martes, 17 de junio de 2014

“Toma nota, Fabra”: La forza del destino en Les Arts

En la función de La forza del destino del pasado sábado 14 de junio, última de las cuatro que ofrecía el Palau de Les Arts en su VII Festival del Mediterrani, el público ofreció la esperada y muy merecida muestra de cariño hacia un Zubin Mehta que se marcha de Valencia harto del escaso compromiso de la clase política sobre este proyecto musical y, sobre todo, del ninguneo al que le han sometido a lo largo de estas últimas semanas con el objetivo muy probable de conseguir precisamente esta reacción del veterano maestro indio.

Tras el previsible “No te vayas, Zubin” que gritó alguien del respetable, los aplausos fueron largos y las ovaciones intensas, además de muy significativas por la presencia de la reina en uno de los palcos. Lo que no se esperaba es la adición final que realizó una melómana: “Fabra, toma nota”, exclamó en referencia al presidente de la Generalitat, a la sazón uno de los acompañantes de Su Majestad y responsable último del hundimiento de Les Arts. Los aplausos a esta nueva reivindicación fueron mucho menores, algo que se comprende perfectamente habida cuenta de que con toda probabilidad la mayoría de los valencianos que estaban en la sala votaron al Partido Popular y, claro está, no es lo mismo darle un meneo a la Consellera de Cultura –María José Catalá había sido intensamente abucheada días atrás– que al Molt honorable Senyor President. Pero yo me voy a permitir continuar con la reivindicación.

laforza

Toma nota, Fabra, de que la Orquesta de la Comunidad Valenciana, esa misma a la que habéis condenado a lenta pero imparable agonía negándose a cubrir las plazas vacantes, provocando la marcha de Mehta, sugiriendo la posibilidad de contratar a un titular valenciano (¡seréis catetos!) en lugar de buscar la mejor relación calidad-precio entre el panorama internacional y, a la postre, causando el goteo incesante de primeros atriles que se marchan en busca de perspectivas más halagüeñas, sonó todavía el sábado como la mejor de España, con apreciable diferencia sobre cualquier otra, y desde luego por encima de la media europea en lo que a formaciones de foso se refiere.

Toma nota de que aun sin hacer gala de una especial creatividad –cosa que sí ocurrió en el Otello del año pasado– y quedándose en la genial obertura, en cualquier caso admirable, por debajo de lo que con ella hizo su gran amigo Barenboim con la Orquesta del West-Eastern Divan en Sevilla, Zubin Mehta dirigió esta obra de una manera espléndida, en un estilo muy alejado de ese Verdi electrizante, teatral y un punto áspero de la tradición de un Toscanini o un Muti, pero en cualquier caso perfectamente adecuado para el compositor italiano merced a su calidez y su cantabilidad, siempre haciendo gala de un fraseo amplio, flexible, sensatamente matizado y dotado de la adecuada variedad expresiva. Todo ello, además, modelando de manera admirable a la orquesta, guiando con sensatez la gran musicalidad de los solistas y sabiendo reivindicar los pasajes más débiles de la escritura verdiana, que en esta obra tan irregular no son precisamente pocos (¡maldito Rataplán!).

Toma nota de que el elenco alcanzó un nivel extraordinario. Cierto es que, mirados uno a uno, a todos los cantantes se les podía poner alguna pega más o menos seria, pero también es cierto que en La forza resulta difícil encontrar voces que puedan con sus respectivos roles. Lograr un equilibrio adecuado entre todos los solistas con un nivel suficiente o más para todos ellos, sin que flojee ni uno solo de los principales o de los secundarios, resulta poco menos que imposible incluso para teatros de primera categoría, cosa que es precisamente la que ha logrado Les Arts.

Toma nota de que la intendente Helga Schmidt ha marcado un tremendo gol contratando desde el año pasado a Gregory Kunde para estas fechas en cuanto vio los formidables resultados de su Otello verdiano; como Don Álvaro tuvo la noche del sábado problemas que no podemos ocultar –en el primer acto caló de manera evidente y, en general, se mostró muy incómodo en la zona de paso–, pero a su edad el tenor norteamericano posee una zona aguda muy poderosa, aguanta el largo papel hasta el final y sabe cantar con estilo, intensidad y arrojo la parte más dramática de su rol, que es precisamente con la que la mayoría de sus colegas no pueden.


Toma nota de que Les Arts ha marcado otro gol contando con Liudmila Monastirska (¡próxima Lady Macbeth de Barenboim!) para el rol de Leonora de Vargas, uno de los más endiablados del repertorio verdiano, pues la señora “las ha dado todas” con una voz extensísima, homogénea y perfectamente timbrada que sabe, a pesar de su robustez, modelarse con hermosos reguladores y medias voces de gran seguridad; ya aprenderá a otorgar a su fraseo mayor variedad expresiva y una comunicatividad más a flor de piel –también a mejorar su italiano–, que con lo que nos ha ofrecido podemos considerarnos afortunadísimos.

