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jueves, 20 de julio de 2023

Segunda sinfonía de Rachmaninov: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN - 20.VII.2023

Se añaden las interpretaciones de Nézet-Séguin y Kirill Petrenko.

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Escrita entre 1906 y 1907, la Segunda Sinfonía de Rachmaninov es hoy una de las favoritas del público, pero no tanto entre los presuntos especialistas. Por fortuna, ya no ocurre lo que en tiempos pasados, cuando se amputaban compases alegremente hasta abreviar de manera sustancial su duración. A continuación recojo mis apuntes sobre las grabaciones que he venido escuchado. Entre ellas, solo las tres primeras (Sanderling '56, Ormandy '59 y Svetlanov '73) ofrecen cortes. Las demás presentan la partitura en su integridad. Son sus movimientos: 1. Largo — Allegro moderato; 2. Allegro molto; 3. Adagio; 4. Allegro vivace


1. Sanderling/Filarmónica de Leningrado (DG, 1956). Al frente de una magnífica orquesta, Sanderling ofrece una muy hermosa, sincera, encendida y entusiasta versión de enfoque mucho antes extrovertido que melancólica u otoñal, pero en cualquier caso ajena al efectismo y la vulgaridad. El problema es que la fogosidad de la batuta supone a veces cierta precipitación e incluso falta de claridad, echándose de menos un fraseo más paladeado en determinados pasajes, empezando por la propia introducción. Buen sonido monofónico. (8)


2. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (CBS-Sony, 1959). En el que fue probablemente el primer registro estereofónico de la pieza, el ya veterano maestro de origen húngaro dio buena cuenta de su profundo conocimiento de la música del autor –recuérdese que habían colaborado juntos– con una lectura tan viril, fogosa y brillante como la de su colega Sanderling, pero fraseada con mayor concentración –solo se desborda un tanto el último movimiento–, mejor diseccionada y dotada de una adecuada voluptuosidad a la que no es ajena la asombrosa calidad de la orquesta de la que era titular. En cualquier caso, a la interpretación le falta un último punto de magia poética. El solo de clarinete del tercer movimiento no resulta del todo emotivo. La toma sonora sí que está a la altura. (8)

 
3. Svetlanov/Bolshoi (Mobile Fidelity, 1973). Al frente de la orquesta del mítico teatro de la que pocos años antes había sido titular –magnífica la cuerda, menos bien el resto– un Svetlanov ya entrado en la cuarentena pero aún lejos de las particularidades creativas –entre la genialidad y el amaneramiento– de su última etapa, registró una lectura algo desequilibrada, no del todo poética, que resulta muy atractiva por su nervio, electricidad y carácter escarpado, lo que no le impide ofrecernos un adagio admirablemente paladeado y de especial electricidad. Lástima que en el último movimiento haya un tanto de barullo y que la toma sonora, opaca y con escasa gama dinámica, no sea la mejor posible. (8)


4. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (RCA, 1973). Haciendo uso por fin de la edición completa de la partitura, el maestro iguala y hasta por momentos supera su lectura catorce años anterior arriba comentada. Ya desde la concentrada introducción se observa como gran virtud de esta nueva interpretación el sonido áspero y rocoso de la orquesta, basado en una sensacional cuerda grave, así como la gran atención de la batuta a la hora de diseccionar la escritura. Magnífico el primer movimiento, con voluptuosidad y decadentismo en su punto justo. Admirable también el segundo pese a que hay portamenti algo excesivos. El tercero no es particularmente lento ni nostálgico, pero sí muy emocionante, alcanzando clímax de gran intensidad. Irreprochable el cuarto, enérgico pero sin excesos. (9)



5. Previn/Sinfónica de Londres (EMI, 1973). En la que fue su segunda grabación de la obra, el joven maestro ofreció una interpretación de lo más ortodoxa que supo conjugar la parte melancólica de la partitura con la más extrovertida, todo en su punto justo, haciendo gala de un gusto exquisito y construyendo muy bien la arquitectura de la obra. Particularmente extraordinario es el Allegro vivace conclusivo, tan lleno de fuerza como ajeno a efectismos o precipitaciones, amén de inmejorablemente paladeado y transparente a más no poder. En los movimientos anteriores, sin duda magníficos, hay quien puede echar de menos un punto extra de emotividad. En cualquier caso, un clásico de indispensable conocimiento. (10)


6. Ormandy/Philadelphia (DVD Euroarts, 1979). La solvencia y elocuencia de la batuta son innegables, como también su conocimiento del estilo, su sinceridad y su loable alejamiento de lo amanerado, pero por desgracia en esta filmación Ormandy se muestra mucho más acertado en los movimientos pares, brillantes, encendidos y muy bien trazados, que en los otros dos, que le quedan un tanto superficiales y rutinarios, necesitando de una mayor dosis de imaginación, personalidad y atención al matiz expresivo. (8)

7. Ashkenazy/Concertgebouw (Decca, 1981). Beneficiada por una soberbia orquesta y una extraordinaria toma sonora, nos encontramos ante una lectura de gran ortodoxia en un planteamiento a medio camino entre el del Previn de los setenta y el de Maazel, es decir, lírica y emotiva sin ser otoñal, pero también con nervio, tensa y escarpada, así como dotada de un toque de rusticidad muy adecuado. Por fortuna la intensidad de la batuta, evidente en todo momento, no le conduce al descontrol ni estropea una estupenda planificación. (9)



8. Maazel/Filarmónica de Berlín (DG, 1982). Dueño de una técnica portentosa que logra trabajar a la orquesta de Karajan con enorme depuración sonora, clarificando texturas y construyendo las tensiones de manera admirable, Maazel ofrece una arriesgada, personal y reveladora interpretación que deja a un lado la vertiente más sensual, melancólica y ensoñada de la partitura para centrarse en sus aspectos más aristados, impetuosos e incluso rebeldes. De esta manera, los dos primeros movimientos suenan con cierta aspereza  y están dicho desde el dramatismo más extrovertido, mas siempre bajo control; por descontado, no hay un solo portamento, y sí una intensidad llena de anhelo. Las mismas características presiden un tercer movimiento mucho menos decadente que lo habitual, pero lleno de apasionamiento y magia poética. El nivel sólo baja un tanto en el último, algo precipitado y sin el suficiente vuelo lírico en determinados pasajes, aunque lleno de brillantez. Espléndida la toma. (9)

 


9. Previn/Royal Philharmonic (Telarc, 1985). La crítica española se dividió un tanto ante esta interpretación absolutamente otoñal, plácida y melancólica. Sin duda rezuma un exquisito gusto y se muestra ajena a la retórica y a la dulzonería, aunque hemos de reconocer que se puede echar de menos una mayor dosis de fuerza, incisividad y variedad expresiva en los dos primeros movimientos. El Adagio es por el contrario sublime, de una lentitud, concentración y vuelo lírico incomparables, aun siempre en una línea más serena que rebelde. El cuarto es espléndido, muy ortodoxo y de gran claridad, dicho sin apresuramientos, si bien podríamos echar de menos mayor electricidad si lo comparamos con lo que el propio Previn había hecho para EMI. (9)




10. Rozhdestvensky/Sinfónica de Londres (Pickwick, 1988). Intensísima y apasionada pero al mismo tiempo perfectamente construida lectura, en una línea áspera, viril y sin la menor concesión no ya a la blandura, sino también a la ensoñación o a la melancolía, aunque no por ello deje de ser poética y comunicativa. Lo menos extraordinario es el segundo movimiento. Admirable la orquesta, cuyas grabaciones con el maestro ruso se revalorizan cada día que pasa. (9)

