sábado, 9 de junio de 2018

Yuja Wang y Prokofiev: un destrozo

Escribo estas líneas a vuelapluma y para desahogarme. Porque amo profundamente la música de Prokofiev. Me encanta su Concierto para piano nº 3. Y lo que acabo de escucharle a la señora Yuja Wang con la Filarmónica de Berlín, en concierto del pasado 13 de abril retransmitido por la Digital Concert Hall, me ha parecido bochornoso. Me da igual que el público de la Philharmonie estalle en aplauso nada más acabar –con frases que son mecanografía pura– el primer movimiento, que Kirill Petrenko ponga cara de estar colaborando con un genio y que los músicos de la formación alemana demuestren su entusiasmo al finalizar.


También me importa un pimiento que a mí mismo su filmación con Claudio Abbado de 2009 que en su momento comenté en esta entrada no me pareciera malo. Lo que hace la pianista china con esta obra me ha parecido ahora de juzgado de guardia, un destrozo en toda regla consistente en tocar de manera por completo mecánica y con absoluta indiferencia expresiva; hay nervio en su recreación, ciertamente, y en grandes dosis, pero no hay diferenciación de atmósferas, ni emotividad, ni ironía. Porque no hay matices. Wang solo convence en la cuarta variación del segundo movimiento, cuyo lirismo onírico recrea de manera admirable adelgazando el sonido al límite y ofreciendo sonoridades mágicas, porque en el resto se impone el más circense virtuosismo. Que haya muchos melómanos que se dejen deslumbrar por eso, por una extrema limpieza digital que no va acompañada de nada más, me resulta de lo más triste.

¿Y Petrenko? Realiza una admirable labor de concertación, pero ahí se queda la cosa. Se puede profundizar mucho más en los significados, marcar mejor las aristas, subrayar la mala leche, colorear con más ajustado idioma los timbres, otorgar más variedad expresiva y, sobre todo, atender de manera más comprometida a la vertiente emotiva de la página: la sección central del segundo movimiento se queda en un lirismo más bien superficial, perdiéndose así todo el contenido emocional de una obra que es más, muchísimo más, que un mero despliegue de ritmos, colores y oportunidades de lucimiento. Hay aquí toda una confesión personal que Petrenko se muestra incapaz de ver. La verdad es que después de haberle escuchado su descomunal recreación de Die Soldaten, este señor me tiene desconcertado, por lo que creo que sobre su futuro como titular de la Filarmónica de Berlín conviene darle un voto de confianza, pero también mantener dudas razonables hasta que demuestre lo que sabe hacer con el repertorio más básico. En cuanto al Tercero de Prokofiev, no hay que irse muy lejos: Lang Lang y Rattle con esta misma orquesta.

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