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miércoles, 15 de abril de 2026

Boulez, en medio del Concierto para orquesta: Bartók cuadrafónico en CBS

La compra de este SACD cuadrafónico editado Dutton Vocalion ha sido un capricho: hace años encontré en Londres un ejemplar de la edición original en este formato realizada por Sony y la dejé pasar. Me arrepentí mucho, así que he aprovechado esta nueva edición y remasterización. Me ha costado una pasta, porque con el Brexit, al llegar el envío a casa Correos me ha cobrado una importante tasa. ¿Ha merecido la pena? No lo sé, pero me lo he pasado muy bien escuchando este Concierto para orquesta de Belá Bartók registrado el 18 diciembre 1972 en el gran salón de baile del Manhattan Centre por Pierre Boulez y la Filarmónica de Nueva York el 11 mayo 1971.

En su momento, este registro fue un hito de la cuadrafonía. Se grabó con el maestro en medio de la orquesta, utilizando un podio en el que Boulez se podía dar la vuelta y colocando los instrumentos a su alrededor de la manera en que se mostró y sigue mostrando la carátula. ¿Resultados? Artificiales no, porque lo que el oyente percibe colocándose tal y como debe -los altavoces traseros verdaderamente detrás, no a los lados- es producto de grabar así, no de manipulación en la mesa de mezclas. Sí que son poco fieles con lo que Bartók pensó, esto es, una orquesta colocada a la manera tradicional. ¿Que aporta, entonces? Claridad, muchísima claridad: nunca antes había percibido el absolutamente genial tejido contrapuntístico de esta página como lo he hecho ahora. En cuanto a la versión, lo que dije en la discografía comparada: en absoluto la mejor tocada posible, y no siempre muy depurada en lo sonoro, pero beneficiándose de un Boulez que ama especialmente esta música y se muestra más vehemente que en sus ciertamente más refinadas grabaciones posteriores.

La versión completa de El mandarín maravilloso también lo comenté en la discografía comparada correspondiente. Gran recreación, dentro de una línea más bien expresionista. Se grabó el año anterior con una cuadrafonía mucho menos exagerada: solo se nota al principio y en la mágica intervención del coro. Obviamente, el reprocesado en alta definición ofrece sonido mucho más satisfactorio que el CD de Sony que muchos tenemos en casa.

En fin, si tiene usted dinero y ama a Bartók, permítase el lujo. Si no, escuche al menos el Mandarín en el compacto normal.

domingo, 19 de enero de 2025

Bartók por Takezawa y Tilson Thomas: sin palabras

Otro disco sensacional de Michael Tilson Thomas: Concierto para violín nº 2 de Belá Bartók con Kyoko Takezawa y la Sinfónica de Londres, en grabación realizada por Sony Classical en 1992. Solo hay un problema: no sé qué decir. Tan solo que, aunque habrá quien prefiera enfoques más viscerales, a mí me parece que lo que aquí hacen la violinista japonesa y el director californiano resulta referencial e indiscutible.

Ella no puede tocar con una mezcla más admirable de belleza y emoción, fraseando siempre de manera encendida pero dejando muchísimo espacio para el vuelo poético y el perfume magiar. Él no puede ir más allá en sentido del ritmo –algo fundamental en Bartók– como tampoco en calidez, sensualidad y en tratamiento de las texturas, sean estas incisivas o acariciadoras. La orquesta está formidable y se encuentra trabajada con pinceles muy finos. Como la toma sonora es de lujo, esta es la primera opción discográfica para acercarse a la partitura. Ah: las dos Rapsodias para violín y orquesta que vienen como complemento se grabaron al año siguiente y no son menos excepcionales en lo interpretativo.

viernes, 20 de septiembre de 2024

Admirable concierto de Ozawa en Frankfurt

Está ganando muchos enteros la plataforma Stage + con la llegada de filmaciones televisivas que en su momento tuvieron circulación limitada en DVD o que, sencillamente, nunca aparecieron en formato físico. Es el caso de este concierto maravilloso que ofrecieron Seiji Ozawa y la Sinfónica de Boston en la Alte Oper de Frankfurt en septiembre de 1991, cuatro años después de que Bernstein ofreciera allí mismo su mítica Quinta de Mahler con la Filarmónica de Viena.

