Vuelve a visitarnos Teodor Currentzis, un artista de inmenso talento al tiempo que uno de los más irregulares directores de orquesta que hayan existido. Yo diría que al mismo nivel que un Lorin Maazel, que ya sabemos que podía moverse entre la genialidad absoluta y el extremo opuesto pasando por una amplia gama de posibilidades. Tiene gracia que precisamente traiga en los atriles de su orquesta musicaEterna una obra de Maazel. Arreglada por el franco-americano, al menos: El anillo sin palabras, síntesis sinfónica sobre la Tetralogía de Richard Wagner que un servidor pudo escuchar en el Teatro de la Maestranza con Maazel himself en el podio.
Es también Currenztis un tío raro. Muy raro. Y fascinante. Le entrevisté hace muchos años en un piso que tenía alquilado en Madrid cuando dirigía -de manera admirable- el Macbeth verdiano. Habla bajo, transmite relajación y genera un clima de confianza. Tanto, que me atreví a confesarle lo poco que me gustaba su celebérrimo Réquiem de Mozart. Por su parte, el ateniense me dijo que sufría mucho, muchísimo. Creo que no era postureo. Hay una relación proporcional entre grado de dolor que albergan las partituras e implicación expresiva del maestro. Otra cosa son los resultados, claro. Lo que conozco de su Shostakovich, por ejemplo, se mueve entre lo magnífico y la referencia absoluta -Décimocuarta sinfonía-. Por eso mismo sospechaba que una página como el War Requiem de Benjamin Britten le tenía que venir muy bien. Efectivamente.
La filmación es del 7 de junio de 2024 y la ha subido a YouTube la propia Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart. No hay excentricidad alguna en su recreación. Tampoco especial creatividad. No descubre nada nuevo. Currentzis deja a la música hablar, y lo hace con total sensatez aportando un notable estudio de tensiones y mucha sinceridad expresiva. No siempre alcanza la mayor inspiración, pero el nivel medio es francamente alto y a veces llega a excepcionalidad. El trabajo con la notable formación alemana es bastante bueno, aunque me ha gustado todavía más el que realiza con los muy diversos coros congregados: me ha recordado a aquella maravillosa producción de The Indian Queen de Purcell que le vimos en el Teatro Real. Una pena que la toma de sonido, siendo muy buena, no ofrezca la gama dinámica extrema que la partitura demanda.
Matthias Goerne tiene la voz ya gastada, pero no precisamente ("I knew you in this dark") su enorme sabiduría en el decir. Junto a él nos deslumbra el tenor Allan Clayton: voz hermosísima, perfecto estilo british, línea de canto sin fisuras y emotividad sin amaneramientos. Nada menos que Irina Lungu es la soprano: se podía esperar que se quedaría corta en una parte que demanda cierto peso vocal, pero a la postre está espléndida.
En fin, la mejor en vídeo que conozco es también la mejor de todas, la de Pappano en Salzburgo, pero resulta difícil de encontrar. Esta que ahora comento queda solo un paso por detrás, a la altura de Nelsons y Rattle, y por encima del gélido Gardiner. Una cosa más: a Currentzis se le derraman las lágrimas en los últimos compases de la obra. Me pasó a mí cuando descubrí la obra, en directo y con Rostropovich. Y este último me dijo en la firma de autógrafos que le había ocurrido exactamente lo mismo. ¿Qué tendrá esta partitura?

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