domingo, 1 de enero de 2017

Dudamel ofrece el Concierto de Año Nuevo más basto

Ya desde el mismísimo arranque, con una marcha de la opereta Wiener Frauen de Lehár que sonaba a auténtica pachanga y un vals Les Patineurs de Émile Waldteufel prosaico a más no poder, quedaba bien claro que Dudamel se iba a estrellar en este Concierto de Año Nuevo de 2017. Así ha sido a entender de quien esto suscribe, particularmente en una primera parte que para mi gusto se sitúa en el nivel más bajo de la historia reciente de esta cita vienesa. En la segunda las cosas mejoraron de manera más o menos considerable, pero aun así el maestro venezolano tiene el dudoso mérito de haber firmado uno de los pocos conciertos realmente fallidos de la serie, junto con los dos que ofreciera (2011 y 2013) un vienés de pura cepa, Franz Welser-Möst, probablemente aún más mediocres que el de esta misma mañana.


¿Virtudes de Dudamel? Energía, energía a raudales. Entusiasmo, extroversión a tope, fresquísimo sentido del humor antes rústico que suave, lo que me parece una opción muy plausible– y una enorme comunicatividad. ¿Insuficiencias? Sonoridad tosca, amazacotada, poco transparente y nada vienesa. Escasísima sutileza en el fraseo. Uso más bien parco y forzado del rubato. Desinterés absoluto por la sensualidad, la delectación melódica, la galantería y la ligereza bien entendida. Y unos arrebatos temperamentales en busca del aplauso fácil, sobre todo en las codas, que hacían sonar a la pobre Filarmónica de Viena como una banda de pueblo. Que sí, que Carlos Kleiber también corría, apostaba por lo trepidante e inyectaba una electricidad tremenda, pero lo hacía con una elegancia, una finura de trazo y un sabor vienés incuestionables. Dudamel no está por la labor. O no sabe hacerlo.

Así las cosas, quienes no hayan escuchado el concierto ya pueden imaginar que los valses fueron quienes salieron peor parados y las polcas rápidas las que, merced a la enorme energía desplegada por la batuta, consiguieron engancharnos y hasta hacernos perdonar la tosquedad generalizada de lo que se escuchaba.

Debo hacer alguna excepción. El vals Las mil y una noches me ha gustado bastante, y en El Danubio azul he encontrado ganas de hacer las cosas bien y fuerza expresiva, ya que no precisamente magia sonora. Y la salida de la luna de Las alegres comadres de Windsor, además de ser una música maravillosa, ha estado dirigida de manera formidable. Aunque claro, uno recuerda lo que en la obertura de esta ópera de Nicolai hacía el citado Kleiber exactamente con el mismo pasaje y queda bien clara la diferencia entre lo excelente y lo sublime.

En fin, el año que viene vuelve Muti. Personalmente hubiera apostado por Prêtre y Barenboim, pero seguro que el napolitano lo hará mucho mejor que el señor Dudamel, quien en cualquier caso se va a hartar de vender discos. Que le aproveche.

12 comentarios:

agustin dijo...

Buenos días y feliz año nuevo.
Aguardaba con mucho interés su crítica del concierto de Año Nuevo y aunque comparto muchas de sus apreciaciones, me parece excesivamente dura.
En primer lugar, la Filarmónica de Viena, a pesar de Dudamel seguramente, estuvo inconmensurable.
Naufragó en el Danubio Azul, la obra emblemática de este concierto, pero estuvo fenomenal en la marcha Radetzki.
Para mí, se equivocó en la elección del programa.
Sin embargo, los dueños de la Filarmónica de Viena tienen que estar contentos porque mostró al mundo que es la mejor orquesta del idem, algo que otros años no aparecía tan claro.
Habrá que seguir con interés a este director, no olvide que en el mundo de hoy lo que importa es vender discos y EL ARTE está en retroceso.
Para acabar, yo diría que imita bastante a Rattle, en lo de la sonrisa permanente y los aspavientos. Si a base de sonreir, Rattle consiguió el puesto más ambicionado del mundo musical ¿por qué no hacer lo mismo?
Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por compartir tus impresiones, Agustín. No sé si me he pasado de duro. Lo que sí sé es que nunca he visto semejantes discrepancias entre las críticas publicadas: Reverter lo ha puesto por las nubes, Arteaga lo ha encontrado un tanto rígido primero y muy festivo después, el de El País en exceso serio... Como si cada uno hubiese escuchado un concierto diferente.

agustin dijo...

He leido la crítica de Reverter y estoy mucho más cerca de la de ud.
Reverter ha escuchado "otro" concierto.
En realidad, el concierto lo ha salvado una increíble Filarmónica de Viena, mejor que nunca.
¿Mérito de Dudamel o de los músicos?
Saludos.

amd dijo...

A Welser-Möst le escuché el primero de sus dos años. Al siguiente no quise ni oirle.
Pero este de anteayer es el peor Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena que he oído.
Para mi no hubo por donde cogerlo.
Lo único que me resultó "festivo" fueron los pantalones de chaqué a lo Cantinflas de Dudamel.
Se fijaron Vds. en las caritas de pena y aburrimiento de los músicos?

Bruno dijo...

