Mostrando entradas con la etiqueta Abbado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Abbado. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Cuarta sinfonía de Tchaikovsky: discografía comparada

ACTUALIZACIONES


9.IX.2026

Se unen al listado Muti, Ozawa/Berlín, Solti en vídeo, Dohnányi y Kirill Petrenko.


7.1.2024 

Añado las grabaciones de Maazel/Berlín, Ozawa/Chicago y Barenboim/WEDO, y realizo un comentario renovado de la de Karajan/Viena.

 _______________________

11.8.1019

Esta entrada se publicó originalmente el 8 de enero de 2015.

He añadido ahora las grabaciones de Kubelik 1960, Klemperer 1963, Karajan 1973, Maazel 1979, Solti 1984, Rozhdestvensky 1987, Gergiev 2002 y Noseda 2015. Asimismo, he vuelto a escuchar la de Gergiev de 2010 y he modificado sus comentarios, aunque sin variar la puntuación. 

 ________________________________________________


Aprovecho para recordar que lo más importante de la obra es el primer movimiento, tan dilatado que solo él ocupa –se acerca a los veinte minutos– poco menos de la mitad de la partitura; construir su complicada arquitectura de tensiones para descargar la fuerza en unos clímax que deben sonar muy escarpados y dramáticos es el mayor reto para la batuta. Se articula en Andante sostenuto — Moderato con anima — Moderato assai, quasi Andante — Allegro vivo.

El segundo es un Andantino muy bello en el que no es difícil para un intérprete dejarse llevar por la tentación de la dulzura excesiva. El peculiarísimo Scherzo se basa exclusivamente en los pizzicati de la cuerda, reservándose el metal la exclusiva de un trío que debe tener su apropiado sentido del humor. El Finale es un Allegro con fuoco de enorme brillantez donde el interprete tiene otro reto monumental: no subrayar el efectismo inherente en la partitura –otra tentación para conseguir el aplauso fácil– hacer gala de fuego y sinceridad a partes iguales.


1. Maazel/Filarmónica de Berlín (DG, 1960). Treinta años contaba Maazel cuando le ponen por delante una de las orquestas más suntuosas del orbe para grabar la Cuarta de Tchaikovsky. ¿Y qué hace? Pues lo mismo que un niñato con un coche de lujo: ponerlo a toda pastilla. La suya es una interpretación brillantísima, llena nervio, tremenda en sus contrastes dinámicos y en sus descargas de electricidad, clara e incisiva en la tímbrica, espectacular a más no poder… Pero superficial, muy superficial: ni rastro de la sensualidad, el humanismo y la poesía, como tampoco de la atmósfera cargada y del desgarro sincero, que esta música necesita. A la postre, uno tiene la sensación de haber escuchado una versión alargada de la Obertura 1812. (7) 

 

Tchaikovsky Mravinsky DG

2. Mravinsky/Filarmónica de Leningrado (DG, 1960). Aunque la grabación se realizó en Londres durante una gira, esta es la interpretación rusa por excelencia. Queda claro desde el principio, con esos metales incisivos, punzantes, cargados de denuncia, y con esa cuerda tan voluptuosa como cálida de la Filarmónica de Leningrado. Y no queda menos claro con la batuta de un Mravinsky volcado en la aspereza y en el drama, rústico en la sonoridad, desinteresado por la belleza sonora en sí misma, en gran medida severo, pero no por ello falto de sentido de lo cantable ni de esa ternura tan típicamente tchaikovskiana. Solo pierde un tanto en relación por lo que ha venido después de la mano de otros directores: el primer movimiento podría estar mejor aquilatado en sus tensiones y alcanzar mayor fuerza visionaria, el segundo ser aún más emotivo, el tercero desarrollar mayor sentido del humor y el cuarto, poderosísimo pero quizá algo más enérgico de la cuenta, estar dicho con más atención a todos sus pliegues expresivos. La toma sonora no es mala para la época, pero sí en exceso estridente. (8)



3. Kubelik/Filarmónica de Viena (EMI-Testament, 1960). Lógica en la construcción, fluidez, claridad y un exquisito gusto son virtudes propias del arte del maestro checo que aquí no dejan de hacerse evidentes, pero lo cierto es que la inspiración no alcanza siempre la mayor altura. Lo mejor es un primer movimiento admirablemente planificado y dicho con apreciable convicción, a falta de un último punto de fuego visionario. Extrañamente flojea el segundo, dicho un tanto de pasada pese a la naturalidad del fraseo y al hermosísimo sonido de cuerdas y maderas vienesas. El tercero es clarísimo –los micrófonos quizá pongan en demasiado primer plano algunos instrumentos– pero necesita una mayor dosis de chispa y desparpajo. Y solvente sin más el Finale, necesitado de mayor fuego y visceralidad para terminar de convencer. Las trompas, curiosamente, no están en su mejor momento. Notable la toma, realizada no en la Sofiensaal sino en la Musikverein. (7)


Druck

4. Markevitch/Sinfónica de Londres (Philips, 1963). Director ucraniano y orquesta británica para una interpretación no menos rusa que la de Mravinsky y los de Leningrado: aquí hay rusticidad bien entendida, elevado sentido de la teatralidad y una electricidad incesante de principio a fin, dando como resultado una lectura encendida a más no poder pero controlada a la perfección por una técnica de batuta portentosa que planifica las tensiones con solidez increíble –primer movimiento mucho más logrado que el de la interpretación antes citada–, sin precipitarse y dejando que la música respire con naturalidad. Cierto es que los aspectos melódicos y atmosféricos no están tan logrados como los dramáticos, aunque no podemos ignorar el regusto nostálgico y amargo al mismo tiempo que con la batuta del de Kiev adquiere el final del segundo movimiento. El Scherzo está lleno de animación, con un trío admirablemente perfilado. Festivo a tope el Finale, no precisamente exento de creatividad. (9)


5. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1963). Sensualidad y emotividad a flor de piel son dos de las características más habitualmente asociadas al mundo de Tchaikovsky. También una cierta dosis de flexibilidad a la hora de plantear la arquitectura. Ninguno de estos conceptos es precisamente afín a las personalísimas maneras de hacer del Klemperer tardío, lo que significa que nos vamos a encontrar, cuanto menos, ante una recreación altamente heterodoxa y discutible. Efectivamente, aunque a veces para bien y a veces para mal. El primer movimiento resulta severo en exceso y carece de garra, amén de resultar poco emotivo, lo que no le impide resultar impresionante en lo que a construcción arquitectónica se refiere. El segundo, increíblemente bien analizado (¡sensacionales las maderas de la Philharmonia!) da gusto escucharlo tan despojado de sentimentalismo y al mismo tiempo tan bien cantado. El tercero, por desgracia, resulta más bien aburrido, y ni siquiera el peculiar sentido del humor del maestro hace su aparición en su sección central para decir algo nuevo. El cuarto Klemperer no se lo cree, planteándolo sin carácter festivo y alejado de toda comunicatividad. (7)

 

 

6. Ozawa/Orquesta de París (EMI, 1970). Solo dos años después de su epidérmica y extrovertida Quinta con la Sinfónica de Chicago, un Ozawa de treinta y cinco años parece madurar y dejar claras las señas de identidad con que más adelante se iba a acercar a este repertorio: amplitud y delectación melódica en grado superlativo, extremo cuidado de la belleza sonora y una atención muy especial a la delicadeza, la ternura y la melancolía, lo que no le impide recrearse en las grandes explosiones sonoras. Obviamente, unos movimientos van a funcionar mejor que otros. Aquí lo hacen particularmente bien el primero –pese a algún narcisismo en el arranque– y el segundo, bastante menos un tercero desinflado y con más epidermis que sinceridad expresiva en el Finale. La toma, realizada en la cavernosa acústica de la Salle Wagram, se ha conservado bien. (8)

Tchaikovsky 4 Barenboim NYP

7. Barenboim/Filarmónica Nueva York (Sony, 1971). En su primera aproximación discográfica a Tchaikovsky, el joven Barenboim realiza una lectura y intensa, de sonoridades rústicas y escarpadas, por momentos algo broncas, quizá porque la orquesta –que tampoco era una maravilla– no suena del todo pulida. Ofrece así un primer movimiento muy apasionado y rebelde, que va poco a poco acumulando tensiones, revelando de paso algún detalle magistral, aunque sin concluir con un clímax del todo visionario. En el Andantino Barenboim deja su impronta con un clímax intensísimo, abrasador, nada contemplativo. En el Scherzo los pizzicatti no suenan con la limpieza, agilidad y elegancia debidas, pero el trío resulta interesantísimo, con un sentido del humor sarcástico que recuerda a Klemperer. En el Finale se combinan la majestuosidad y el frenesí, conduciendo, quizá sin conseguir toda la unidad debida en la arquitectura, hacia una coda llena de fuerza y pasión. (9)



8. Karajan/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 1973). Ya desde la fanfarria del arranque –trompetas estridentes, con probabilidad de maneta voluntaria– se aprecia que Karajan a a volcarse en la espectacularidad todo lo que era previsible, pero también que va a comprometerse en lo expresivo mucho más de lo habitual. Y efectivamente, el movimiento inicial es de lo más visceral, escarpado, volcánico e implacable que se le haya escuchado al maestro salzburgués en toda su carrera fonográfica. El Andantino, aunque fraseado con cantabilidad, no es todo lo emotivo y sincero que podía haber sido, aunque es difícil resistirse a la carnosidad de las maderas y el empaste de la cuerda, tratadas por el maestro con una plasticidad y un refinamiento inigualables. Los otros dos movimientos están llenos de vida y entusiasmo, aunque perfectamente controlados desde una batuta que trata a la perfección la arquitectura global sin dejar de atender al detalle. (10)


