miércoles, 4 de diciembre de 2013

War Requiem, de Britten: discografía comparada

La red está llena de información sobre el War Requiem de Benjamin Britten. Aquí me limitaré a recordar que la partitura fue un encargo de la Catedral de Coventry, destruida casi por completo por los bombardeos de la aviación alemana en 1940 y reedificada finalmente junto a los restos de la anterior. Con semejantes circunstancias, es comprensible que el compositor británico diera salida a toda su rabia antibelicista intercalando entre los textos latinos de la Misa de Difuntos poemas muy militantes –en inglés, claro está– del desdichado Wilfred Owen, reservando para los primeros orquesta sinfónica, soprano y coro, destinándose los segundos a una orquesta de cámara con tenor y barítono. En el plano celestial, un coro de niños aporta un toque onírico y esperanzado a los trágicos pentagramas.

La obra se estrenó en Coventry el 30 de mayo de 1962. Meredith Davies dirigió para la ocasión a la Orquesta de la Ciudad de Birmingham, reservándose el compositor la formación de cámara. Peter Pears y Dietrich Fischer-Dieskau fueron los solistas masculinos. Del evento queda un testimonio radiofónico que acaba de ser editado oficialmente por el sello Testament. Por mi parte, me limitaré a comentar las interpretaciones que he podido escuchar recientemente y a disculparme por no haber tenido la ocasión de conocer otras como las de Karel Ancerl, Helmuth Rilling, Mariss Jansons o Paul McCreesh. Adelanto ya que la dirección que más me gusta es la de Giulini, aunque el equipo vocal más equilibrado lo tiene Pappano: Bostridge, Hampson y Netrebko. La mejor toma sonora sigue siendo la de Hickox.


Britten War Requiem Decca

1. Britten/Sinfónica de Londres (Decca, 1963). Aunque posteriormente superada en varios aspectos, la grabación de referencia siempre ha sido y seguirá siendo la digamos “oficial” que, bajo la producción de John Culshaw, realizó el propio compositor en enero de 1963 contando con la London Symphony, el Melos Ensemble, los solistas masculinos del estreno y la soprano que no pudo estar presente pero para la que fue ideada la parte, que es irónicamente quien menos bien está: Galina Vihnnevskaya se muestra en exceso truculenta, por momentos desaforada, y más bien fuera de estilo. Todo lo contrario que Peter Pears, claro, pura distinción británica y saber hacer al servicio de su compañero. Fischer-Dieskau, inmenso: no se puede decir mejor su decisiva parte del “Libera me”. Britten se encarga de dejar claro cómo hay que hacer las cosas, y las hace estupendamente. Lo que ocurre es que otros lo harán aún mejor en el futuro. También la toma se ha quedado hoy un poco corta; es de suponer que la reciente reedición en Blu-ray Audio supondrá una mejora significativa. (9)



2. Giulini/New Philharmonia (BBC Legends, 1969). La primera vez que el maestro italiano dirigió el War Requiem fue en el Festival de Edimburgo de 1968, con Vihnevskaya, Pears y Fischer-Dieskau; a todos ellos se unió el propio Britten dirigiendo, como hacía en numerosas interpretaciones junto a reputados maestros, a la orquesta de cámara. Desgraciadamente no se conserva testimonio de aquella ocasión, sino esta del Domingo de Pascua del año siguiente con diferentes soprano y barítono, una Stefania Woytowicz de instrumento poderoso que sigue la línea tremendista de su colega rusa, y un Hans Wilbrink de voz muy lírica y clara que canta con buena línea y certera intención. El compositor dirige nuevamente de maravilla al Melos Ensemble. ¿Y Giulini? En absoluto la interpretación apolínea y humanística que de él podríamos esperar: aquí la música sale directamente de la angustia y el terror. ¡Qué clímax el del “Libera me”! Incluso Pears –ya con algunas desigualdades y descuidando un tanto la dicción– parece más vehemente y dolorido. Ni quiera la complicada acústica del Royal Albert Hall, la estrecha gama dinámica de la toma y la no óptima conservación de las cintas radiofónicas impiden que la audición sea toda una experiencia. Imprescindible. (10)


