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sábado, 29 de agosto de 2026

Rapsodia española, de Ravel: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN - 29.VIII.2026

A la entrada original del 21 de septiembre de 2015 añado ahora Ormandy en estéreo, Giulini/Philharmonia y Barenboim/2022. Aunque he vuelto a escuchar alguna otra y realizado ligeras reformas en el texto, pasa lo de siempre: la mayoría de los comentarios me parecen anticuados y desearía volver de nuevo a la mayoría de las grabaciones para volver a valorar. Tarea imposible, claro. Mejor dicho: inconveniente. Es preferible realizar comparativas nuevas que volver una y otra vez sobre lo mismo.

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Compuesta entre 1907 y 1908, primero para dos pianos e inmediatamente después para orquesta, Rapsodie Espagnole fue la primera gran obra sinfónica de Maurice Ravel, y también la partitura en la que comienza a dejar clara su admiración por lo que ocurría al sur de los Pirineos.

Siendo una obra de corte impresionista –la Iberia de Debussy es ligeramente posterior–, parece claro que la creación de una atmósfera difusa y la sensualidad del color deben ser dos de los principales objetivos de toda interpretación. Pero no es menos importante encontrar el punto adecuado de equilibrio entre esa elegancia refinada tan particular que habitualmente asociamos con “lo francés”, por un lado, y el carácter más racial, más rústico si se quiere, que pide la idea de “lo español” presente en la partitura. Y tampoco se debe dejar de indagar en los fascinantes aspectos oníricos, por momentos tenebrosos, que se esconden en los pentagramas, al tiempo que se ofrece el imprescindible toque festivo y se despliega una paleta sinfónica que también busca, todo hay que decirlo, llegar por la vía más directa y seductora a los sentidos: la del puro espectáculo sonoro.

No me ha resultado fácil realizar la siguiente comparativa. Algunas interpretaciones las he tenido que escuchar varias veces y, aun así, no me ha quedado del todo claro hasta qué punto funcionan. También es cierto que he leído por ahí recomendaciones a algunos críticos famosos que no me han convencido en absoluto. En cualquier caso, las siguientes notas pueden servir como aproximación a una discografía en la que, a mi entender, pocos directores han terminado de dar en la diana. Uno de ellos por encima de los demás, pero lastrado por orquestas que no son ninguna maravilla: Sergiu Celibidache. He dudado mucho si dejar a Previn/RPO y Barenboim en el nueve o subirles al diez; una nota intermedia quizá sea lo más justo.

Los cuatro movimientos de la obra, de los cuales el tercero no pertenece a las fechas arriba indicadas sino que se remonta a 1895, son lo siguientes:
  1. Prélude à la nuit.
  2. Malagueña
  3. Habanera.
  4. Feria. Assez animé.



1. Walter/Sinfónica de la NBC (Arbiter, 1940). Tiene su morbo escuchar al maestro berlinés, recién exiliado a EEUU huyendo del régimen nazi, poniéndose al frente de la orquesta de Toscanini para interpretar un repertorio en principio poco afín a su sensibilidad. Pero lo cierto es que la toma sonora, inevitablemente pobre para esta música, permite entrever a un Walter magníficamente encaminado en el estilo, lleno de buena voluntad y plagado de intuiciones propias de una gran batuta, al que solo le falta pulir una serie de detalles y otorgarle mayor unidad al conjunto. (8)



2. Karajan/Orquesta Philharmonia (EMI, 1953). Con la excepción de una Feria llena de vida, color y brillantez, el salzburgués se limita a hacer una exhibición de virtuosismo, equilibrio y refinamiento sin lograr transmitir la sensualidad y la atmósfera que emanan de los pentagramas. Tampoco la toma sonora le ayuda precisamente. ¿Por qué tantos se empeñan en reivindicar al Karajan de esta época? Luego fue mucho mejor director. (7)




3. Furtwängler/Filarmónica de Viena (DG, 1954). Tampoco era Furt un director que frecuentase precisamente este repertorio, pero el maestro deja aquí constancia su categoría como la más genial batuta de su tiempo con una recreación llena de misterio y de poesía, surcada por extrañas ráfagas de fuerza controladas por una técnica de batuta absolutamente magistral y, sobre todo, dicha con un sentido de la flexibilidad y la imaginación que ejemplifican de manera perfecta el concepto de la dirección de orquesta como “arte de la transición” (Barenboim dixit) que tenía el inolvidable director alemán. Lástima que entonces la orquesta tuviera por entonces sus más y sus menos. (8)


Ravel Rapsodia Monteux Boston

4. Munch/Sinfónica de Boston (RCA, 1956). Una toma sonora increíble para la época –alucinante la audición en SACD, aunque haya que sufrir el tráfico rodado junto al Boston Symphony Hall– recoge esta interpretación llena de vida y de color, elegante en su punto justo, dicha con la adecuada concentración pese a que los tempi son más bien ágiles y trabajada con pinceles finos frente a una orquesta que, sin alcanzar en modo alguno el portentoso virtuosismo que tendrá en la época de Ozawa, era ya entonces espléndida. Falta un punto de sensualidad y atmósfera, pero eso lo ofrecerá el maestro francés en un acercamiento posterior. (9) 


Reiner Chicago Sound

5. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1956). Otra toma de calidad asombrosa nos trae a un Reiner sorprendentemente lento –al maestro de origen húngaro nunca le fue eso de dilatar los tempi– en Prélude à la nuit –que suena más contemplativo que inquietante– y en la sección central de Feria, pero lo cierto es que la morosidad no le permite conseguir del todo esa atmósfera sensual y seductora que esta música necesita y que al maestro no le resultaba muy afín. Tampoco resulta muy poético ni imaginativo. Sí que nos ofrece, eso desde luego, un espléndido sentido de lo teatral, una brillantez tan comunicativa como por completo ajena al escándalo gratuito y un soberbio trabajo de planificación –claridad impresionante, aunque algún detalle se le escapa– con una orquesta que ya entonces empezaba a ser extraordinaria. (8)


