viernes, 8 de mayo de 2026

El Beethoven de Lozakovich y Gergiev

Ayer jueves escuché a Daniel Lozakovich (Estocolmo, 2001) interpretar el Concierto para violín de Beethoven con la Sinfónica de Sevilla bajo la dirección de Marc Albrecht. Y hoy le he escuchado en mi casa, a través de la plataforma Stage+, en un vídeo junto a su mentor Valery Gergiev y la Filarmónica de Múnich filmado el 16 de diciembre de 2019, cuando el violinista contaba tan solo dieciocho años. Hay edición del evento en formato CD editado por Deutsche Grammophon, dicho sea de paso. Antes de integrarla en la discografía comparada que tengo en vías de realización, merece la pena comentar la interpretación con un poco de detalle, enter otras cosas porque el audio de una filmación puede desvirtuar la realidad en un sentido u otro, pero el directo no miente en lo que al sonido del instrumento se refiere, y es precisamente ese sonido lo que más interesa de Lozakovich.

Un sonido que no es carnoso, pero sí muy prieto y de enorme firmeza. Con atractivo metal en el timbre.  Afilado en el agudo, sin ser por ello hiriente. De vibrato corto, aunque usado sin morigeración alguna. No muy sensual, tampoco de gran variedad a la hora de encontrar colores –compárese con la técnicamente prodigiosa Mutter–, mas preciso en la afinación y limpísimo en los trinos. Características todas ellas apropiadas para la sublime página beethoveniana. Por lo demás, Lozakovich posee una enorme capacidad para enfrentarse a los extremadamente virtuosísticos retos de las cadenzas de Fritz Kreisler.

Otra cosa es la interpretación propiamente dicha, porque ahí nuestro artista se suma a la larga lista de nombres que confunden clasicismo con frialdad. Su fraseo es tan impecable en lo técnico como distante en la expresión. La tensión interna del fraseo está ahí, aburrir no aburre, pero tampoco emociona. Y eso en esta página es grave. ¿Se le puede echar la culpa a Gergiev? En parte sí, porque ayer Lozakovich hizo el Larghetto (¡cómo me subyuga esta música, sin que sepa explicarles a ustedes por qué!) muchísimo mejor que en este vídeo. El por tantas razones detestable director hijo-de-Putin, tras un más que correcto Allegro ma non troppo, dirigía este sublime segundo movimiento de manera muy superficial, mientras que Albrecht permitió que la música fluyera con delectación y ofreció un marco más adecuado para que el violín, sin renunciar a lo indisimuladamente apolíneo de su enfoque, destilara lirismo de altos vuelos. En Múnich solo al final de la página pareció motivarse un poco. Sin interés en ninguna de las dos ocasiones el Rondó conclusivo, salvo en una cadenza que el solista aborda con apreciable intensidad. 

Total, otro que se estrella contra la Op. 61 de Beethoven. Entiéndanme, no estamos ante un desastre tipo Heifetz, que tocaba increíblemente bien e interpretaba muy mal. El asunto es más simple: Lozakovich no está a la altura expresiva, al menos todavía. En J. S. Bach –espléndido disco en DG– sí que lo está. 

Aprovecho para dejar dos palabras sobre la Sinfonía nº 1 de Brahms que ofreció ayer Marc Albrecht: enérgica y vistosa pero ajena al estilo, pobre en la comprensión del sentido orgánico de la arquitectura y algo tosca en la realización. No me interesó.

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