 


11. Sanderling/Orquesta Philharmonia (Teldec, 1989). Tras una introducción radicalmente opuesta a la de su grabación anterior, es decir, lenta y muy gótica, Sanderling desgrana una interpretación puramente otoñal y melancólica, de extraordinario vuelo lírico y altamente contemplativa, pero intensa y llena de emoción sincera. Lo mejor es el primer movimiento, lentísimo y de sublime belleza, matizado minuciosamente pero sin narcisismos. Los dos siguientes son magníficos, y el Allegro vivace sorprende por su lentitud y alejamiento del júbilo gratuito, estando aun así lleno de tensión y brillantez. Imprescindible. (10)


12. Bychkov/Orquesta de París (Philips, 1990). Resulta interesante el arranque, muy lento, como si la partitura se estuviera desperezando. Por desgracia cuando llega el Allegro moderato la batuta sigue como dormida, tardando bastante en encontrar energía. Sobran además portamenti y molesta el estrépito del final, particularmente un timbalazo de lo más hortera. Bychkov basa la interpretación del segundo movimiento en acelerar las partes dinámicas y ralentizar las introvertidas, acercándolas en exceso a lo ensoñado. El tercero resulta más bien dulzón y carece de progresión dramática hacia los clímax. El cuarto está bien, y estaría mejor con más arrebato y menos excesos de la percusión. La orquesta defrauda: violín de sonido debilucho y clarinete áfono. La claridad tampoco es la deseable. (5)


13. Temirkanov/San Petersburgo (RCA, 1991). El primer movimiento consigue a la perfección la atmósfera brumosa, melancólica y anhelante de la partitura sin caer en la blandura, ofreciendo además un admirable sentido del color, sobre todo para los tonos ocres, pero falla la arquitectura, no siempre tensa, culminando en un final algo bruto. El Allegro molto, llevado con rapidez y energía, se encuentra rubateando con acierto, pero sin mostrar siempre toda la imaginación deseable. Muy cálido, emotivo y ensoñado el Adagio, beneficiado por la bellísima sonoridad de la cuerda, aunque hay algunas frases demasiado tímidas. Espléndido finalmente el Allegro vivace, lleno de fuerza y también de poesía, con flexibilidad en su punto justo, aunque no con toda la claridad posible. (8)



14. Dutoit/Orquesta de Philadelphia (Decca-Newton, 1993). Magnífica interpretación de línea lírica, serena y ensoñada, muy poética, no necesariamente otoñal, pero en cualquier caso sin asomo de blandura. El primer movimiento, lento y muy sensual, poco escarpado, asombrosa por la plasticidad con que está trabajada la orquesta, lo que no le impide llevar buen pulso y evitar lo decadente. Muy ortodoxo el segundo, no particularmente electrizante, sobresaliendo la belleza y sensualidad con que está paladeado el tema lírico. El Adagio no resulta particularmente agónico ni intenso, pero destila belleza por los cuatro costados, progresando con naturalidad y pulso firme, sin necesidad de forzar nada. Allegro vivace de nuevo muy ortodoxo, pero también alejado del escándalo gratuito, procurando poner de relieve los aspectos más líricos sobre los épicos y estando siempre guiado por la emotividad sincera. (9)




15. Gergieg/Orquesta del Kirov (Philips-Newton, 1993). Sigo sin ver qué tiene Gergiev para llegar a donde ha llegado. En este Rachmaninov, descatalogado hace tiempo y ahora recuperado por Newton Classics, el estilo es el correcto y el planteamiento expresivo acierta al no descuidar ni la parte lírica ni la más extrovertida, pero la batuta dirige con brocha gorda y escaso sentido de la cantabilidad. El resultado es una versión poco tensa en el primer movimiento y en conjunto bastante superficial e insincera, adornada además con diversos efectismos para aparentar emoción. La toma sonora no está a la altura de lo deseable en un sello como Philips. (6)


16. Pletnev/Nacional Rusa (DG, 1993). En esta ocasión el otras veces mediocre Pletnev se muestra muy aseado y solvente, ofreciendo una interpretación que sabe aunar elegancia y temperamento sin caer en blanduras ni efectismos, si bien se echa en falta una visión más clara del contenido expresivo, más calidez y una mayor atención al matiz, sobre todo en un Adagio rutinario y precipitado. (7)




17. Jansons/San Petersburgo (EMI, 1993). El maestro letón decide olvidar las brumas y ofrecer una lectura extrovertida, brillante y de buen pulso, pero termina confundiendo semejante planteamiento con dejar a un lado tanto el análisis del entramado orquestal como el aliento lírico de la partitura, pasando de prisa y corriendo sobre sus múltiples bellezas, especialmente en los dos primeros movimientos, que interpreta de manera rutinaria y con tendencia al escándalo gratuito. En el Adagio por fin aparece la emoción, aunque le suene más a Tchaikovsky que a Rachmaninov y, a la postre, no termine de profundizar en él. Mucho mejor el cuarto movimiento, dicho con tanta brillantez como entusiasmo. (7)




18. Svetlanov/Sinfónica Estatal de la Federación Rusa (Canyon, 1995). Relativa decepción para tratarse de un artista que en sus últimos años nos dejó verdaderas joyas interpretativas. La obra está muy bien dicha, y además con evidente entusiasmo, gran claridad y sin precipitaciones, pero la emoción auténtica no surge y demasiadas excentricidades y amaneramientos, aun sin llegar a lo narcisista, se interponen entre el oyente y la partitura. Lo único que termina de convencer es un cuarto movimiento realmente brillante. (7)


19. Previn/Sinfonica de Londres (MP3 Andante, 2002). Este registro estuvo distribuido legalmente a través de la red, con sonido muy mejorable, por la desaparecida página "Andante". Lo incluimos porque se trata de una extraordinaria lectura, aunque curiosamente se encuentra mucho más cercana a la que hizo Previn en los setenta que a la de los ochenta, lo que quiere decir que no es especialmente melancólica al tiempo que alcanza una buena dosis de tensión interna, fuerza dramática y apasionamiento, más incluso que su grabación con la misma orquesta. Elocuencia, idioma y perfección en la arquitectura están garantizadas. Muy apasionado el Adagio, menos sereno y concentrado que el de Telarc, pero quizá más emocionante aún. Sensacional el final de la obra, con un clímax poderoso y dramático como quizá ningún otro. (10)




20. Iván Fischer/Festival de Budapest (Channel Classics, 2003). La batuta coloca todo en su sitio, procura ser transparente, ofrecer elegancia y no caer en excesos, pero los dos primeros movimientos resultan muy rutinarios e insípidos, pasando Fischer por encima de todas las bellezas de la partitura. Incluso hay portamentos excesivos y una sonoridad algo liviana que no encaja con la necesaria rusticidad de este autor. En el Adagio le pone más empeño, pero la flexibilidad de la agógica es más insincera que otra cosa. El cuarto sí está muy bien. (6)

 