En general coincido con ud. Las piezas tampoco ayudaban. Estuvo agarrotado y controlador. Puro cuidado en exclusiva de la calidad sonora.
A Dudamel le seguirán apoyando porque ya es el icono de ese sector y ese concierto es la coartada cultural de mucho progre. Con cumplir con ello ya tienen el título de entendido, dilectante y comprometido. Y culto de narices.
Lo de dirigir sonriendo constantemente , pase lo que pase, sea la música que sea, me pone de los nervios.
Lo de dar la mano al concertino a cada compás era un simulacro de felación y agradecimiento por tolerarle en el podium.
En el documental del intermedio apareció una persona mayor durante un segundo, mas o menos. Igual se les escapó. ¿Los han exterminado ya?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por vuestras aportaciones. Ahora me siento menos solo, aunque verbalmente algunos colegas me siguen haciendo comentarios insidiosos...

Javier Sanjurjo dijo...

Buenos días, en efecto aquello no fluía. La música parecía estancada. Contrariamente a lo que su gesto risueño parecía indicar. Pero ahí estaba el problema. La distancia sideral entre el gesto y el resultado. Forzadamente risueño el primero, muy anodino el segundo. Es muy complicado el vals y llevarlo de memoria no te salva. Quedan más al aire tus vergüenzas, si cabe. El Danubio resultó ser un rio sin caudal, sin apenas corriente. No había peces. Algún nenúfar, todo lo más. Y algún error en forma de entrada.
Al final, quiso resolver la papeleta con un Radetzky repleto de dinámicas inexistentes. Ahí se convirtió en 007, con licencia para matar....a Strauss. Los palmeros, eso sí, multiorgásmicos. Y todos tan contentos por el éxito del efebo que se atrevió a echarle un pulso a Kleiber. Es el signo de los tiempos.
P.D Cuidado con encumbrar a otros efebos domésticos. La caida puede ser terrible.

Bruno dijo...

Yo mencioné lo inadecuado del programa para obtener un éxito inmediato. Había mucha música de medianía. Nada que ver con el repertorio habitual, que por algo es el habitual.
Pero me he encontrado con otra hipótesis. Que era un repertorio difícilmente comparable. Hay que tener mucha seguridad para enfrentarse a comparaciones que siempre se hacen en este concierto. Una idea que es pura maldad, pero verosímil. No era la ambición comercial de ampliar un repertorio con gangas.

Fernando (Medellin) dijo...

Después de ver algunos apartes del concierto dirigido por Dudamel, me adhiero a que su manera de acercarse a estas obras, desde lo rustico, es un enfoque equivocado. Para salvar el día, revise el concierto dirigido por kleiber en 1989.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias a todos por vuestra participación.

Acabo de terminar el SACD de aquél memorable concierto de Kleiber de 1992. Y otra vez me he maravillado. Casi del todo: Danubio azul y Marcha Radetzky me han gustado menos. Pero el resto cvreo que es un prodigio de principio a fin. ¡Qué manera de conjugar elegancia, ligereza bien entendida, picardía, impulso dancístico y electricidad! ¡Qué inigualable sentido de la agógica! Seguro que somos muchos los que pensamos que Kleiber ha sido el único equiparable a Karajan en la cita del 1 de enero. Todos los demás, Maazel incluido, están un paso por detrás de esos hitos. Saludos.

agustin dijo...

BRUNO:

Creo que por ahí iban los tiros, no se puede comparar lo que no se conoce.
A mí me sorprendió mucho el programa y me decepcionó en gran medida, pero es casi seguro que pensara éso de que "las comparaciones son odiosas".
Nada que ver con la elegancia de Kleiber o la perfección de Karajan, pero pienso que no estuvo rematadamente mal.
Discrepo de los que dicen que ha sido el peor concierto de Año Nuevo de la historia y también de los que lo alaban exageradamente sin base.
Personalmente, me gustaría que le diesen otra oportunidad.
Saludos.

Ernesto Nosthas dijo...

Aplausos a una reseña equilibrada y bien preparada, la cual suscribo casi en su totalidad. Sin embargo yo sere mas acido: ya tuve la oportunidad de ver el concierto completo, y sin mediar cejo coincido es que esta edición ha sido la expresion mas vulgar y mediocre de este Concierto del cual tenga memoria.

Todos admiran la rabiosa alegria y ademanes de Dudamel como si estos actos de histrionismo barato realmente se traducen en que la obra se aprecie mejor y la musica eleve su majestuosidad. Reiner podrìa coreografiar los movimientos de su batuta en el perimetro de un sello postal y su interpretacion vale millones mas que las batucadas del rizos.... y este caso, en Viena fue mas que evidente.

Como no recordar la deslumbrante belleza y elegancia que Pretre nos dio hace unos pocos años, y no tuvo que brincar como esquizofrenico para lograrlo. El inicio fue caotico... al igual que con su triste rendicion del Zarathustra en un CD de reciente factura, nos llevo de la filosofia de Nietzsche hacia el terreno de Star-Trek, en Viena con sus "Patinadores" nos llevo a los X-games. Su adrenalina sobredimensionada se llevo bien con las Polkas que intrepreto siempre que en vez de bailarlas nos sirvan para ilustrar una saga de los Transformers.... FATAL....

Regresen al Dudy a Los Angeles, alli podria hacerle un contra-fuga a algun rapero con mayor acierto.