sábado, 10 de abril de 2021

Nuevo disco de Heras-Casado: Eötvös y Stravinsky

Tras algunos presuntos bodrios dedicados a Beethoven –digo presuntos porque no he escuchado más que fragmentos: mis oídos no han podido resistir más que algunos minutos de cada uno–, Pablo Heras-Casado se pone al frente de una Orquesta de París en su mejor momento para interpretar la primera grabación mundial del Concierto Alhambra de Peter Eötvös y de nada menos que La consagración de la primavera de Igor Stravinsky. El registro lo realizaron con enorme acierto los ingenieros de Teldex en septiembre de 2019, meses antes de que comenzara la pandemia.

Este Concierto para violín nº 3 del compositor húngaro fue encargo del propio Heras-Casado cuando este estaba al frente del Festival de Granada. Dicho de otra manera: lo hemos pagado con dinero público. Lo estrenó el propio maestro granadino –cobrando por su labor de batuta al margen de su salario como gestor, supongo– y luego lo ha llevado al disco para alabanza y gloria de su nombre artístico –y de su cuenta corriente–. Todo queda en casa. Solista y dedicataria, Isabelle Faust.


He repasado lo que se dijo de la obra en el momento de su estreno, allá por julio de 2019. Mi evidente ignorancia y no menos manifiesta falta de sensibilidad me impide comprender lo que el experto musicólogo Pablo L. Rodríguez quiere decir cuando escribe (aquí) que “la obra también delata cierta actitud panteísta. Eötvös establece empatía con seres y objetos que cobran vida en sus pentagramas y que consiguen trasladarnos a un mundo aparentemente diferente en cada nueva composición”. Yo solo alcanzo a vislumbrar de se trata de una página escrita con manifiesto dominio de los recursos, a veces sutilísimo en lo que a combinaciones tímbricas se refiere, e interesante en el contraste que se establece entre la evocación más o menos onírica y el despliegue de electricidad orquestal. Interesar, lo que se dice interesar, me ha interesado a medias: pese a que no dura más de veinticinco minutos, solo a ratos me resulta sugerente. ¿Interpretación? La releche. Isabelle Faust, cuando quiere, es todas una fuera de serie, y Heras-casado dirige como si le fuera la vida en ello. Eso sí, no me he molestado en comparar con la que yo ya conocía: la que ofrecieron ese mismo septiembre de 2019 -fecha del disco- la Faust y la Filarmónica de Berlín con Eötvös en persona a la batuta.

¿Y la Consagración de la primavera? No me ha convencido. El problema de esta versión, realizada con técnica incuestionable y muy bien puesta en sonidos por una orquesta en estado de gracia, es su falta de unidad. De coherencia en el concepto (¿”romántico” o “cerebral”?), de continuidad en las tensiones, de focalización del interés en el conjunto o en el detalle, de profundización en el análisis del tejido sinfónico, incluso de inspiración. El resultado es un conjunto de momentos aislados, mal hilvanados entre sí, en el que se suceden la implicación y la desgana, la garra dramática y la flacidez, la revelación de línea o colores interesantísimos y la rutina, todo ello sazonado por tremendos aciertos y pasajes mal resueltos. A olvidar.

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