sábado, 19 de septiembre de 2009

Johannes Brahms y el morro de Gardiner

Debe de estar a punto de distribuirse en España la tercera entrega de la integral de sinfonías brahmsianas que ha grabado Gardiner para su propio sello, Soli Deo Gloria, lógicamente con instrumentos originales y adoptando criterios historicistas. Para cuando aparezca la cuarta estaré a tiempo (aún me quedan unos cuantos capítulos por delante) de incluir estos registros dentro del repaso de integrales de las sinfonías del autor del Réquiem Alemán que estoy realizando en el blog (enlace). Pero quiero adelantarme y decir algunas palabras sobre su lectura de las dos primeras sinfonías. A modo de advertencia, más que nada, pues a mi entender nos encontramos ante uno de los peores Brahms de la discografía.


Bueno, a decir verdad esto no se puede aplicar a todo el contenido de los dos discos. Las piezas corales y sinfónico corales que se incluyen están francamente bien, más que nada por la soberbia intervención del Coro Monteverdi y, en el caso de la Rapsodia para Contralto, de una acongojante Natalie Stutzmann (con la voz multiplicada por diez en la mesa de mezclas, eso sí).

Pero las sinfonías son una verdadera tomadura de pelo. Gardiner ofrece una visión pretendidamente antirromántica, o al menos antiwagneriana, que a la postre resulta seca, insustancial, cuadriculada, efectista y de un considerable mal gusto. El problema, claro, no son los instrumentos, que no me parecen inadecuados, ni tampoco los criterios filológicos, que están sólidamente razonados, sino el propio Gardiner, que no sabe, no quiere o no puede hacer lo que en sus eruditas notas de la carpetilla dice que pretende llevar a la práctica.

¿Flexibilidad, propone Sir John? Para nada: todo suena muy mecánico, y de hecho las transiciones están particularmente mal resueltas. ¿Atención a las voces intermedias, afirma? Más bien escasa, y además ese particular sonido brahmsiano, cálido y oscuro, basado precisamente en la polifonía de esas voces, brilla aquí por su ausencia. ¿Aproximación desde la música vocal? Pues no lo parece, porque la habitual sequedad de Gardiner y su afecto por el staccato hacen imposible la cantabilidad. ¿Emoción? Prácticamente no hay matices expresivos, y cuando aparece alguno está fuera de lugar.

Matizando un poco, diría que la Segunda Sinfonía conoce una interpretación “sólo” mediocre: plana, cuadriculada y sin ningún aliento poético, sólo se salva un cuatro movimiento más vistoso, enérgico y teatral que sincero. Por si fuera poco Gardiner tiene la osadía de reivindicar la faceta sombría de la partitura frente a su presunto carácter amable. ¡Pues menudo descubrimiento! Los grandes de la batuta (Giulini en primerísimo lugar) lo han puesto de relieve mucho antes que él, y de manera bastante más lograda. ¿De quién pretende burlarse este señor?

Claro que lo verdaderamente detestable es lo que hace Sir John con la Primera Sinfonía: la vulgaridad, la machaconería y el regodeo en el puro decibelio convierten a esta horripilante lectura en la peor -acabo de consultar mi lista- de las treinta y siete que llevo escuchadas en disco. Ni Norrington (también con instrumentos originales, haciendo gala de un gusto más que discutible, pero sin tanta tosquedad y trabajando a la orquesta con mayor plasticidad) llegó a semejantes extremos.

¿Creen que exagero? Si tienen instalado el Real Player, hagan click en la siguiente dirección (enlace), que he tomado de la página web de Soli Deo Gloria, y escuchen entre 4:00 y 4:08 para horrorizarse ante dos portamentos cuya cursilería descalifica de inmediato a Gardiner en este repertorio. Y si no les basta, aguanten hasta el final del movimiento para ver hasta qué punto puede ser ruidoso, tosco, zafio y hortera este señor que pretende “limpiar” a Brahms y lo que hace en realidad es, aun adoptando un ropaje sonoro historicista, mezclar la rígida y seca contundencia de un Toscanini con el mal gusto de Levine, para luego presentar el resultado como una saludable renovación interpretativa. ¡Menudo morro!

Ah, si quieren leer en castellano la entrevista que aparece en la carpetilla del primer disco, aquí tienen la traducción de Diverdi (enlace). La misma web ofrece una par de reseñas altamente elogiosas de los dos primeros lanzamientos escritas por Pablo-L. Rodríguez (enlace 1) (enlace 2). Y en la página del sello de Gardiner (enlace) pueden encontrar más clips de sonido. Lean, escuchen, reflexionen y saquen sus propias conclusiones.

2 comentarios:

Lucero dijo...

Los directores de brocha gorda en repertorio romantico, vease Norrington y Gardiner, suelen recurrir a las falacias de una "vuelta al orden" sin darse cuenta que la propia tradicion interpretativa nos ha legado como se interpretaban esas obras en el tiempo en que se estrenaron. Que para vender discos, no todo vale.

Anónimo dijo...

Opino todo lo contrario a mi la interpretacion me a gustado bastante y la pondria entre las de referencia. Talvez sera porque yo soy mas joven y no me aferro a interpretaciones wagnerianas que la verdad nunca terminaron de gustarme,para mi suerte llegaron Harnoncourt y sus amigos a poner la casa en orden