21. Pedro Halffter/Sinfónica de Sevilla (RTVE, 2006). El pabellón español queda bien alto con este interpretación extrovertida, emotiva y fogosa, que no descontrolada, un tanto en la línea de la de Maazel pero sin llegar a resultar tan aristada ni electrizante, aunque a cambio se encuentre más atenta a la vertiente poética de la partitura. Sobresale en este sentido un Adagio sublime que alcanza un raro equilibrio entre apasionamiento anhelante, vuelo lírico y ensoñación poética. El cuarto pocas veces se ha escuchado tan jubiloso, si bien con unos tempi algo más reposados se podía haber ganado en claridad. Los pares, dentro de su magnífica ortodoxia, no aportan nada en especial, e incluso el segundo puede resultar algo cuadriculado. La orquesta se encuentra trabajada con notable plasticidad, pero las maderas se quedan algo cortas. La grabación es corta de dinámicas, sufre saturaciones en los tutti y está plagada de clicks. (9)


22. Paavo Jarvi/Sinfónica de Cincinnati (Telarc, 2006). El sobrevalorado maestro estonio se toma demasiado a pecho su deseo de borrar todo rastro de decadentismo, brumosidad y ensoñación de la partitura, hasta el punto de que los los primeros movimientos, pese a estar trazados con empuje y con una sonoridad rocosa que resulta atractiva, resulta precipitados y muy superficiales. Mucho mejor el Adagio, intenso, dramático y bien paladeado, aunque sin atmósfera y a la postre no del todo emotivo. El cuarto posee mucha fuerza, pero de nuevo hay pasajes leídos de manera superficial. En conjunto, una versión que intenta ser renovadora pero que por eso mismo no acierta en el estilo, y a la que además le falta una idea clara detrás. La toma sonora es algo borrosa. (7)




23. Bychkov/Sinfónica de la WDR de Colonia (DVD Arthaus, 2007). Todo está en su sitio, el idioma es el correcto, la batuta se muestra entusiasta y la orquesta un muy digno nivel, aun no siendo gran cosa el oboe. El problema es que, como ya ocurriera en la grabación del maestro para Philips, a la que en cualquier caso mejora, tras una espléndida introducción no se acaba de alcanzar el vuelo poético deseado, y se cae puntualmente en portamentos discutibles y algunas otras blanduras. Además la dirección es algo gruesa, sobre todo en una verbenera coda. (7)




24. Ashkenazy/Sinfónica de Sidney (Exton, 2007). Interpretación rápida, directa, sincera, realizada de un solo trazo, ajena a amaneramientos y de una comunicatividad admirable. El primer movimiento comienza un punto adusto, ajeno a brumas, pero luego termina convenciendo por su fuerza interior. Maravilloso un Adagio extrovertido, magníficamente trazado en sus tensiones y emocionante a más no poder. Los movimientos pares están llenos de entusiasmo. Por desgracia la batuta, muy atenta a clarificar todas las líneas, no logra paliar las evidentes insuficiencias de la orquesta, y de ahí que la grabación del maestro con la Concertgebouw siga siendo preferible. (9)


25. Pappano/Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia (EMI, 2009). Como también se ha visto en su grabación de los conciertos para piano, el maestro no termina de sintonizar con Rachmaninov. Por ejemplo, el primer movimiento está muy bien tensado pese a su lentitud, y se encuentra muy atento a las sonoridades graves, pero resulta en exceso pulido, amén de algo más delicado de la cuenta en las secciones líricas. Con todo, hay en él algún interesante descubrimiento en la orquestación. No le queda mal el segundo, a pesar de sus abundantes portamenti y de unas transiciones algo caprichosas. El problema llega con el Adagio, excesivamente delicado, frágil y hasta blando, careciendo de verdadera intensidad. Magnífico, eso sí, un Allegro vivace tan impetuoso como brillante. La toma sonora no es gran cosa. (7)

26. Sokhiev/Filarmónica de Berlin (Berliner Philharmoniker Digital Concert Hall, 2010). ¿Qué habrán visto en el joven Sokhiev? El sonido de esta orquesta es ideal para la obra, pero el vuelo poético no despega en ningún momento y la sensación de rutina se impone. Falta estilo, falta implicación emocional, falta efusividad, falta esa particular morbidez en el fraseo. Solo es admirable el cuarto movimiento, brillante y poderoso, dicho con entusiasmo. Por otra parte, hay que celebrar la claridad general y reprochar algún portamento fuera de tiesto a estas alturas. (7)


27. Rattle/Filarmónica de Berlín (DVD Euroarts, 2011). Como ya escribí cuando comenté este concierto ofrecido en el Teatro Real de Madrid, "Rattle lo ha hecho bastante mejor que Tugan Sokhiev con esta misma formación. Personalmente solo reprocharía la tendencia de la batuta a endulzar aún más lo que ya de por sí es dulce, amanerando alguna frase aislada o acentuando –segundo movimiento– e incluso añadiendo –cuarto– algunos portamenti. Por lo demás, una interpretación 'romántica' en el buen sentido, magníficamente trazada, intensa y comunicativa, muy bien paladeada en el sublime Adagio y sabiendo ser brillante sin caer en el efectismo en el Allegro vivace conclusivo". (9) 


28. Pappano/Staatskapelle de Dresde (Symphony y YouTube, 2018).  Gran mejoría del maestro londinense con respecto a su grabación en Roma. El concepto cálido y eminentemente lírico sigue ahí, pero desapareció el exceso de delicadeza del primer movimiento. También lo hicieron los portamenti del segundo, cuyas transiciones se encuentran ahora mejor resueltas. Aunque siga adoleciendo de cierta falta de intensidad, se supera igualmente en un Adagio que ahora sabe no caer en la blandura, mientras que el arte de Pappano vuelve a brillar en un Finale de vigor bien controlado en el que la tendencia del maestro a atender más a la arquitectura global –soberbia– que al detalle no le impide ofrecer una recreación de trazo fino. La suntuosa sonoridad de la formación sajona hace mucho por los resultados. (8)


28. Nézet-Seguin/Orquesta de Philadelphia (DG, 2018). El maestro canadiense realiza la apuesta más fuerte y arriesgada: la de la dulzura, la ensoñación y el decadentismo. Elementos imprescindibles en la música del autor, pero que con solo un punto de más pueden echar por tierra los resultados. Yannick se arriesga, decía. Y acierta, porque no llega –se queda muy cerca– a lo blando ni a lo empalagoso, al tiempo que trata a la orquesta con una plasticidad verdaderamente asombrosa y un dominio de la agógica –de flexibilidad extrema– propio de los más grandes maestros. Hay belleza, mucha belleza en su lectura, pero también sinceridad expresiva, de manera particular en un inspiradísimo tercer movimiento, y aunque personalmente prefiero enfoques con un poco más de rusticidad y menos portamentos, he escuchado con muchísima emoción su propuesta, que pasa a convertirse en una de mis favoritas. La toma es increíble, sobre todo si la audición se realiza en Dolby Atmos. (9)


29. Kirill Petrenko/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2021). El maestro ruso ofrece una soberbia demostración de técnica de batuta no ya a la hora del empaste, la afinación y el equilibrio de planos, sino a la de planificar reguladores, controlar tensiones, desplegar colores y ofrecer toda suerte de matices, todos ellos increíblemente bien llevados a la práctica. Pero también incurre en ese gusto por las sonoridades en exceso ingrávidas, a esa tendencia a lo blando y a lo desmayado, a ese preciosismo insincero y falto de carácter, que en cierto modo le emparenta con el peor Abbado, esto es, precisamente el de su titularidad berlinesa. En cualquier caso, la sangre no llega al río como sí lo hace en otras recreaciones del actual titular, la musicalidad de los solistas queda fuera de toda duda y el cuarto movimiento –mucho más logrados que los restantes– es a todas luces magnifico. (8)

lunes, 13 de junio de 2022

Sinfonía alpina, de Richard Strauss: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN

La entrada se publicó inicialmente el 21.VII.2016. Añadimos ahora las dos grabaciones en CD de Mehta, así como la filmación de Haitink con Viena y la de Harding con Berlín.