Tchaikovsky 4 Bernstein DVD DG

9. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (DVD DG, 1975). Interpretación fresca y espontánea pero sin pérdidas de control, extrovertida, dionisíaca, muy brillante aunque no retórica ni superficial, no muy reflexiva ni ensoñada, tampoco particularmente poética o paladeada, pero en cualquier caso comunicativa y con una garra extraordinaria. Es decir, un Bernstein ya maduro sin llegar a la genialidad de sus últimos años. A destacar cómo el primer movimiento alcanza una tensión increíble en sus clímax con la mayor naturalidad del mundo, así como la vitalidad contagiosa, se diría que un punto jazzística, que Lenny consigue en el Scherzo, recreado con más frescura y menos retranca de otros directores. El cuarto es fogosísimo y entusiasta a más no poder, volcándose Bernstein en sus decibelios y carácter vertiginoso sin rubor alguno, pero sin perder el control ni caer en lo trivial. (9) 
 
 
  Tchaikovsky 4 Bernstein 1975

10. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1975). Esta grabación realizada en el Manhattan Center es algo así como el paralelo “en estudio” de la filmación en vivo del Avery Fischer Hall. De nuevo hay que admirar un primer movimiento bien paladeado, que comienza lento y ominoso, más que abiertamente trágico, para ir acumulando tensiones hasta alcanzar unos clímax de enorme fuerza: ¡qué dominio tenía Bernstein de los grandes arcos de tensiones! Segundo lento, muy cantable, emotivo y sensual. Tercero de pizzicati otra vez muy frescos, entusiastas y dionisíacos. Cuarto lleno de ardor sincero, nada retórico, siempre con su punto dramático, planteado sin precipitaciones, con inmenso control pero toda la brillantez en él esperable. (9)


Tchaikovsky 4 Abbado Viena

11. Abbado/Filarmónica de Viena (DG, 1975). Sin perder nunca el equilibrio, la elegancia y el sentido de la belleza, sin dejarse nunca desbordar ni dejarse llevar por el frenesí, el Abbado de los mejores tiempos consigue una lectura de enorme intensidad emocional y rebeldía, increíblemente bien planificada y soberbiamente tocada por una orquesta de la que el milanés consigue una tímbrica aristada, pero al mismo tiempo muy bella, que sin ser rusa resulta de enorme atractivo. Técnicamente la perfección de la orquesta y el virtuosismo de la batuta hacen auténticas virguerías, particularmente en el Scherzo, por no hablar de un final brillantísimo pero sin el menor asomo de retórica vacua. Sencillamente sensacional. (10) 
 
 

12. Rostropovich/Filarmónica de Londres (EMI, 1976). Aunque Rostropovich marca el metal del arranque de manera particularmente incisiva y desgarrada (¡brillante la London Philharmonic!), no va a ser la suya, en absoluto, una versión muy dramática, ni arrebatada, ni marcada por los contrastes; nada que ver con el carácter escarpado de un Barenboim, la fuerza dionisíaca de un Bernstein o la comunicatividad incandescente de un Abbado. La del genio de Baku es ante todo una visión lírica, efusiva, incluso melancólica –sin ser otoñal ni sombría–, que destaca por la cálida y muy emotiva cantabilidad –de apreciable sabor ruso, por otra parte– con que están recreadas las melodías tchaikovskianas. Todo ello sin menoscabo de una irreprochable construcción de las tensiones, aportando la adecuada rebeldía en los clímax y atendiendo a una meticulosa, diríase que perfecta planificación del entramado orquestal: lo del Scherzo es asombroso. Ni que decir tiene que el Finale es todo un ejercicio de control, sinceridad y exquisito gusto. (9) 
 
 

13. Böhm/Sinfónica de Londres (DG, 1977). Una visión particularmente sombría, sobria pero con una enorme fuerza, donde no hay lugar para languideces ni para excesos. El primer movimiento, mucho antes trágico que épico, juega con enormes contrastes de tempi, pero ni se precipita en los momentos rápidos ni cae el pulso en los extremadamente lentos. El juego de las dinámicas, extremo, tampoco da pie la espectacularidad. Hay una sensación general tristeza y mala leche que continúa en el Andantino, dulcísimo –sin empalago– y al mismo tiempo amargo, con una melancolía mucho antes ominosa y trágica que evocadora o complaciente. El tercer movimiento tiene mucha mala leche. El cuarto es de una fuerza enorme, pero sin retórica ni triunfalismo, sino con mala uva. Enfoque discutible en genera, pues, pero revelador y fabulosamente realizado. Asombroso, inigualable el trabajo de disección orquestal. (10)
 
 
Tchaikovsky 4 Markevitch Leipzig

14. Markevitch/Gewandhaus de Leipzig (Tahra, 1978). Además de ofrecer su habitual Tchaikovsky rústico, encendido y extrovertido, lleno de electricidad pero siempre controlado, amén de paladeado con enorme cantabilidad por completo alejada de la blandura, Markevitch hace gala aquí de un fraseo particularmente imaginativo y flexible con el que, arriesgando mucho y de paso demostrando un colosal sentido de la agógica y una intuición asombrosa, ofrece una visión novedosa de multitud de pasajes de la partitura sin que se resientan ni la arquitectura ni el estilo. Lástima que la orquesta no esté muy allá. Sonido discreto para la fecha. (9) 



15. Muti/Orquesta Philharmonia (EMI, 1979). El joven Muti era un ciclón, para lo bueno y para lo menos bueno. Muy deudor aquí de la herencia toscaniniana, armado de un vigor indesmayable y de un fenomenal sentido del ritmo, ofrece una recreación de altísimo voltaje teatral, voluntariamente áspera, cargada de fuerza y muy combativa, en la que se pasa por el forro lo que esta música tiene de sensualidad y encanto, como también de atmósfera más o menos gótica, para subrayar líneas de tensión y elevar todo lo posible la temperatura dramática. El resultado es tan atractivo como unilateral y desequilibrado, sobresaliendo –lógico– los movimientos extremos frente a un Andantino desaprovechado y un Scherzo en exceso bullicioso. Admirable el tratamiento de la orquesta, estupendamente recogido por una toma ahora trasvasada de manera satisfactoria a SACD. (8)


16. Maazel/Orquesta de Cleveland (Telarc, 1979). Parece mentira que un director de tan extraordinaria técnica y, en numerosas ocasiones, tan fino olfato para el repertorio sinfónico tradicional, se quede en una versión más bien irregular y deslavazada que, siempre dentro de una incuestionable solvencia, no termina de despegar. El primer movimiento, impecable, resulta más decibélico que rebelde en sus clímax, no del todo encrespados por culpa de una planificación algo escasa de fuelle. El Andantino se encuentra increíblemente bien diseccionado, pero no solo no resulta emotivo, sino que se ve lastrado por cierta dulzonería en el tratamiento de la cuerda. El Scherzo interesa por el cuidadoso tratamiento de las maderas, mas carece de esa vivacidad, esa efervescencia y ese peculiar sentido del humor de las grandes versiones. El Finale, sin caer en el desmadre de cara a la galería, tampoco posee el nervio y el fuelle que necesita, e incluso incurre en alguna blandura. La toma sonora, un tempranísimo digital de mayo del 79, posee mucha “carne” en su trasvase a SACD. (7)


Tchaikovsky 4 Karajan DVD Sony

17. Karajan/Filarmónica de Viena (DVD Sony y CD DG, 1984). El de Salzburgo insiste en la obra, esta vez cambiando el sonido oscuro y musculoso de Berlín por la plata de Viena. ¡Y bien que se recrea en ella! El hedonismo sonoro y gusto por el espectáculo resultan bien evidentes en esta interpretación en la que priman la brillantez, la opulencia y el refinamiento por encima del desgarro, y en la que la belleza roza en más de un momento –en el Andantino, sobre todo– la blandura narcisista, pero está tan increíblemente bien realizada y desprende tanto entusiasmo que es imposible no rendirse ante el resultado. El SACD de Esoteric resulta algo cavernoso cuando suena la percusión, muchísimo más presente –por lo que he catado– que en el CD oficial. También parece que es más redondo, más carnoso. (9)



18. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1984). Como era de esperar, porque estamos en el momento de mayor inspiración de su carrera, Sir Georg aprovecha una partitura como esta para hacer gala de toda esa electricidad perfectamente controlada, esa brillantez y ese sentido teatral que le caracterizan, todo ello sin caer en rigideces –el fraseo es flexible y natural a más no poder– y sin descuidar precisamente la claridad y el equilibrio de planos sonoros: la depuración sonora del tercer movimiento es de oírla para creerla. Con semejantes mimbres nos ofrece una lectura antes épica que trágica –lo que resulta por completo válido, claro está– llena de fuerza, nervio y sinceridad en la que, además, consigue descubrirnos el verdadero sentido de alguna de las frases: escúchese el pasaje agitado del Finale justo antes de la reaparición del tema del primer movimiento, que tras semejante desesperación vuelve con perfecta lógica. Eso sí, se echa de menos esa particular sensualidad humanística, tierna y doliente, en la manera en que la cuerda canta las bellísimas melodías tchaikovskianas. La orquesta compensa semejante carencia de la batuta con una actuación de esas que hacen historia. (9)



