jueves, 4 de junio de 2026

Sinfonía nº 25 de Mozart: discografía comparada

Mozart compuso su Sinfonía nº 25, KV 183/173 dB cuando solo tenía diecisiete añitos, moviéndose entre Viena y Salzburgo. Lo hizo en Sol menor, tonalidad infrecuente en la época que solo volvería a escoger en su celebérrima Sinfonía nº 40. La tonalidad ya dejaba claro el carácter del asunto: vehemente, dramático y de regusto bien amargo. Estamos en 1773, así que hablamos de Sturm und Drang. ¿Cómo interpretar el asunto, pues? ¿Equilibrio clásico, vehemencia protorromántica o quizá teatralidad heredada de tiempos barrocos? Las tres opciones existen. 

Realizando las audiciones, he tenido la sensación de que el primer movimiento es el que mejor interpretan los diferentes maestros, mientras que el segundo es el que sale peor parado: dificilísimo acertar yanto con el tempo preciso como con la expresión. Por otra parte, considero que el Menuetto no se ha interpretado realmente bien hasta la llegada de la escuela historicista. De hecho, considero que a esta obra los instrumentos originales les sientan mejor que los modernos, y que un clave al continuo lo le viene nada mal. Le recomiendo calurosamente que escuche la mayor variedad de opciones posibles: si se limita a una sola línea interpretativa, se perderá bastante "sustancia" de esta obra maravillosa.

Son sus movimientos:

1. Allegro con brio.
2. Andante.
3. Menuetto.
4. Allegro.





1. Walter/Sinfónica de Columbia (CBS,1954). El maestro berlinés contaba setenta y ocho años cuando realizó esta grabación en Nueva York –la orquesta es mezcla de la Filarmónica, el Met y la NBC– en la que nos entrega un Mozart de la más descarada tradición “romántica” centroeuropea: vehemente, flexible, contrastado, marcado más por el arrebato que por el equilibrio entre forma y expresión. No convence el primer movimiento, en exceso nervioso y precipitado, salpicado además por unas cuantas libertades propias de la tradición referida. Por el contrario, el Andante resulta algo pesadote. Decididos y muy bien tensados los dos movimientos restantes, pero carentes de la efusividad y el humanismo que la música también demanda. Correcto sonido monofónico. (7)



2. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1956). Por aquellas fechas Herr Klemperer contaba ya 71 años, pero aún no era el de las tremendas lentitudes por el que ha pasado a la historia. De hecho, los dos primeros movimientos de la interpretación van más rápido que la media y, en general, se percibe una vehemencia que habitualmente no asociamos al de Breslau. Sí que relacionamos con su arte el amargor que borra toda tentación de sensualidad y que preside esta lectura. En cualquier caso, se coloca bastante lejos de Walter: la forma sujeta férreamente la expresión, el rigor es absoluto, la flexibilidad resulta en todo momento muy sutil y la severidad granítica se termina imponiendo. ¿Neoclasicismo frente a Romanticismo? Algo así, pero aún no es “estilo mozartiano”. Imponente la orquesta, muy bien diseccionada. La restauración de 2023 rescata una toma que ha revelado buen sonido estereofónico. (9)



3. Böhm/Filarmónica de Berlín (DG, 1968). Ahora sí que podemos hablar de estilo mozartiano. O más bien de lo que hoy entendemos por tal cosa, porque quizá fuera un invento del propio Böhm. Los dos primeros movimientos son una maravilla, por perfecta síntesis entre elegancia, belleza y hondura perfectamente sostenidas por una tensión dramática mucho menos evidente que la de Walter; más subterránea, pero no por ello menos efectiva. En el Menuetto el maestro pincha, como le suele ocurrir: excesivamente severo. Tampoco convence el Allegro conclusivo, que le queda lento y pesadote, aunque tampoco podemos desdeñar su cantabilidad ni, menos aún, la claridad que consigue pese a contar con una cuerda musculada como la berlinesa. Se recomienda audición en Blu-ray audio. (8)


  

