viernes, 7 de marzo de 2014

Nueva Séptima de Mahler por Chailly

En el caso de escoger una sola interpretación discográfica de la tan fascinante como desequilibrada Séptima Sinfonía de Mahler –no me me negarán ustedes que los movimientos primero y tercero, sin duda geniales, son muy superiores al resto–, me quedaría con la que grabó Riccardo Chailly en 1994 para Decca al frente de la asombrosa Orquesta del Concertgebouw, al menos de entre las grabaciones que conozco y dejando a un lado la discutibilísima de Otto Klemperer, que es “otra cosa”: el maestro milanés, además de ofrecer una arquitectura irreprochable, de desplegar un colorido de riqueza extraordinaria y de mantener de manera excelente el pulso a pesar de unos tempi tendentes a la lentitud, logró equilibrar todos los componentes de la partitura con plena convicción y sin la menor concesión a la frivolidad o al efectismo, pero tampoco sin necesidad de cargar las tintas sobre los aspectos más escarpados de la obra ni de reinterpretar lo que está sobre el papel, que es lo que hacía el de Breslau.

Chailly

Pues bien, el 28 de febrero pasado –hace apenas unos días–, Chailly ha vuelto sobre la obra con cámaras y micrófonos por delante, añadiendo así un eslabón más al ciclo Mahler que está registrando frente a la formación de la que ahora es titular, la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig. Como el canal Arte está ofreciendo la filmación –de momento algo chapucera visualmente hablando: supongo que la arreglarán para el DVD–, les recomiendo a ustedes que le echen un vistazo (aquí está el enlace, no sé por cuánto tiempo disponible), y aprovecho para decirles que a mí me ha resultado una relativa decepción.

¿Relativa? Pues sí, porque como puesta en sonidos esta Séptima es un verdadero prodigio: no solo la orquesta toca asombrosamente bien, sino que Chailly obtiene de ellas un colorido tan rico como antes (¡o más aún!), unas texturas con la incisividad en el punto justo que demanda Mahler y una claridad absoluta a pesar de que los tempi son ahora más premiosos. Todo ello, además, inyectando energía, convicción y sentido teatral, captando la atención del oyente desde la primera nota hasta la última haciendo gala de una fabulosa inmediatez expresiva.

Lo que ocurre es que a mí el concepto que ahora Chailly tiene de la obra me convence mucho menos que el de antes. El maestro ha evolucionado de manera considerable en los últimos años en busca de la ligereza, no solo en tempi sino también en densidad sonora y, lo más importante, densidad expresiva. Esto, traducido a la Séptima de Mahler, significa más luz y menos tinieblas; más sentido lúdico y menos atmósfera opresiva; mayor jovialidad y un menos desarrollado sentido de lo macabro. El admirable equilibrio conseguido por el maestro en su registro para Decca se ve así sustituido por un enfoque en buena medida festivo que a mí, sinceramente, no me parece el más adecuado para la obra, porque resta fuerza a sus pasajes más inspirados –el tercer movimiento debería resultar mucho más siniestro– e incluso abre la puerta a los excesos: en el final el jolgorio roza el desmadre efectista en busca del aplauso. En cualquier caso, una orgía sonora a la que es difícil resistirse. Se disfrutará del DVD y, más aún, del Blu-ray.

5 comentarios:

Jon Arza dijo...
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Jon Arza dijo...

Después de haber estado 20 escuchando repetidamente esta sinfonía como una travesía por el desierto, solo hace 3 que fui capaz de que me gustara completamente.
En estos momentos le puedo asegurar que me parece igual de fascinante de principio a fin, y el último movimiento (tan criticado) es realmente sublime.
Eso sí, tan difícil de escuchar como de interpretar.

Sirva este comentario también para felicitarle por su blog.

Agustín dijo...

Estas orquestas europeas, como la RCO, son sencillamente fabulosas.
Como aficionado a la música, mi admiración por ellas es superlativa.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias, Jon. Seguiré escuchando la Séptima, a ver si algún día logro que me guste toda ella por igual.

Agustín, yo también admiro mucho a esta orquesta.

Bruno dijo...

El comentario de Jon Arza me hace pensar sobre el mantenimiento del mismo nivel a lo largo de una obra. Asunto complicado cuya resolución fluctúa según el valor que le demos a algunas cosas.
Por ejemplo: ¿vale lo mismo el 3º que los dos primeros movimientos de la Heroica? Y no digo que ese scherzo sea flojo. No, pero no está a la misma altura. Incluso la misma estructura de las obras en varios movimientos hace que el nivel varíe. Pocas obras hay que mantengan el nivel a lo largo de cada momento. El paradigma: la Júpiter.
Todo en esta 7ª está bien. Pero no es lo mismo el primer nocturno que el segundo. (Anecdótico: el primer nocturno me parece que contiene a veces al mejor Mahler) Y el 5º está muy bien. Y está muy intencionado. Pero no nos lleva a donde el 1º. Y ese punto de llegada es un valor añadido.