19. Solti/Sinfónica de Chicago (DVD iCa, 1985). Dos meses después de su registro en Chicago, Sir Georg y los suyos ofrecieron en el Royal Festival Hall de Londres una lectura en la que demostraron que no solo son capaces de tocar son semejante grado de brillantez y perfección en directo –aquí no hay espacio para correcciones de estudio–, sino que son capaces de mejorar el segundo movimiento haciendo gala de una intensidad poética, una efusividad y una calidez que nos tocan hondamente el corazón. El resto, una perfecta e insuperable mezcla de intensidad y control: ¡qué manera de regular los pizzicati del tercer movimiento! Verdadera lástima que la toma sea monofónica, porque la versión es una de las indiscutibles referencias. (10)



20. Rozhdestvensky/Sinfónica de Londres (Pickwick, 1987). Aun sin renunciar a esos clímax de ásperos metales que tanto le gustaban, no apuesta el maestro moscovita por una recreación particularmente visceral ni expresionista. Ni siquiera en el Scherzo, bienhumorado antes que sarcástico, hace gala de su poderosa personalidad. Lo que ofrece es más bien una interpretación de corte reflexivo, de tempi deliberados y melodías paladeadas con delectación, atenta a la atmósfera, a lo contemplativo y a lo melancólico, diríase que un punto otoñal, pero sin blanduras ni amaneramientos. Ahora bien, lo cierto es que el conjunto no termina de funcionar hasta llegar a un magnifico cuarto movimiento: en el resto falta un último grado de inspiración, de compromiso expresivo. La toma deja que desear desde el punto de vista tímbrico, pero al menos ofrece una muy amplia gama dinámica. (8)



21. Ozawa/Filarmónica de Berlín (DG, 1988). Dieciocho años no pasan en balde. El maestro oriental firma ahora una interpretación que, moviéndose en la misma línea elegante y melódica que la registrada en París, eleva de manera muy considerable el nivel en los dos últimos movimientos –los que antes cojeaban– al tiempo que aporta todavía más refinamiento –sin blandura alguna–, un portentoso análisis del entramado orquestal y una brillantez superlativa a la que no es precisamente ajena la fuerza de los metales berlineses. Por lo demás, exquisito sentido del color, extremadamente meticulosa planificación del discurso horizontal y también, todo hay que decirlo, una indisimulada intención que la tensión dramática, muy bien servida, no llegue a desgarrarnos internamente ni a estropear la belleza de la música, que en el fondo es el mayor foco de interés para el maestro. Por completo formidable la toma de sonido, realizada en la Jesus-Christus-Kirche. (9)

 

22. Abbado/Sinfónica de Chicago (Sony, 1988). Trece años después, han desaparecido la rebeldía y la tensión de la versión con Viena y hace su aparición cierto carácter contemplativo acompañado de una tendencia a la blandura y al narcisismo sonoro propios del Abbado maduro, aunque por fortuna sigue sin haber la menor caída en la retórica o el efectismo. La orquesta está formidable y la elegancia se encuentra garantizada. (8)

 

23. Dohnanyi/Filarmónica de Viena (Decca, 1988). Increíble trabajo técnico con la orquesta, que suena no solo hermosísima sino también muy poderosa, para una lectura que se decanta por una severidad que en cierto modo recuerda a Karl Böhm. Nada del Tchaikovsky rústico y apasionado de la escuela rusa hay aquí, pero tampoco se encamina el maestro berlinés hacia la delectación, el refinamiento o la opulencia. Lo que hay es potencia dramática, tensión interna y un muy bien medido sentido de los contrastes, todo ello en perfecto equilibrio tanto sonoro como expresivo y haciendo gala de una proverbial elegancia. La toma, realizada en la Konzerthaus, es soberbia. (9)

 

24. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (DG, 1989). Con Lenny en la cima de su talento y creatividad, esta podía haber sido la interpretación de referencia. pero no: si cojea un Andantino un tanto narcisista y amanerado. Si no fuera por él, la interpretación sería genial por su fuego, su visceralidad sin pérdida de control, su brillantez y opulencia sonoras, su sentido del color y, también, su sentido del humor y frescura en el tercer movimiento. (9) 
 
 
Tchaikovsky 4 Celibidsche Artist

25. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Artist, 1990). En esta piratada radiofónica de discreto sonido queda ya de manifiesto el modus operandi del Celibidache tardío, que hace gala de la extraordinaria cantabilidad, la admirable elegancia, el desarrolladísimo sentido del color y la honda serenidad poética que en él son habituales. Asimismo encontramos ese particular sentido “deconstructivista” tan suyo que le lleva a tratar la arquitectura con flexibilidad y lentitud extremas, dando como resultado un alucinante análisis del entramado vertical y horizontal de la partitura capaz de revelar mil y un detalles nuevos, pero derivando al mismo tiempo en una gran excentricidad en el discurso y en un alejamiento de la expresividad rústica, visceral y encendida que es propia del autor. (9) 
 
 

26. Sanderling/Filarmónica de Berlín (DVD Euroarts, 1992). Lectura de trazo amplio, lenta pero de pulso muy sostenido, de asombrosa cantabilidad, gran hondura espiritual y un intenso sentido humanista, sin que falten el sentido del humor (sutil, nada sarcástico), la brillantez ni, menos aún, la elegancia. Las tensiones está muy calculadas, no habiendo lugar para el arrebato espontáneo, aunque eso tampoco merma la naturalidad, en todo momento muy grande. Resulta ideal para este enfoque el sonido denso y oscuro –pero no precisamente escaso de claridad– de la orquesta, cuajada de espléndidos solistas. A destacar los movimientos extremos: denso e implacable en su tensión interna el primero hasta alcanzar unos clímax de fuerza abrumadora, grandioso pero no grandilocuente el Finale, tan intenso como ajeno al frenesí o el descontrol. (10) 
 
 
Tchaikovsky 4 Celibidache EMI

27. Celibidache/Filarmónica de Munich (EMI, 1993). Amplitud de trazo, sentido del color, efusividad lírica, refinamiento sin blanduras y brillantez sin ampulosidad se encuentran aquí tal y como se podía esperar, siempre en una línea más apolínea que dionisíaca, pero en esta ocasión los tempi son tan lentos –más aun que en su registro corsario tres años anterior, exceptuando el Finale– que en el segundo movimiento llegan a irritar, perdiéndose un tanto la continuidad del discurso. El sentido del humor del tercer movimiento es muy sutil, quizá demasiado. El cuarto es todo un triunfo. (8)
 
 

28. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Teldec, 1997). El maestro argentino parece comenzar algo apagado, pero pronto las tensiones se van acumulando de manera implacable: escarpadísimo el clímax central y tremendo el final, con unas “ráfagas” de los metales (¡increíble la orquesta!) verdaderamente estremecedoras. La cantinela del oboe que abre el Andantino está dicha con la naturalidad que pedía Tchaikovsky, aunque el resto del movimiento, por descontado que anejo a la blandura, no es el más emotivo posible. Más sutil que animado el Scherzo, en el que sobresalen los detalles ligeramente mordaces del Trío. El cuarto es el gran triunfo de Barenboim: fogoso e intenso sin ápice de grandilocuencia ni triunfalismo. La orquesta le suena menos bella que a Abbado, pero más rústica y corpulenta, y desde luego con un color más adecuado para este repertorio. (9) 

 
 

29. Barenboim/Sinfónica de Chicago (YouTube, 1997). Unos meses después de su grabación para Teldec, Barenboim se supera a sí mismo junto a los de Chicago en Nueva York con una poderosísima, incandescente y arrebatadora interpretación, tremenda en los movimientos extremos, de una rabia y una visceralidad sobrecogedoras, pero también dichos con enorme control y una admirable flexibilidad. Muy bien el segundo, hermoso pero nada dulce ni ensoñado, y con buen sentido del humor el tercero. La orquesta vuelve a sonarle adecuadamente rocosa y escarpada. ¿Veremos alguna vez una difusión comercial, con imagen y sonido decentes, de este prodigio? (10)



30. Gergiev/Filarmónica de Viena (Philips, 2002). Aun siendo un director generalmente tosco, zafio y hasta hortera, el moscovita aquí demuestra no solo una absoluta convicción hacia los valores de la obra, sino también un trabajo más cuidadoso con la orquesta de lo que en él es habitual y una renuncia, cosa sorprendente en una obra que se presta a que el maestro se suelte la melena, a montar el numerito decibélico, aunque no deja de haber ciertas irregularidades. Así, el primer movimiento convence por un planteamiento adecuadamente elástico y por sus clímax escarpados y llenos de rabia, si bien la planificación no es óptima y da la impresión de que la dilatada página está construida sin la continuidad suficiente. Muy bien paladeado el segundo movimiento, sobresaliendo una sección central muy encendida, aunque alguna frase resulta algo relamida. Magnífico el tercero, no solo lleno de nervio en los pizzicati sino también con su bienvenida pizca de retranca en el tratamiento de las maderas. Y muy notable, sin ser el más electrizante de los posibles, un Finale bien planteado y resuelto. La toma no es la mejor de las posibles para un recinto de tan notable acústica como la Musikverein vienesa. (8) 