Comenzó el programa con esa pequeña maravilla que es Central Park in the Dark, de Charles Ives. Nada que decir: el maeso oriental domina todos los recursos.

Sobre la Sinfonía nº 8 de Beethoven sí hay mucho que explicar. Porque de Ozawa esperaba yo, en mi ingenuidad o mi ignorancia, una interpretación de esas elegantísimas, amables, risueñas y un tanto insustanciales, o al menos escasas en garra dramática y en contrastes, que acostumbramos a asociar con su batuta. Pues no. Elegancia ciertamente la hay, como también depuración sonora en altísimo grado, pero lo que aquí escuchamos en una lectura palpitante, fresca, valiente y llena de fuerza expresiva en la que, lejos del presunto por no decir rematadamente falso retorno al clasicismo por parte de Beethoven, las tensiones y el conflicto se ponen en primerísimo plano. ¿Para bien? Sí en el primer movimiento, sencillamente uno de los dos o tres mejores que he escuchado. Solo a Jochum con la Orquesta del Concertgebouw le he escuchado una recreación de este Allegro vivace que me guste todavía más. Ozawa consigue la cuadratura del círculo, porque aquí lo difícil es ser al mismo tiempo clásico y protorromántico, equilibrado y tempestuoso, risueño y dramático, señorial y lleno de tensiones. Él lo logra.

No impresiona tanto el Allegretto scherzando, pero está al mismo nivel: aquí ese sentido particular de la picardía, de la ligereza bien entendida, de la filigrana e incluso de la coquetería de Ozawa es una baza extraordinaria, si bien solo se redondea gracia a su atención a los otros aspectos de la música, a las líneas de fuerza y a los claroscuros. En los dos movimientos restantes bajan el nivel, porque ese aliento vital antes referido se traduce en nerviosismo. El Menuetto va demasiado rápido y se ve recorrido por la crispación, aunque quizá sea eso mejor que quedarse en la mera galantería. En el Finale la fogosidad sí que es bienvenida, pero se nuevo Ozawa se pasa un poco de rosca.

El Concierto para orquesta de Bartók lo llevaban de gira por razones obvias: la partitura pertenece a los de Boston. Es suya en todos los sentidos. La versión, curiosamente, es distinta a las dos de Ozawa comentadas en esta discografía comparada, que a su vez no se parecen entre sí. Esta en Frankfurt es muy superior a aquellas, aunque eso no la libra de irregularidades. Arranca de manera fascinante, en buena medida porque la cuerda bostoniana carnosa, empastadísima es un prodigio. Luego al maestro se le va un poco la concentración, de tal modo que la arquitectura pierde unidad y se resiente. Eso sí, limpieza y plasticidad sonora son dignas de admiración.

Estupendo el segundo movimiento, muy bien salpimentado sin necesidad de resultar sarcástico; chispa y desparpajo están garantizados. Nada impresionista ese corazón expresivo de la obra que es el tercer movimiento. Todo lo contrario: anguloso e inquietante a más no poder, yo diría que agitado en exceso. En contrapartida, el trabajo de colores y texturas es de primerísima categoría. Irreprochable el cuarto, en el que de manera sorprendente lo mejor es el tema lírico de la cuerda, que tan mal le quedará al maestro en su posterior grabación con la Saito Kinen. Muy bien el Finale, planteado y resuelto de manera irreprochable.

Por cierto, soy consciente de que hay una grabación de Ozawa con esta misma orquesta en formato CD tres años posterior a este testimonio televisivo, pero no la he escuchado. Tendré que hacerlo.

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...