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Richard Strauss escribió Eine Alpensinfonie entre 1911 y 1915; no coincide en el tiempo, por tanto, con sus más conocidos poemas sinfónicos, pues el genial compositor ya había dado a la luz obras como Salome, Elektra y Rosenkavalier. Sería más bien contemporánea de Ariadne auf Naxos, lo que nos habla de un artista en plena madurez que domina como nunca nadie lo ha hecho los recursos de la gran orquesta sinfónica.

Hay varías líneas interpretativas posibles. La más ortodoxa consiste en seguir el programa y realizar una descripción de un amanecer en los Alpes bávaros, el camino a través de prados, bosques y cascadas, la llevada a la cumbre para contemplar el impresionante paisaje y el posterior descenso en medio de una terrorífica tormenta –si ustedes han escuchado tronar en la alta montaña saben de qué les hablo–, para concluir en un atardecer meditativo y filosófico. La otra, que no resulta excluyente con la anterior, interpreta el hilo argumental como una metáfora de la vida humana: nacimiento, juventud, plena madurez –la cumbre–, tormentos de la vejez y abandono de este mundo. Al mismo tiempo, están los directores que potencian los aspectos más líricos y ensoñados de la partitura, mientras otros se muestran partidarios de marcar aristas y de hacer la interpretación lo más escarpada posible. La siguiente selección de grabaciones aspira a recoger todas esas posibilidades.

Sobre las puntuaciones, debo apuntar que en más de un caso he dudado mucho a la hora de poner una nota. Quizá debería haber recurrido a usar decimales, pero no me gusta hilar tan fino. Lo que sí debo dejar claro es que esta es la comparativa en la que más importancia le he dado a la calidad de la orquesta, cosa que ustedes comprenderán a la perfección habida cuenta de las características de la partitura de la que estamos hablando, extremadamente exigente en lo que a virtuosismo, brillantez y maleabilidad se refiere.


 

1. Böhm/Staatskapelle de Dresde (DG, 1957). Karl Böhm fue el más grande straussiano del siglo XX, y aunque a finales de los cincuenta todavía no había alcanzado su mayor grado de inspiración interpretativa, nos encontramos aquí ante una dirección de considerable nivel. Dirección amplia y poderosa que es llevada con perfecto pulso, absoluto control y mucha decisión hacia clímax de grandeza abrumadora y un punto opresiva: la visión del maestro es antes dramática que descriptiva. La tormenta resulta terrorífica, y a partir de ahí se podía pedir un punto más de emotividad poética en la reflexión final. En cualquier caso, el único reparo serio es la relativa calidad de la orquesta, que por mucho que fuera la que había estrenado cuarenta y dos años atrás la obra, suena bastante destemplada –particularmente en los metales– para quienes estamos acostumbrados a las increíbles máquinas de hacer música de hoy día. La toma es monofónica, pero de buena calidad. (8)



2. Kempe/Royal Philharmonic (Testament, 1966). Aun encontrándonos ante una interpretación dicha con ganas, de una pieza, irreprochable idioma straussiano y ajena a efectismos, lo cierto es que la batuta del maestro nacido en Dresde se muestra algo lineal, no aprovechando muchos pasajes que requieren mayor vuelo lírico y necesitando un tratamiento orquestal de mayor plasticidad. La claridad no está siempre conseguida, mientras que el final no resulta todo lo inquietante que debiera. En lo que se refiere a la orquesta londinense, los metales resultan algo estridentes y desabridos. La grabación es buena en lo tímbrico, pero se queda corta en gama dinámica y no equilibra bien los planos sonoros. (7)



3. Kempe/Staatskapelle de Dresde (DVD Audio EMI, 1971). Aun más lograda que su registro con la Royal Philharmonic, esta grabación no se mantiene hoy tan vigente como su enorme prestigio nos pudiera hacer pensar. Además de que la orquesta que estrenó la partitura sigue estando en baja forma, flaqueando sobre todo por unas trompetas más bien estridentes, por parte de Kempe las inspiración se muestra algo irregular: las melodías no están del todo paladeadas, hay una cierta falta de aliento poético y al tramo final se le podría sacar más partido. En cualquier caso, el maestro muestra un desarrollado instinto del color y de las texturas –a destacar el incisivo y sarcástico tratamiento de las maderas–, sabe construir el edificio sin vacilaciones y ofrece momentos de una enorme intensidad emocional, particularmente en el desgarrado clímax tras finalizar la tormenta. La toma sonora presenta distorsión, pero gana mucho cuerpo en el hoy descatalogado DVD audio, sobre todo en lo que al registro grave se refiere, poderosísimo; apenas se nota la cuadrafonía salvo en las trompas fuera del escenario, que suenan verdaderamente distanciadas, y la escena de las vacas, que pasan “por delante” de la orquesta. Supongo que el nuevo reprocesado de Warner habrá mejorado las cosas en CD. (8)

 

4. Mehta/Filarmónica de Los Ángeles (Decca, 1975). El maestro indio de mueve muy a gusto en este repertorio desplegando músculo, colorido y brillantez, haciéndolo además con decisión en el trazo, pulso firme y una clara voluntad de apartarse tanto del preciosismo como de la opulencia. El resultado es vistoso, pero superficial: detrás de tan irreprochable puesta en sonidos no se perciben esa sensualidad, ese aroma poético y ese sentido reflexivo que esta música está pidiendo a gritos para demostrar que va mucho más allá de la mera descripción. Tampoco Mehta se preocupa por matizar gran cosa. (7)


5. Solti/Sinfónica de la Radio Bávara (Decca, 1979). Nadie puede negar a Solti haber sido uno de los grandes expertos en el sonido straussiano, y desde luego en este registro –en Múnich y no con su orquesta de Chicago, curiosamente– lo demuestra con creces ofreciendo un increíble dominio de las texturas, brillantez a raudales y una vitalidad portentosa. Pero lo cierto es que, tras un amanecer muy conseguido, el maestro da una de cal y una de arena alternando pasajes de enorme garra con otros lastrados por la precipitación –le dura solo 44’19’'– en los que las melodías no se desarrollan con la cantabilidad, la grandeza ni la emotividad que la partitura demanda. Eso sí: soberbiamente grabada, la orquesta funciona a pleno rendimiento bajo la batuta de un maestro que extrae de la misma unos colores más incisivos de lo que en ella es habitual. (7)



6. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1981). En el momento más inspirado de su carrera, y también en el de mayor dominio del idioma straussiano –poco después vendría su genial Rosenkavalier–, el de Salzburgo firmó uno de los mejores discos de su carrera con esta interpretación que no es personal ni creativa, pero sí irreprochable en la comprensión de la obra. Karajan encuentra el punto justo de elegancia y decadentismo, sin blanduras pero también mostrándose ajeno a los excesos, sabiendo ser descriptivo, pintoresco y amable sin renunciar a lo dramático –tremenda la tormenta– ni a lo trágico –el final desprende el adecuado amargor–. Todo ello lo plasma en sonidos con la mayor perfección imaginable, tanto en lo que al trazo se refiere –acenso y descenso planificados con absoluta naturalidad– como en lo que respecta al equilibrio de planos –se escucha todo–, al tratamiento del color –riquísimo, con portentosa sensualidad straussiana– y a la plasticidad de las texturas, expuestas con un preciosismo y refinamiento al alcance solo de las más geniales batutas. La Filarmónica de Berlín, redonda en sonoridad y con un registro grave aquí de lo más adecuado, es la ideal para esta obra. (10) 



7. Previn/Orquesta de Philadelphia (EMI, 1983). Una interpretación de línea digamos “objetiva”, directa, decidida y entusiasta, admirablemente trazada, irreprochable en el idioma y brillante en el punto justo –no hay exceso alguno–, como tampoco de melifluidad o carácter en exceso contemplativo. Alguna frase podía estar un poco más paladeada, y el último cuarto de la obra podía alcanzar aún más magia y profundidad –al final se le podía sacar más partido–, pero en conjunto es una recreación de muy alto nivel, lo que tiene mucho que ver con la fantástica ejecución de la orquesta: quizá por ella le podemos poner sobresaliente al resultado, y no el notable alto que en realidad merece la batuta. La toma no es del todo clara ni natural en lo tímbrico, aunque alcanza gran gama dinámica en la tormenta. (9)




8. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD Sony, 1983). Extrañamente, el de Salzburgo evidencia cierta desconcentración que le lleva a no ofrecer toda la grandeza posible ni a desgranar las melodías con la mayor cantabilidad, ni siquiera a ser todo lo claro que acostumbra: el registro en estudio es superior. En cualquier caso, Karajan termina ganando la partida por su sentido del color, su brillantez, su elocuencia y, claro está, por la espectacularidad de una impresionante tormenta. La gama dinámica del DVD es realmente amplia. (9)


 

9. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1985). Como es habitual, el maestro holandés no se muestra creativo ni personal, pero sí perfecto en la arquitectura, irreprochable en la musicalidad, ortodoxo en el estilo y, en esta ocasión, muy sincero. La arquitectura está perfectamente trazada, los aspectos descriptivos están muy conseguidos, el clímax central alcanza fuerza sin retórica, la tormenta despliega mucha fuerza y la meditación final, ya que no muy filosófica, exhibe serena belleza. El final es más sobrio y digno que pesimista. La orquesta, fabulosa: como en el anteriormente citado registro de Previn, es por el esplendor orquestal –y no tanto por la batuta– por lo que esta interpretación se merece el sobresaliente. (9)


10. Maazel/Sinfónica de la Radio Bávara (RCA, 1988). Interesantísima aportación de un Maazel que deja de lado la delectación melódica, la ensoñación lírica y la grandiosidad épica para subrayar los aspectos más escarpados, dramáticos y sombríos de la partitura. La tormenta es más electrizante y terrible que poderosa, mientras que final resulta particularmente descorazonador e inquietante. Ahora bien, el enfoque es resulta tan unitaleral que en algún momento se echa en falta algo más de poesía. Sin duda espléndida –como con Solti– la orquesta muniquesa, aunque la batuta procura que suene más rústica que propiamente straussiana. Magnífica la toma sonora, asombrosa si se escucha en Dolby Surround. (9)

 

11. Mehta/Filarmónica de Berlín (Sony, 1989). Aunque el concepto sigue siendo el mismo, antes descriptivo que filosófico, esta lectura resulta muy preferible a la del propio Mehta catorce años anterior. Primero, porque la orquesta no es solo aplastantemente superior a la Filarmónica de Los Ángeles, sino sencillamente la mejor del mundo para esta partitura. Segundo, porque el maestro paladea la música con más sosiego –52’25 frente a los 48’08’’ de entonces–, alcanza mayor inspiración en los momentos clave y, siempre teniendo en cuenta la excelencia del instrumento a su disposición, desmenuza mejor el complejísimo entramado sinfónico. La toma es sensacional, y los ingenieros acertaron al grabar muy bajo para recoger la amplísima gama dinámica demandada. (9)

 


12. Blomstedt/Sinfónica de SanFrancisco (Decca, 1989). El maestro de origen sueco se muestra aquí antes como un sólido y sensato kapellmeister de espléndida técnica e irreprochable musicalidad –no hay espacio para melifuidades ni excesos– que como un verdadero recreador de lo que se le pone por delante. Todo está en su sitio, el trazo es perfecto –nada de nerviosismo– y los clímax alcanzan una electricidad y fuerza dramática impactantes; pero el lirismo, la sensualidad y el carácter humanístico que también se encuentran en la partitura parecen escapársele en buena medida. Una visión, en cualquier caso, que termina siendo atractiva por su carácter escarpado y el regusto amargo que desprende, aparte de por la espléndida toma con que los ingenieros de Decca realzan los buenos mimbres de la Sinfónica de San Francisco. (8)



13. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1992). Nos encontramos aquí ante una visión eminentemente humanística y filosófica, muy alejada de lo descriptivo y pintoresco, lo que quiere decir que alcanza sus mejores momentos en todo el tramo final, de una hondura y belleza admirables, pero también que se queda algo corta de sentido del color, de constrastes y de matización de las intervenciones solistas en otros momentos. Tales insuficiencias por parte de la batuta las compensa la ejecución difícilmente superable de una orquesta que aquí suena de modo magnífico, pero muy alejada de la opulencia y la delectación sonoras.  (9)



14. Ozawa/Filarmónica de Viena (Philips, 1996). Esta interpretación deja bien claras las características del maestro japonés: fraseo fluido, flexible y muy elegante, agilidad bien entendida, tímbrica rica –antes suave que incisiva–, brillantez controlada a la perfección y, en el lado negativo, tendencia a lo superficial y lo descafeinado, o al menos a ofrecer interpretaciones más bien complacientes y no muy ricas en pliegues expresivos. En este sentido, el primer tercio de la obra resulta un tanto naif y pintoresco, antes que verdaderamente poético. Poco a poco Ozawa se va centrando y alcanza picos de tensión muy impactantes, para luego ofrecer una tormenta de gran vistosidad y clímax particularmente terrorífico. La sección final, hermosísima pero de nuevo no muy honda ni conmovedora. Menos mal que está la orquesta vienesa para arregar un poco las cosas. (8)



15. Sinopoli/Staatskapelle de Dresde (DVD y YouTube Euroarts, 1998). La orquesta que estrenó la obra, ahora sí en espléndida forma pese a ciertas inseguridades en los metales, se pone al servicio de la infravalorada batuta del director veneciano para ofrecernos una interpretación eminentemente colorista y descriptiva, de desarrollado sentido del color y de las texturas, elevada brillantez –en absoluto grandilocuente– y gran atención a los efectos pintorescos y onomatopéyicos, en la que sólo hay que reprochar cierta falta de dimensión filosófica en los minutos finales. El propio sello Euroarts la ha subido íntegra a YouTube. Disfrútenla. (9)