31. Gatti/Royal Philharmonic (Harmonia Mundi, 2004). Lectura no ya superficial sino abiertamente equivocada, escasa en dramatismo y de un lirismo cursi que apuesta por las sonoridades ingrávidas y almibaradas, echándose de menos densidad sonora y esa cantabilidad honda y sentida propia del autor. Primer movimiento nervioso, sin garra dramática alguna, con momentos excesivamente leves. Segundo insoportable: trivial, cursi, repipi. Scherzo ligero y virtuosístico, más bien trivial. Bien a secas el Finale, adecuadamente festivo pero sin vulgaridad. A olvidar. (5) 
 
  Tchaikovsky 4 Tilson Thomas DVD
32. Tilson Thomas/Sinfónica de San Francisco (DVD San Francisco Symphony, 2004). Tras una fanfarria no del todo sincera, incluso un punto más retórica de la cuenta, el director norteamericano se pierde en el laberinto de las tensiones y distensiones del primer movimiento sin llegar a darle unidad al mismo, y por ende sin alcanzar la rabia y desesperación que requieren sus clímax. En el Andantino hace frasear al oboe con amaneramiento para decantarse luego por un lirismo de sensibilidad refinada y mucha cantabilidad, pero algo blando y tristón, carente de verdadera congoja y de la tensión interna que necesita. El tercero movimiento está irreprochablemente delineado sin que termine de funcionar, mientras que por fin en el cuarto Tilson Thomas demuestra su enorme talento ofreciendo brillantez, fuerza y entusiasmo bajo un perfecto control de los medios a su disposición. Espléndido el documental sobre la obra, aunque en gran medida sea promoción de la propia orquesta californiana. (7)
 
 
Tchaikovsky 4 Van Immerseel

33. Van Immerseel/Anima Eterna (Zig-Zag, 2004). Llegaron los instrumentos originales a Tchaikovsky, pero a la postre aportaron nada en especial. Lo hubieran hecho, quizá, con un director más afín a este repertorio y menos aburrido que el señor Van Immerseel. También con más técnica: su primer movimiento resulta deslavazado, alternando momentos logrados con otros sin pulso, con tensiones no del todo bien planificadas y sin la suficiente rebeldía por mucho todo esté en su sitio. El Andantino resulta bajo su dirección tan correcto como soso. Al tercero le falta sentido del humor. El cuarto está bien, no cae en efectismos, y de ahí no pasa. En suma, una interpretación que no saca los pies del plato pero termina aburriendo. Habrá pedantes que la aplaudan creyendo que es el colmo del atrevimiento con su postura presuntamente renovadora, contraria a la tradición e inconformista, cuando en realidad es más de lo mismo, pero mal hecho. (5) 
 
 
Tchaikovsky Gergiev Bluray

34. Gergiev/Orquesta del Mariinski (Blu-ray Mariinsky, 2010). En una línea parecida a la de su grabación en Viena ocho años anterior, pero con una orquesta mucho menos buena, lo más interesante de esta filmación, además de su soberbia calidad de imagen y sonido, es un primer movimiento que no solo ardiente y escarpado a más no poder, sino también mucho más controlado de lo que en Gergiev se pudiera esperar, aunque también es cierto que en los momentos más introvertidos la tensión se le viene abajo, y que alguna frase algo meliflua se le escapa. El lirismo del segundo movimiento –muy bien delineado el juego entre cuerda y maderas– resulta un tanto blandengue y sentimentaloide, incluso un punto gangoso: no se lo acaba uno de creer. Solvente pero algo soso el tercero, y muy notable el cuarto. La filmación, realizada en la Salle Pleyel de París, está realizada por un Andy Sommer que intenta ser moderadamente original sin convencer en sus detalles creativos, optando por algunas decisiones tan discutibles como los planos congelados del director. (7)



35. Krystian Järvi/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). El más joven de la dinastía de los Järvi nos desconcierta por completo en un primer movimiento que arranca admirablemente –viriles, decididos los soberbios metales de berlineses– y a partir de ahí alterna momentos con todo el carácter escarpado y dramático que deben con otros en los que los tirones de tempo, ciertos detalles amanerados en el fraseo e incluso inesperadas sonoridades blandengues en la cuerda terminan resquebrajando una arquitectura que no se sabe muy bien a dónde va. Funciona mucho mejor el Andantino, vehemente más que ensoñado, beneficiándose de manera considerable de la soberbia cuerda de la Berliner Philharmoniker. Magnífico el Scherzo, lleno de vida y entusiasmo, además de dicho con todo el virtuosismo esperable en la formación alemana. Decidido y de una pieza el Finale, antes que matizado, culminando en una coda particularmente fogosa y un tanto efectista en la que los prodigiosos metales de la orquesta alemana tienen mucho que decir. Lo dicho: una interpretación desconcertante. (7)


36. Noseda/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). El maestro italiano ofrece una interpretación muy bien construida –nada que ver con la de Krystian Järvi con la misma orquesta–, cuidadosa y de irreprochable gusto, sin languideces ni excesos, a la que por desgracia le falta ese punto de cantabilidad, sensualidad y emotividad netamente tchaikovskianas que ejerzan de contrapunto a la brillantez desplegada y profundicen en las significaciones de la partitura. Tampoco su voltaje dramático llega a los niveles que Karajan alcanzó décadas atrás precisamente. En cualquier caso, la Filarmónica de Berlín vuelve a ser un lujo en una partitura como esta, particularmente escuchar a un Albrecht Mayer en la cantinela del oboe del segundo movimiento, por no hablar de los metales en un Finale encendido pero sin efectismos. El vídeo se encuentra disponible en este enlace. (8)

 

37. Barenboim/WEDO (Medici TV, 2015). Ninguna novedad conceptual ofrece aquí el maestro frente a sus testimonios anteriores, aunque quizá sea en esta ocasión cuando sus aportaciones ofrezcan una síntesis más redonda y equilibrada hasta redondear una interpretación quizá no genial, pero a todas luces modélica. En este sentido, el primer movimiento es toda una lección de desarrollo orgánico en la arquitectura y de cómo planificar tensiones para alcanzar clímax de gran fuerza sin recurrir a efectismos. El segundo, una vez más con Barenboim mucho antes incandescente que ensoñado, está dicho con enorme sensualidad y una plasticidad enorme en el tratamiento de la cuerda. Un prodigio la regulación dinámica de los pizzicatos en el tercero, irónico más que distendido, por no hablar de la claridad de las maderas en un trío que suena mordaz y bastante ruso. Y qué decir del Finale, de nuevo especialidad de la casa: imposible ofrecer una más portentosa convergencia entre arrebato y control. La orquesta funciona estupendamente poniendo lo mejor de sí mismo, aunque Barenboim hace un poco de trampa y se trae de refuerzo al mismísimo Mathieu Dufour, por entonces flautista de Chicago. (10)



38. Kirill Petrenko/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2026). El Tchaikovsky de Kirill Petrenko tiene muy poco que ver con la rusticidad y el carácter electrizante de un Markevitch o un Mravinsky. También queda a distancia de la densidad y el pathos de un Celibidache o un Barenboim. Más bien enlaza con la mezcla de opulencia, refinamiento y hedonismo de un Karajan o, sobre todo, un Abbado. El Abbado de la última época, claro, justo el de su titularidad en Berlín. ¿Casualidades? No creo: el instrumento de un director de orquesta sí importa, y mucho. Cuando se tiene delante lo que se tiene, la tentación es grande. Y el nuevo titular se deja arrastrar por ella sin remordimiento alguno. En cualquier caso, en esta Cuarta no se produce un descalabro como el de la Patética. Globalmente es una muy buena interpretación, increíblemente bien tocada y –como en el Elgar– planificada de manera milimétrica para que todo suene limpio, redondo, terso, empastado y brillante. Otra cosa es que, una vez más, las irregularidades de Petrenko vuelvan a quedar en evidencia. Notable el primer movimiento, muy atractivo por su mezcla de brillantez y control a pesar de algún punto muerto demasiado evidente por su timidez expresiva: el maestro suele confundir delicadeza con languidez. Y eso es justo lo que ocurre en un Andantino difícil de soportar. Un Tchaikovsky leve, blandito y cursi no es de recibo a estas alturas de la película, por muy suntuoso que sea el sonido de la cuerda. En el peculiar Scherzo los pizzicati están impolutamente expuestos, pero se echa de menos sentido del humor. Sin embargo, en la sección central metales y –sobre todo– maderas son una cosa increíble tanto en lo técnico como en lo expresivo. Notabilísimo el Finale, vistoso en su punto justo y muy bien educado. Quizá en exceso: un acercamiento más a flor de piel, más sincero y de mayor carácter visionario, resulta preferible. (7)

domingo, 30 de agosto de 2026

Sinfonía nº 1, “clásica”, de Prokofiev: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN 30.VIII.2026

La entrada original es del 4 de agosto de 2013. Añado siete interpretaciones y reformo el texto de alguna ya comentada que he vuelto a escuchar.

__________________

La Sinfonía Clásica de Prokofiev no necesita presentación alguna, pero conviene recordar un dato: cuando la compuso entre 1916 y 1917, es decir, a los veintiséis años de edad, el artista tenía ya algunas obras de importancia en su catálogo, como la Suite Escita, y por las mismas fechas escribe otra obra de no menor inspiración, el Concierto para violín nº 1, del que ya presenté su correspondiente discografía comparada.

