sábado, 9 de enero de 2010

Los Brandemburgo por Gardiner: a correr se ha dicho

Desde que le escuché por pimera vez en directo, en la Catedral de Sevilla allá por 1992, con una fulgurante primera parte de Israel en Egipto y con el estreno mundial de La Muerte de Moisés de Alexander Goehr -espléndida partitura-, mantengo con John Eliot Gardiner una relación de amor-odio jalonada por cosas que me gustan muchísimo, como sus dos recreaciones del Oratorio de Navidad, cosas que me convencen solo a medias, como su sobrevalorado Mesías o la mayor parte de su Beethoven, y cosas que me parecen auténtica basura, como sus recientes sinfonías de Brahms (enlace). Estos Conciertos de Brandemburgo registrados hace pocos meses para su propio sello, Soli Deo Gloria, se enmarcan dentro del segundo grupo.


Hay en estas recreaciones dos enormes virtudes. La primera de ellas es su soberbio nivel técnico, y no solo en lo que al asombroso virtuosismo de los instrumentistas se refiere, sino también en lo que respecta al buen empaste que ofrecen (un aspecto realmente difícil de lograr dada su diversidad en cuanto a timbre y volumen) sin merma alguna de la imprescindible claridad polifónica. La segunda es el sensato alejamiento de la blandura y la afectación en que a veces caen otros intérpretes (pienso en la Polacca del Primero, o en los movimientos centrales del Segundo y del Sexto) para ofrecer lecturas siempre decididas, de trazo firme y dichas con un entusiasmo y una luminosidad admirables.

Lo malo, y aquí empezamos con los reparos, es que semejante entusiasmo significa para Gardiner y sus English Baroque Soloist velocidad, lo que con ellos también implica precipitación, rigidez y, por momentos, cierta machaconería, como también escasa atención a los matices expresivos. ¿Cuestión de tempi, pues? No, en absoluto, porque ya en 1986 Reinhard Goebel también se arriesgó en este sentido y los resultados fueron extraordinarios: al día de hoy, la en su momento "revolucionaria" lectura sigue siendo para muchos, entre los que me cuento, la mejor que han recibido estos seis diamantes bachianos.

Hay además en este registro que ahora comento una sonoridad seca, no siempre agradable, y una sensación de distanciamiento en los momentos de mayor vuelo lírico que no son infrecuentes en los modos de hacer del director británico (comparte la dirección con la concertino Kati Debretzeni, pero el estilo es puro Gardiner), características que nadie debería confundir con "contaminaciones románticas": escúchense las versiones del citado Goebel, o las globalmente magníficas de Koopman, o las más que notables de Alessandrini y Pinnock (las últimas al menos: las de Archiv no las conozco), o las recientes de Abbado (enlace), para confirmar que esta música pide un fraseo mucho más flexible, una acentuación más variada y una mayor poesía en la expresión que la que ofrece este grupo de virtuosos que por momentos parecen más interesados en batir records de velocidad que por dejar a la notas respirar como deben.

De todos los conciertos es el Primero el que más me convence, no sólo por la simbiosis entre entusiasmo y virtuosismo que lo preside, sino también por los acertados tintes dramáticos del Adagio. El Segundo no me interesa lo más mínimo: me parece precipitado, machacón y rutinario, por muy increíblemente bien tocado que esté y por mucho fuego que aparente desprender la velocidad. Me ha gustado el Tercero, que ofrece unas improvisaciones muy originales en el segundo movimiento, si bien de nuevo Gardiner parece estar más interesado en deslumbrar que en comunicar.

La del Cuarto me ha parecido una interpretación apresurada y seca, algo pimpante en el Allegro y más bien aséptica en el resto. Me ha aburrido el Quinto, distanciado e indolente, cuando no frívolo. En el Sexto hay que elogiar cómo los English Baroque Soloist han evitado la pesadez que a veces aqueja a la partitura y cómo han obtenido una luminosidad superior a lo habitual sin renunciar a la sonoridad aterciopelada que caracteriza a su instrumentación.

En cualquier caso, recomiendo leer el extenso análisis que se ofrece en la web de la distribuidora Diverdi (enlace) y la más breve reseña presentada en el blog de Pablo J. Vayón (enlace), y de este modo contrastar las muy positivas opiniones allí vertidas con la aquí expuesta.

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