pappano, sin terminar de convencerme plenamente debido a su renuncia a asumir por completo la negrura de la obra, dirige lleno de musicalidad y convicción. Bostridge canta de manera excepcional y está atento a los matices expresivos de cada sílaba. Hampson, de voz aún bellísima, se muestra cálido a más no poder. La Netrebko, sensacional y de referencia a pesar del modelito con que salió a escena. Esperamos con impaciencia la edición. (10)

sábado, 2 de noviembre de 2013

La Traviata conceptual de Willy Decker

Como tengo entrada para ver la Traviata que anda ofreciendo el Palau de Les Arts –ya veremos qué elenco me encuentro en la función del día 10–, he desempolvado el DVD de la producción que se está viendo en la ciudad del Turia, que no es otra que la de las célebres funciones del Festival de Salzburgo de 2005 que lanzaron al estrellato internacional a Ana Netrebko y Rolando Villazón. La seguí en su momento en la retransmisión televisiva, pero a decir verdad ahora mi opinión es bastante más positiva en lo que a la labor escénica de Willy Decker se refiere.

Traviata Decker Rizzi DVD Salzburgo


En realidad, esta Traviata conceptual me ha supuesto todo un soplo de aire fresco después de haber visto no sé cuántas veces ya la producción del Villamarta a cargo de Francisco López, con todos sus espejos dorados, lámparas, gitanas y toreros que tanto gustaban al público jerezano, aunque la máxima expectación siempre la generaba el numerito del Piquillo a cargo de algún famoso bailaor. Por no hablar de las que presencié en Sevilla, la algo cateta de la señora esposa de Plácido Domingo y la monumental horterada de Zeffirelli. Sigo dudando que termine de encajar el concepto de Decker con las reglas del melodrama italiano, pero me parece que las virtudes de la propuesta son grandes y permiten centrarse mejor en la esencia del conflicto, que no es otro que el que se plantea entre la inevitabilidad del paso del tiempo, el deseo de disfrutar del mismo y la renuncias que en sentido contrario implica el amor verdadero; en esta producción, además, se desarrolla una idea ya muy presente en Verdi, la del choque entre la voluntad personal y las convenciones sociales. Del ya famoso reloj se saca un enorme provecho escénico, como también de la omnipresencia del Doctor Grenvil/La Muerte. Los demás símbolos (objetos, colores, movimientos escénicos) están muy bien llevados. Cuidadísima la iluminación y muy inteligentes algunas soluciones teatrales. Acierto total, además, plantear la fiesta en casa de Flora como una inquietante pesadilla de Alfredo.

Más discutible me parece el hecho de que Violetta se encuentre presente en el momento en el que éste conoce de Annina la venta de los bienes, porque se crea una obvia contradicción con el libreto. Tampoco me convence que el último acto se encadene con el anterior: la explosión tras el portentoso concertante verdiano pide a las claras una pausa –aunque sea breve– que relaje tensiones y que permita percibir el amplio lapso de tiempo que transcurre. En cualquier caso, una muy atractiva, arriesgada y renovadora propuesta que es un acierto traer por primera vez a España.

Digamos algo de la parte musical. En su momento me gustó mucho la dirección de Carlo Rizzi. Ahora algo menos, sobre todo el preludio del acto I, que parece dicho un tanto de pasada si se tiene en mente el prodigio que con esta bellísima pieza hizo Barenboim en Sevilla este verano. Luego la cosa mejora y la batuta termina ofreciendo una recreación fluida, rápida pero no precipitada, muy cuidadosa y de buen sabor teatral, aunque probablemente un poco de densidad no le hubiera venido nada mal para encajar mejor con la atmósfera siniestra que desprende la producción de Decker. La Filarmónica de Viena resulta un lujo en el foso, sobre todo en los preludios: su cuerda plateada es inimitable.
 

De los cantantes no tengo del todo clara mi opinión. Verán ustedes, la Netrebko posee un cuerpo escultural –que aquí luce en todo su esplendor–, una voz de primera y una técnica –a despecho de cómo se la oye respirar– bastante sólida. Vocalmente puede con el personaje en todos los actos. Esto ya es muchísimo. Pero algo no me termina de convencer: le faltan brillo, variedad expresiva, riqueza psicológica… Digamos que es un poco sosa. Teatralmente vale poco: si tienen la oportunidad, comparen su Lucia donizzettiana con la de Natalie Dessay en la producción del Met. Comprobarán lo que les digo.