También es necesario advertir que esta Primera Sinfonía resulta particularmente difícil de interpretar. Por un lado, hay que hacerlo con toda la depuración sonora, elegancia y equilibrio que precisa el repertorio propiamente clásico al que el título y las intenciones hacen alusión. Por otro, es necesario capturar el espíritu propio de Prokofiev, esto es, su particular sentido del humor y, no menos importante, su latente lirismo melancólico. Quedarse en el simple juego estético neoclasicista resulta por ello tan equivocado como acentuar los aspectos trepidantes más de cara a la galería, que es la trampa en la que caen unos cuantos maestros en busca del aplauso fácil. Por no hablar de los muchos que frasean con rigidez, de modo cuadriculado y sin encanto ninguno. A mi entender, son muy pocos los directores que aciertan plenamente en esta obra y sacan a la luz la enorme genialidad de su inspiración. A mi entender, solo dos: Giulini y Celibidache.

Antes de pasar a la comparativa –conviene recordar que eso de puntuar del uno al diez resulta tan pueril como injusto en un terreno como el de la crítica estética, pero sirve para aclarar las ideas–, interesa puntualizar un detalle que se aprecia en numerosos registros: los ingenieros de sonido tienden a excederse con la reberberación, quizá por un equivocado deseo de "hinchar" sinfónicamente una partitura que en realidad está pensada para una orquesta de tamaño mediano.

Son sus movimientos:
  1. Allegro
  2. Larghetto
  3. Gavotta: Non troppo allegro
  4. Finale: Molto vivace




1. Koussevitzky/Sinfónica de Boston (RCA, 1947). Que la orquesta norteamericana alcanzó un gran nivel con el mítico director ruso queda fuera de toda duda: parece mentira que –en general– sea capaz de seguir sus tempi desquiciados en esta, digámoslo abiertamente, precipitada y nada elegante interpretación que resulta deleznable en los dos primeros movimientos, mecánicos, machacones y muy insensibles. Los otros dos, siempre dentro de una línea trepidante ante todo, alcanzan un más digno nivel. (4) 
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Celibidache Berlin

2. Celibidache/Filarmónica de Berlín (EMI, 1948). Resulta pasmoso que con tan solo treinta y cinco años, y al frente de la orquesta cuyo podio compartía entonces nada menos que con Furtwängler –estamos en las fechas de la gira juntos, aunque oficialmente el titular era el rumano–, Celi fuera capaz de acertar plenamente no solo en el estilo sino también en el contenido expresivo de la obra, derrochando encanto, vuelo lírico –lentísimo el Larghetto–, carácter espiritoso y un enorme sentido del humor sin caer en ninguna de las trampas interpretativas que acechan en la partitura, y todo ello además haciendo gala de una encomiable claridad. Muchos años más tarde el maestro ofrecerá una dosis aún mayor de refinamiento e imaginación, limando además algunos “excesos juveniles” evidentes en el primer movimiento, pero esta interpretación es ya formidable. Lástima que se encuentre descatalogada. (9)
 
 

3. Toscanini/Sinfónica de la NBC (audio YouTube, 1951). Este registro en vivo, colgado en la red por algún aficionado, es complementario del realizado poco antes en estudio por los mismos intérpretes. Independientemente de la mediocre calidad de la orquesta y de los evidentes desajustes, el maestro italiano dirige con insensibilidad y machaconería, aprisa y corriendo, con escasa elegancia y ninguna cantabilidad. Solo su olfato para la ironía agria y un bien trazado cuarto movimiento redimen parcialmente este cúmulo de horrores. (5)



4. Markevitch/Philharmonia (Testament, 1951-52). Interpretación muy vitalista y espiritosa, poco dada a la evocación melancólica, pero en cualquier caso sin precipitarse y desde luego muy alejada de lo pimpante o trivial. Lo más discutible es el Larghetto, incisivo y anguloso en los pizzicatti y el tratamiento de las maderas, pero no muy emotivo. Sensacional el Finale. A veces se echa de menos claridad en las maderas, quizá por la grabación, realizada originalmente por EMI. (8)

 
 

5. Fricsay/RIAS de Berlín (DG, 1954). Buen enfoque, entusiasta y con sentido del humor, sin precipitaciones y con un apreciable vuelo lírico en el segundo movimiento, para una realización un tanto tosca, sin mucha claridad y algo chapucera por parte de la orquesta. El final es un tanto bruto. Prescindible. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Malko

6. Malko/Orquesta Philharmonia (EMI, 1955). Notable interpretación de trazo sólido y seguro, ajena a los devaneos sonoros, clara en los planos y muy centrada en lo expresivo, a la que le faltan compromiso e inspiración para alcanzar el equilibrio entre lirismo e ironía que la obra necesita: no se comprende que algunos críticos la hayan considerado de referencia. Muy bien la orquesta, pese a algún desajuste. Sonido estéreo espléndido para la época. (8)


Prokofiev Sinfonía Clásica Ancerl

7. Ancerl/Filarmónica Checa (Supraphon, 1956). Conviene revisar las mitificadas interpretaciones del maestro checo: aquí aborda la obra con evidente energía, sano desenfado y apropiada efervescencia pero su pulso es tan precipitado, su planificación tan pobre, su cantabilidad tan escasa y su elegancia tan inexistente que el resultado es muy mediocre. La orquesta no ayuda precisamente. La reverberación de la toma parece añadida por la muy discutible remasterización del original estereofónico. (5)



Prokofiev Sinfonía Clásica Kurtz

8. Kurtz/Philarmonia (EMI, 1957). La falta de matices por parte de la batuta es evidente, echándose de menos una buena dosis de imaginación para ofrecer la chispa, el sarcasmo y el lirismo necesarios, pero la seriedad del maestro ruso, su buena planificación, su entusiasmo y su rechazo al devaneo sonoro le hacen, junto a la excelencia de la orquesta, ganar la partida. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonías Rozhdestvensky

9. Rozhdestvensky/Gran Orquesta Sinfónica de la RTV de la URSS (Melodiya, 1966). El primer movimiento resulta un verdadero horror, pero no porque el maestro, tantas veces admirable en este repertorio, quiera ver la obra desde el punto de vista del Prokofiev más aristado y agresivo, sino por basto, machacón y precipitado. El segundo y el tercero, algo sosos, se muestran mucho más centrados en lo expresivo y están bien dichos. El cuarto vuelve a ser una locomotora sin frenos, aunque aquí la vitalidad y el buen dominio del lenguaje que muestra Rozhdestvensky son un tanto a su favor. El sonido es deficiente: quizá pudiera mejorar con un nuevo reprocesado. (5)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Bernstein

10. Bernstein/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1968). Al frente de una orquesta no muy allá pero haciendo gala de su proverbial comunicatividad y entusiasmo, el maestro norteamericano ofrece una recreación que engancha desde el primer momento por extravertida, animada y espontánea, dotada además de un risueño –más que sarcástico– sentido del humor. Es problema es que pero también resulta algo tosca, poco elegante, escasamente lírica y desde luego no muy “clásica”. (8)
 

Prokofiev Sinfonía Clásica Svetlanov

11. Svetlanov/Sinfónica del Estado de la URSS (BBC Legends, 1968). Nada en especial aporta esta toma en vivo, por cierto demasiado precaria como para enjuiciar correctamente el equilibrio de planos sonoros en un primer movimiento que, por lo demás, parece muy bien llevado. El segundo, correctísimo y un tanto insulso. En el tercero sobresalen el tratamiento sarcástico de la madera y algunos rubati de interés. Desdichadamente los aciertos parciales de esta interpretación se echan a perder en el cuarto, rapidísimo e insensible. (6)
 
  

12. Abbado/Sinfónica de Londres (Decca, 1969). A sus treinta y seis años lleno de talento y demostrando unas tremendas ganas de hacer música, Abbado defrauda de manera considerable en un primer movimiento tan vitalista y entusiasta como cuadriculado y poco elegante, por no decir machacón, amén de poco interesado por desmenuzar la partitura. Mucho mejor el segundo, paladeado con adecuada cantabilidad y dicho sin prisas, y sin duda espléndido el tercero, con unas maderas filigrana pura que destilan toda la ironía que la música necesita. Al cuarto, magníficamente expuesto, le faltan vitalidad y atención a sus posibilidades expresivas, pero es de agradecer que el maestro no caiga en el atropellamiento y el efectismo de su posterior registro para DG. (7)


13. Masur/Filarmónica de Dresde (Berlin Classics, 1969?). Un desastre el primer movimiento: precipitado, insensible, carente por completo de elegancia, y expuesto con una vulgaridad talo que las maderas ni se oyen. Sí lo hacen en un segundo que, aun lejos de destilar poesía, al menos posee un muy adecuado toque de picardía. Muy bien el tercero, y muy correctamente planteado y expuesto el último. La toma se ha conservado mejor de lo esperable. (6)



14. Martinon/Nacional de la ORTF (Vox, 1971). No está claro si el maestro falla al entender a Prokofiev como un compositor eminentemente trepidante o al interpretar el clasicismo con excesivo hincapié en lo frívolo, lo grácil y lo risueño, pero lo cierto es que esta interpretación, no muy bien tocada y un tanto confusa, esto último en buena medida debido a la reverberante acústica de la sala, resulta tan vistosa como en exceso extravertida y tópica, cuando no –terrible el primer movimiento– precipitada, insensible y machacona. (5)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Ormandy

