domingo, 16 de noviembre de 2008

Los Brandeburgo por Abbado

Vaya por delante que mis dos interpretaciones favoritas de los Conciertos de Brandeburgo (o Brandenburgo, o Brandemburgo, que de todas las maneras se encuentra escrito) son las de Raymond Leppard y Reinhard Goebel, lo cual, dicho así, me ha de ganar el desprecio del noventa y nueve por ciento de los aficionados a la música barroca, porque semejante forma de "bisexualidad musical" está realmente mal vista: divididos los melómanos en dos bandos irreconciliables, parece que te puede gustar una cosa o la otra, pero no las dos. Pues vale: ellos se lo pierden.

De las dos citadas me quedo con la de alemán, grabada para Archiv en 1986, porque responde mejor a lo que a mí me parece que debe tener el Barroco: teatralidad, claroscuros, ornamentación y, por qué no, un punto de exceso, una óptica que por lo demás sería un disparate si Goebel no contase con los fabulosos instrumentistas de Musica Antiqua Köln
-->. La del británico, registrada para Philips en 1974 con un sonido increíble para la época, ofrece una visión mucho más "clásica", más equilibrada, menos brillante, que se beneficia de una plantilla de músicos absolutamente descomunales, los de la English Chamber de los mejores tiempos.
Desde luego esta de Leppard es una opción menos arriesgada que la de Goebel, quizá más "profunda" que aquélla en los movimientos centrales, aunque hoy pueden echarse de menos en ella no ya los instrumentos originales, que también, sino importantes aspectos en lo que a la articulación y el fraseo se refiere. En cualquier caso la propuesta del hoy olvidado músico británico era bastante avanzada para la época, desde luego más que la que Claudio Abbado ofreció entre 1975 y 1976 con la Orquesta de La Scala de Milán (edición me parece que pirata que se localiza con facilidad donde ustedes ya saben).

El director milanés ha cambiado muchísimo desde entonces. A peor, sobre todo, y ahí está su deleznable Beethoven para comprobarlo, pero en algunas cosas ha mejorado. Por ejemplo, en lo que a su comprensión del lenguaje barroco se refiere, un aspecto que al otros muchos grandes directores no le han hecho ni puñetero caso. Su primera grabación de los Brandeburgo era muy musical, pero a ratos el fraseo era pesante (cuarto movimiento del número 1, por ejemplo) y la expresividad resultaba un tanto "romántica". Las cosas han cambiado en este registro en vivo de abril del año pasado, que ahora edita en DVD Medici Arts con una calidad de sonido portentosa, sobre todo si se escucha la pista multicanal DTS.

La lectura a la que más me recuerda esta nueva de Abbado es la también reciente de Alessandrini (Naive, 2005), no ya por su fuerza expresiva y por su extroversión, pues estas características las comparten otros acercamientos (como el de Pinnock o el citado de Goebel), sino por esa frescura y luminosidad que le dan un aire muy "italiano" a estas seis creaciones magistrales que, no en balde, deben bastante en su espíritu y escritura a la música meridional, tanto o más que a la francesa o a la alemana. Ahora bien, habría que matizar, pues una cosa es el enfoque y otra los resultados.

Así por ejemplo, el Primer Concierto conoce una versión todo lo idiomática, vitalista y contrastada que se requiere, pero necesita algo más de reposo en el segundo movimiento y le sobra levedad en la Polacca del cuarto. Además, y aquí está el gran borrón de estas lecturas, Giuliano Carmignola exhibe un sonido rasposo y desagradable en su violín y una musicalidad poco convincente, por narcisista y pretenciosa: el Gidon Kremer de los instrumentos originales, sin duda.

A pesar de Carmignola, el Segundo sí que alcanza la excelencia con una interpretación luminosa, vibrante y contrastada, llena de fuerza pero en absoluto descontrolada o atropellada, que se beneficia de un trompetista soberbio, Reinhold Freidrich. Intensidad, robustez y tensión se dan de la mano en un Tercero igualmente admirable, muy atento a la polifonía. El Cuarto recibe también una vitalista recreación, que pierde un tanto por la falta de vuelo lírico y relativa rigidez del segundo movimiento, así como por las secas y agresivas intervenciones de Carmignola.

La referida rigidez vuelve a aparecer en un Quinto un tanto precipitado en el que, en cualquier caso, hay que destacar la aportación al clave de Ottavio Dantone, un músico al que aborrecí cuando escuché sus amaneradísimas Cuatro Estaciones, pero que aquí me ha entusiasmado tanto en su labor solista de este concierto como en su creativo, musical y entusiasta bajo continuo en las otras piezas. Memorable.

El Sexto, finalmente, nos revela un misterio: ¿aporta algo Abbado aquí algo más que su movimiento de brazos mientras un grupo de artistas que se las saben todas sobre música antigua hacen lo que posiblemente harían sin su presencia? Pues parece que sí, porque en este último concierto el milanés no está presente y, tal vez por ello, las violistas de la Orquesta Mozart se entregan a la blandura en el segundo movimiento. Mejora mucho la cosa en el final, pero el resultado queda cojo.

De todas formas, yo me lo he pasado muy bien escuchando esta nueva grabación y realizando un montón de comparaciones con intepretaciones del presente y del pasado. Los citados Leppard y Goebel siguen siendo, con diferencia, mis favoritos, pero esta realización de Abbado me parece en conjunto muy lograda, al nivel de las recientes de Pinnock y Alessandrini, y desde luego por encima de la sobrevalorada de Antonini. Quien quiera más información sobre el Abbado "historicista" y escuchar el Tercer Concierto puede acudir al blog de Pablo Vayón (enlace).

8 comentarios:

Josep Grau dijo...

Las "violinistas" del movimiento lento del sexto concierto no son violinistas! Son violistas!

Josep Grau dijo...

La ausencia de violines es precisamente lo que da a ese sexto concierto su particular claroscuro, adensado por la melancólica presencia de las violas de gamba en los movimientos exremos. El movimiento lento queda en manos de las dos violistas y el continuo.

Josep Grau dijo...

Por cierto. Felicidades por el blog. Muy interesante.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¡Mil perdones, qué despiste! Ya está arreglado.

Nemo dijo...

Una pregunta. ¿La excelencia de los Brandeburgo de Reinhard Goebel se extiende a las Suites Orquestales, que grabó con la misma orquesta?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues a mí me parece que esas Suites son también excepcionales, aunque a varios amigos míos de Ritmo todas estas versiones de Goebel les ponen enfermos.

Nemo dijo...

Yo tengo una colección variada de las Suites y los Conciertos: Klemperer, Casals, Harnoncourt (Conciertos), Savall, Végh (Suites).

Me ha picado la curiosidad ahora con Goedel y me haré con ellas inmediatamente.

Nemo dijo...

(Ya sé que las versiones de Klemperer son muy especiales pero he de confesar que el arranque de su grabación de la Sinfonía en Si Menor fue una de las experiencias musicales-discográficas más impactantes que recuerdo. Todavía hoy me impresiona).