Rattle Britten EMI

3. Rattle/Ciudad de Birmingham (EMI, 1983). La primera grabación digital de la obra –no muy conseguida en lo técnico, a pesar de la amplia gama dinámica– vino de la mano de un Simon Rattle de 28 años que, a decir verdad, evidenció un apreciable sentido de la atmósfera y una desarrollada sensualidad a la hora de tratar el fraseo y la tímbrica, pero falló de manera evidente –sobre todo en la primera parte de la obra, no tanto en la segunda– a la hora de inyectar tensión dramática, angulosidad y fuerza expresiva a una partitura que está pidiendo a gritos un acercamiento mucho más comprometido. Si la interpretación termina alcanzando un nivel medio notable es gracias a los solistas. Elisabeth Söderström realiza una muy buena labor, mientras que Robert Tear y un sublime Thomas Allen superan a la pareja original Pears/Dieskau con una aproximación que sabe aunar la exquisitez de la línea de canto –elegantísima pero en modo alguno amanerada– con matizadísimos acentos dramáticos llenos de la más sincera congoja. (8)


Britten War Requiem Hickox

4. Hickox/Sinfónica de Londres (Chandos, febrero 1991). Aun siendo el estilo irreprochable y manteniéndose dentro de los parámetros de la elegancia y el distanciamiento típicamente británicos, el maestro sigue la línea de Giulini a la hora de acentuar las aristas de la música, dando como resultado una interpretación no muy atmosférica, pero sí encrespada e hiriente que hurga en los aspectos más rebeldes de la música; todo ello lo hace con una magnífica planificación y gran atención a la claridad, empeño en lo que se ve ayudado por una toma sonora absolutamente sensacional. Por otra parte, su larga experiencia como director coral le permite obtener un rendimiento formidable del Coro de la LSO. Heather Harper había sustituido en el estreno a la prevista Vihsnevskaya; desde luego se muestra mucho más centrada en lo expresivo que su colega, pero en 1991 su instrumento se haya seriamente deteriorado. John Shirley-Quirk, otro veterano, se muestra muy emocionalmente implicado. Philip Langridge posee no menos estilo que Pears y una voz mucho más hermosa, pero no llega a tan extraordinario grado de expresividad; aun así, está francamente bien. Existe edición en SACD. (9)



5. Gardiner/Sinfónica de la NDR (DG, 1992). En esta filmación en vivo de agosto de 1992, editada en CD y también en su momento en VHS y Laser Disc, el maestro británico hace verdad dos de los tópicos que circulan sobre su arte. El primero, que es un mago de la dirección coral: aquí obtiene un admirable rendimiento del Coro de la Radio de Alemania Septentrional de Hamburgo, unido a la sazón a su propio Monteverdi Choir. El segundo, que su proverbial “distanciamiento británico” puede convertirse en sinónimo de frialdad. Y es que es la presente una interpretación expuesta de manera irreprochable, llevada con adecuado pulso, bien tensada –los clímax dramáticos tienen garra- y muy ajena a los devaneos sonoros, pero fraseada con rigidez y ayuda de la calidez, del misterio y de la espiritualidad que la partitura demanda: una cosa es ser austero y otra quedarse en la epidermis de la música. El canto de Anthony Rolfe Johnson es bello y desde luego marcadamente británico, pero en exceso delicado: le falta carácter. Muy bien Boje Skovhus, y apabullante en lo vocal Luba Orgonasova. La presencia del Tölzer Knabenchor es un lujo. Los ingenieros del sello amarillo sortean con enorme habilidad los problemas de acústica de Santa María de Lübek (la iglesia donde tanto tiempo fue organista Buxtehude) y son capaces de recoger el concierto con una amplia gama dinámica. Como de momento no está en DVD, se puede disfrutar en YouTube. (7)


Britten War Requiem Masur front

6. Masur/Filarmónica de Nueva York (Teldec, 1997). En su etapa de titularidad de la orquesta neoyorquina, Masur ofreció en vivo una interpretación extremadamente irregular. Quejumbroso y mortecino “Requiem aeternam”, vibrante “Dies irae”, ridículo en su nada conseguido sentido del misterio el “Liber scriptus”, buen “Lacrimosa”, algo lúdica la fuga del “Quam olim Abrae”, más bien banal el “Sanctus”… Así hasta llegar a un “Libera me” que arranca y se cierra con excesiva laxitud. La orquesta de cámara está dirigida con corrección pero también algo de blandura por un tal Samuel Wong. Lamentables en lo técnico y muy discutibles en lo expresivo las intervenciones de Jerry Hadley. Mucho mejor Thomas Hampson, pero que su línea sea mucho antes lírica que dramática, incluso algo blanda por momentos, no parece lo más apropiado. Espléndida Carol Vannes. La toma sonora, salpicada por numerosas toses, recoge de maravilla a la orquesta grande y al Westminster Symphonic Choir, pero deja a la formación de cámara demasiado en la distancia. (6)


