La Sexta, aun con la fuerte competencia de las no menos admirables recreaciones de
Belohlávek y Nézet-Séguin, es una maravilla: interpretación de fraseo amplio, curvilíneo, flexible y muy sensual que destaca por la enorme poesía y efusividad que desprende el Adagio, paladeado con enorme delectación pero en absoluto exento de pathos dramático cuando corresponde. Muy bello y de gran aliento lírico el primer movimiento, sorprendentemente tenso y vehemente el Scherzo, y pletórico de grandeza, incluso de potencia, un Finale que sabe no caer en lo retórico gracias a un fraseo natural y a una planificación llena de lógica.
El Scherzo Capriccioso destaca por la enorme poesía y efusividad que desprende la sección lírica del segundo cuarto de la página; el resto es más que notable, pero falta un punto de vigor y de rusticidad para alcanzar la genialidad. Lástima que la toma, como la de la sinfonía, resulta más bien turbia, aunque también hay que reconocer que cuenta con una amplia gama dinámica.
En cuanto a la Suite, se trata de una música verdaderamente preciosa cuyas hermosísimas melodías son recreadas con cantabilidad y sensibilidad supremas por un Tilson Thomas que también sabe ofrecer vivacidad y frescura a raudales, pero siempre con un trazo flexible y cuidadoso que deba bien claro lo gran director que a veces podía y puede ser.
Pues eso: para quienes tengan unos gustos no muy distintos de los de un servidor, disco absolutamente recomendable.