15. Ormandy/Orquesta de Philadelphia (RCA, 1972). Una pena desperdiciar tan soberbia orquesta en una interpretación de concepto frívolo y pimpante, dicha además con demasiadas prisas, no mucho encanto y escasa atención al matiz expresivo. Solo se salva el último movimiento, muy animado y pletórico de virtuosismo. La toma sonora tampoco es muy allá. (6)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Marriner

16. Marriner/Academy of Stm Martin in The Fields (Decca, 1972?). Queda claro que Sir Neville y sus chicos interpretan el neoclasicismo de Prokofiev igual que lo hacen con el clasicismo propiamente dicho, es decir, de manera aérea, distendida y luminosa, fraseando con ligereza, agilidad e incuestionable naturalidad, aportando además esa distinción típicamente británica, pero pasando por completo de largo ante todo lo que sean claroscuros expresivos. A veces, incluso (¡qué Gavotta más rutinaria!) de los matices propiamente dichos. El resultado es una interpretación tan placentera como inofensiva. La toma de sonido, distorsionada y un tanto reverberante, no está a la altura. (7)
 
 


17. Weller/Sinfónica de Londres (Decca, 1974). No hay en esta algo primaria y un tanto deslavazada realización particular elegancia, ni encanto, ni refinamiento, ni poesía ni sentido del humor, pero al menos está realizada con ganas –muy bien el primer movimiento, algo alicaído el segundo–, es comunicativa y se escucha con placer. En la integral de Weller hay cosas bastante peores.  (7)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Ashkenazy

18. Ashkenazy/ Sinfónica de Londres (Decca, 1974). Solo un mes más tarde de su grabación con Weller, la London Symphony repite la obra para el mismo sello y en la misma sala de grabación, el desaparecido Kingsway Hall, pero los resultados tampoco son para tirar cohetes: primer movimiento precipitado y de trazo muy grueso –apenas se escuchan las maderas–, segundo más lento e igual de alicaído que antes, tercero sin apenas encanto y cuarto, menos mal, animado y trepidante sin desatender la claridad. (7)



19. Celibidache/Orquesta de la Suiza Italiana (YouTube, 1975). Impagable testimonio, en color pero con importantes limitaciones en el audio, de un Celibidache demostrando a los sesenta y tres años ser capaz de sacar petróleo de una orquesta muy medianita para bordar una recreación que mejora la antigua suya en Berlín y anuncia la por completo genial de la Filarmónica de Múnich. Curiosamente, aquella estará expuesta con mayor finura y sensualidad, pero hay algún detalle excepcional aquí que no se repetirá. Quien quiera tener clara la diferencia entre tocar e interpretar, que vea este vídeo: se puede tocar bastante mejor, pero difícilmente interpretar la partitura con más estilo, mejor mezcla de elegancia, picardía y salero o mayor número de ideas lúcidas –que no caprichos– en torno a la agógica y la dinámica al servicio de una partitura en la que se cree firmemente. (9)



20. Giulini/Sinfónica de Chicago (DG, 1976). Ante todo, y pese a que los violines en algún pasaje no suenan con el portentoso empaste en ellos habitual, es esta una interpretación tocada de maravilla por una orquesta cuyos solistas, además, son extremadamente musicales; y es una interpretación dirigida con una asombrosa claridad, realmente inigualada en toda la historia del disco, haciendo Giulini se escuchen con singular nitidez todas y cada una de las líneas instrumentales, siempre con gran atención a las voces intermedias y logrando un perfecto equilibrio polifónico. Ahora bien, lo más importante es que a todo esto se añade que el maestro italiano logra ofrecer una versión muy “clásica” (sobria, equilibrada, elegante, ajena al efectismo, sin pathos excesivo y alejada del arrebato) que saca todo lo que la partitura tiene de lirismo y de evocación, pero presentando al mismo tiempo todo el trasfondo de ironía y mala leche que alberga la partitura, siempre dentro –no podía ser de otra forma tratándose de Giulini– de un humanismo que rechaza el excesivo sarcasmo. El único reparo, muy relativo, es que el segundo movimiento, llevado con más rapidez de la esperada después de un primero en el que las cosas se toman con calma, no ofrece toda la elevación poética que conseguirá más tarde un Celibidache. La toma sonora, como todo lo que grabó DG en Chicago por aquellas fechas, es soberbia. Versión de referencia. (10) 
 


21. Kosler/Filarmónica Checa (Supraphon, 1976). Artesanía de primera la de un Zdenek Kosler que acierta en la expresión, evita toda vulgaridad y trabaja con pinceles finos alcanzando un acertado punto de equilibrio expresivo entre las diferentes facetas de la partitura. A destacar el trabajo con el entramado interno de las maderas en los movimientos extremos, realmente notables. Antes irónico que efusivo el Larghetto, correcta sin más la Gavotta. La toma de sonido es muy poquita cosa. (7)



22. Previn/Sinfónica de Londres (EMI, 1977). De las realizadas con la Sinfónica de Londres en los años setenta esta lectura, bajo la dirección de su titular, es con diferencia la mejor. Lo es por el evidente entusiasmo de Previn, su riqueza expresiva y su perfecto idioma, sino también por el acierto a la hora de equilibrar jovialidad, elegancia e ironía en su punto justo. Es eso lo que significa la objetividad que asociamos con su batuta: atender a todo lo que está ahí sin voluntad de poner unos aspectos por encima de otros ni de ofrecer una mirada personal. Ortodoxia en estado puro, para lo bueno y para lo menos bueno. Por lo demás, hay que descubrirse ante una técnica que le permite desarrollar una arquitectura de pulso perfecto: rara vez hay en él languideces o precipitaciones, y en esta obra tan peliaguda en ese sentido tampoco se da el caso. Qué decir, finalmente, de su capacidad para aclarar las texturas sin que el resultado parezca presidido por el análisis: el cuarto movimiento es una maravilla en este sentido. El viejo reprocesado de 1986 que circula por nuestros lares deja mucho que desear: bastante mejor el del SACD. Intente encontrarlo por en aguas sarracenas. (9)
 
 

23. Solti/Sinfónica de Chicago (Blu-Ray Cmajor, 1977). Posterior solo año y medio a la descomunal recreación de Giulini con la misma orquesta, resulta asombroso el modo en que la formación norteamericana es capaz de poner su enorme virtuosismo –increíbles las maderas– al servicio de una lectura no ya muy distinta sino conceptualmente opuesta, aunque no menos defendible en su planteamiento que la anterior: frente a la cantabilidad, el humanismo, la sensualidad y el humor más bien soterrado del italiano, la extroversión, la incisividad, la picardía, la inmediatez y la frescura irresistibles del maestro húngaro, quien tampoco se queda precisamente corto a la hora construir el edificio de tensiones y de clarificar texturas al tiempo que sabe ser elegante a su manera, esto es, sin abandonar la virilidad y el carácter decidido que le caracterizan. Falta, eso sí, un sabor más evidente a Prokofiev, así como una dosis mayor de creatividad y compromiso expresivo, sobre todo en los movimientos centrales. (9)

 

24. Maazel/Nacional de Francia (Sony, 1981). Interpretación vitalista y luminosa, dicha con la incisividad apropiada y con una buena dosis de sal y pimienta que resulta muy bienvenida, sobre todo en el último movimiento, pero no del todo clara ni elegante, además de escasa en sensualidad y vuelo lírico en el segundo movimiento. La orquesta evidencia algunas limitaciones. (7)



25. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1981). El maestro salzburgués cae en las dos grandes trampas que acechan a esta interpretación: tener delante a la Filarmónica de Berlín y llamarse Herbert von Karajan. La primera le lleva a recrearse en una cuerda musculosa y de superficie muy pulida para olvidarse del entramado de las maderas. La segunda, a adoptar un enfoque frívolo, hedonista, por momentos pimpante y hasta con detalles de coquetería fuera de tiesto, amén que muy ajeno al sentido del humor propio de Prokofiev. El resultado es trivial y aburrido. La toma sonora podría ser mejor. (6)
 
 

26. Abbado/Orquesta de Cámara de Europa (YouTube, 1981). Las deficiencias sonoras de este vídeo son tan graves que solo se puede recomendar a quienes estamos interesados en conocer la evolución de un Claudio Abbado que aquí a principios de los ochenta se encontraba justo en el cénit de inspiración dentro de su “primer estilo” y todavía apenas evidenciaba el gran cambio a peor. En cualquier caso, parece claro que el maestro nunca terminó de sintonizar con esta obra: la interpretación se encuentra a medio camino entre la antigua suya para Decca de 1969 y la que hará con esta misma formidable orquesta de jóvenes para DG en 1986, posiblemente sea un poco mejor que esas dos, porque se liman algunos errores de la primera y no se llega a la trivialidad de la última, pero las desigualdades están ahí. Hay nervio, incisividad y desparpajo, incluyendo –maderas de la Gavota– su punto de picardía; también precipitación y más de un exceso en los timbales. Lo dicho, solo para quienes quieran profundizar en el arte del maestro milanés. (8)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Solti Decca

27. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1982). Una toma sonora extraña, en absoluto a la altura de lo que hacía Decca en estas fechas, perjudica seriamente a una de las menos afortunadas interpretaciones de Solti en los albores del sonido digital. Su primer movimiento resulta precipitado, vulgar y sin gracia ninguna. Segundo tan correcto como insulso. Tercero bien llevado, sin resultar particularmente irónico. Cuarto espléndido, ágil y con desparpajo, con una orquesta y una batuta que exhiben todo su virtuosismo: demasiado tarde. Muy preferible su filmación de 1977. (7)
 