Ozawa Britten War Requiem

7. Ozawa/Orquesta Saito Kinen (Decca, 2009). Como era de esperar, el maestro oriental mira mucho antes al impresionismo que al expresionismo, por lo que su lectura carece de la garra, de la incisividad y de la rebeldía de otras para ganar considerablemente en sensualidad y magia sonora. Curiosamente este concepto ya estaba implícito en la propia grabación de Britten, pero Ozawa lo lleva mucho más lejos con su portentoso dominio del color y de las texturas, sacando además muy buen rendimiento de su orquesta y de los cuatro coros nipones congregados. En este sentido se trata de una recreación que revela nuevos aspectos de la maravillosa escritura de Britten, a la que hace sonar menos inmediata y más sugerente, pero el resultado no es del todo equilibrado: a veces el anciano director parece perder la concentración y pasar de largo ante determinados números, que bajo su batuta carecen del carácter siniestro y opresivo necesario. Incluso a veces hay algo de brocha gorda: en el terrorífico clímax de la primera parte del Libera me parece haber más barullo que auténtica tensión sonora, mientras que la congoja del emocionante final, el “Let us sleep now” en el que se mezclan por fin todos los intérpretes, no está del todo conseguida. Anthony Dean Griffey canta con numerosas desigualdades vocales –muy feo su falsete–, circunstancia que intenta atenuar con una expresividad mucho más inmediata y vehemente, menos distinguida de lo acostumbrado. A la voz de James Westman le cuesta hacerse oír, pero el silencio orquestal de “Libera me” nos permite apreciar su hermosa línea canora y sensatez expresiva. La norteamericana Christine Goerke se limita a cumplir sin más. Espléndida la toma sonora en vivo, sin llegar al nivel de la de Hickox. (7)


Britten War Requiem Noseda

8. Noseda/Sinfónica de Londres (LSO Live, 2011). Tras la grabación oficial de Britten y la de Hickox, esta reciente de la London Symphony, realizada en vivo, supone un considerable paso atrás. La culpa es sin duda de Gianandrea Nosea, cuya dirección resulta sumamente morosa, flácida y aburrida. Y no es que el maestro pretenda hacer una interpretación descafeinada, suavizar aristas o mantenerse dentro de cierto distanciamiento emocional. Simplemente es que no sabe mantener las tensiones, diferenciar el colorido, construir clímax dramáticos ni motivar en lo expresivo a una orquesta que parece tocar como si estuviera dormida, aunque siempre dentro de un excepcional nivel técnico; en este sentido, los momentos más encrespados suenan apabullantes en lo sonoro pero insinceros. La interpretación es rescatada por los cantantes. Bostridge está maravilloso, por supuesto que con su línea flemática y un punto narcisista, pero de enorme belleza sonora, ricos matices y gran clase, por no hablar de la perfecta dicción. Simon Keenlyside, aun algo deteriorado vocalmente y sin las sutilezas de un Dieskau, convence por su expresividad viril e intensa. A despecho de algunas puntuales tiranteces en la zona más alta de la tesitura, Sabina Cvilak triunfa con unos agudos poderosos y muy bien timbrados. La toma sonora tiene como gran ventaja la naturalidad tímbrica y una impresionante gama dinámica muy bienvenida en esta partitura, pero presenta algunos desequilibrios que no estaban en la de Hickox. (7)