Ravel Rapsodia Ansermet

6. Ansermet/Orquesta de la Suisse Romande (Decca, 1957). Tal vez parte de la sensación se deba a lo desangelado de la temprana toma estereofónica, pero lo cierto esta recreación resulta algo seca, nerviosa y deslavazada, incluso no del todo conseguida en el estilo, cosa extraña porque en aproximaciones algo posteriores del maestro suizo a este repertorio sí que conseguirá por completo ese particular perfume poético, atmosférico y evanescente, de lo que habitualmente conocemos como “lo francés”. Tampoco las resoluciones técnicas están realizadas con la mejor depuración sonora –lógico, la orquesta no es ninguna maravilla–, aunque aquí y allá pueda distinguirse algún detalle tímbrico poco habitual, como puede ser la trompeta en la primera sección de Feria. (7)


Ravel Rapsodia Barbirolli

7. Barbirolli/Hallé Orchestra (Criterion, 1958?). Interpretación atractiva por la incisividad con que está tratada la orquesta y por la garra de los momentos extrovertidos, pero en la que terminan pesando más las limitaciones de la orquesta, la falta de verdadero misterio y, sobre todo, el excesivo nerviosismo de un Sir John que no acierta con el tono poético de la partitura. La toma sonora es muy pobre. Solo para curiosos. (7)


Ravel Rapsodia  Monteux LSO

8. Monteux/Sinfónica de Londres (Decca, 1961). Nada menos que ochenta y seis años tenía el maestro parisino cuando realizó esta grabación, la verdad es que sin mucho acierto: su batuta se muestra muy centrada en el estilo pero irregular, pasando de un Preludio rápido y más bien aséptico a una Malagueña misteriosa pero algo pesadota y a una Habanera atmosférica y sensual, para terminar con una Feria con chispa, no del todo poética, en la que las tensiones se distribuyen de manera desigual; sorprendentemente seco el final de la coda. (7)

 
Ravel Rapsodia Cluytens

9. Cluytens/Orquesta de la Asociación de Conciertos del Conservatorio (EMI, 1962). suele decirse que este Ravel es uno de los más “auténticos” del disco, esto es, de los que mantienen viva la tradición francesa de la época de Ravel. Puede ser. A nivel tímbrico, la orquesta del Conservatorio de París ofrece una tímbrica distinta del sonido estándar que hoy impera a uno y otro lado del océano; singular, por cierto, el instrumento de madera grave que no sé si es el contrafagot o el sarrusofón prescrito por Ravel. A nivel propiamente interpretativo, la batuta del maestro flamenco recrea la obra de manera particularmente curvilínea, trabajando con mucha plasticidad los colores y consiguiendo ese sabor francés tan característico sin detrimento de recrear Feria con brillantez y garra de sabor más español. Ahora bien, a veces el fraseo es algo más parsimonioso de la cuenta –sobre todo en Malagueña–, y hay pasajes un poco rebuscados, faltos de la naturalidad y de la fluidez que otros directores en principio menos idiomáticos han resuelto con mayor lógica musical e inspiración. Excelente el reprocesado de 2011: si se escucha en el formato audio de alta calidad, se puede disfrutar de una toma sonora francamente satisfactoria para la época. (9)
 


10. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS, 1963). El maestro de Budapest se toma las cosas con calma, paladea la música y la traza con una considerable dosis de sensualidad. No le termina de funcionar el enfoque en el primer número: se beneficia de los soberbios primeros atriles de la orquesta, pero Ormandy no matiza lo suficiente y a la postre resulta algo parco en misterio. La Malagueña, lenta y falta de impulso, resulta sin embargo atractiva por su carácter insinuante. Magnífica la Habanera, muy atmosférica. Feria encuentra el punto de equilibrio entre brillantez y sensualidad, sin dejarse llevar por los tópicos. Notable recreación, en definitiva, aunque hay que hacer constar que con el paso de los años se irán escuchando recreaciones de mayor transparencia, depuración sonora y brillantez. (8)



11. Giulini/Orquesta Philharmonia (EMI, 1966). Adoptando unos tempi lentísimos que le facilitan realizar un soberbio, literalmente insuperable análisis de líneas y texturas, pero sin descuidar la tensión interna del discurso –la concentración es enorme–, el de Barletta ofrece una lectura extremadamente depurada en lo sonoro y abiertamente “antirromántica” en su estética: como en su Debussy de años atrás con la misma orquesta, su apuesta fue la de encontrar un lenguaje interpretativo propio para el repertorio impresionista que pusiera de relieve la novedad del lenguaje, y para ello puso el estatismo, el peso de los silencios y el distanciamiento expresivo por delante de otras consideraciones, pero sin olvidar esa mezcla de elegancia y naturalidad en el fraseo que caracterizan su batuta. Podrán preferirse lecturas más coloristas y animadas, pero esta es modélica en su línea. Extraño que cuando Giulini vuelva a la obra lo hará de manera distinta y mucho menos convincente. Impresionante el reprocesado de 2025: suena de escándalo. (9)

 
Martinon Chicago

12. Martinon/Sinfónica de Chicago (RCA, 1968). Pocos años antes de sus magistrales grabaciones de Ravel frente a la Orquesta de París, el maestro francés llevó al disco algunas piezas del referido autor frente a una Chicago Symphony ya formidable que, en conjunción con una batuta tan brillante como detallista, dio una verdadera lección de virtuosismo y precisión. Ahora bien, hay que reconocer que esta Rapsodia, siendo muy atractiva por su chispa y comunicatividad, sobre todo en Feria, resulta en exceso nerviosa en los movimientos impares; en este sentido, el Preludio y sus subsiguientes reapariciones ofrece excesiva agitación y desprende escasa sensualidad. Martinon se tomará la grabación en París con más sosiego en todos los movimientos y allí sí, con una orquesta mucho menos virtuosística pero más idiomática, los resultados serán formidables. (8)
 

Ravel Rapsodia Munch EMI

13. Munch/Orquesta de París (EMI, 1968). Valiéndose de unos tempi mucho más lentos que los de su versión en Boston (16’36’’ frente a 14’54’’) y de una orquesta menos brillante pero perfecta para este repertorio –admirables las maderas– como es la de París, un Munch de setenta y siete años da la absoluta lección de idioma con una lectura perfecta en el tratamiento del fraseo y del color, sensuales y embriagadores en grado sumo, que va desde un Preludio de atmósfera bien cargada y lleno de embrujo hasta una Feria elegante y con garra, pasando por una Malagueña dicha con salero y una Habanera de tan sutiles como magistrales matices agógicos. Quizá se podría sacar más partido del algún pasaje y aclarar un poco más las texturas, pero el conjunto es un verdadero paradigma de lo francés. La muy notable toma sonora, realizada en la célebre Salle Wagram, contribuye a cargar de atmósfera la realización. (9)
 