Rolando Villazón sí que es muy buen actor. Su comunicatividad, ardor y convicción son además encomiables. Pero también es cierto que su canto es muscular, poco matizado, por momentos verista hasta rozar lo desaforado. Hay además muy poco en él de belcantismo, y a mí me parece que este es un ingrediente –uno más de los que conforman el Verdi maduro– que no debe ser desatendido. Tampoco me cuento entre los que opinan que el modelo para el personaje es Alfredo Kraus –rígido, envarado, no muy creíble–, pero entre lo uno y lo otro me parece que hay algún término medio. Por ejemplo, Bergonzi.

Thomas Hampson… pues tampoco, qué quieren que les diga. Y no porque su voz sea en exceso lírica para papá Germont, que también, sino porque no termina de ofrecer, en ese enfrentamiento con Violetta que es el núcleo de la obra, todas las dobleces psicológicas de su manipulador y antipático personaje: con cantar un par de veces con audible (y visible) irritación no basta. Por cierto que aborda la inhabitual cabaletta, en la que se encuentra bastante fuera de tiesto. Además, al igual que le ocurre a sus dos colegas, su línea no suena a Verdi. Del planchado de las arrugas faciales del barítono norteamericano mejor no hablar.

Por supuesto, todos estos reparos los pongo a esta función como producto comercializado para el disfrute doméstico: ¡ya me gustaría a mí escuchar en directo muchas Traviatas con semejante nivel musical! Ah, el DVD editado por Deutsche Grammophon se ve muy bien y posee sonido surround auténtico (con los aplausos por detrás, y con ellos la verdadera reverberación de la sala). Además cuenta con subtítulos en castellano. Ahora a ver cómo salen las cosas en Valencia, aunque antes tengo una Aida en Sevilla.

jueves, 12 de mayo de 2011

La Tosca de Carsen (y el Cavaradossi de Kaufmann), por fin en DVD

Iba siendo ya hora de que viera la luz en formato comercial la producción de Tosca que Robert Carsen preparó en 1996 para la Vlaamse Opera de Amberes, esa misma que tanto molestó a muchos cuando se vio en el Liceu barcelonés. Lo ha hecho en el sello Decca gracias al tirón mediático de Jonas Kaufmann, que fue quien protagonizó junto a Emily Magee y Thomas Hampson estas funciones ofrecidas por la Ópera de Zurich en abril de 2009. Y la verdad es que la propuesta del regista canadiense me ha gustado. Tengo la impresión de que quienes se irritaron tuvieron demasiado presente el cambio de ubicación cronológica y espacial de la acción, que transcurra aquí en un teatro del siglo XX: Cavaradossi es un pintor que trabaja en el mismo, Scarpia parece el maganer y Tosca… pues la diva, aquí más diva que nunca. No parece que esto aporte gran cosa, pero tampoco lo resta, y de hecho si no fuera por el vestuario los actos segundo y tercero podrían pertenecer a cualquier representación tradicional. Que no convencional: lo que hay que admirar aquí es la fuerza dramática de la luminotecnia de Davy Cunningham y la minuciosa, creíble e inteligente dirección de actores que realiza el propio Carsen, quien además aprovecha la oportunidad de subrayar la teatralidad consustancial al personaje titular sin hacerle caer en el histrionismo.

Funciona bien la batuta de Paolo Carignani, que dirige con magnífico pulso teatral y notable sentido del color, aunque no resulte particularmente inspirado y se pase en los portamenti del tercer acto. A Emily Magee le pasa lo de siempre: su voz -de lírica pura- es de buena calidad y la línea de canto no presenta apenas fisuras, pero en lo expresivo resulta un punto impersonal. Además le faltan la italinidad de una Dessí o la intensidad de una Mattila, por citar a dos grandes intérpretes recientes del rol. Buena Tosca, en cualquier caso. Hampson está bastante mejor de lo que en un principio se podría esperar, porque aunque su instrumento sea inadecuado -en exceso lírico- y le falte autoridad vocal, el barítono norteamericano recrea al personaje de manera sutil e inteligente, de modo particular en su vertiente escénica, siendo en este sentido el que parece sentirse más a gusto en la regie de Carsen.

