viernes, 18 de febrero de 2022

Teatro Villamarta, bochorno en grado extremo

Ayer jueves 17 de febrero tuvo lugar el arranque de la vigésimo quinta edición del Festival de Jerez, dedicado al flamenco y a la danza española, con un larguísimo –dos horas cincuenta minutos, más aplausos– y soberbio espectáculo dedicado a la figura del mítico Antonio el Bailarín. Hay que felicitar a la dirección del Teatro Villamarta por haber llegado hasta aquí, por haber prestigiado de manera muy considerable la propuesta y por haber materializado este nuevo encuentro en medio de unas circunstancias –económicas y sanitarias– extremadamente difíciles. Pero también hay que denunciar cosas que no son de recibo.


Llegamos al teatro y no aparecía el programa de mano por ningún lado. Ni en formato físico, ni en código QR. La mesa del Ballet Nacional de España solo ofrecía artículos promocionales, lo mismo que hacía la del Festival; en esta última un cartel rezaba que el programa se vendía por 1 euro, pero allí nada había. De pronto descubrí dónde estaba: un folio pegado en la pared de acceso a cada una de las dos escaleras. ¿Se puede ser más cutre? Quiero pensar que esto no estaba planeado así desde el principio, sino que los programas “de verdad” no llegaron a tiempo. En cualquier caso, queda muy en evidencia la deficiente logística del departamento de comunicación del teatro. También su falta de profesionalidad: como ultimísimo recurso, se podía haber repartido una simple fotocopia para evitar que el público se confundiera de la manera en que, como explicaré más abajo, lo hizo al finalizar la primera parte del espectáculo.


Pero aún hay que decir algo más sobre el programa. Ni una sola mención a los cantaores ni a los “tocaores” que actuaban en directo en el segundo de los números. Más grave aún: aunque sí se mencionaba a Manuel Coves en la dirección musical –solo en la segunda parte, aunque también estaba en la coreografía sobre el Padre Soler–, la hojilla de marras no mencionaba el nombre de la orquesta que tocaba en el foso. ¿Se puede ser más irrespetuoso con las señoras y los señores que allí hacían sonar las partituras de Soler, Albéniz, Sasarate y Ernesto Halffter?

El asunto es todavía más grave. Hasta ayer mismo, la página web oficial del Festival nombraba a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla en el apartado musical. Obviamente la ROSS nunca estuvo prevista en Jerez, porque esa misma noche estaba haciendo en el Maestranza El gato montés: probablemente se trataba de un “corta y pega” del programa de mano que llevaba la música enlatada. Pero orquesta sí que había en Jerez. Su nombre, agárrense, solo aparecía en la página para comprar las entradas: Orquesta Bética Filarmónica de Sevilla. Tuve que acercarme al foso y preguntar para cerciorarme: efectivamente, eran los músicos de la formación que habitualmente dirige Michael Thomas. Pero en la sala no había manera de leer su nombre por ningún lado. ¿Puede semejante omisión consentirse en teatro? Por supuesto que no. Menos aún en la noche inaugural de un festival que con justicia posee proyección internacional. Bastaba con coger el micrófono y decirle al respetable el nombre de la formación sinfónica, como también de la violinista en Sarasate y de la solista vocal en Halffter. Menos mal que el maestro las hizo salir a saludar al final. Hoy viernes la página oficial del Festival aparece corregida e incluye los nombres de la Bética Filarmónica y de Maribel Ortega, pero les aseguro a ustedes que hasta ayer, nada de nada. ¡Qué bochorno!

Aún nos queda alguna vuelta de tuerca. La primera parte duró nada menos que 70 minutos. Cerró con palmas entusiasmadísimas por parte del respetable. Las luces se encendieron y muchos, al no haber leído el programa de mano –el folio pegado en la pared– pensaron que el espectáculo había terminado. Doy fe de ello, porque unos cuantos se lo preguntaban a mi alrededor. A algunos pude advertirles. A otros no: al volver del intermedio me encontré, solo en mi entorno, ocho butacas vacías. Efectivamente, hubo quienes se marcharon del teatro pensando que la velada había llegado a su fin.