 
Ravel Boulez CBS

14. Boulez/Orquesta de Cleveland (Sony, 1969). El tópico tiene base: con Boulez nos encontramos ante un prodigioso análisis de timbres, texturas y planos sonoros, también con una enorme objetividad. Pero no se puede decir esta vez que la interpretación sea fría, porque tiene vida y tensión interna. En todo caso, distanciada y misteriosa antes que sensual, perfumada o chispeante. No es el ideal, pero desde semejante prisma resulta irreprochable. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Haitink CD

15. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1973). Perfecto organizador de la arquitectura, exacto y objetivo probablemente hasta el exceso, al maestro holandés no se le mueve un pelo en esta recreación admirablemente planificada y soberbiamente tocada, dicha con la sensibilidad apropiada y con el más exquisito gusto, pero un tanto falta de alma, de vida, o al menos de sal y pimienta. A destacar, en cualquier caso, el carácter especialmente obsesivo que adquieren el Preludio y la Habanera bajo la batuta de Haitink; en el lado negativo, la sección central de Feria, resulta demasiado parsimoniosa. La toma sonora no posee la mejor tímbrica posible, pero sí una amplia gama dinámica. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Bernstein NYP

16. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1973). Interpretación de excelente trazo global, aunque más atenta a la comunicatividad que al detalle, más emocionante que sensual o atmosférica, pero en todo caso muy notable. Pierde un poco el último movimiento, que podría ser más emotivo y también más cuidadoso en las texturas. La portada del vinilo original es de traca. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Ozawa

17. Ozawa/Sinfónica de Boston (DG, 1973?). Con Ozawa al frente de una Boston Symphony de cualidades excepcionales alcanzamos el cénit en lo que a elegancia y refinamiento en el tratamiento de colores y texturas se refiere, verdadero punto fuerte del maestro oriental, como lo es también su fraseo sinuoso y fluido, ideal para esta música, amén de su espléndida capacidad concertadora. Ahora bien, el Preludio resulta nervioso antes que atmosférico, mientras que Feria cae puntualmente en el escándalo gratuito. (9)


 

18. Martinon/Orquesta de París (EMI, 1974). Impagables las maderas francesas en una lectura caracterizada precisamente por su cuidadoso y absolutamente idiomático tratamiento de colores y texturas, además de por la perfecta conjunción que consigue la batuta entre elegancia, sentido del misterio y fuerza expresiva; el Preludio resulta algo más nervioso de la cuenta –no tanto como en su grabación con Chicago, desde luego–, pero el resto es formidable y culmina con una Feria particularmente extrovertida y colorista. (9)


Ravel Rapsodia Skrowaczewski

19. Skrowaczewski/Orquesta de Minnesota (1974). Verdadera sorpresa escuchar una interpretación tan notable en este repertorio a un director como Stanislaw Skrowaczewski –cincuenta y un años por entonces, y todavía hoy en activo–, tan centrada en el estilo y tan certera a la hora de ofrecer sensualidad embriagadora. Eso sí, su lectura es algo más brumosa de la cuenta –puede influir la grabación- y se echa de menos una disección más detallada de las texturas. Tampoco las tensiones están del todo aquilatadas: algo alicaída la Habanera. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Celibidache DG

20. Celibidache/SWR Stuttgart (DG, 1976). Otro mundo. El maestro rumano fue un genio del color, de la plasticidad orquestal, de la sensualidad y de la atmósfera, lo que le convertía en un intérprete ideal de este repertorio aunque fuera al frente de orquestas tan limitadas como la de Stuttgart. Fue además un músico personal y creativo como pocos, que cuando lograba no sucumbir a sus propias extravagancias o no se empeñaba en experimentos estilísticos muy discutibles, alcanzaba cotas inigualables de genialidad. Es el caso. En el Preludio, llevado con lentitud extrema sin merma alguna de la concentración, Celibidache subraya los aspectos más modernos de la música emparentándola con la abstracción debussysta: por momentos parece que estamos escuchando el primer movimiento de los Nocturnos. Malagueña está dicha con fluidez y mucho salero. Habanera derrocha un perfume embriagador. Y Feria es una explosión de colorido y alegría –podía estar un poco más paladeada melódicamente– dicha con pinceles muy finos y una gran matización en las dinámicas. En este sentido, es una suerte que el reprocesado realizado por DG respete la amplia gama de la toma radiofónica, aunque en cuestión de planos sonoros ésta diste de ser precisamente una maravilla. (10)
 
 
Ravel Rapsodia Muti

21. Muti/Orquesta de Philadelphia (EMI, 1979). Un verdadero ejercicio de virtuosismo por parte de orquesta y director donde se revelan interesantes detalles de la orquestación, pero en el que se echan en falta mayor sensualidad y sentido del misterio, así como mayor imaginación y personalidad. No es lo mejor del maestro italiano en el repertorio impresionista. (8) 



22. Giulini/Filarmónica de Los Ángeles (DG, 1979). El de Barletta nos ofrece una interpretación perfecta en el estilo, depurada en lo sonoro y de expresividad exquisita pero no por ello escasa en sal y pimienta, en la que sorprende un primer movimiento mucho antes nervioso que lleno de brumas –acertadas intervenciones de las maderas– y defrauda una coda más bien precipitada, incluso un punto ruidosa. (8) 
 

Ravel Rapsodia Maazel Francia

23. Maazel/Orquesta Nacional de Francia (Sony, 1981). Interpretación elegante, de trazo fino y perfume francés conseguido más en la levedad bien entendida con que suena la orquesta, obviamente jugando en casa, que en lo que a sensualidad y atmósfera embriagadora se refiere. En este sentido, la interpretación resulta más luminosa y colorista que sensual, seductora y llena de misterio. Sobra, además, algún amaneramiento en Malagueña. (8)
 
