lunes, 2 de enero de 2017

Dos discos de Valses y polcas en Berlín (y II): Fricsay

El segundo disco que comento con obras de Johann Strauss hijo menos la Marcha Radetzky, que es del padre grabado en Berlín es el que editó DG en 1961 con Ferenc Fricsay al frente de la Radio-Symphonie-Orchester de la entonces capital de la RDA. La verdad es que la orquesta era por aquellas fechas una formación de mediana categoría, muy por debajo de la opulencia sonora de la Berliner Philharmoniker del CD Karajan que ya comenté. La toma sonora, más bien distorsionada, también está lejos del ideal. Pero interpretativamente hay aquí verdaderas joyas.


La obertura del Murciélago abre el disco. Sin ser una interpretación con especial chispa ni electricidad, y pese a un vals al que le falta un punto de impulso, lo cierto es que uno no puede resistirse al fraseo insinuante, erótico por momentos, del que hace gala una batuta que paladea las melodías con delectación y juega muy bien con los rubatos y los silencios.

En la Annen-Polka de nuevo nos encontramos ante un fraseo curvilíneo e insinuante a más no poder, lo que unido a una buena dosis de empuje y decisión da como resultado una portentosa lectura que deja bien claro que la ligereza bien entendida no tiene que resultar sinónimo de preciosismo o amaneramiento. Claro que el plato fuerte del disco es un Vals del Emperador dicho con una mezcla de elegancia, lirismo y agilidad fuera de lo común, fraseado con un vuelo melódico embriagador y con un perfecto uso del rubato, hasta desembocar en una sección final mágica, de una poesía melancólica en absoluto decadente pocas veces escuchada.

La Polca Tris-Tras también recibe una irresistible recreación, trepidante a más no poder y con una chispa incomparable, aunque es verdad que de tanto frenesí las líneas no están del todo clarificadas. Lo que menos convence es la Marcha Radeztky, que para algunos paladares puede resultar frivolona, pimpante incluso; también sorprende de manera negativa que la orquestación no sea la habitual, sino la realizada por un tal Ertl.

Aunque ofrece una buena dosis de sensualidad y de ensoñación bien entendida, no es la del Danubio azul una interpretación dentro de la línea vienesa ortodoxa, es decir, ante todo elegante, refinada, aérea y con un grado de decadentismo; resulta más bien viril, decidida y entusiasta, diríase que carnal más que espiritual, o fogosa antes que lírica, pero en cualquier caso muy comunicativa.

Viene a continuación una Éljen a Magyar de antología, llena de brío, de humor y también del aquí necesario sabor húngaro, aportando la orquesta un punto de rusticidad que otorga un sabor muy atractivo. Cuentos de los bosques de Viena, en interpretación muy en la línea de la del Danubio azul, cierra este disco estupendo aunque difícil de encontrar. Permítanme que les dé envidia: lo pillé por 1 euro en "La metralleta". Claro que quizá ustedes lo puedan localizar en algún otro sitio...

2 comentarios:

Mario Gutiérrez dijo...

Una pequeña puntualización: en 1961 la capital de la RFA era Bonn, ciudad natal de Beethoven.
Gracias por la reseña y un cordial saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Jajajajaja, ¡por supuesto, amable Mario! No es la primera vez que meto la pata de una manera tan considerable. Obviamente se trata de un lapsus, que me apresuro a corregir: llevo muchos años explicando en clase que la modesta y provinciana Bonn, ciudad que he tenido la suerte de conocer, se convirtió en capital de la RFA. Quise decir de la RDA, obviamente. Aunque eso tampoco sería muy sensato por mi parte, porque en realidad la orquesta fue creada, si no me fallan los datos, en el sector americano de la ciudad. Gracias mil y un cordial saludo.