¿Rematamos la faena? Ni ambigú ni nada parecido. Eran las diez de la noche, y quien quisiera un refresco tenía que salir al bar de al lado, donde había bebidas… pero nada para picar. Y terminamos allí a las once y media. ¡Menuda imagen ante el público visitante! Porque el foráneo ya sabe lo que hay. Y se conforma.

viernes, 11 de febrero de 2022

Frustración: sin entrada para Williams

Cae en sábado y hay vuelos desde Sevilla. Estaba dispuesto a ir. Pero los abonados a la Filarmónica de Viena tenían preferencia en la compra y me he resultado completamente imposible conseguir entrada, así que no podé escuchar al ya nonagenario John Williams en su concierto junto a Anne-Sophie Mutter del próximo 12 de marzo en la capital de Austria. Mucho me temo que escuchar al maestro en directo es una espinita que ya me quedará para siempre, com las de no haber podido pillar a Karajan, a Bernstein, o a Giulini. Como consuelo, quede esta portada del próximo disco que prepara con Deutsche Grammophon.

"Quieren vendernos a este señor como si fuera Brahms", me echa en cara un viejo amigo que adora a Anton Bruckner y a Concha Piquer, y que se empeña en repetirme una y otra vez que esta música es mala. Le replico desde aquí parafraseando a la cantante valenciana: el maestro no necesita que le hagan pasar por nadie. Le basta con ser John Williams.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Otro crítico más que sube al escenario

En el mismo ciclo de conferencias en que lo hice yo el otro día, por cierto. Gracias a mi compañero Álvaro Cabezas por su debut aquí en Jerez.



lunes, 7 de febrero de 2022

John Williams cumple noventa años

Mañana martes 8 de febrero John Williams cumple noventa. El maestro no solo anda vivo, sino también en activo tanto en su faceta de compositor como empuñando la batuta. ¡Y tan en activo, que se acaban de anunciar un par de conciertos con la Wiener Philharmoniker para el mes que viene junto a la Mutter! Como director de orquesta, me parece que solo Herbert Blomstedt –noventa y cuatro añitos– le supera en la actualidad.


Lo dije en la entrada anterior: Williams es el compositor clásico más querido y admirado en todo el orbe terrestre. Personalidades como Lutoslawski, Ligeti o Boulez pasarán a la historia como lo que son, enormes genios de la escritura musical, pero me parece que el maestro estadounidense, un mero artesano al lado de semejantes nombres, va a pasar a la posteridad con la misma gloria que ellos.

Porque el autor de La lista de Schindler ha sido el compositor sinfónico del siglo XX que mejor ha sabido alcanzar a un punto de encuentro entre el repertorio de la sala de conciertos y lo popular, llegando a todo tipo de público sin concesiones a la vulgaridad ni al mal gusto, aunque sí ciertamente al eclecticismo y realizando toda suerte de referencias a los más grandes. Todo ello, además, lo ha hecho defendiendo su música con enorme arte desde el podio en innumerables grabaciones, la mayoría de ellas al frente de la Sinfónica de Boston de la etapa Ozawa bajo el nombre de Boston Pops.

Con su éxito tiene bastante que ver, dirán algunos, la suerte que ha tenido de colaborar repetidamente con el director más comercial de Hollywood, Steven Spielberg, y de participar en películas de especial popularidad. Yo diría que más bien es al revés: son el citado cineasta y esas cintas que tenemos en mente los que han tenido la fortuna de tener a Williams a su servicio. ¿Creen ustedes que Star Wars, Superman, Encuentros en la tercera fase, Indiana Jones, E.T o Harry Potter hubieran sido lo mismo sin sus respectivas partituras? Ni soñarlo. No dudo que nuestro artista se ha beneficiado de estar ahí en el momento apropiado, pero está claro que él ha aportado al cine muchísimo más de lo que el séptimo arte le ha aportado a él.