16. Thielemann/Filarmónica de Viena (DG, 2000). Thielemann se mira en el espejo de Karajan para construir una lectura descriptiva y colorista antes que inquietante, suntuosa en la sonoridad, refinada pero también de enorme opulencia, cantada con amplio aliento lírico e idóneo idioma straussiano. El problema es que el maestro berlinés, además de no posser el increíble virtuosismo de su ídolo a la hora de tratar las texturas, tiende en exceso a lo bucólico y ensoñado en los momentos más líricos, hasta el punto de que en algunas frases resulta no solo en exceso ternurista, sino también un tanto empalagoso, por no decir blandengue. La espléndida orquesta no parece terminar de sonar como ella suele, aunque esto puede ser debido a una toma sonora que, aun ofreciendo una enorme potencia durante la tormenta, no llega a la máxima categoría posible para la época. (8) 



17. Wit/Staatskapelle Weimar (Naxos, 2005). El maestro polaco nos ofrece una singular recreación, de perfecto idioma pero en una línea mucho antes contemplativa que dramática, opción que termina produciendo algunos desequilibrios. Maravillosa resulta la primera mitad de la obra, ascendiéndose a la cumbre con una sensualidad, una comunicatividad y una nobleza admirables, cantando las melodías con una extraordinaria concentración y una gran dulzura –sin caer en el empalago– y no dejándose llevar por la descripción pintoresquista, sino optando más bien por una serena reflexión; de ahí que se pueda echar de menos mayor riqueza tímbrica y atención a las texturas. El clímax es magnífico: sereno y grandioso. A partir de ahí la batuta pierde algo de tensión interna, no siendo del todo inquietante el paisaje de calma previo a la tempestad y echándose de menos en esta última mayor electricidad, virulencia e incisividad. Eso sí, no hay la menor concesión efectista. El final vuelve a ser muy noble y hermoso, aun sin el regusto amargo y la hondura trágica de otras lecturas. La orquesta se comporta muy bien. (8)



18. Luisi/Staatskapelle de Dresde (Sony, 2007). De nuevo la Staatskapelle en una interpretación que es un prodigio por su arquitectura global, por su claridad, por su colorido, por sus texturas, por su carácter descriptivo más no pintoresco, y asimismo por la capacidad para resultar brillante sin caer en la retórica. Quizá el amanecer resulte algo más nervioso de la cuenta y sobre alguna frase algo empalagosa en la primera parte. La tormenta está llena de fuerza, al mismo tiempo que el maestro logra de maravilla que se escuchen todos y cada uno de los detalles instrumentales. Sólo cabe pedir un poco más de reflexión filosófica en la sección final, justo lo que era el punto fuerte de un Barenboim. El final, más que siniestro, es seco y distante. La orquesta está ahora mejor que nunca, ofreciendo una sonoridad muy hermosa y mostrándose cuajada de solistas muy musicales. Fantástica la toma, sencillamente una de las mejores grabaciones de la música de Strauss que se hayan realizado. Intenten conseguir el SACD: ahí luce en todo su esplendor. (9)




19. Bychkov/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2008). El idioma es irreprochable, el pulso está bien sostenido –los tempi son rápidos–, no hay excesos ni melifuidad y la brillantez está garantizada, pero Bychkov se muestra bastante impersonal (¿a alguien le sorprende?), poco creativo e incapaz de destilar poesía en los pentagramas, siendo el resultado más bien plano y echándose de menos compromiso y variedad expresiva. Tampoco atiende mucho a la disección del entramado orquestal. Eso sí, impresionante la Filarmónica de Berlín, que aporta mucho a la interpretación. (7)



20. Haitink/Sinfónica de Londres (LSO Live, 2008). Esta interpretación en vivo no es mejor que la anterior en estudio a cargo del mismo director, pero sí complementaria. La jornada ya no es la de un hombre maduro en plenitud de facultades, sino la de un anciano en el ocaso de su vida. Se ha perdido buena parte de la fuerza y la jovialidad de entonces, también de la fascinación ante el paisaje y del goce ante lo pintoresco. A cambio nos ofrece el maestro holandés una mayor dosis de sensualidad, lirismo y poesía, adoptando una visión más serena, contemplativa e incluso ensoñada, más paladeada y trabajada con mayor plasticidad y sentido atmosférico. El arranque resulta particularmente brumoso. Hay alguna intervención solista algo blanda al llegar a la cima, muy ensoñada. La tormenta tiene menos fuerza que antes. El final, amplio y con una buena dosis de dulce melancolía, también con un punto de misticismo panteísta, mira hacia el último Strauss, el de los Cuatro últimos lieder, y se disuelve en las mismas espesas brumaas del principio. La toma es un poco turbia, como suele ocurrir con las realizadas en el Barbican Hall, pero en un reproductor de SACD nos ofrece un relieve y una espacialidad admirables, así como la posibilidad de escuchar las trompas “off-stage” por los canales traseros. (9)




21. Luisi/Staatskapelle de Dresde (YouTube, 2009). Repetición de la jugada –o casi: es un poco más rápida y hay alguna que otra pifia propia del directo– por parte de Luisi y la formación de la que entonces era titular en los Proms de 2009. Hay imágenes y el vídeo es gratuito, pero esta filmación de la BBC dista de poseer la asombrosa calidad sonora del registro de estudio dos años anterior, que recomiendo con mayor entusiasmo. (8)



22. Nelsons/Ciudad de Birmingham (Orfeo, 2010). El joven maestro deja de lado toda elucubración filosófica para ofrecer una interpretación juvenil, extrovertida y de marcado carácter narrativo, decidida pero fraseada con amplitud –sin caer en las premuras de un Solti–, de sonoridad muy adecuada para el compositor y de incuestionable musicalidad. Ahora bien, se encuentra realizada con más atención al trazo global, irreprochable, que al detalle y al cuidado por exponer todo el entramado polifónico, lo que implica que hay líneas que no se oyen del todo bien, con indepenencia de que las texturas estén adecuadamente tratadas. A destacar la buena planificación de tensiones hacia la cumbre, culminando en una intensísima Visión. La tormenta es nerviosa y no poco violenta. Muy concentrado el final. La orquesta, recogida de manera no particularmente brillante por los ingenieros de sonido, funciona de manera espléndida en esta toma en público. (9)


23. Harding/Orquesta Saito Kinen (Decca, 2012). El tantas veces pretencioso y mediocre Harding nos da aquí la monumental sorpresa con una lectura de perfecto idioma, excelente trazo, buen aunque no excepcional trabajo con las texturas –espléndida la cascada– y considerable inspiración poética, que se encuentra llena de grandeza sin retórica en sus clímax y, en el plano conceptual, alcanza un admirable equilirio entre lo descriptivo y lo filosófico: tras una tormenta muy lograda, toda la sección final se eleva a cotas realmente emotivas de amarga reflexión sobre la condición humana. Lo menos extraordinario es quizá la sección digamos paisajística, donde sobra algún portamento y hay ciertos coqueteos con el ternurismo, aunque sin llegar a caer en él. Espléndida la orquesta (¡con Baborák como primera trompa!). La toma sonora, siendo más que notable, no es la mejor de las posibles, aunque en HD audio la percusión alcanza un relieve abrumador. (9)

 

24. Haitink/Filarmónica de Viena (YouTube, 2012). El veterano maestro vuelve a dar en la diana con una lectura trazada con pasmosa perfección, dicha con el más certero idioma y de una musicalidad admirable en la que solo cabe reprochar que esta vez su conocido distanciamiento expresivo le lleva a quedarse algo corto de elevación poética en una sección final en exceso sobria, poco emotiva, más ambigua que amarga. En cualquier caso, imposible sustraerse a pasajes tan maravillosamente resueltos como los “instantes de peligro” o toda la tormenta, de una espectacularidad apabullante con la que tiene mucho que ver el virtuosismo de la orquesta vienesa. La toma es muy buena para venir del Royal Albert Hall, pero el ajuste de volumen que realiza la transmisión en el primer minuto llega a resultar perjudicial. (9)