Toma nota de que todos los demás, sin ser los cantantes ideales, cumplieron muy sobradamente con sus partes haciendo gala de voces de calidad y gran entrega expresiva –mérito en buena parte, me consta, de un Mehta riguroso e incansable en los ensayos–, desde un rocoso Simone Piazzola como el malvado Don Carlos hasta el sonoro Fray Guardiano de Stephen Milling, pasando por la muy bien cantada Preziosilla de Ekaterina Semenchuk –hizo lo que pudo con tan insoportable papel–, el por ventura nada excesivo Fray Melitone de Valeriano Lanchas o el excelente Trabuco de Mario Cerdá.

Toma nota de que no hay mucho coros de ópera por ahí mejores que el de Coro de la Generalitat Valenciana (o sea, el vuestro), y que a una formación tan excelente no se le pueden negar (lo cuenta Atticus en su excelente crónica) los refuerzos que para la ocasión necesitaba, por mucha crisis que haya (¿acaso contratar a cantantes no ayuda a las familias a salir económicamente adelante?).

Toma nota de que la producción propia a cargo de Davide Livermore, ninguna maravilla pero dignísima, es un ejemplo de cómo hacer las cosas con solvencia, sensatez y un punto de originalidad –nada de sacar los pies del plato, aunque hubiera más de una ridiculez que se podría haber evitado– gastando poco dinero y proponiendo, por encima de una dirección de actores buena sin más, un atractivo planteamiento visual de gran fuerza plástica, plagado de referencias cinéfilas (¡soberbio el cartel cinematográfico que nos recibía en la puerta del teatro!), a cargo del propio Livermore –en blanco y negro, más un rojo usado de forma en exceso convencional–, que se benefició de la espléndida luminotecnia de Antonio Castro.

Toma nota, finalmente, de que las tremendas ovaciones que se escucharon él sábado, no ya las dedicadas a Mehta sino las recibidas por los diferentes cantantes, no son en absoluto habituales entre el público más bien frío de Valencia, y que estas fueron las propias de una gran noche de ópera que, en un título tan difícil de servir bien como es La forza del destino, solo está al alcance de un centro lírico de primera magnitud. En este caso el Palau de Les Arts, que se ha convertido por derecho propio en un patrimonio cultural de extraordinaria importancia para la Comunidad Valenciana. Un patrimonio de cuya pérdida en gran medida ustedes, y no solo la crisis, serán culpables.

6 comentarios:

Mª Dolores dijo...

No todos los Valencianos que estábamos eramos votantes del partido popular , puedo asegurar que habíamos muchos allí que jamas les hemos votado
Lo siento pero tenia que hacer esta aclaración

Mª Dolores dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Por supuesto que no todos los valencianos son votantes el PP, faltaría más, aunque los resultados electorales no dejan dudar que sí son mayoría.

Por otro lado, votar a este patido o a cualquier otro no debería nunca suponer un cheque en blanco a los políticos: podemos estar de acuerdo con una determinada línea de actuación y votar repetidamente a unas siglas a pesar de sus errores, pero eso no impide que ante determinadas acciones puntuales que nos parezcan censurables podamos mostrar con fuerza nuestra desaprobación a los mismos que hemos apoyado en las urnas.

Por lo dicho, no creo que los melómanos del PP debieran cortarse a la hora de plantear sus reivindicaciones musicales ante Fabra y compañía. Menos aún en el caso de los que no votaron al PP, por descontado. Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Por supuesto que no todos los valencianos son votantes el PP, faltaría más, aunque los resultados electorales no dejan dudar que sí son mayoría.

Por otro lado, votar a este patido o a cualquier otro no debería nunca suponer un cheque en blanco a los políticos: podemos estar de acuerdo con una determinada línea de actuación y votar repetidamente a unas siglas a pesar de sus errores, pero eso no impide que ante determinadas acciones puntuales que nos parezcan censurables podamos mostrar con fuerza nuestra desaprobación a los mismos que hemos apoyado en las urnas.

Por lo dicho, no creo que los melómanos del PP debieran cortarse a la hora de plantear sus reivindicaciones musicales ante Fabra y compañía. Menos aún en el caso de los que no votaron al PP, por descontado. Un saludo.

Bruno dijo...

Creo que se intenta una correlación cruzada de difícil confirmación. Una población 1A están en contra de Fabra y Consell respecto al Palau. Otra es indiferente 2A.
Otro grupo de otra población 1B es favorable "globalmente" al PP y otro al Resto 2B.
Muy arriesgado que las personas 1A corresponden a 1B y el otro par.... Los del PP, supuestos asistentes al Palau, ¿no pueden estar en contra de esta singular política?¿Pitar a Fabra equivale a dejar de votarle?
Evidentemente no me gusta clasificar políticamente a los melómanos.

Miguel dijo...

Memorable versión, y estoy seguro de que no tomaron nota. Les gusta más Pimpinela... Saludos desde Valencia.