Se presentó ayer viernes 5 la Orquesta de Córdoba bajo la dirección de su titular Christian Vásquez –relevante trayectoria internacional– en el Teatro Villamarta. No lo hizo dentro de la paupérrima programación de música clásica mal costeada por el ayuntamiento y pobremente diseñada por quien sigue siendo director, sino en el marco del ciclo Andalucía Sinfónica, admirable iniciativa de la Junta de Andalucía por la que las ciudades grandes que no tenemos orquesta propia –Huelva, Jerez, Cádiz, Jaén, Almería– recibimos visitas de las más importantes formaciones de nuestra comunidad autónoma. Ha querido la casualidad que el evento haya tenido lugar justo una semana después del Don Giovanni en el que participaron también los cordobeses, así que en cierto modo este concierto integrado por obras de Haydn, Mozart y Brahms ha funcionado a manera de desagravio por aquellas funciones en la que la orquesta tocó bien, pero el resultado global nos irritó de manera considerable a algunos melómanos. O a muchísimos: el texto que escribí aquí ha batido el récord de número de lectores de este blog en lo que a reseñas del Villamarta se refiere, e incluso se me pidió que se publicara –quise hacer antes algunas modificaciones– en La Voz del Sur.
Fue una muy buena idea abrir la velada con la obertura de L’isola disabitata del bueno de Franz Joseph: estupenda música. Llamó enseguida la atención la manera en la que el maestro de Caracas optó por un vibrato muy reducido, cuando no inexistente, pero esto fue lo único tomado de la escuela de interpretación historicista. Por lo demás, interpretación sensata y muy musical, ya que no de particular efervescencia –eché de menos clave al continuo–, en la que Vásquez demostró además técnica muy sólida a la hora de trabajar con la orquesta, demostrando esta que es capaz de abordar el repertorio del clasicismo bastante mejor que la Sinfónica de Sevilla y casi tan bien como la Orquesta Ciudad de Granada. Las comparaciones son odiosas, pero a veces hay que hacerlas: no se olvide que a estas formaciones las pagamos entre todos.
Menos me gustó la dirección del Concierto para
violonchelo nº 2 de Haydn, irreprochablemente sonada dentro de una línea en
exceso amable; sensual, pero escasa en nervio y contrastes. Justo lo que sí tuvo
el jovencísimo solista Guillem Gràcia Soler, quien dejó a un lado la
búsqueda de la belleza sonora para indagar mejor en la variedad expresiva de
las notas. Lo hizo con talento, inteligencia y buena realización: si usted
tiene la oportunidad de escuchar a este artista, no se lo pierda.
Se abrió la segunda parte con la Sinfonía nº 25 de
Mozart, de la que aquí presenté discografía comparada. Vásquez siguió moderando
el vibrato y apostando por lo apolíneo, lo que en esta página tan exigente en
tensiones no es lo más adecuado. En el primer movimiento, que funcionó de
manera más que solvente, la batuta aportó algunos moderados juegos dinámicos
que lograron convencer. El Andante, bellamente expuesto, se quedó muy en la
superficie. Se evitó toda pesadez en el Menuetto y se resolvió con eficacia el
movimiento conclusivo.
Variaciones sobre un tema de Haydn –Variaciones San Antonio en realidad, el tema no es de quien se decía– para terminar. Aquí los violines cordobeses sonaron regular en más de una ocasión, pero Vasquez compensó esta insuficiencia logrando ese empaste que necesita Johannes Brahms y aportando el fraseo mórbido y sensual propio de la música del hamburgués: acierto pleno en dos demandas nada fáciles de satisfacer. Expresivamente la interpretación fue mayormente lírica, ágil en los tempi y siempre de enorme fluidez y musicalidad, aunque me hubiera gustado mayor diferenciación entre las variaciones –el maestro apostó más bien por lo contrario– y más atención a la sublime cuarta variación.
En fin, un concierto de música hermosísima que estuvo
notablemente tocada y bien interpretada. ¡Bravo! Los melómanos lo agradecimos una
barbaridad con nuestros aplausos, y la orquesta se fue con la sonrisa en los
labios. Y ahora, a ver si el consistorio encuentra nuevo director para un teatro que necesita recambio urgente. Me consta que hay unos cuantos aspirantes en la sombra, pero hace falta alguien con experiencia y muy buenos contactos en el campo de la música clásica. Priorizar el flamenco y tirar de packs de agencias para el resto sería un error.

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