 
Ravel Rapsodia Dutoit

24. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1981). El maestro suizo no es probablemente un director genial, pero sí un intérprete de Ravel de considerable altura, como demuestra en esta Rapsodia admirablemente idiomática, dicha ya que no con particular creatividad o inspiración, sí con entusiasmo bien controlado, exquisito gusto, apreciable comunicatividad y irreprochable equilibrio entre trazado global –nada de nerviosismo aquí– y atención al detalle, todo ello contando con la complicidad de una estupenda Sinfónica de Montreal a la que hace sonar con levedad, refinamiento y sensualidad en su punto justo. Excelente la toma. (9)

 

25. Abbado/Sinfónica de Londres (DG, 1985). Interpretación vistosa pero muy superficial, dicha de pasada, fuera de estilo, sin sensualidad, sin misterio y sin todo el refinamiento deseable. Solo se salva Feria: aun con las mismas insuficiencias, luciendo brillantez y entusiasmo que en el final terminan convirtiéndose en efectismo. La grabación podía ser mejor. (6)
 
 
Ravel Rapsodia Previn RPO

26. Previn/Royal Philharmonic (EMI, 1985). Lenta, introvertida y atmosférica recreación, de gran refinamiento tímbrico y admirable claridad, llevada siempre con elegancia y un gran olfato para el “embrujo” seductor, consiguiendo empaque sinfónico en el último movimiento sin dejarse llevar por la brillantez ni el decibelio, y eso que la gama dinámica es muy amplia y está muy bien recogida. (9)



27. López-Cobos/Sinfónica de Cincinnati (Telarc, 1988). Interpretación bien trazada, cuidadosa y dicha con buen gusto, pero un tanto escasa de atmósfera, de sensualidad y de vuelo poético. También bastante impersonal, a decir verdad. Los efectismos de la toma sonora en Feria no pueden ocultar la etiqueta de “Made in USA”. (7)


Ravel Rapsodia Karajan DDD

28. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1987).  Karajan demuestra su absoluto dominio de la orquesta con una interpretación de una exactitud y perfección técnica impecables, de sonoridad hermosa, refinada en el mejor de los sentidos, brillantísima –sin excesos– cuando debe y trazada con enorme fluidez, pero en el plano creativo el salzburgués resulta un tanto desconcentrado –Preludio– e indiferente, incapaz de destilar toda la poesía que proponen los pentagramas, y cuando aparece algún detalle personal aislado –Malagueña– se consigue más rebuscamiento que inspiración. La toma sonora es portentosa. (8)


Ravel Rapsodia Svetlanov

29. Svetlanov/Orquesta Sinfónica Académica del Estado (Russian Disc, fecha indeterminada). Una toma sonora plagada de deficiencias apenas impide disfrutar de esta recreación muy sugestiva, de carácter curvilíneo y tímbrica mucho más refinada de lo esperable en una orquesta rusa, que triunfa en una Habanera muy sensual y cojea por una Feria alicaída en las tensiones. (8)



30. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1991). Pocas veces se ha tocado esta partitura con semejante perfección y ha sido recogida con semejante naturalidad y transparencia, sin necesidad de meter los micrófonos encima de cada instrumento y logrando una enorme espectacularidad sin darle excesivo relieve a la percusión. Todo ello, además, con limpieza asombrosa y un brillo en el agudo insuperable. Barenboim ofrece enorme concentración en el Preludio –impresionante el regulador con que se abre–, se desenvuelve con tanta elegancia como sentido del misterio en los dos siguientes números y triunfa por completo en una Feria llena de garra, de chispa y de sentido español, pero trazada con pinceles y cantando sus melodías con naturalidad y efusividad admirables. Falta un último punto de sensualidad y de creatividad, pero el virtuosismo de los “chicagoers” compensa semejantes limitaciones. (9)


Ravel Rapsodia  Boulez Berlín

31. Boulez/Filarmónica de Berlín (DG, 1993). Al frente de una orquesta sensacional, superior sin duda a la Orquesta de Cleveland de los sesenta, Boulez no repite su grabación anterior sino que, aun siempre desde su proverbiales objetividad y distanciamiento, aporta parámetros nuevos. En este caso, unos tempi considerablemente más lentos –sobre todo en la Habanera: 3’27'' frente a los 2’42’’ de entonces– que permiten una claridad analítica todavía mayor, hasta el punto de revelarse detalles que apenas podemos percibir en otras interpretaciones, pero también hacen que el resultado sea algo parsimonioso y se pierdan vitalidad e inmediatez. A la postre, aquí sí se puede hablar de la frialdad del músico francés. La toma sonora es una de las mejores que haya recibido esta obra en disco compacto. (8) 
 
 
Ravel Rapsodia Celibidache Munich

32. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Blu-ray Euroarts, 1994). El espectacular juego agógico y dinámico de los primeros compases, un prodigio tanto de técnica de batuta como de atrevimiento, ya deja bien claro que nos vamos a encontrar una interpretación muy especial. Y así es. Desarrollando con mayor finura y sensibilidad, también mayor atrevimiento, las ideas ya presentes en su grabación en Stuttgart, Celi ofrece una lectura lentísima y personalísima, matizada hasta el límite, de prodigiosa tímbrica, elevada sensualidad y desarrolladísimo sentido del misterio, bordeando a veces el amaneramiento –Habanera–, pero haciendo al mismo tiempo reveladores descubrimientos. El perfume español está plenamente conseguido sin caer en tópicos. Admirables los solistas, aun tocando, como toda la orquesta, al límite de sus posibilidades. (10) 
 
 
 Ravel Rapsodia  Maazel Viena

33. Maazel/Filarmónica de Viena (RCA, 1996). De nuevo el maestro de origen francés hace gala de una prodigiosa combinación de elegancia, claridad, refinamiento y sentido del color, ofreciendo texturas aéreas y unas veladuras sorprendentes con la que tiene mucho que ver la sonoridad de la increíble orquesta vienesa. Su enfoque, tiene además salero y brillantez, aunque sea más festivo que otra cosa y pase un poco de largo ante los pliegues más inquietantes de la obra: se echa de menos mayor atención a la atmósfera y a las sonoridades graves. Hay por otra parte algún que otro amaneramiento marca de la casa, sobre todo en Feria: las languideces “de siesta” suenan un poco forzadas. (9)