 
Prokofiev Sinfonías Jarvi

28. Neeme Jarvi/Nacional Escocesa (Chandos, 1985?). No es precisamente el estonio un director fino, cosa que aquí queda bien clara en el grosero clímax del Larghetto y en la no muy depurada disección del entramado orquestal –la reverberante toma tampoco ayuda–, pero su entusiasmo se hace evidente en esta interpretación luminosa y extrovertida, que no naif, ni pimpante ni atropellada, como le suele ocurrir a otros directores, sino con una buena dosis de sal y pimienta, es decir, de esa picardía y sentido irónico tan adecuados en esta partitura. (8) 
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Previn Los Angeles

29. Previn /Filarmónica de Los Ángeles (Philips, 1986). Lógicamente mejor grabada que su recreación con la London Symphony, esta nueva grabación de Previn vuelve a dar en la diana en lo que a transparencia e idioma se refiere, ganando quizá ahora un punto de agilidad pero pinchando en el segundo movimiento, cuya sección central resulta en exceso rápida y está tratada de modo pimpante. (8)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Abbado DG

30. Abbado/Orquesta de Cámara de Europa (DG, 1986). Aunque la cosa ya se venía venir en su filmación cinco años anterior con esta orquesta, aquí quedan más en evidencia esas nuevas maneras con que el milanés empieza a entender la música en general y el clasicismo en particular: una mezcla de coquetería, refinamiento mal entendido y levedad sonora que se harán presente en sus tristes años de madurez. El primer movimiento le sale mejor que en su antigia versión de Londres, ganando en elegancia y picardía al tiempo que pierde la molestia contundencia de la ocasión anterior; eso sí, sobra el efectismo de los timbalazos, más aún habida cuenta de la reverberante acústica de la Konzerthaus. El segundo está ahora dicho con prisas (3’46’’) y tiende a esas maneras aéreas y frívolas antes referidas. Muy animado y con buenos detalles, pero en exceso pimpante el tercero: de nuevo salimos perdiendo. Y muy de cara a la galería el cuarto, convertido en una vertiginosa carrera para que la orquesta haga gala de virtuosismo y entusiasmo sin detenerse a paladear la música como es debido, ni a analizarla ni a mezclar la mucha electricidad desplegada con elegancia ni cn verdadero espíritu clásico. Pura fachada de un Abbado que, decididamente, ha iniciado su declive artístico.  (7)



31. Rostropovich (Erato, 1986-87). Interesado como siempre en la vertiente más lírica y humana del compositor, Rostropovich ralentiza los tempi, sustituye la luminosidad por el pathos y pone de relieve la cantabilidad melódica de la partitura con un fraseo muy natural, amplio y elegante, que se aleja del carácter trepidante de otros directores para aportar un toque de serenidad y carácter contemplativo, un punto otoñal quizá, y un tanto melancólico en un Larghetto lentísimo y algo pesante. La Gavota está llena de encanto, y el Finale está dicho con fluidez sin precipitarse lo más mínimo. Falta, en cualquier caso, una arquitectura más aquilatada en el primer movimiento, y en general da la sensación de que se necesita un grado mayor de depuración sonora, lo que en parte puede deberse a una orquesta que no es de primera, como también a una toma de reverberación excesiva. Con todo, se escuchan algunos detalles inhabituales, como las pinceladas de la trompeta en el segundo movimiento. (8)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Orpheus

32. Orpheus Chamber Orchestra (DG, 1987). Lejos del pathos que van a exhibir un Rostropovich o un Ozawa, pero sin caer tampoco en la tentación de lo frívolo o lo pimpante, los Orpheus ofrecen una interpretación obviamente de sonoridad camerística, dicha con tempi rápidos pero sin la menor precipitación, increíblemente bien tocada y de una claridad pasmosa, que en lo expresivo resulta ágil, luminosa y radiante de entusiasmo, risueña antes que irónica –Gavotta–, poética cuando debe y siempre de un enorme encanto. Por si fuera poco, la toma sonora es fabulosa. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Kitajenko Melodiya

33. Kitajenko/Filarmónico-Sinfónica de Moscú (Melodiya, 1987). Un primer movimiento precipitado, vulgar y sin el menor encanto hace presagiar lo peor. Por fortuna el Larghetto se encuentra notablemente paladeado, la Gavotta está muy bien planteada –irreprochable el tratamiento de las maderas– y el Finale se desarrolla con enorme corrección. Lo que es imperdonable es que la toma, presuntamente digital, ponga a las maderas en primer plano para relegar a la cuerda, sea en exceso reverberante y presente una molesta distorsión tímbrica. Cuesta trabajo escucharla. (6) 
 
 

34. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Blu-ray Euroarts, febrero 1988). Sin alcanzar el grado de perfección técnica, limpieza, distinción y sentido de lo apolíneo del registro de Giulini con la Sinfónica de Chicago, Celibidache ofrece en esta filmación “de estudio”, sin público, acompañada de unos maravillosos ensayos en los que el maestro rumano despliega todo su histrionismo facial, una recreación antológica en la que, además de desmenuzar de maravilla todo el entramado orquestal y desplegar el riquísimo sentido del color que en él es habitual, se ponen de relieve como nunca los aspectos más irónicos y socarrones de la obra –portentoso el tratamiento de las maderas– ofreciendo mucha retranca, pero sin excederse en la acidez y sin merma alguna de la elegancia consustancial a la obra ni del vuelo poético que debe alcanzar –y aquí lo hace como pocas veces– el segundo movimiento. La lentitud de los tempi no debe echar atrás para nadie, porque la arquitectura está delineada sin fisuras. A destacar, por añadir algo entre tantas maravillas, los prodigiosos rubati en la Gavotta y la alucinante manera en la que esta se va acercando a la conclusión. Solo una pega: en los clímax del primer movimiento no se escucha del todo bien el entramado de las maderas. El sonido es un estéreo de buena calidad. (10)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Celibidache EMI

35. Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI, 26 de marzo de 1988). Repetición de la jugada, esta vez en vivo. Al ser solo audio, se pierde uno el espectáculo de ver a Celi dirigiendo. En cualquier caso, excepcional. (10)



36. Karajan/Filarmónica de Berlín (Blu-ray Sony/CMajor, Digital Concert Hall y Stage +, 1988). Justo antes de deslumbrar junto a Kissin en el Primero de Tchaikovsky, Karajan ofreció la noche de fin de año una interpretación animada y con empuje, pero no muy clara, algo espesa y amazacotada, con un segundo movimiento frívolo y pimpante. En cualquier caso, mejor que su registro de estudio. (7) 
 


37. Ozawa/Filarmónica de Berlín (DG, 1989). Tal vez influido por su amigo Rostropovich, el director oriental ofrece una lectura singular y muy discutible, pero no poco fascinante, en la que sirviéndose de una orquesta grande de robusta cuerda grave, valiéndose de unos tempi francamente lentos sin que el pulso se le venga abajo y haciendo gala del desarrollado sentido del color, la enorme elegancia y esa peculiar sensualidad digamos “oriental” que caracterizan su batuta, se pone de relieve la vertiente más lírica y melancólica de esta música, como si se quisiera tender un puente hacia la última sinfonía del autor. No hay aquí, por tanto, nada de la espontaneidad, del descaro y del carácter trepidante que normalmente asociamos a esta obra, pero la lectura resulta coherente y está maravillosamente realizada: pocas veces se habrá escuchado tan bien tocada por parte de una orquesta y tan admirablemente desmenuzada por parte de un director. (9)

 
Prokofiev Sinfonía Clásica Zedda

38. Zedda/Orquesta de Cámara de Lausana (Virgin, 1989). Han adivinado: el referente de esta interpretación es Rossini. Y lo es para bien, sobre todo en un primer movimiento ágil y espiritoso en el buen sentido, chispeante pero no superficial, en el que además el maestro italiano se permite prestar atención a las líneas de la trompeta que generalmente pasan desapercibidas. La inclinación lírica también se percibe en un Larghetto cantado con delectación, aunque de pulso irregular. Muy bien salpimentada la Gavotta y algo falta de electricidad pero en absoluto precipitado (¡menos mal!) el Finale, elegante y maravillosamente desmenuzado. En conjunto, una interpretación en la línea de Giulini, sin llegar a su excelsa altura. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Barshai

39. Barshai/Philharmonia (Collins-Alto, 1989). Al frente de una orquesta no en su mejor momento recogida por una toma de volumen bajísimo y un punto difusa, el mítico Barshai ofrece una recreación irreprochable en el estilo, con todo en su sitio, dicha con cierta convicción y buen gusto, pero no del todo clara, no muy bien tensada y, globalmente, un tanto sosa e inexpresiva. Prescindible. (7)
  


40. Muti/Orquesta de Philadelphia (Philips, 1990). Interpretación muy briosa e irónica que solo flaquea por el primer movimiento, basto y algo precipitado. También es verdad que el tercero podía tener más sentido del humor. Pero el Larghetto está lleno de poesía y el Finale resulta verdaderamente sensacional, en parte gracias a unas maderas deslumbrantes. En realidad, toda la orquesta está para quitarse el sombrero, independientemente de que resulte demasiado grande. (9)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Tilson Thomas