En la próxima entrada hablaré de la edición realizada por Deutsche Grammophon de su concierto con la Filarmónica de Berlín, que ya he tenido la oportunidad de escuchar. Mientras tanto, Feliz Cumpleaños, Maestro Williams.

domingo, 6 de febrero de 2022

Abierto a comentarios

Por sugerencia de un lector, me animo a reabrir este blog a comentarios a usuarios con cuenta Google. Si vuelve a aparecer el majareta de turno no tendré más remedio que cerrarlo, pero de momento...

sábado, 5 de febrero de 2022

John Williams, el más querido

John Williams, a punto de cumplir los noventa, no solo es el compositor clásico vivo y en activo más escuchado del mundo. Es también el más querido. Quizá también el mejor de todos. Pedantes e insensibles como Norman Lebrecht siguen insistiendo en que su música es mala. Pero directores de tanto talento como Andris Nelsons, Simon Rattle, Fabio Luisi o Christoph Eschenbach –podemos añadir a la lista al gris aunque muy famoso Welser-Möst– han dirigido, grabado y/o filmado su música. Caso aparte es el de Gustavo Dudamel, que no solo es quien le ha interpretado de manera más brillante y entusiasta, sino que en su faceta de compositor le imita abiertamente.

Entre las orquestas, formaciones norteamericanas como la Sinfónica de Chicago, la Filarmónica de Nueva York, la Orquesta de Filadelfia y –lógicamente– la Filarmónica de Los Ángeles le han consagrado monográficos, aunque su orquesta no es otra que la Boston Pops, esto es, la Sinfónica de Boston con otro nombre –la plantilla es exactamente la misma, primeros atriles incluidos– de la que tantos años ha sido titular y con la que tantísimos discos ha grabado, primero para Philips y después para Sony.

En Europa la relación con la London Symphony ha sido larguísima, pues con ella grabó una muy importante cantidad de sus bandas sonoras desde aquellos ya lejanos tiempos de Star Wars y Superman. Lo relevante es que en los últimos años se han venido sumando otras, algunas de primerísima magnitud. Lo hizo hace poco la Filarmónica de Viena y ahora se une la Filarmónica de Berlín.

Precisamente desde ayer viernes está disponible en las plataformas habituales la edición a cargo de Deutsche Grammophon del concierto ofrecido el pasado mes de octubre al frente de la mítica formación alemana. Yo espero que me llegue la edición “de luxe” que contiene la filmación y pistas en Dolby Atmos. Mientras tanto, aprovecho por expresar mi alegría al ver que el compositor que tanto, tantísimo ha contribuido en mi amor a la música –y en el de Dudamel, seguramente también en el de la mayoría de los arriba citados, y sin duda en el de cientos de miles de melómanos– obtenga por fin el reconocimiento que merece. Le pese a quien le pese.

Agradecimiento muy especial

Quiero desde este blog realizar un agradecimiento muy especial: a Emilio Villalba y Sara Marina por llenar de música y belleza el acto de presentación el pasado jueves de mi libro sobre el arte mudéjar, gótico-mudéjar más bien, en Jerez de la Frontera, que no es sino el resumen en 187 páginas, pensado para todos los públicos, de veintiséis años de investigación.


Publicar un libro de arte sin que el propio autor tenga que pagarse la edición no resulta fácil, salvo que se esté vinculado a alguna universidad, que no es precisamente mi caso. Más complicado es hacerlo en diálogo con imágenes tan maravillosas como las que me ha regalado el fotógrafo José Luis Lozano, coautor de la publicación. Milagroso es ya hacerlo con los soberbios mimbres que me ha ofrecido Tierra de Nadie Editores: todo a color, tapa dura, sobrecubierta, hermosísima maquetación, olor "a la antigua"... Nada que ver con la frialdad y la rutina de la mayoría de los textos científicos. Este es un libro hermoso como objeto, para aprender y para disfrutar.

Pero materializar la presentación con un concierto de música medieval tan bello y tan bien interpretado rebasa ya cualquiera de mis expectativas. Literalmente, un sueño. No puedo estar más agradecido a estos dos artistas por hacerlo realidad. 

PD. A quien le interese y esté fuera de Jerez, que sepa que puede encontrar el libro en Amazon.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...