Ravel Rapsodia Previn LSO

34. Previn/Sinfónica de Londres (DG, 1997). André Previn vuelve a demostrar un increíble dominio de la orquesta en colores, texturas y volúmenes sonoros –interesantes reguladores en el Preludio–, y acierta por completo a la hora de poner de relieve los aspectos inquietantes de la partitura, pero en comparación con su lectura con la Royal Philharmonic se ha perdido un punto de sensualidad; incluso en Feria hay una relativa caída de tensión en su sección central. La toma sonora, portentosa. (8)



35. Abbado/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, San Silvestre 1997). Refinamiento y sentido del color son dos de las grandes virtudes de Abbado, que lucen plenamente en esta más que notable recreación en la que la fabulosa orquesta despliega todo su potencial tanto técnico como expresivo. Los resultados son abiertamente superiores a los que el maestro consiguió junto a la Sinfónica de Londres, sobre todo porque ahora la batuta sí que acierta a la hora de destilar sensualidad y atmósfera. Una pena que por momentos bordee el decadentismo y que en Feria, aun siendo quizá lo mejor de su recreación, tienda al exceso efectista. El audio de la filmación se ve afectado por una molesta compresión dinámica. La versión en CD no presenta este problema, pero tampoco es ninguna maravilla técnica. (8)


  

36. Barenboim/Filarmónica de Viena (VPO, 2005). Catorce años después de su grabación en Chicago, Barenboim vuelve a resultar concentrado y un punto siniestro en el Preludio, elegante sin amaneramientos en Malagueña, muy atmosférico en Habanera –claramente más lenta que antes– y brillante en una Feria ahora algo más rápida (¿un punto precipitada en el arranque?) y quizá todavía más garbosa y chispeante. La toma sonora en vivo, realizada en la Musikverein vienesa el 23 de octubre de 2005, no es ni mucho menos la que realizó el sello Erato. (9)


Ravel Rapsodia Van Immerseel

37. Van Imerseel/Anima Eterna (Zig-Zag, 2006). Ravel con instrumentos originales. Originales de cuándo, habría que preguntarse, tratándose de una obra de 1908. Vale, es cierto que por aquel entonces todavía se utilizaban cuerdas de tripa y que hay fuertes discusiones entre los estudiosos acerca de cómo se aplicaba el vibrato, pero lo cierto es que en este disco las diferencias no son ni mucho menos tan importantes como en otros repertorios: hay aquí y allá algunos detalles tímbricos novedosos –madera grave– que pueden resultar muy atractivos, pero lo cierto es que este Ravel, y esta Rapsodia en concreto, es en gran medida la que todos conocemos. En cualquier caso, lo importante aquí es que el tantas veces aburrido Van Immerseel se muestra muy afín al lenguaje raveliano, dirige con sensatez y buen gusto y acierta en las diferentes atmósferas expresivas –por ejemplo, el carácter obsesivo de Habanera– que propone la partitura, aunque sin terminar de calar a fondo en todas sus posibilidades poéticas. Modélica la labor de los ingenieros de sonido. (8)

 

38. Josep Pons/Nacional de España (DG, 2011?). Interpretación de irreprochable idioma impresionista, muy cálida, sensual y difuminada, rica en el color, dicha con elegancia y trazada con pinceles finos. Por desgracia la flacidez, la carencia de tensión interna, se convierte en protagonista, al tiempo que en el segundo movimiento molesta alguna frase en exceso amanerada y la sección central de Feria cae abiertamente en la blandura. Hay que destacar, no obstante, el espléndido trabajo de las maderas de la Nacional en un Preludio muy bien paladeado y de gran plasticidad. Efectista el final. (7) 



 39. Juanjo Mena/BBC Philharmonic (YouTube, BBC Proms 2011). El maestro vasco trabaja con pinceles finos, buena atención a las líneas instrumentales y apropiado refinamiento en la tímbrica, luciendo además buen pulso y sabiendo no caer en la blandura ni en la evanescencia excesiva, pero su aproximación resulta demasiado rápida y nerviosa, carece de la suficiente sensualidad, y está pensada de cara a la galería en el cuarto movimiento. La retransmisión televisiva tiene una dinámica chata. Lástima que haya desaparecido el vídeo. (7)

 
Ravel Rapsodia Slatkin

40. Slatkin/Orquesta Nacional de Lyon (Blu-ray audio Naxos, 2011). Resulta difícil entender por qué el sello Naxos ha lanzado estos registros en Blu-ray Audio, porque ni la grabación, difusa y sin cuerpo, tiene mucha potencialidad de la que hacer gala, ni las interpretaciones pasan de una discreta corrección a la que le falta mucho en cuestión de colorido, de matices y de inspiración para rivalizar con la mucha competencia que hay en el mercado. Aquí resulta particularmente flojo el Preludio; el resto, eficacia de brocha gorda. (5)
 
 

41. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (Peral Music, Teatro Colón, 3 agosto 2014). El enorme desarrollo de la sensualidad que ha conocido el maestro porteño en estos últimos años le ha permitido conseguir un pleno dominio del idioma raveliano más ortodoxo, incluyendo una apreciable delectación melódica y elevada atención a las texturas difuminadas. Por eso mismo su visión de la obra es menos personal, digamos que menos negra, que en su recreación con la Filarmónica de Viena, pero también es más indiscutible y, habida cuenta de su buen sentido de la atmósfera y la asombrosa plasticidad con que manera a una orquesta plenamente entregada a él –pero que no es comparable a Chicago o Viena–, ciertamente magnífica. Lástima que la toma no sea mejor. (9)

 


42. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (YouTube, BBC Proms 2014, actualmente no disponible). Interpretación unos días posterior a la de los mismos intérpretes en el Teatro Colón, con similares resultados. Es decir, admirables. (9) 