41. Tilson Thomas/ Sinfónica de Londres (Sony, 1991). Aunque se trata de una lectura más idiomática que la media, sobre todo por el tratamiento de las maderas, lo cierto es que el maestro norteamericano navega con el piloto automático puesto y apenas el buen trazo del primer movimiento y algún logrado rubato en la Gavotta logran hacernos despertar en medio de la rutina y la indiferencia expresiva que terminan imponiéndose. La toma sonora es algo turbia. (6)


 Prokofiev Sinfonía Clásica Levine

42. Levine/Sinfónica de Chicago (DG, 1992). Con una batuta tan pedestre como la de Levine se podía temer lo peor, pero lo cierto es que el mal gusto del maestro solo se evidencia en un primer movimiento sin duda vitalista y con espléndido sentido del humor, pero también precipitado, machacón y carente de toda elegancia. El resto, sorprendentemente, está dicho con excelente línea, buen gusto y un espléndido equilibrio entre frescura y control, a lo que no es ajeno el enorme virtuosismo de una Sinfónica de Chicago en el mejor momento de su trayectoria. De hecho, a la postre es una interpretación superior a la que su titular Sir Georg Solti grabó con ella en estudio para Decca diez años atrás. La toma de sonido, también de manera inesperada, es igualmente mucho más satisfactoria. (8)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Simonov

43. Simonov/Royal Philharmonic Orchestra (RPO, 1996). El maestro ruso parece querer enfrentarse con la tradición de lo trepidante y, tomándose las cosas con calma, desarrolla una interpretación equilibrada, elegante y cuidadosa, ágil más no pimpante, y desde luego antes lírica que irónica, aunque paradójicamente funciona mejor en los movimientos extremos que en los centrales, algo desvaídos. Los ingenieros de sonido hicieron un buen trabajo, aunque con el defecto tan habitual en esta obra: excederse en la reverberación. (7)
 
 
  CD-Muti-Wiener Mozart 40 Prokofiev Schubert

44. Muti/Filarmónica de Viena (VPO, 2000). Globalmente esta lectura es algo superior a la del propio Muti en Philips, pues aunque la orquesta vienesa no tiene la perfección de la de Filadelfia, e incluso muestra unos violines no siempre empastados, tiene unas dimensiones y una sonoridad mucho más adecuadas para esta obra: menos robusta y más transparente. El primer movimiento está mejor dirigido, resultando menos precipitado y conservando su mismo sentido del humor, aunque no vendría mal una mayor atención a la polifonía de las maderas. El segundo es quizá un punto menos poético. Al tercero sigue pudiéndosele sacar más partido, y el cuarto vuelve a ser admirable. (8) 
 
 
 

45. Gergiev/ Filarmónica de Viena (DVD TDK, 2000). Al poco de interpretar la partitura con Muti, la orquesta vienesa sigue mostrándose espléndida para esta partitura, pero la dirección de Gergiev, sin duda encendida y dotada de un acertado sentido del humor, resulta gruesa y vulgar en comparación con la del napolitano. Su Allegro inicial está bien, sin ser precisamente refinado; el Larghetto resulta más nervioso de la cuenta, en absoluto elegante y muy basto en el clímax; la Gavotta funciona sin problemas, con unas maderas que suenan con la incisividad y carnosidad apropiadas para el autor; en el Finale Gergiev se aprovecha del virtuosismo de los vieneses y se echa a correr sin preocuparse de matices y otras zarandajas. La toma sonora no es todo lo buena que podría haber sido, aunque al menos ofrece surround auténtico por los canales traseros. (6)



46. Gergiev/Sinfónica de Londres (Philips, 2004). De nuevo Gergiev ofrece una versión muy encendida y animada, con mucho sentido del humor y de adecuado remanso lírico en el segundo movimiento, pero también de trazo grueso y un punto vulgar. Lo peor es el último movimiento, algo atropellado. Los ingenieros de sonido tampoco estuvieron finos. (6)
 
 
Prokofiev Sinfonía Clásica Rabinovitch_Barakovsky

47. Alexandre Rabinovitch-Barakovsky/Orquesta Sinfónica de Flandes (DVD Arthaus, 2005). Como telonera de uno de esos espectáculos Argerich and Friends, en este caso en el Festival de La Roque d’Anthéron, se ofreció una Sinfonía Clásica precipitada, convulsa, descuadrada, histérica incluso, con caprichos innecesarios en la Gavotta, a cargo de un director muy del gusto de la pianista y de una orquesta normalita incapaz de seguir las velocidades impuestas por la batuta. Solo se salva el segundo movimiento. El resto, un horror. (4)

 

48. Kitajenko/Gürzenich-Orchester Köln (Capriccio, 2005-07). El maestro ruso, ya veterano, se saca la espina de su lectura para Melodiya con esta otra recreación no solo muchísimo mejor grabada –suena de escándalo–, sino también considerablemente mejor planteada. Aquí el primer movimiento, ya sin precipitaciones, esquiva toda vulgaridad y ofrece toda la elegancia, la finura bien entendida y el equilibrio clásico que demanda. El resto es francamente notable, por el buen dominio del idioma, lo acertado del planteamiento expresivo y la excelente factura con la que este se encuentra plasmado en lo sonoro, agradeciéndose especialmente la buena disección del entramado orquestal y la cantabilidad del fraseo, sobre todo en un Larghetto que se deja de trivialidades para explorar el lado más melancólico de esta música. Solo falta una vuelta de tuerca más tanto en el manejo de las tensiones como en la sal y la pimienta para alcanzar la excepcionalidad: a la postre, esta lectura resulta un punto sosa. (8)



49. Gergiev/Orquesta del Mariinsky (Stage+, 2012). Otra vez Gergiev, ahora más personal que en anteriores ocasiones, pero sin salir de la mediocridad. El primer movimiento lo plantea con agógica caprichosa, la tensión se viene abajo y adorna el asunto con gangosos portamentos. En el segundo, dirigido con corrección pese a algún detalle discutible, el problema está en una orquesta cuya cuerda deja bastante que desear. Mejor las maderas, decisivas en un tercero bien diseccionado por parte del maestro y muy certero en la expresión. El cuarto funciona de manera satisfactoria, pese a estar dicho un tanto de pasada. Magnífica la filmación, realizada nada menos que en el Conservatorio de Moscú. (6)


50. Litton/Filarmónica de Bergen (BIS, 2015). El ciclo de Andrew Litton tiene cosas más que notables, pero esta Sinfonía clásica, que va de menos mas más, resulta globalmente floja. El primer movimiento es pura rutina: todo suena en su sitio sin mucha preocupación por la claridad, no digamos ya de la expresión. El segundo se encuentra bien paladeado, solo eso. En el tercero hay interesantes juegos agógicos, y en el Finale la lectura despega con una irreprochable interpretación dicha muy en su punto justo. Espléndida la toma. (7)


51. Iván Fischer/Orquesta de la Konzerthaus de Berlín (Digital Concert Hall, 2016). Un placer escuchar a la antigua Sinfónica –ahora rebautizada como “de la Konzerthaus”– en la sede de la Filarmónica y apreciar con estupenda acústica la considerable calidad de todas sus secciones y el estupendo trabajo técnico que con ella venía realizando su entonces titular Iván Fischer. En cuanto al Prokofiev ofrecido en este concierto especial para refugiados, se trata de una interpretación risueña y con salero, sonada con cierta tendencia a la levedad y fraseada con mucha elasticidad, globalmente muy inspirada y no exenta de personalidad. Curvilíneo el primer movimiento, atrevido en la agógica el segundo, juguetón con los rubatos el tercero y dinámico en el mejor de los sentidos el cuarto. (8)


52. Sokhiev/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2018). Se nota que Tugan Sokhiev no solo ama esta música: la respeta. Su lectura, lejos de buscar la inmediatez o de refugiarse en recursos fáciles como la efervescencia o los excesos, apuesta por un clasicismo elegante, de apreciable vuelo melódico, no muy incisivo y un punto distanciado. Desde este planteamiento funciona muy bien el Allegro inicial, aunque es cierto que –le ocurre a demasiados directores– en los tutti no se escuchan siempre bien las maderas. Amplio y elegante un Larghetto en el que se deja a la música respirar y a la cuerda lucir belleza sin concesiones al hedonismo, si bien la poesía no acaba de brotar. Gavotta muy rubateada, no siempre con naturalidad y con esa fluidez que la partitura demanda, pero ofreciendo en contrapartida una pasmosa labor por parte de la orquesta. Y ella es la principal responsable del éxito de un Finale que Sokhiev lleva con enorme sensatez y buen gusto. Formidable la ingeniería audiovisual. (8)



53. Mallwitz/Orquesta de la Konzerthaus de Berlín (Stage+, 2023). Arrancando la titularidad de la antigua Sinfónica de Berlín, la directora alemana se decide a ofrecer una interpretación ágil, incisiva y también un tanto nerviosa. Lógico, por tanto, que lo que mejor le salga sea el Finale. En el resto, la falta de sintonía con la obra es evidente: el primer movimiento resulta parco en sentido clásico del equilibrio y de la elegancia, el segundo carece de vuelo poético y el tercero resulta en exceso saltarín. La filmación con su antecesor en el podio, por lo demás, sonaba más depurada en lo técnico: están parece poco trabajada, amén de escasita en matices. Formidable la filmación en 4K. (7)

Sensacional debut discográfico de Lahav Shani y Múnich

En 2019 quedé hondamente impresionado por el Pelleas und Melisande de Schönberg que vi en un video, actualmente no disponible, en el que en...