sábado, 14 de febrero de 2026

Sonata D. 894 de Schubert por Volodos, año 2000

Mañana domingo Arcadi Volodos interpreta la Sonata nº 18, D. 894 de Franz Schubert en el Teatro de la Maestranza. Por eso acabo de ver una filmación de esta obra por el mismo pianista disponible en YouTube que se realizó allá por enero de 2000, y que he querido comparar con el registro en audio de Daniel Barenboim. Varias cositas.

Una. Rabia, rabia enorme por la circunstancia de que el corpus pianista de Schubert fuera relegado durante muchísimo tiempo. Vale, no es el de Beethoven. No es absolutamente genial y una de las mayores revoluciones de la historia de la música. El de Schubert tan solo es hermosísimo y poético a más no poder, se encuentra lleno de humanidad -ternura, felicidad, amor, dolor, rebeldía, miseria-, derrocha inventiva, nos habla en voz baja de tú a tú tocándonos en lo más íntimo, emociona profundamente y al mismo tiempo nos conduce a las más profundas reflexiones. Solo eso. Pero claro, aunque no sea música fácil de tocar, tampoco ofrece una escritura con la vistosidad de otros repertorios ni permite al intérprete-virtuoso de tradición decimonónica exhibir sus habilidades: aquí tienes que estar al servicio de la música, no al contrario. Si no, nada tienes que hacer.

Segundo. Menudo sonido el de Arcadi Volodos. Pura tradición rusa: repárese en que su maestro fue el ya mítico catedrático de Madrid, Dimitri Bashkirov. No es el más adecuado para Schubert, que necesita una sensualidad y morbidez especiales, pero tal es la técnica del artista que responde a la perfección a todas las demandas de la partitura.

Tercero. No estoy de acuerdo con que el pianista ruso, nacionalizado en francés y residente en España -algo nos habrá visto-, fuera al principio uno más de tantos virtuosos vacíos de contenido y volcados en el repertorio más espectacular para luego convertirse en un poeta de lo íntimo. Esta filmación es de 2000 y ya están ahí -primer movimiento- la lentitud, la espiritualidad, la desmaterialización que le hemos conocido en sus sublimes discos dedicados a Mompou y Brahms. También la concentración en el fraseo, el control de los medios y, sobre todo, el deseo de no convertir a Schubert en un compositor eminentemente amable, de un clasicismo mal entendido en el que todo tiene que sonar suave y melodioso: aquí Volodos aporta también una amplia gama de tensiones y contrastes. Me parece que, simplemente, ahora graba cosas que no llevaba al disco antes.

Cuarto. Me gusta todavía más la versión de Barenboim. Se suena más claramente a Schubert, cosa que, dicho sea de paso, no le ocurría al de Buenos Aires allá por los años setenta, todavía muy enganchado a Beethoven. Ahora bien, esta filmación de Volodos tiene ya la friolera de 26 años. Tengo la sospecha de que mañana podrá subir ese último escalón de lo notable a lo excepcional que aquí le falta. Y también de que no planteará el final tan jubiloso y animado, tan excesivamente juvenil; que se tomará las cosas con más calma, que dejará espacio para la efusividad y los matices poéticos. Ya les contaré el lunes.

2 comentarios:

xabierarmendariz88 dijo...

Sí, puede ser que Volodos ya tuviera “en sí” las características que luego demostró en sus discos de Brahms y Mompou, o incluso, si no recuerdo mal, justamente en alguna de las últimas sonatas de Schubert. Pero como dices, es ahora cuando ha abrazado esa estética de manera mucho más evidente, y también es ahora cuando ha encontrado, al menos para mí, una naturalidad en el fraseo para este repertorio que antes no tenía. Incluso puedo decir que cuando le escuché en vivo las tres últimas sonatas de Schubert en San Sebastián aún no había terminado de pulir el estilo…
Y lo cierto es que sí, al menos según mi experiencia, cuando Volodos se enfrentaba a obras de mayor tono virtuosístico, (Tercero de Rachmaninov, Segundo de Prokofiev, sus propias complicaciones de rapsodias de Liszt o transcripciones de Horowitz), sí que resultaba frío, “demasiado fácil” y hasta poco espectacular.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Sí, estoy de acuerdo con que ha evolucionado, y por ello espero que la versión de esta noche sea mejor que la de hace 26 años. Con lo que no estoy de acuerdo es con eso que se dice por ahí de que ha realizado una gran transformación en su arte. Creo que hay que esperar un poco antes de etiquetar a un pianista a partir de un Tchaikovsky o un Rachmaninov aislados. Seguramente Sony quiso explotar su faceta más comercial y se equivocó, dando una imagen parcial de su personalidad.

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