43. Barenboim/Filarmónica de Berlín (Blu-ray Euroarts y Digital Concert Hall, 31 diciembre 2018). El de Buenos Aires vuelve a demostrar cómo ha mejorado su dominio del idioma del impresionismo –mucho más sensual ahora que en los tiempos de Chicago, también más hábil a la hora de manejas texturas–, solo que ahora con una orquesta no solo muy superior a la WEDO, sino sencillamente insuperable en la que uno no puede dejar de rendirse de asombro tanto en lo que se refiere a su sonoridad global, modelada con singular plasticidad por una batuta de técnica portentosa, como a la contrastada calidad de todos y cada uno de sus solistas. A destacar el sutilísimo tratamiento de las dinámicas gracias a unos reguladores verdaderamente mágicos y a como Barenboim es capaz de revelar, ralentizando el tempo y con la complicidad de los grandísimos Emmanuel Pahud y Albrecht Mayer, fascinantes posibilidades en algún pasaje del cuarto movimiento. (10)



44. Barenboim/Orquesta del West-Eastern Divan (Medici TV, 2022). El maestro insiste una vez más en una muy paladeada recreación en la que se suman de manera magistral, como en ninguna otra de sus recreaciones anteriores, la atmósfera cargada y la negrura con que suele abordar la página y ese sentido expresivo del color, esa sensualidad y ese idioma raveliano que solo ha conseguido en los últimos años. Siendo excelsa la inspiración de la batuta, la lectura pierde un poco por la sonoridad global de la orquesta, en absoluto comparable a la Filarmónica de Berlín, si bien sus asombrosos primeros atriles realizan una labor no menos matizada y certera en la expresión que la de sus colegas. (9)

sábado, 4 de febrero de 2023

Sinfonía nº 3, “con órgano”, de Saint-Saëns: discografía comparada

Revisión sustancial de esta entrada publicada originalmente en abril de 2013.
 
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Conviene advertir que esta es una música nada fácil de grabar: empastar órgano y orquesta es cosa complicada, por lo que algunas compañías optan por registrar al instrumento aparte y luego unirlo con el resto de la toma. Y no se me olvide recordar que ese no es el único instrumento “obbligato” de la obra: el piano ejerce un papel igual de importante en la segunda mitad de la página.

Compuesta en 1866, sus partes son en principio dos: 
  1. Adagio – Allegro moderato – Poco adagio
  2. Allegro moderato – Presto – Maestoso – Allegro

En realidad, la estructura es mucho más clásica que lo que parece: introducción lenta, primer movimiento rápido, movimiento lento, scherzo y vibrante final. Los cuatro movimientos de toda la vida, en definitiva, por lo que aquí seguiremos semejante división para no confundir al personal.



1. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS, 1956). Enérgica y poderosa interpretación, dicha con ganas y sin excesos, pero bastante ajena al idioma de la música francesa, lo que significa poco sutil y no muy sensual. El tratamiento de la orquesta, eso sí, es digno de toda admiración. Correcto el órgano de Edward Power Biggs. El sonido monofónico resulta satisfactorio gracias al reciente reprocesado, pero podía haber sido ya estéreo. (7)


2. Munch/Sinfónica de Boston (RCA, 1959). Muy buena lectura de línea ortodoxa, bien llevada, con energía, aunque sin toda la poesía posible. Funciona sin problemas el primer movimiento, si bien algo tosco, o al menos no del todo depurado. Al segundo le faltan morbidez en el fraseo, sensualidad y espiritualidad; en contrapartida; se subrayan los ribetes amargos que posee la página. Magnífico el tercero, poderoso y con mucha garra. Al final, tan fogoso como bien controlado, le sobra algo de grandilocuencia. Nada en particular sobre el órgano de Berj Zamkochian. Buen sonido para la época, con amplia gama dinámica en SACD. (8)

 

3. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS, 1962). Solo han pasado seis años, pero los intérpretes repiten para aprovechar las ventajas de la estereofonía: el órgano sale ganando de manera muy, pero que muy considerable. La interpretación quizá haya perdido un poco de fuelle –no estoy nada seguro– en el primer movimiento y ganado un poquito de refinamiento, siendo a la postre más o menos la misma. (7)


4. Prêtre/Orchestre de la Societé des Concerts du Conservatoire (EMI-HDTT, 1964). Dejando a un lado las limitaciones de la orquesta y centrándonos en la labor de la batuta, lo más flojo de esta versión es el primer movimiento, algo pesadote y sin mucha garra dramática. En el segundo, por el contrario, el joven Prêtre acierta frasear con voluptuosidad, sentido cantable, concentración y una morbidez muy francesa, si bien en una línea antes sensual que interesada por la espiritualidad. El tercero está muy bien y el Finale está dicho sin prisas y posee la adecuada grandeza, aunque no sea especialmente entusiasta e incluso resulte un poquito hinchado. Al órgano de St Etienne du Mont, su maestro Maurice Duruflé. La toma sonora es más bien estridente y confusa; la remasterización en alta resolución del sello HDTT compensa parcialmente dichas insuficiencias. (7)


5. Martinon/Orquesta Nacional de la ORTF (Erato, 1966). Interpretación ortodoxa en su línea francesa, pero no por ello trivial ni hedonista. Puede impresionar por su potencia expresiva, pero se resiente de una orquesta no muy allá –la toma acentúa su aspereza– y de una batuta que no termina de acertar en el primer movimiento: tras una espléndida introducción arranca sin especial fuerza, para luego resultar adecuadamente incisivo pero también un punto nervioso, desarrollándose sin toda la unidad deseable. El segundo es por el contrario portentoso, emotivo a más no poder y muy sabio a la hora de combinar a partes iguales carnalidad y espiritualidad. Decidido el tercero, con garra y cierta rusticidad sonora bien conjugada con la elegancia gala. Grandioso como debe ser el final, aunque la coda resulta un poco más escandalosa de la cuenta, circunstancia que puede deberse a unos ingenieros de sonido que le dieron excesivo protagonismo a la lujosa presencia de nada menos que Marie-Claire Alain al órgano. (9)


6. Mehta/Filarmónica de Los Ángeles (Decca, 1970). Sin haber cumplido aún los treinta y cuatro, un Zubin Mehta con muchísimas ganas de hacer música pone toda la carne en el asador demostrando convicción y entusiasmo, encauzando estos ingredientes bajo un perfecto control de la arquitectura y sabiendo aportar una buena dosis de brillantez sin dejarse llevar por el mero espectáculo. En cualquier caso, no le hubiera venido más un poco más de fuerza en la primera parte y de sensualidad en la segundo –magníficamente paladeada, por lo demás–. Tercera y cuarta son espléndidas. Bien el órgano de Anita Priest. (8)