britten-war-requiem-nelsons-bd-cover

9. Nelsons/Ciudad de Birmingham (Blu-ray Arthaus, 2012). La formación protagonista del estreno de la obra vuelve a la Catedral de Coventry conmemorando el cincuenta aniversario con una interpretación retransmitida por radio, televisión por todo el mundo que ahora recoge Arthaus en Blu-ray con las grandes ventajas que ofrece el sonido multicanal –el coro infantil, en esta ocasión de niñas, suena detrás–, aunque sin terminar de soslayar los esperables problemas de acústica del recinto. Su titular Nelsons realiza un trabajo técnico formidable en el que las fuerzas a su disposición están tratadas con plasticidad asombrosa, haciendo además gala de un fraseo amplio, natural y efusivo, aclarando todo lo posible las texturas sin restar por ello sentido de la atmósfera –muy desarrollada aquí–y renunciando por completo a los excesos y efectismos. El problema es que el joven maestro no solo se muestra poco interesado en la vertiente más escarpada de la partitura, sino que además tiende a la lentitud –como por otra parte es lógico en un recinto de tan grandes dimensiones– y no es capaz de ajustar las tensiones, hasta el punto de que en más de un momento parece más bien laxo, incluso mortecino; incluso la segunda aparición del “Dies Irae” resulta un tanto hinchada. En el crucial “Libera me” parece que de nuevo la arquitectura se va a venir abajo con la lentitud, pero lo cierto es que se llega al clímax con lógica y suficiente fuerza, si bien carente la rabia expresionista que imprimen al pasaje otros directores; también sin el barullo en que no pocos caen, todo hay que decirlo. Más hermoso que emotivo “In paradisum”. Hanno Müller-Brachmann luce voz bellísima y una línea muy cálida, natural y comunicativa, a despecho de alguna insuficiencia en el grave. Mark Padmore, de emisión muy británica, ofrece distinción y elevado compromiso expresivo; admirable su rostro, con ojos humedecidos, al mirar al barítono cuando este dice lo que “I am the enemy you killed, my friend”. Irreprochable la soprano Erin Wall, de voz muy adecuada para su parte. (8)



10. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013). Treinta años han pasado desde su grabación para EMI y Rattle, ahora Sir Simon, sigue sin terminar de convencer en su visión excesivamente apolínea de la obra. En cualquier caso el tiempo no pasa en balde, y ahora el deslavazamiento de entonces se ve corregido por una arquitectura mejor tensada, al mismo tiempo que el maestro sabe sacar un portentoso partido sonoro –no tanto expresivo– a los suntuosos medios a su disposición: excelente el Coro de la Radio de Berlín y la Escolanía, a su nivel habitual la Filarmónica de Berlín y todo un lujo tener en la orquesta de cámara a gente como Emmanuel Pahud o Albrecht Mayer. En cualquier caso, una labor de batuta bastante notable. A destacar como, al igual que en su primera grabación, Rattle va graduando en intensidad las lacerantes intervenciones de los violines de dicha orquesta en la última intervención del barítono (“I am the enemy you killed, my friend”). Emily Magee sufre por un agudo muy áspero, pero su expresión es muy certera: rebelde mas no desaforada. John Mark Ainsley está muy bien, mientras que Matthias Goerne, aun con la voz algo deteriorada, deja constancia de su condición de excelente liederista. La toma sonora es muy buena, pero carece de la gama dinámica que la obra demanda. (8)



11. Pappano/Academia Nacional de Santa Cecilia (Warner, 2013). El maestro británico saca aquí a relucir su ascendencia italiana en una lectura cálida, cantable, un punto naif (escolanía el final del “Offerturium”), antes esperanzada que nihilista, por ello un tanto discutible, pero en cualquier caso muy bella y –eso por descontado- admirablemente trazada, independientemente de que orquesta y coro no sean los mejores posibles. Con semejante enfoque sintoniza por completo un Thomas Hampson aún más humano, emotivo y sabiamente matizado –también más centrado en lo expresivo– que en la versión de Masur. Bostridge repite su admirable, y muy british, acercamiento con Noseda. La Nebrebko, aun algo tirante en el agudo –su parte se las trae–, posee el instrumento ideal y canta en el punto justo de equilibrio entre sobriedad y vehemencia dramática. La toma sonora es espléndida, pero en tiempos del multicanal se podría esperar otra cosa. Por suerte, parece que esa “otra cosa” llegará pronto. (9)




12. Pappano/Academia Nacional de Santa Cecilia (Unitel, junio 2013). Tras grabar la partitura en estudio en Roma, Pappano y su equipo –con excepción de la escolanía– ofrecieron una interpretación en el Festival de Salzburgo –el 18 de agosto, para ser exactos– que fue registrada por las cámaras de Unitel. Parece que saldrá en DVD y Blu-ray, probablemente en el sello Cmajor. Cuando lo haga, creo que será la primera opción de compra: he visto la filmación completa que circula por la red y me ha parecido una interpretación aún mejor que la de Warner. Pappano, sin terminar de convencerme plenamente debido a su renuncia a asumir por completo la negrura de la obra, dirige lleno de musicalidad y convicción. Bostridge canta de manera excepcional y está atento a los matices expresivos de cada sílaba. Hampson, de voz aún bellísima, se muestra cálido a más no poder. La Netrebko, sensacional y de referencia a pesar del modelito con que salió a escena. Esperamos con impaciencia la edición. (10)

14 comentarios:

Bruno dijo...