24. Maazel/Philharmonia (audio en YouTube, 2014). El maestro franco-americano contaba ochenta y cuatro años –quedaban tan solo cuatro meses para su fallecimiento– cuando ofreció en el Royal Festival Hall de Londres esta Alpina que recogieron los micrófonos de la BBC y algún alma caritativa ha subido –no hay imágenes en movimiento, claro- a YouTube. Les recomiendo vivamente que la escuchen –las distorsiones y saturaciones de la toma son soportables-, porque se trata, sencillamente, de la mejor dirección de todas las aquí presentadas. ¿Diferencias de su grabación oficial en Múnich? Pues aparte de la extrema lentitud que ahora alcanza –66’50’’, todo un récord–, lentitud que no supone merma alguna en la extraordinaria tensión interna de la interpretación (¡qué técnica de batuta!), el sentido de lo dramático y de lo escarpado del que hacía gala veintiséis años atrás se ve ahora ampliamente enriquecido con conceptos como la sensualidad, la delectación melódica, la nobleza y, sobre todo, la reflexión humanística y filosófica, todos ellos desarrollados en grado superlativo y expuestos en lo puramente sonoro con un lenguaje straussiano de libro, además de con una asombrosa claridad en las texturas. Cierto es que los metales de la orquesta no siempre superan las terribles demandas de la partitura, pero lo de la batuta es tan genial que el resultado no se puede calificar con menos nota de la máxima permitida. (10)



26. Thielemann/Staatskapelle de Dresde (Blu-ray Cmajor, 2014). Estaba cantado que la orquesta que estrenó la obra tenía que volver a grabarla con su nuevo titular, un Christian Thielemann que demuestra su sintonía con el universo de Richard Strauss en una recreación que, insistiendo en la línea más narrativa que profunda de un Karajan, evita caer en el excesivo ternurismo de su grabación de 2000 con la Filarmónica de Viena mientras que sigue ofreciendo colorido, elocuencia y muy acertados matices expresivos. A pesar de ello, y tratándose de una lectura de gran categoría, las cosas no terminan de alcanzar el mayor nivel posible: la introducción resulta algo nerviosa, a la salida del sol le falta grandeza, hay algún que otro momento en el que falla la concentración y, en general, se echan de menos el refinamiento de las texturas, la poesía y la magia sonora del citado Karajan. La orquesta rinde de manera formidable, aunque los metales no sean comparables a los de las mejores formaciones europeas. La imagen es espléndida en Blu-ray, pero sorprendentemente la toma no alcanza la calidad increíble de la interpretación de la misma orquesta con Luisi. (8)



27. Nelsons/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Con una orquesta superior a la de Birmingham, aunque no exenta de algunas leves vacilaciones propias del directo, Nelsons vuelve a demostrar su excelencia a la hora de interpretar la obra ofreciendo un trazo global perfecto, fuerza expresiva controlada con mano maestra, apreciable sentido narrativo y brillantez tan comunicativa como ajena a la retótica. Ahora, quizá, la Visión resulte menos extrovertida y algo más madura que antes, y si el resultado final no llega a la altura de las más grandes recreaciones fonográficas de la pieza sea porque –como en su grabación para Orfeo– se echa de menos un trabajo aún más minucioso con los detalles y con las texturas; también porque sobra alguna frase algo más sentimental de la cuenta en la primera parte de la obra y, sobre todo, porque la meditación final resulta un punto más resignada, digamos religiosa en el sentido más tópico del término, de lo que hubiera sido preferible. La toma no ayuda: se queda algo corta a la hora de recoger la amplia gama dinámica que exige la partitura. (9)

 

28. Harding/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2018). Aunque corrige los devaneos  que se apreciaban en su registro con la Saito Kinen, Harding podría dar todavía una vuelta de tuerca más en lo que a emoción y poesía se refiere –la salida del sol, los momentos más líricos de la primera mitad de la obra–. En cualquier caso, nos encontramos una interpretación formidablemente trazada en su arquitectura global, delineada de manera admirable en lo que al tratamiento de planos sonoros se refiere y dicha con un perfecto idioma straussiano, aunando la riqueza tímbrica, el refinamiento bien entendido y la riqueza sin efectismos. Quizá la secuencia final resulte menos amarga e intensa que en la anterior ocasión, aunque en contrapartida tenemos una orquesta que supera con mucho a la japonesa: ala plasticidad y la depuración sonoras resultan inmejorables, por no hablar de la opulencia, la solidez y la fuerza que es capaz de desplegar tan impresionante instrumento cuando una batuta del virtuosismo de la del maestro británico se pone a su frente. El único reparo serio sigue siendo el de la versión de Nelsons con la misma formación: la Digital Concert Hall se queda corta a la hora de ofrecer la enorme gana dinámica que demansa una partitura como la presente. (9)

miércoles, 20 de mayo de 2020

Sinfonía de Bizet: discografía comparada

Georges Bizet escribió su Sinfonía cuando estudiaba en el Conservatorio de París allá por 1855. Contaba tan solo diecisiete años. Le salió una enorme obra maestra, como le ocurrirá mucho más adelante a Shostakovich –con dos años más de edad– al componer su Sinfonía nº 1. La diferencia es que mientras el ruso se mostrará iconoclasta y un punto gamberro, el francés se atiene a las más estrictas convenciones académicas. Da igual: la calidad de una obra artística no se mide tanto por su capacidad para avanzar en la forma (¿fue Bach acaso un rompedor?), sino por algo muchísimo menos cuantificable como es la inspiración. Y aquí el joven Bizet rebosa de ella.



1. Beecham/Orquesta Nacional de la Radiodifusión francesa (EMI, 1959). Aun británico por los cuatro costados, el baronet ofrece la interpretación francesa por excelencia, aquella que reúne todos los tópicos que asociamos con la música decimonónica del país vecino. Y lo hace con plena musicalidad, enorme convicción y perfecta sintonía con la partitura que tiene por delante. Hay aquí morbidez y suavidad tímbrica, en buena medida por la particular sonoridad de una orquesta con unas maderas y unas trompas herederas de una tradición hoy perdida, sin que eso suponga caer en excesivas ingravideces o perder a un músculo que a Beecham le gusta bien robusto. Igualmente encontramos elegancia, encanto y coquetería, más no cursilería ni trivialidad. Sentido del humor suave, un punto irónico. Y un fraseo fluido, elegante y pleno de cantabilidad, quizá sin particular jovialidad en los movimientos extremos por optar por una visión más bien madura, poética y concentrada. Cierto es que se echa de menos la increíble poesía que conseguirá Haitink en el Adagio, pero a cambio tenemos un trío del tercer movimiento de todo punto sublime. (10)



2. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1963). Como era de esperar en el Lenny de la primera mitad de los sesenta, se trata de una interpretación ante todo juvenil y extrovertida, llena de vida, de frescura, de inmediatez y de goce por hacer música. Esto no significa que falten claridad, atención al detalle y capacidad para hacer volar las melodías, pero sí que es cierto que se pueden echar de menos hondura y ese peculiar sentido de “lo francés”. El Finale, en cualquier caso, resulta tan bullicioso –un punto rossiniano– que terminamos recibiendo la contagiosa comunicatividad de Lenny como un auténtico soplo de vida. (9)



