Anuncia Deutsche Grammophon un ciclo en audio de las sinfonías de Gustav Mahler por Andris Nelsons y la Filarmónica de Viena. Se trata, obviamente, del mismo que su plataforma asociada Stage + está ofreciendo con cuentagotas en vídeo. Parte de él lo he comentado en este blog. Alguna me queda por ver. La Octava aún no se ha filmado: se anuncia en riguroso directo para el próximo 11 de mayo. Comento ahora la Sinfonía nº 1, filmada a finales del pasado mes de marzo con imagen 4K y sonido absolutamente asombroso, sin compresión dinámica y unos graves de infarto. La he visto esta misma mañana y la colgarán de manera definitiva próximamente.
Repárese en que esta es una Primera de Mahler con la Filarmónica de Viena. Cosa rara, porque son poquísimas las grabaciones comerciales que de esta partitura ha realizado la orquesta más idónea del planeta: la filmación de Bernstein de 1974, el audio de Maazel de 1985 y algunas realizaciones ya antiguas de Kubelik y Kletzki. Nelsons hace una versión rematadamente vienesa; no sé muy bien cómo poner eso en palabras, pero ustedes lo entienden perfectamente.
Por lo demás, la orquesta está absolutamente divina, increíble, técnicamente mejor que nunca a pesar de no sonar de manera tan bella como lo hacía entre los años sesenta y ochenta. El maestro letón la trabaja con una técnica de batuta superlativa y obtiene un rendimiento óptimo, con toda la tersura, la sensualidad, la brillantez y la claridad que esta música necesita. Solo por eso, los resultados ya merecen una nota muy alta. Pero luego hay que matizar, porque esta música esconde trampas y Nelsons cae en ellas.
Irreprochable, espléndida toda la introducción: cuerda sublime en perfecto pianísimo y soberbias interjecciones de los primeros atriles. El problema llega, ya se lo están ustedes imaginando, con "Ging heut morgen übers Feld": Nelsons se empeña –como la María de West Side Story– en que todo es "bonito, muy bonito". De acuerdo con que el rubato es novedoso y exclusivamente suyo, pero el concepto con que aborda esta sección ya se ha escuchado muchas veces. Demasiadas. No hay problema en los momentos más extrovertidos: tensión y brillantez están asegurados.
Nelsons no aborda el segundo movimiento con la tensión y el impulso vital de un Solti, aquí inigualable. Al contrario, deja que la música respire, apuesta por la elegancia y –ahí está la clave– sustituye el carácter tantas veces saltarín –incluso repipi– de la sección central por una mezcla muy vienesa de cantabilidad y melancolía, un poco como si estuviese pensando en el universo de la Mariscala. A eso me refería arriba con lo de vienés.
El tercer movimiento está muy bien llevado, pero el enfoque no me convence. El sentido del humor no puede ser tan amable. Tiene que haber más ironía, más mala leche, mayor incisividad sonora y contrastes más marcados. Me gusta hacer música-ficción y pensar que hubiera hecho el judío Klemperer con esta música. Por lo demás, y como era de prever, a Nelsons se le va la mano en el ensimismamiento, incluso en el azúcar, cuando llega eso de "Ich bin ausgegangen in stiller Nacht". Lástima. Por cierto, menudo dominio de la agógica demuestra el señor Nelsons a la hora de ir ralentizando la marcha.
El Finale me parece, sencillamente, la peor música orquestal de Mahler. Bueno, pues nelsons no solo la salva, sino que consigue una de las mejores recreaciones que recuerdo. ¿La mejor de todas, tal vez? LOs momentos más turbulentos están dichos con una firmeza, una lógica en las tensiones y una brillantez bien medida –no hay lugar para el exceso– y una fuerza expresiva que encuentran parangón. ¿Y los más recogidos? Pues miren, me parece haber visto a Nelsons llorar en la primera sección lírica. Lo mismo sudaba demasiado, no sé, pero creo que su rostro estaba verdaderamente emocionado. Yo no lloraría nunca con esta música. Sí con la Sexta, La canción de la Tierra, la Novena o la Décima, enormes obras maestras absolutas, pero no con esta. Nelsons sí, él se la cree de principio a fin y la expresa con emotividad vibrante y sincera ayudado por una orquesta ideal para los fines expresivos que persigue.
Para los amantes de los puntitos: 8 para el primer movimiento, 9 para el segundo –en buena medida por la orquesta–, 8 para el tercero y 10 para el cuarto. Teniendo en cuenta lo increíblemente bien que se ve y que suena, recomiendo el vídeo como primera opción a aquellas personas que se inicien en la obra.

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