Nada que ver con Britten: No suelo trastear con los blogs pero una portada de Melomaqué me llamó la atención: Dezso Ranki con Bartok. Me ha gustado mucho. Como ejemplo, el Allegro Bárbaro nunca lo había oído tan claro. Ciertamente puede ser algo más salvaje pero no más intencionadamente bárbaro tal como lo contó el propio Bartok en sus escritos.

Agustín dijo...

No conozco esta obra, así que nada puedo decir, pero ya que D. Bruno cita a Bartok me permito hacer una consulta, aunque esté fuera de lugar.
Hace poco emitieron por TV un documental extraordinario: "Eva Braun, en la intimidad de Hitler"
En su banda sonora hay unos fragmentos de una música de piano misteriosa y subyugante, extraordinaria. Desde luego es música contemporánea y me recuerda de algún modo la "Música para Cuerdas, percusión y celesta" de Bela Bartok (pero no es esa obra con toda seguridad, aunque podría ser de Bartok).
La verdad es que estoy intrigado con esa música, aunque también podría ser una composición hecha expresamente para ese documental, que a mi me ha impresionado.
Agradezco si alguien me pudiera informar.

Juan Zaragoza dijo...

Una respuesta para Agustín.

No conozco ese documental, de manera que poco le puedo decir…

Pero sí que existe un programa de descarga gratuita llamado Tunatic que identifica melodías. La verdad es que en música clásica falla bastante: sólo encuentra versiones grabadas y registradas. Pero si esa versión está en su banco de datos le dirá, incluso, los intérpretes.

Un saludo desde Zaragoza.

Bruno dijo...

Buen día es éste, con la Constitución y el independentismo, para visionar este documental.
Verlo me ha sugerido bastantes consideraciones: Bartok pasó por ser un bárbaro que había que interpretar rudamente. Algo que queda claro si se oye a Foldes, o se leen sus comentarios, o a, ahora, Grimaud. Ahora se ha convertido en clásico. Sus brusquedades ya están integradas.
Por otra parte creo que se malinterpreta mucho la intención de su música. Es, a veces, misterioso, nocturno. Nunca siniestro.
Lo digo porque me hace gracia que uno tenga que pensar que la música de Bartok “debe” acompañar a estos personajes del reportaje.
Entre paréntesis, hay que saber que Bartok fue absolutamente antifascista y antinazi. Un hombre libre. Un santo, que diría Ansermet. Prohibió que su música se interpretara en esa Alemania. Sería pecado incorporarla a ese documental.
Otra consideración, me la he ganado por el tiempo dedicado: Creo que el guión es mentiroso. Mi conclusión es que la tal Eva era una inconsciente, superficial. Una gran pija. Un ejemplo de la banalidad que decía Hanna Arendt. Como cientos de personajes. Como muchos que nos rodean ahora en España jugando con fuego. (En el documental: “mi lucha necesita odio”. “No podía vencer, pero podía seguir matando”
No lo digo para excusarla sino para prevenirnos: es más peligroso un tonto que un malvado.
Al grano: Nada me ha sonado a Bartok. Normalmente el Anillo, comienzos del Oro del Rhin y de la Valquiria principalmente. Un poco de Bruckner, la 4ª, el scherzo, la primera de Mahler, el final de la novena de Beethoven, Rienzi, Buque Fantasma.
Me ha parecido oír algo de Sibelius. En cuanto a piano al principio parece Debussy (cuando aparece Leni, 12 min 43”) y unos compases oscuros, 24 min 53 “, me suenan a Listz y su Góndola Fúnebre.
No puedo más que encarecer que profundice a Bartok. Su música merece la pena y el autor también. (Cuando pasó el cadáver por Londres llevaron a la Tatcher, pero no sabía realmente de quién se trataba). Y, maliciosamente, he de significar que siendo un gran nacionalista húngaro estudió el folklore de muchos países de Europa Central, Turquía y Arabia. Arrostró iras en su país por estudiar la música rumana. Y abogó siempre por la hermandad entre los sencillos hombres campesinos con los que fue feliz.