4. Britten/English Chamber Orchestra (Decca, 1971). Desde el punto de vista formal, esta es una interpretación de inmejorable ortodoxia dentro de una aproximación “tradicional renovada”: orquesta de tamaño moderado, articulación fluida, perfecto equilibrio de planos, trazo tan natural como rigurosamente llevado, apreciable belleza formal y extrema depuración sonora. En lo expresivo, sin embargo, esta es una recreación diferente y discutible, tal vez genial, que se encarga de poner por delante de cualquier otra consideración los aspectos más amargos de la escritura mozartiana, particularmente en un Andante algo más lento de la cuenta, pero cargado de profundidad. Sensacional la orquesta: ¡qué maderas en el Trío! Magnífica la grabación. (10) 

 
 

5. Krips/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1973). Consiguiendo la mezcla perfecta entre músculo sonoro y densidad en el fraseo, el maestro vienés ofrece un primer movimiento de acertado carácter urgente y dramático, un Minuetto al mismo tiempo adusto y con fuerza y un Allegro conclusivo que comienza pareciendo en exceso lento, pero que luego convence al estar lleno de fuerza y potencia expresiva, como también de vuelo poético en las frases líricas. No tan conseguido el Andante: anhelante mucho antes que sensual o contemplativo, lo que está muy bien, pero en exceso rápido y un tanto desaprovechado. (9)


 
6. Muti/New Philharmonia (EMI, 1976). Musculado y dramático el primer movimiento, pero de admirable naturalidad en el trazo y bien delineado, sin necesidad de acentuar claroscuros ni de perder esa “elegancia viril” que caracteriza el arte de Muti. Andante llevado como tal, sin lentitud ni pesadez alguna, perfecto en su equilibrio entre belleza y carácter lacerante, si bien tanto en lo uno como en lo otro se podría alcanzar un grado superior. Menuetto algo monolítico; aquí puede hablarse de cierta pesadez. Allegro conclusivo en la línea del inicial. Formidable la orquesta, que suena a Muti y no a Klemperer. Notable sonido en alta resolución. (8)


 
7. Böhm/Filarmónica de Viena (DVD DG, 1978). Aunque el concepto es globalmente el mismo, Böhm acelera de manera significativa el tempo del Andante con respecto a su grabación berlinesa, al tiempo que aligera el fraseo: le queda bien. Lo significativo, en cualquier caso, es la presencia de la Wiener Philharmoniker, sencillamente el mejor instrumento posible para lo que quiere conseguir el maestro con esta música. El resultado es una interpretación más fluida que la de antes y aún más hermosa, aun dentro de esa severidad marmórea que caracterizaba al de Graz. La filmación se realizó en celuloide en un precioso salón vienés. (9)


 
8. Marriner/Academy of St. Martin in The Fields (Philips, 1978). Sir Neville se inserta en la misma corriente de renovación formal que Britten, pero haciéndolo desde parámetros expresivos bien distintos: en lugar del amargor, lo que pone en primer lugar es la elegancia, la coquetería y la chispa de la música mozartiana, que aunque están ahí quizá no sean los factores que hacen grande esta página en concreto. Por eso los resultados defraudan, de manera particular en un Andante rapidito y algo liviano. En los movimientos extremos hay más efervescencia que tensión dramática: no son la misma cosa. Por lo demás, mucha elegancia y pulcritud formal extrema a cargo de una orquesta alucinante y de una batuta cuidadosa a más no poder. Formidable labor la de los ingenieros de Philips. (8)


 
9. Hogwood/The Academy of Ancient Music (Decca, 1979). Los instrumentos originales y la articulación historicista, así como la incorporación de un clave al continuo, se revelan muy convenientes para esta página. Hay que acostumbrarse a la sonoridad ácida de los violines y a la relativa gangosidad de los oboes, pero merece la pena. Otra cosa es que Chris no sea el más transparente y refinado de los directores posibles. Tampoco el más poético, aunque en cualquier caso ofrece una recreación animada, comunicativa y con garra que flaquea por un Andante poco efusivo, incluso algo anodino. (8)