3. Martinon/Sinfónica de Chicago (RCA, 1968). Interpretación musculada antes que ligera –aunque la orquesta toca con enorme limpieza–, no especialmente bulliciosa ni chispeante, que destaca por la calidez y sensualidad que el maestro francés, haciendo gala de un evidente idiomatismo, sabe poner de relieve. En este sentido sobresale el Adagio, de un lirismo ensoñado y embriagador pero nada blando, dirigido con concentración y beneficiado de un oboe maravilloso. También es de destacar el Scherzo, robusto y con empuje, pero alternando con pasajes poéticos de elevada poesía. La sonoridad de la orquesta adquiere toques difuminados apropiados para lo francés, aunque en parte puede deberse a una toma algo borrosa –excesiva reverberación– realizada en el Medinah Temple. (9)



4. Marriner/Academy (Decca, 1973). Interpretación clásica en todos los sentidos, muy bien delineada y con esa distinción típicamente inglesa que aquí sienta muy bien, añadiendo unas gotas de humor también británico. Falta la sensualidad y el vuelo lírico de otros maestros, pero a cambio el segundo movimiento ofrece de manera muy convincente cierto resulto amargo y un clímax un tanto dramático. El cuarto movimiento es más bien ligero y trepidante, pero no alberga tanta poesía. La toma sonora, algo reverberante. (9)



5. Barenboim/Orquesta de París (EMI, 1976). Lejos de la morbidez tímbrica típicamente francesa y apostando por una sonoridad musculada, aunque en absoluto exenta de transparencia, y fraseando de una manera tan natural como amplia que le permite paladear con gran cantabilidad las melodías, el de Buenos Aires propone una recreación que, como en su Mozart, sabe aunar la elegancia, la concentración y el equilibrio clásicos con una buena dosis de energía y de fuerza expresiva. Pero no lo hace optando por la chispa y la extroversión juveniles de un Bernstein, sino por un enfoque maduro y reflexivo que aporta en el Andante no solo una gran elevación poética, sino también un punto de amargor –como había hecho ya Marriner– de lo más interesante. A destacar igualmente el toque rústico del Scherzo y la sensibilidad de su Trío. Lo menos logrado es el Finale, no del todo ágil y sin el carácter bullicioso que necesita. Estaría bien que EMI recuperase la cuadrafonía de la toma. (9)



6. Haitink/Concertgebouw (Philips, 1977). He aquí la interpretación de referencia, un prodigio del clasicismo más depurado, elegante a más no poder y refinadísimo sin el menor asomo de amaneramiento o trivialidad, sino administrando perfectamente las tensiones y ofreciendo toda la agilidad y transparencia necesarias sin caer en lo virtuosístico: todo respira convicción expresiva. El primer movimiento sabe aportar las gotas inquietantes que están en la partitura, aunque puede que le falta un punto de chispa. El segundo, lento y muy concentrado, es increíblemente hermoso y se beneficia de un oboe musicalísimo. El tercero sabe aportar un punto rusticidad sin perder elegancia y sobriedad. El cuarto está admirablemente desmenuzado y sin prisa alguna, aportando un enorme vuelo lírico cuando corresponde y sabiendo ofrecer músculo sin resultar masivo; quizá se podría pedir un punto más de sentido del humor, nunca el fuerte de Haitink. En cualquier caso, la maravillosa formación holandesa redondea al alza los resultados. Toma sonora de calidad, aunque un punto distorsionada y más reverberante de la cuenta. (10)



7. Bychkov/Orquesta de París (Philips, 1990). El director ruso acierta por completo en los tempi de la página, como también en la sonoridad –en absoluto masiva, tampoco demasiado leve– y en el carácter, que debe alcanzar un peculiar equilibrio entre lo bullicioso, lo distendido, lo reflexivo y lo sensual sin quedarse en lo frívolo ni en lo epidérmico. El problema es que su batuta, al menos en aquellos años mozos, era mucho antes la de un artesano que la de un verdadero artista, y aquí se limita a concertar con mera solvencia –no hay especial refinamiento, antes al contrario– sin apenas levantar el vuelo poético. Todo resulta más que correcto, pero la sensación de rutina se termina imponiendo. Espléndida toma realizada en la Sala Pleyel. (7)



8. Plasson/Capitole de Toulouse (EMI, 1993). El director parisino apuesta por ofrecer una lectura dicha desde la más absoluta ortodoxia de "lo francés", concepto este que, como él mismo ha confesado en alguna ocasión, resulta de los más resbaladizo porque el difícil equilibrio entre densidad y levedad, tensión y laxitud, emoción e indolencia. A mí entender, aquí el maestro se escora un punto –solo un punto– más de la cuenta hacia la ligereza tanto sonora como expresiva, lo que se traduce en una interpretación elegante y muy bien trazada, pero también un tanto indolente, por no decir aséptica. Lo que mejor le funciona es el Allegro vivace conclusivo, muy ágil y magníficamente desmenuzado. (7)



9. Dutoit/Sinfónica de Montral (Decca, 1995?). El maestro suizo da buena cuenta tanto de su excelencia técnica como de su contrastada sintonía con este repertorio ofreciéndonos una interpretación perfectamente delineada, de irreprochable estilo y perfectamente equilibrada entre agilidad, frescura y lirismo. Solo falta –y esto, por desgracia es también habitual en Dutoit– ese último punto de inspiración que separa lo muy notable de lo verdaderamente grande. En este caso, una pizca más de picardía y, sobre todo, de efusividad poética. La orquesta realiza una labor sobresaliente y se encuentra recogida de manera formidable por los ingenieros de Decca. (8)



10. Prêtre/Sinfónica de la SWR de Stuttgart (Hänssler). El Allegro con brio inicial lo interpreta el veterano maestro con demasiado brío. El Allegro vivace conclusivo, pues lo mismo, demasiado vivace, aunque en el primer caso aportando un enorme entusiasmo y en el segundo desplegando una extraordinaria efervescencia, al tiempo que trabaja a la orquesta con limpieza admirable para la velocidad adoptada. En cualquier caso, lo grande de esta luminosa y sensual interpretación se encuentra en un Adagio paladeadísimo en el que el dominio de la agógica de Prêtre hace milagros y en un Scherzo cuyo trío destila una enorme poesía. La toma, en vivo, es de gran calidad. (8)



11. Paavo Järvi/Orquesta de París (Erato, 2009). Francamente despistado el maestro estonio en sonoridad y expresión, amén de un tanto primario a la hora de modelar a la orquesta, particularmente en un Allegro inicial rígido, amazacotado, demasiado nervioso y un tanto contundente, por no decir bastorro, ajeno a la mezcla de luminosidad, ligereza bien entendida y elegancia que la página necesita. Muchísimo mejor el segundo movimiento, dicho sin especial inspiración pero al menos fraseado con flexibilidad y sentido del canto. Los dos últimos están dichos con nervio e incuestionable entusiasmo, pero de nuevo la escasa sintonía con el estilo y el trazo en exceso agresivo y poco refinado de la batuta terminan lastrando el resultado. Por si fuera poco, los ingenieros de Erato estuvieron mucho menos afortunados que sus compañeros de Philips a la hora de lidiar con la acústica de la sala Pleyel. (6)


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