Agustín dijo...

Gracias a Juan y a Bruno por las respuestas a mi comentario.
Efectivamente, a los compases del minuto 24,53 me refería.Tambien aparecen en el 9,35 y se prolonga hasta el minuto 10,12. En el 11,10 vuelve a aparecer esa música de piano, que parece una sonata escrita en el siglo XX. En el 14,30, de nuevo.
No es que evoque a Bartok, sino a su obra Musica para cuerdas, percusión y celesta.
Imagino que Wagner no era nazi pero la marcha fúnebre del Crepúsculo de los Dioses es la música más sugerente en los documentales sobre el nazismo.
Hitler decía que las personas van a morir de todas formas, en cambio la nación permanece durante mucho tiempo.
Esa forma de pensar es la esencia de los nacionalismos.
Un saludo.

Bruno dijo...

He repasado los momentos que dice. No me parece el piano de Bartok. Las únicas piezas con ese estilo, aproximadamente,creo recordar que son las bagatelas que son la música más "avanzada" de Bartok al piano.Pero precisamente por esa naturaleza poco melodiosa de esas piezas no las puedo relacionar con lo que sale en el documental, que es muy poco. Lo que le digo categóricamente es que no es la Música para cuerdas.
Evidentemente Wagner no era nazi y se puede emplear esa música ya que es anterior y no se le puede relacionar, a priori, con esos personajes. Yo me niego a considerar que esa chusma se pueda "apropiar" de esa música. También salen ¡Beethoven y Bruckner!. Mahler tiene su gracia pues era judío.
De acuerdo con su último comentario,totalitarismo y nacionalismo. Suele haber muchos puntos comunes. La capacidad de manipular a la opinión pública es enorme. Sólo falta determinación para hacerlo y para apropiarse de los medios necesarios para conseguirlo.

Agustín dijo...

En el minuto 25 del documental vuelve a aparecer esa música.
Es una nota repetitiva, como una campana que toca a muertos y luego viene como un derrumbamiento o rotura con estrépito.
La verdad es que me impresiona esa música.
Saludos.

Bruno dijo...

¿Es posible que su música sea Nubes Grises de Listz?
http://www.youtube.com/watch?v=PDtlN4KoEh8

Agustín dijo...

No, no es ésta. Tampoco la Góndola Fúnebre.
Podría ser una música hecha para el documental y como ésto es subjetivo, a mi me llama la atención pero quizá no sea para tanto.
Estoy intentando quitar la voz del documental y pasarle un programa o web de identificación musical, pero no es fácil.
Le agradezco la contestación (por cierto, LISTZ es un gran compositor un tanto infravalorado, creo yo).

Bruno dijo...

Creo que si que lo es. Busque un pianista que subraye las notas graves que le han impresionado. El trozo que se oye en el documental es nota por nota igual. Creo. Si hay por ahí un pianista nos podía sacar de dudas. El documental está accesible en youtube.

Bruno dijo...

Lo he vuelto a oír en un ordenador bueno. No son nubes grisea.

Agustín dijo...

No, creo que no.
Desde mi modesta comprensión de la música como simple aficionado, yo diría que es una composición del siglo XX o tal vez creada expresamente para el documental.
He buscado mucho por internet y no hay ninguna referencia a la banda sonora de este documental.

Agustin dijo...

Hay un programa, Audiggle, que empezando en el minuto 25 del documental primero no encuentra nada pero luego aparece esta información:
Milan Horvat
ORF Symphony Orchestra
Bruckner: Symphony #4 In E Flat, WAB 104, "Romantic" - 1. Bewegt, Nicht Zu Schell.
Asombroso, aunque la música del piano no la encuentra.

El invitado de Elliot dijo...

Antes de comentar el estudio quiero aclarar que el documental sobre la relación de la Braun con Hitler tiene música original de Sébastien Bonneau. Como ya se ha mencionado en el hilo, se pueden escuchar además algunas piezas "clásicas".

Una vez aclarado el tema paso a felicitar de nuevo al autor del blog. Comparativas como esta me permiten descubrir grabaciones que deconozco y aprender de otras que sí he tenido la oportunidad de escuchar.

Le tengo especial cariño a la versión de Gardiner y mi siguiente paso será encontrar la segunda versión de Pappano.

Gracias y feliz año.