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lunes, 22 de agosto de 2011

El Barbero de Sagi y Gelmetti: Flórez y poco más

El pasado martes 16 pude volver a ver -estuve en aquellas funciones madrileñas, y luego me hice con el DVD- el Barbero de Sevilla que en 2005 se ofreció en el Teatro Real bajo la batuta de Gianluigi Gelmetti en una nueva producción escénica de quien por entonces llevaba las riendas artísticas del coliseo, Emilio Sagi. La impresionante calidad de imagen y sonido me hicieron disfrutar de nuevo del increíble Almaviva de Juan Diego Flórez, que junto al de Rockwell Blake me parece muy superior a cuantos se hayan escuchado en disco. En realidad se goza más en la filmación que en directo, porque la voz del peruano es pequeña y los micrófonos le ayudan bastante. El resto, lo tiene todo: belleza tímbrica, legato para derretirse, dominio de las agilidades, dicción perfecta, fantasía y buen gusto a la hora de ornamentar… Incluso la cierta antipatía que desprende no le viene mal a un personaje con más pliegues de los que en el genial título rossiniano aparenta. Ni que decir tiene que tras un “Cessa di piú resistere” pirotécnico en el mejor de los sentidos el teatro se viene abajo, con toda la razón.


Junto a Flórez tenemos a un competente Pietro Spagnoli como Fígaro, no muy ágil en la coloratura ni atento al matiz pero buen cantante y estupendo actor. El problema es que ya no hay nada más. O casi nada. Hace aguas la producción escénica de Sagi. Es sin duda muy original y posee muchos detalles de gran regista, y desde luego se ve beneficiada por el vestuario de Renata Schusseheim, pero el conjunto resulta pretencioso, incluso pedante, por no hablar de la insoportable acumulación de figurantes y bailarines en movimiento perpetuo y del muy confuso final del acto primero. En fin, Sagi mandaba entonces en el Real y se encargó a sí mismo esta producción porque le dio la gana. ¿Alguien se atrevió a decir algo? ¿Se atreve alguien a decírselo a otros “dobles directores” que hacen lo mismo?

Animada, risueña, clara y ágil la dirección de Gelmetti, quien acierta a capturar el estilo bullicioso propio de Rossini sin detenerse mucho a matizar en lo expresivo e incurriendo en errores de bulto: el aria de Berta -una digna Susana Cordón que merecía mejor acompañamiento- resulta pimpante. Por desgracia, la Sinfónica de Madrid no posee ni la agilidad ni la musicalidad necesarias para hacer justicia a la partitura. En conjunto, y pese a los aciertos parciales de un Gelmetti a quien se le da muy bien tocar la guitarra en la cavatina de Almaviva, un foso mediocre. Y así no se puede hacer Rossini, con voces o sin ellas.

El instrumento de María Mayo, con sus desigualdades, sigue teniendo interés. La artista no, al menos en este repertorio: está cursi y fuera de estilo, sobresaliendo únicamente en el aria de soprano que se recupera para la ocasión, ese “Ah se e ver che in tal momento” que nada tiene que ver con Rosina pero que ofrece posibilidades de lucimiento a la de Fitero. La peluca debió de diseñársela su peor enemigo, dicho sea de paso. Ruggero Raimondi se las sabe todas para hacer el Don Basilio, y en la filmación es todo un placer recrearse en su histrionismo facial, pero la voz ya está hecha polvo y se ve obligado a recurrir a toda clase de trucos.


Claro que lo realmente horroroso es lo de Bruno Praticò, un cantante de voz gastada y mala técnica que, limitado por su orondo físico, desarrolla en lo escénico una comicidad grotesca que no se daría por buena ni en una comedieta de Esteso y Pajares o de Paco Martinez Soria. Mientras este tipo era filmado por los equipos de Decca, en el segundo reparto Carlos Chausson volvía a demostrar que seguía siendo, en la conjunción de canto y escena, uno de los mejores Don Bartolos de la historia. Como parece improbable que el sobrino de Sagi-Barba estuviera sordo, todo apunta a que nos encontramos ante un caso de amiguismo que pone en entredicho la profesionalidad del asturiano como gestor. ¿Saben una cosa? Me alegré mucho cuando lo sustituyeron por Antonio Moral.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El barbero de Sevilla según Paisiello

Paisiello: El Barbero de Sevilla
Pietro Spagnoli, Anna Maria dell’Oste, Luciano di Pasquale. Orquesta Teatro Lírico Giuseppe Verdi de Trieste. Dir: Giuliano Carella.
Dynamic, CDS 417/1-2
2 CDs. 114’4’’ DDD
Dynamic
**

Barbero_Paisiello

La carátula de esta grabación en vivo, realizada en Trieste en abril de 2000, dice que nos encontramos ante una “first recording”. Falso: hay al menos otras cuatro, de las que conozco la de Hungaroton, bastante más lograda.

Sea como fuere, he aquí una oportunidad para acercarse a esta obra, tan exitosa aún muchos años después de su estreno en San Petersburgo en 1782. Podemos así reparar en su avance considerable sobre la tradición buffa, en su estimable inspiración melódica y en su espíritu bullicioso de estirpe napolitana, pero también en la deficiente articulación entre música y acción escénica y en las limitaciones de los recursos que manejaba Paisiello.

A la batuta de Giuliano Carella le falta dinamismo, tensión y sentido del contraste, pero obtiene buen rendimiento de la orquesta y paladea con delectación las melodías de los momentos líricos, seguramente los mejores de la partitura. El elenco se halla presidido por el estupendo Pietro Spagnoli en el rol de Fígaro, por lo demás bastante desdibujado en el libreto de Petrosellini. El resto es normalito; flojea demasiado la soprano, mientras que Don Basilio no cuenta con la voz de bajo requerida. Buen sonido, como es norma en Dynamic.
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Artículo publicado en el número de diciembre de 2002 de la revista Ritmo.

PS. Más información en el siguiente enlace.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

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