jueves, 1 de octubre de 2020

Mussorgsky y Britten por Ozawa en Chicago: mirando a Francia

Me compré la preciosa cajita de las grabaciones de Seiji Ozawa con la Sinfónica de Chicago editada por RCA-Sony. Muy recomendable, aunque hay que advertir que no están aquí todos los registros que el maestro oriental realizó con la CSO antes de que la etapa Solti le borrara del mapa: faltan las que hizo para EMI, editadas en un cofre de Warner que ha escapado de mis manos. En la discografía que poco a poco voy completando de la Quinta de Beethoven hablé de los buenos resultados de este primer acercamiento de Ozawa a la celebérrima sinfonía. Hoy voy a decir algo sobre otro disco de la colección: el que contiene los Cuadros de una exposición de Mussorgsky-Ravel y la Guía de orquesta para jóvenes de Britten. Grabaciones realizadas en 1967 con toma de sonido excelente –admirable el reprocesado– y que merece la pena escuchar, aunque no sean referenciales.

Es interesante comparar estos Cuadros con los que había grabado la misma orquesta diez años atrás bajo la batuta de Frizt Reiner. Los "chicagoers" reafirman con Ozawa su liderazgo absoluto en esta obra, pero lo hacen con una interpretación de línea muy diferente a la del director húngaro: con el oriental se gana en elegancia, refinamiento y sensualidad, añadiendo un sentido del color mucho menos ocre y más pastel, al tiempo que se pierde buena parte de la electricidad, la garra dramática y la sana rusticidad sonora de Reiner. Tampoco es que se trate de una interpretación descafeinada: en el joven Ozawa aún no había hecho acto de presencia la blandura. Lo que ocurre es que se pasa de mirar a directamente a Mussorgsky a buscar un punto de compromiso con el mundo raveliano, anunciando en este sentido lo que con la misma orquesta hará Giulini años más tarde.

Lógicamente, hay números más conseguidos que otros. Yo destacaría la singular belleza que alcanzan las Tullerías y el carácter bullicioso –que no trepidante– del Mercado de Limoges. En el extremo opuesto, un muy decepcionante Bydlo.

La Guía de orquesta para jóvenes conoce una interpretación planificada y tocada a pedir boca, asombrosa en el refinamiento del color y de las texturas, dicha con tempi amplios, gran cantabilidad, y enorme sensualidad, además de reveladora en muchos aspectos. Eso sí, su sentido del humor es algo más amable de la cuenta, mientras que la sonoridad, poco incisiva y sin mucha tensión, apunta claramente al impresionismo francés antes que a Britten.

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