 
10. Bernstein/Filarmónica de Viena (DVD Euroarts y CD DG, 1988). Aunque pudiera parecer mentira, Lenny consigue que los Wiener –siempre rendidos ante la magia de su batuta– suenen con aún mayor belleza y plasticidad que con Böhm. Y lo hace para ofrecernos una interpretación más cálida, sensual y comunicativa, mejor equilibrada entre lo apolíneo y lo dionisíaco, ante la que es imposible resistirse a pesar de que en el primer movimiento se detecte cierta tendencia al preciosismo, en el segundo haya más carácter otoñal –ojo, el tempo es el indicado de Andante– que amargor, y los dos últimos resulten un poco más corpulentos de la cuenta. El Minuetto se encuentra prodigiosamente delineado, mientras que el Finale se encuentra lleno de fuerza controlada. Mejor el vídeo que en el CD: como siempre, ver a Bernstein es una gozada. (9)


 
11. Tate/English Chamber Orchestra (EMI, 1989). La ECO, aun sin la belleza sonora de la Filarmónica de Viena, vuelve a mostrarse como la formación perfecta para la obra, por dimensiones y extremo virtuosismo. Con ella Tate nos ofrece una recreación más cercana que la de Britten, mucho más sanguínea y vitalista, también más rica en concepto. El primer movimiento es el que más me gusta de cuantos he escuchado: implacable, lleno de fuerza y comunicatividad, muy bien desmenuzado sin perder elegancia y belleza sonora. Un poquito más rápido de la cuenta el Andante, aun así espléndido. Demasiado severo el Menuetto, y formidable un Finale dicho de un solo trazo. La toma, siendo muy buena, no llega a la mayor altura posible. (10)


 
12. Abbado/Filarmónica de Berlín (Sony, 1992). Perfecta mezcla de músculo berlinés y agilidad de la batuta en los movimientos extremos, dichos con convicción y expuestos con virtuosismo difícilmente superable. Mucho menos bien el Andante: el maestro no anda descaminado a la hora de subrayar su carácter anhelante, pero aquí ya se evidencia el deslizamiento hacia el Mozart suavón que caracterizará los últimos años de la carrera de Abbado. Sí que convence, y mucho, su manera de aligerar un Menuetto que se suele interpretar con más pesadez de la conveniente. Una delicia las maderas en el Trío. (8)


 

13. Pinnock/The English Concert (DG, 1993). Pinncok sigue a Hogwood, también en la inclusión de un clave –ellos mismos, por descontado–, pero los resultados son mejores. La sonoridad es más carnosa, más natural, y menos encorsetado el fraseo; hay mayor atención a las voces intermedias y se consigue mayor inmediatez expresiva. Flojea, como en el caso de su colega, un Andante francamente insípido. El movimiento inicial es soberbio. El tercero acierta al resultar antes dramático que galante –estupendas las maderas–, mientras el Finale se desborda un poco con tanto pálpito vital. La toma es espléndida e integra de manera satisfactoria el rico continuo del maestro. (8) 
 



14. Ter Linden/Mozart Akademie Amsterdam (Brilliant, 2002). Paso atrás en el mundo historicista: Jaap Ter Linden es un gran violonchelista barroco, pero como director de este repertorio no pasa de la mediocridad. Aunque todo está más o menos en su sitio, las tensiones no surgen, faltan matices y se echan de menos contrastes tanto sonoros como expresivos. El resultado es plano y profundamente aburrido. (6)



15. Adam Fischer/Orquesta de Cámara Real Danesa (Dacapo, 2008). Opción “de tercera vía radical”, si es que se puede decir así: mezcla de instrumentos modernos y antiguos con articulación altamente influida por la praxis historicista. Partiendo desde esta opción formal, el maestro de Budapest ofrece la interpretación más “Sturm und Drang” de todas, auténtica tempestad de tempi rapidísimos, alta flexibilidad en el fraseo, contrastes muy marcados y no poca aspereza en la que le echa mucha imaginación al asunto sin terminar de redondear los resultados. En el movimiento inicial hay descubrimientos tan interesantes como discutibles que restan unidad al discurso. En el segundo, al oyente más tradicional le molestará la escasa vibración de la cuerda y la poca efusividad del fraseo. En el tercero, soberbiamente planteado, hay detalles que la batuta se podía haber ahorrado, mientras que en el Finale Fischer es de los que se deja llevar por la vehemencia. (8)



