domingo, 9 de marzo de 2014

Falleció Mortier

O al menos es lo que se anuncia en el blog Parterre Box, que en estas cosas no se suele equivocar. Yo siento la noticia doblemente: por la persona y por la música en Madrid. Y es que, a pesar de esos muy evidentes defectos de los que aquí no he dejado de hablar cuando lo he considerado oportuno, Gerard Mortier ha hecho muchas más cosas positivas que negativas por el Teatro Real, y las podía haber seguido haciendo. Me gustaría destacar una virtud por encima de cualquier otra: partir de la creencia de que a la ópera no se va principalmente a pasar el rato, con todo lo que de ello se deriva a la hora de programar.

mortier

Asimismo quiero lamentar que en estos últimos meses algunos hayan hecho leña del árbol caído. Y que, al igual que algunos medios se instalaran en una cómoda actitud de complacencia hacia todo lo que hacía el gestor belga, determinados críticos le torpedearan desde el principio con un odio, una saña y una capacidad para la manipulación como pocas veces he visto en el mundillo musical. No hace falta decir nombres, como tampoco aclarar que semejantes señores son los mismos a los que, mucho antes de la llegada de Mortier a nuestras latitudes, he considerado como realmente peligrosos para el progreso de la música en nuestro país.

Le echaremos de menos, Don Gerard. Al menos algunos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Precisamente por entender que "a la ópera no se va principalmente a pasar el rato", Gerard Mortier tenía el prestigio de que gozaba -mal que le pese a muchos- y daba prestigio allá donde fue. Y es que jamás pensó el Teatro Real tener la relevancia mundial que le aportó el director artístico belga: estrenos mundiales, participación en producciones de éxito internacional(estoy pensando en "The passenger" de Weinberg, de lo mejor que he visto en años: por cierto, ¿se verá en Madrid...? Creo que no. Menos mal que queda el DVD), apostar fuerte por compositores contemporános y/o poco conocidos, redefinición de clásicos... Todo ello para que el Real tuviera su sitio en el panorama internacional y para que el público, precisamente, tuviera un espíritu crítico.
Tampoco estoy de acuerdo con muchas de sus opiniones/propuestas, pero era eso lo que él buscaba. A veces le perdía las formas... pero tenía sus puntos de vista y los defendió siempre, frente a todos. En los tiempos actuales de mediocridad y politización eso es un valor.

Por cierto, y para terminar, la clave de todo lo que pasa en este país en relación a la música clásica -y en todos los ámbitos, dicho sea de paso- es el sectarismo y los prejuicios que provoca la politización. Si un profesional es muy bueno, ¿qué me -nos- importa lo que piense? Que cada cual esté bien convencido de sus ideas. Pero no: aquí o eres de uno u otro partido/ideología/secta (todos, me da igual), o van a por ti... En este caso, Mortier fue la penúltima víctima.

En fin: el tiempo pondrá a cada uno en su sitio.

Soy de los que le echaremos de menos, señor Mortier. Siempre en el recuerdo.

Un saludo cordial,
Alberto.


Juan José Roldán dijo...

Lamentablemente en sus últimos coletazos de vida no sólo tuvo que lidiar con una cruenta enfermedad sino con las zancadillas que le pusieron unos políticos mediocres y un público cateto, el del Teatro Real, incapaz de comprender su genialidad y su visión de futuro, por mucho que naturalmente todo no lo hiciera bien, algo tan legítimo en cualquier ser humano. Con él quedó demostrado una vez más que éste es un país a menudo ingrato e injusto.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Completamente de acuerdo con los dos. Gracias por compartir vuestra impresiones.

Ah, a mí también me encantaría ver en directo La pasajera. El DVD me parece acojonante.

Bruno dijo...

Me toca ya muy de lejos el Teatro Real. Pero me llama la atención la persistencia de ir a la ópera a pasar el rato. Realmente hace falta en estos tiempos ser masoquista para elegir precisamente la ópera para entretenerse sin gustarle a uno la música.
El teatro, la lectura y los museos son actividades culturales. Uno se divierte, se asombra, se distrae, etc...siempre que entienda algo.
A estas alturas construir y mantener un teatro de la ópera para pavonearse dice mucho de la cultura de los españoles. Y aprovecho para insistir en la deficiente calidad de la enseñanza básica.