¿Y Kaufmann? Lo de este señor cada vez lo tengo menos claro. Que su técnica sea heterodoxa es para mí lo de menos (¡cuántas barbaridades se siguen diciendo sobre Domingo amparándose en su presunto desprecio de lo canónico!); lo que me molesta es la pobreza, por no decir fealdad, de muchos de los sonidos que emite, particularmente cuando canta piano. En este sentido el arranque de “Recondita armonia” llega a poner de los nervios. Ahora bien, de justicia es reconocerle una gran sinceridad en la expresión y un manifiesto interés por matizar de manera sensible, y que incluso es capaz de ofrecer hallazgos de verdadero artista. Su sensible y emocionante “E lucevan le stelle” es un magnífico ejemplo de esto último. Grabación y filmación son irreprochables, y se incluyen subtítulos en castellano de Luis Gago.

sábado, 9 de abril de 2011

El Réquiem Alemán por Harnoncourt: manso corderito

BRAHMS: Réquiem alemán.
Genia Kühmeier, Thomas Hampson.
Coro Arnold Schoenberg. Orquesta Filarmónica de Viena. Dir: Nikolaus Harnoncourt.
RCA, 88697720662
CD 72’01’’
DDD
Sony – BMG
***

Paradójico, o quizá no tanto: quien habitualmente se caracteriza por los claroscuros en el fraseo, la incisividad en los ataques, la aspereza en el tratamiento tímbrico, la heterodoxia en los tempi y el despliegue de un altísimo sentido teatral, se convierte en manso corderito en este Réquiem Alemán grabado en la Musikverein vienesa en diciembre de 2007. El vibrato, eso sí, se ha moderado lo suficiente como para que se note la “preocupación filológica”, pero en realidad todo suena con una belleza sonora tersa y pulida como la del Abbado más refinado, o bien con la masividad hinchada del Karajan más narcisista. En cualquier caso, lo hace con una absoluta falta de compromiso expresivo, léase de tensión sonora, de matices, de creatividad, de emoción en definitiva. El tierno lirismo brahmsiano brilla por su ausencia, mientras que la angustia que albergan los pentagramas sólo llega a aflorar -menos mal- en el nº 3, donde Harnoncourt logra dar lo mejor de sí mismo -incluso revela detalles muy interesantes en la orquestación- y Thomas Hampson sabe conjugar naturalidad, belleza canora y congoja sincera. Genia Kühmeier está muy correcta, mientras que la orquesta da buena cuenta de su nivel y el Coro Arnold Schoenberg resulta técnicamente insuperable en su comprometidísima parte.

_________________________________

Artículo publicado en el número de abril de 2011 de la revista Ritmo

miércoles, 10 de junio de 2009

Trovatore con Alagna, Gheorghiu y Pappano

VERDI: Il Trovatore.
Alagna, Gheorghiu, Hampson, Diadkova, D’Arcangelo.
London Voices, Orquesta Sinfónica de Londres. Dir: Antonio Pappano.
EMI 57360
2 CDs. 132’ - DDD
EMI-Hispavox
***Trovatore_Pappano

No hace mucho, durante una firma de autógrafos, tuve la oportunidad de manifestarle a Pappano mi escepticismo ante un Trovatore protagonizado por Alagna. “Hoy sin duda es el mejor”, me replicó sonriendo.

Con todos los respetos al maestro, que es precisamente quien termina salvando el resultado con su vehemente, teatral, extrovertida y muy italiana dirección -tan diferente de la gótica recreación de Giulini-, me reafirmo en mi postura inicial una vez escuchado el registro.

Ciertamente la actual oferta de Manricos es desoladora, pero el marido de la Gheorghiu está bajo mínimos: canta cada vez peor y su buen gusto -pasa con facilidad del gimoteo a lo estentóreo- se hace cada día más dudoso.

La rumana, siempre gran cantante pero no tanto gran artista, vence más que convence como Leonora; el papel no le termina de cuadrar y, como se viene advirtiendo en sus últimas grabaciones, anda un poco despistada. La mezzo de la factoría Gergiev Larissa Diadkova es una plausible Azucena de tintes eslavos, con todo lo que ello supone.

Hampson parece incómodo -su línea no es verdiana- y un tanto ausente en el rol del Conde Luna, al que hace menos siniestro y más elegante de lo habitual. De lujo el Ferrando de D’Arcangelo.

________________________________
Artículo publicado en el número de diciembre 2002 de la revista Ritmo.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...