jueves, 17 de mayo de 2018

Una experiencia estremecedora: Die Soldaten en Múnich

Intentaré ser breve, no solo porque ando escaso de tiempo, sino porque después de esta experiencia no tengo fuerzas para explicarme: el vídeo de Die Soldaten filmado en la ópera de Múnich que acabo de ver en mi equipo es una de las cosas que más impacto me han causado en mis años de melomanía. Hasta ahora de este título solo conocía el DVD de Stuttgart de 1989, musicalmente dirigida por Bernhard Kontarsky y con la propuesta escénica de Harry Kupfer. Esto va muchísimo más allá.



El presente trabajo de batuta basta para considerar a Kirill Petrenko como uno de los directores con más talento de la actualidad. Que conste que un servidor también le ha escuchado cosas un tanto mediocres, pero lo cierto es que aquí realiza una labor descomunal tanto desde el punto de vista técnico como desde expresivo: imposible mayor acumulación de fuerza, de tensión interna y de visceralidad, pero igualmente imposible hacerlo con un grado superior de transparencia, detallismo y control de las masas sonoras. Si ustedes conocen la obra, saben que les estoy hablando de poco menos que de una quimera. Hay que tener un virtuosismo extremo como director de orquesta para conseguir un logro semejante. Lo que sale desde el foso, por descontado, es un horror. Pero un horror perfectamente organizado.

No había visto nunca nada del director escénico Andreas Kriegenburg. Esta producción me ha parecido histórica: respetuoso y libre al mismo tiempo con respecto a la idea original del compositor, el regista alemán hace gala de una enorme inteligencia y despliega los más adecuados recursos para desenterrar toda la mugre que desprende esta obra sin realizar la menor concesión al espectador, pero tampoco sin necesidad de llenar el escenario de vísceras, de violencia ni de sexo explícito. Los personajes se encuentran maravillosamente definidos –magistral la transformación de la protagonista desde niña caprichosa con aspiraciones hasta convertirse en prostituta y pordiosera–, como también lo están las relaciones entre las diferentes clases sociales, por no hablar del virtuosismo teatral que evidencia Kriegenburg a la hora de hacer que se solapen escenas diferentes, tal y como plantea el libreto. Los siete minutos finales de la obra, que ustedes pueden ver en el YouTube que he puesto arriba, dejan con el corazón en un puño.

Tercer pilar de esta producción: la señora Barbara Hannigan, desde luego la más impresionante actriz-cantante desde tiempos de Anja Silja. Tal vez, la más grande de la historia. Importa un cuerno que su instrumento vocal no sea el más adecuado para la parte de Marie. La soprano está en escena casi todo el tiempo, no solo cuando su personaje canta. A través de una gestualidad riquísima y llena de detalles inteligentes, nos cuenta toda una historia de ambición, de contradicciones y de desengaños, de violencia y de muerte. Y lo hace con la más absoluta intensidad emocional: uno no puede dejar de identificarse con la desdichada. Frente a su enorme trabajo, la labor enormemente competente de sus compañeros de reparto –incluida la histórica Hanna Schwarz– pasa a segundo plano.

En cualquier caso, quien ante todo deslumbra en este vídeo es un señor llamado Bernd Alois Zimmermann. Es decir, el compositor. No me quedan dudas de que Die Soldaten es una de las mejores óperas del siglo XX, a la altura de Die Rosenkavalier, Turandot y cosas así. Sí, ya, de acuerdo con que esto se sabía hace mucho tiempo. Pero lo cierto es que mucha gente sigue sin saberlo. Por eso precisamente quiero insistir: vean este vídeo, por favor.

Y ahora preguntarán ustedes: ¿cómo hacerlo? No hay edición comercial, pero la ópera de Múnich retransmitió una filmación en streaming para sus abonados. Alguien la ha subido a internet a través del sistema de torrents. En este enlace de rutracker podrán localizar el vídeo de marras, aunque antes tendrán ustedes que inscribirse en la página, si aún no lo han hecho (es gratis). Se encontrarán con dos archivos mpg que ocupan cerca de cinco megas entre ambos. La calidad visual es deficiente a ratos: parte del primer acto presenta problema de sincronización. La toma sonora, por el contrario, es portentosa. A la espera de que a alguien se le ocurra editarla en DVD, no duden hacerse con el documento de esta manera: estamos hablando de uno de los más grandes vídeos de ópera que existen. Así de claro.

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