7. Martinon/Nacional de la ORTF (EMI, 1972-75). Orquesta y director volvieron a grabar la obra con motivo de su integral de las sinfonías para el sello EMI. La interpretación sigue los pasos de la anterior, con la excepción de un segundo movimiento que ha perdido algo de carnalidad y voluptuosidad, quizá también de emotividad, para orientarse claramente a la espiritualidad; en cualquier caso, los resultados son bellísimos. El primer movimiento ha ganado ahora en unidad, aunque cosas mejores se hayan escuchado, y la segunda mitad de la obra ofrece quizá mayor depuración sonora. También la toma, sin ser precisamente ninguna maravilla –seca y con escaso relieve–, se encuentra ahora más lograda por equilibrar mejor el órgano, en este caso el de Bernard Gavoty en los Inválidos, donde se realizó –nada de “corta y pega” a posteriori– la grabación orquestal. (9)



8. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1976). Conociendo a Lenny, uno podía esperarse una interpretación dionisíaca, extrovertida y voluptuosa, llena de garra y gozosa a la hora de recrearse en melodías y colores. Pues no: tras un primer movimiento sin mucha tensión interna, incluso algo desganado a ratos, viene un Poco Adagio de una hondura mística –más que sensual– sobrecogedora en la que el maestro parece estar pensando en los adagios mahlerianos que por la misma época interpretaba al frente de la Filarmónica de Viena. Tras un “Scherzo” no del todo conseguido, la sección final vuelve a apostar por la trascendencia espiritual sin caer, por fortuna, en la retórica vacua ni el efectismo insincero. Lástima que ni la orquesta ni la toma sonora sean muy allá. (8)



9. Barenboim/Sinfónica de Chicago (DG, 1976). Frente a una orquesta increíble que, además de una enorme brillantez en los metales, aporta asombrosa precisión –a las maderas hay que oírlas para creerlas en el primer movimiento–, Barenboim luce su ya entonces enorme técnica de batuta trazando la arquitectura con absoluta solidez, equilibrando planos aun en los momentos más decibélicos –que en esta obra son tremendos– y aportando esa visión dramática, escarpada y sincera que entonces tenía de la música. Ahora bien, el maestro todavía se autoexigía una apreciable sobriedad en lo que a hedonismo sonoro se refiere y no se desenvolvía del todo bien con el color propio del repertorio francés; por eso mismo en el Poco adagio, concentrado y bellísimo, y quizá también en algunas frases del –por lo demás, portentoso– movimiento que le antecede, se echa de menos esa dosis de sensualidad carnal que sí han conseguido otros directores más idiomáticos. La segunda mitad de la obra, con un Barenboim inflamadísimo pero siempre con los medios bajo control, es toda ella excepcional: pocas veces o nunca se habrá escuchado semejante grado de “espectáculo sonoro” con tanta grandeza interna pero sin ápice de retórica. El final es insuperable. Por si fuera poco, el órgano de la Catedral de Chartres, a cargo de un notable Gaston Litaize, se encuentra magníficamente acoplado por los ingenieros de sonido. Si la toma sonora en CD era magnífica, en audio de alta resolución parece sensacional, impactando con unos graves poderosísimos. Más aún en Dolby Atmos. (9)



10. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (Telarc, 1980). Ochenta años tenía ya el mítico director de origen húngaro cuando fue el encargado de realizar la primera grabación digital de la Sinfonía con órgano. No funcionaron las cosas demasiado bien, al menos en una primera parte un tanto flácida y desganada, amén de alicorta en contrastes y aliento dramático. En la segunda el nivel sube de manera considerable, gracia sobre todo a la suntuosa sonoridad –cálida, poderosa, empastadísima, redonda y brillante al mismo tiempo– de su orquesta, en cuyas posibilidades se recrea buscando descaradamente, y con evidentes excesos, la mayor espectacularidad posible. (7)



11. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1982). No hay nada de lo que asombrarse: el objetivo del maestro salzburgués no es otro que ofrecer una combinación de sensualidad y brillantez, ambas en el más alto grado posible, para dar como resultado una interpretación extremadamente hedonista en la que se alternan brumas “germánicas”, sonoridades aterciopeladas, metales en exceso brillantes –por no decir prepotentes– y opulencias varias ante las que resulta difícil resistirse, pero que también nos dejan cierta sensación de superficialidad. En cualquier caso, el primer movimiento está francamente bien pese a no ser el más dramático posible; el Poco adagio resulta más contemplativo que anhelante; virtuosismo a tope pero también cierta tendencia al nerviosismo en el Presto del tercero, y decibelios a discreción en un final en el que Pierre Cochereau se arriesga en el órgano de la Catedral de París a apostar por registraciones arcaizantes. La toma es francamente buena, sobre todo por su amplia gama dinámica. (8)



12. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1982). Cierto es que al primer movimiento le falta un poco de gancho, que el segundo comienza algo frío, que el tercero resulta no solo muy aéreo sino también algo más rápido de la cuenta, y que al final le faltan grandeza e impacto dramático, pero en conjunto esta interpretación es irreprochable por la excelente línea francesa que sabe seguir –refinada y ligera en el buen sentido–, por lo magníficamente expuesta que está, por el buen pulso global, por su exquisita sensibilidad para el timbre y, en definitiva, por su mezcla de convicción, idioma y buen gusto que la presiden. La toma sonora es, además, de una considerable calidad, aunque al órgano de Peter Hurford, en el que se oyen cosas nuevas, se le concede quizá excesiva preeminencia. (8) 



13. Barenboim/Sinfónica de Chicago (YouTube, 1983). Esta toma radiofónica nos permite reencontrarnos con Barenboim y Chicago siete años después de su registro oficial, que sonaba muchísimo mejor, aunque aquí el órgano, con David Shrader a su cargo, está lógicamente en la sala. Las cosas no han cambiado mucho: el primer movimiento ha perdido un poco de la tensión sonora, el carácter apremiante y la tensión dramática de entonces, y el segundo ha ganado, quizá, un poco de emotividad. Los dos últimos, llenos de fuerza, siguen siendo sensacionales. (9)