16. Pinnock/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2008). Salvando el rico y musicalísimo clave al continuo –otra vez Pinnock himself– y la búsqueda de una articulación relativamente ligera, el maestro británico ofrece una lectura de corte tradicional, de enfoque no excesivamente dramático, que sintetiza lo mejor de su lectura historicista de estudio con las posibilidades de una orquesta “normal” de superlativa calidad. El resultado se beneficia de un fraseo elegante y flexible que sienta muy bien a Mozart, como también de una gran tensión y entusiasmo en los movimientos extremos. que destacan por su enorme musicalidad, su calidez, naturalidad y su equilibrio. En el segundo movimiento, aunque mejor y más cálidamente paladeado que antes –bienvenida la recuperación del vibrato–, el artista británico no termina por sintonizar con el regusto amargo que la música parece pedir: su Mozart siempre ha preferido lo galante a lo conflictivo. La filmación resulta un tanto pálida si la comparamos con la soberbia calidad de imagen que hoy ofrece la propia Digital Concert Hall. (9)


 
17. Rhorer/Le Cercle de l’Harmonie (Erato, 2008). Distanciándose muchísimo de los Hogwood, Pinnock y compañía, Jérémie Rhorer propone una lectura de historicismo radical que incluye, como o podía ser menos, elementos de la praxis interpretativa barroca. Así, el fraseo de los movimientos es flexible e imaginativo, pero no natural; más bien forzado, excesivo en los claroscuros, cuando no violento. Los juegos dinámicos no parecen tener un fin expresivo, sino buscar un movimiento continuo para que el oyente no se aburra. En el Andante está muy bien captado el carácter anhelante de las notas, sin que la sensualidad logre de brotar: es lo que ocurre cuando se renuncia a la vibración de la cuerda. Interesantísimo el Minuetto, rústico en el buen sentido y con unas maderas muy carnosas en el Trío. La orquesta es de calidad, si bien las broncas trompas no terminan de empastar. (7)



18. Marcon/Sinfónica de la WDR (YouTube, 2018). El fundador de la Orquesta Barroca de Venecia opta por articulación moderadamente historicista y trompas sin válvulas para una interpretación dotada de sana rusticidad, pero lastrada por desigualdades. Funciona muy bien el primer movimiento, dramático e incisivo, pese a más de un desajuste y cierta tosquedad generalizada. Interesante el segundo, cuyo carácter amargo atiende bien sin necesidad de ralentizarlo. Un poco más de sensualidad no le hubiera venido nada mal. Excelente el Menuetto, de ritmo bien marcado y sin pesadeces. Mediocre el Finale, por precipitado, rígido y ajeno a sutilezas en el tratamiento orquestal. Por cierto, hay algún desajuste demasiado evidente. (7)



19. Kirill Petrenko/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2023). El muy reverberante interior de la Sagrada Familia de Barcelona sirve de marco a esta interpretación expuesta de manera sensacional, pero con las evidentes irregularidades que caracterizan al actual titular de la formación. El Allegro con brio es rapidísimo, rebosa efervescencia sin merma de la claridad, pero da la impresión de que el maestro lo que pretende ante todo es deslumbrar al personal con su virtuosismo. Flojísimo el Andante, un tanto en la línea frívola, ligera en el mal sentido, de un Abbado. El Menuetto es sensacional: sabe mantener su carácter dramático aportando incluso cierto desasosiego, al tiempo que agiliza de manera muy adecuada la articulación. Sublimes las maderas del Trío, mejor que con Pinnock. El Finale sigue la línea del primer movimiento. (8)

1 comentario:

Observador dijo...

Muchas gracias, Fernando. Tengo el CD de la primera grabación de Pinnock y coincido contigo de que el primer movimiento es SOBERBIO (¡esos contrabajos!). También tengo la grabación monofónica de Walter, pero no me gustó. Sí me encantan sus últimas sinfonías estereofónicas con la Orquesta Sinfónica Columbia. Me queda pendiente escuchar las grabaciones de Britten y Tate que no conozco.

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