14. De Waart/Sinfónica de San Francisco (Philips, 1984). Interpretación solvente pero poco inspirada, sin mucha electricidad ni poesía, y sí algo blanda. Lo mejor es un decidido tercer movimiento. La orquesta no es gran cosa. El órgano de Jean Guillou pasa sin pena ni gloria. A olvidar. (7)

 

15. Ozawa/Orquesta Nacional de Francia (EMI, 1985). El maestro oriental se mostró siempre muy afín a las maneras “francesas” de interpretar la música, pero a veces se pasó de la raya. Es el caso: aquí confunde sensualidad con excesiva ensoñación, morbidez con blandura, elegancia con falta de carácter, aunque no vamos a negar que su dilatadísimo Poco Adagio (10’) rebosa belleza en lo puramente formal. En el último movimiento, unos cuantos excesos terminan de estropear la interpretación. Tampoco la toma está a la altura, en buena medida por la problemática acústica de la Salle Wagram. El órgano, como en la versión de Barenboim, es el de la Catedral de Chartres, en este caso con Philippe Lefèvre. (6)

16. Levine/Filarmónica de Berlín (DG, 1987). Luce aquí mejor la Berliner Philharmoniker que en la interpretación del propio Karajan para el mismo sello, no solo por una toma sonora más conseguida –sobre todo por el equilibrio con el órgano– , sino también porque el tantas veces mediocre Levine logra compaginar “densidad germánica” con una enorme agilidad y una gran dosis de brillantez marca de la casa, para conseguir, en el que es uno de sus mejores registros sinfónicos, una interpretación de excelente pulso, considerable temperamento dramático, asombrosa claridad y calurosa –pero siempre controlada– extroversión en los momentos más jubilosos. Lástima que en el Poco adagio, muy hermoso y bien paladeado, se escapen detalles más empalagosos de la cuenta. (9)


17. Jansons/Filarmónica de Oslo (EMI, 1994). El maestro estonio arranca la obra de manera satisfactoria, con los dos lánguidos "suspiros" muy conseguidos, para después ir desgranando el Allegro moderato sin prisas y con convicción. Lento y muy lírico el Poco adagio, maravillosamente desgranado y de embriagadora belleza, aunque demasiado contemplativo y carente de la adecuada desazón. El Scherzo pone en evidencia las relativas limitaciones tanto de la orquesta como de su director, no del todo preocupado por la depuración sonora. El Maestoso conclusivo presenta el tema principal antes con ensimismamiento que con emotividad, para después ofrecer más ampulosidad que grandeza; muy excesivo el calderón final. Wayne Marshall cobra una presencia muy excesiva nada menos que frente al órgano de la Abadía de Saint-Ouen en Rouen, de sonoridad arcaizante; en parte la culpa la tiene una toma bastante desequilibrada. Tampoco es que los ingenieros de EMI captaran del todo bien a la orquesta. (7)


18. Mehta/Filarmónica de Berlín (Teldec, 1995). Veinticinco años después de su registro en Los Ángeles, el maestro indio vuelve a la carga con la misma dosis de entusiasmo y brillantez que en la ocasión anterior, pero paladeando menos la música (el segundo movimiento pasa de 9’33’’’ a 8’31’’) y quedándose muy corto en sensualidad y poesía. La orquesta, obviamente, es muy superior. La toma sonora, algo metálica, posee una gama dinámica muy amplia y recoge de manera formidable el trabajo al órgano de Daniel Chorzempa. (7)

 

19. Eschenbach/Orquesta de Philadephia (Ondine, 2006). Con Olivier Latry inaugurando el órgano de la sala de la fabulosa formación norteamericana, Eschenbach ofrece una interpretación muy bien dicha pero no del todo convincente. El primer movimiento, más que correcto, requiere mayor garra y tensión interna. El segundo está muy bien paladeado, pero la lentitud termina haciéndolo moroso. Busca el contraste con el tercero, que termina siendo precipitado y en exceso nervioso. Bien sin más el cuarto, volcado claramente hacia una espectacularidad particularmente evidente si se reproduce la capa SACD. (7)

20. Chung/Filarmónica de Radio Francia (YouTube, Proms 2008). Interpretación tópicamente francesa en la que son admirable el sentido del color, el refinamiento y la morbidez del fraseo, al menos en el segundo movimiento, pero en la que hay que reprochar seriamente la tendencia a ofrecer sonoridades relamidas y a dejar de lado la tensión sonora, la garra y el dramatismo. Magnífico de nuevo Latry. (7)

 

21. Mehta/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Esta interpretación es bien diferente de la que ofrecieron idénticos intérpretes en la misma sala veinte años atrás. Felizmente, desaparece el nerviosismo por parte de la batuta para dar paso a un fraseo más lento y sensual que paladea los pentagramas con bastante más poesía, al tiempo que se atiende de manera más satisfactoria al análisis de los planos sonoros. El tercer movimiento, beneficiado de una orquesta que está todavía mejor que antes y de una batuta virtuosística como pocas, es un prodigio. El cuarto rebosa grandeza y brillantez sin quedarse en el mero espectáculo. La toma sonora, sin poseer la gama dinámica de la de Teldec, está ahora globalmente más lograda. A la postre, una de las versiones más recomendables de esta partitura. (9)


22. Pappano/Orquesta de la Academia de Santa Cecilia (Warner, 2016). Siempre comunicativo y brillante en el mejor de los sentidos, el maestro londinense ofrece un primer movimiento lleno de fuerza, muy sincero y rico en matices expresivos a pesar de que la batuta atiende al trazo global antes que al detalle. Muy hermoso el Poco adagio, quizá no el más emotivo posible, pero certero al alcanzar el punto justo de equilibrio entre lo sensual y lo agridulce sin que haya escoramiento hacia la blandura; impresionante la manera de desvelar los pizzicati de la cuerda generalmente desapercibidos. Rápido, efervescente y lleno de nervio el Scherzo, mas no por ello excesivamente aéreo, ni menos aún trivial: la tensión dramática se masca en cada momento. Solo notable el Finale: la primera exposición del tema lírico no está del todo conseguido ni globalmente se alcanza la fuerza visionaria de las más grandes versiones, entre otras cosas porque la orquesta se queda algo corta. La toma resulta algo áspera y evidencia en exceso su procedencia del vivo. En Dolby Atmos sí que suena muy bien, y con aplausos por los canales traseros. (8)

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