jueves, 17 de enero de 2019

Volodin interpreta la Rapsodia Paganini

El el concierto de hoy jueves y mañana viernes de la Sinfónica de Sevilla no será la única estrella el maestro Marc Albrecht, a quien he dedicado las dos últimas entradas. El Concierto para piano nº 4 de Rachmaninov lo ha de interpretar Alexei Volodin (San Petersburgo, 1977), un señor a quien hasta ahora no le había escuchado casi nada, a penas algún Prokofiev. Afortunadamente YouTube me ha ofrecido la oportunidad de escucharle en esa enorme obra maestra que es la Rapsodia sobre un tema de Paganini del mismo autor, en filmación realizada en noviembre de 2013 junto a la Orchestre de la Suisse Romande y la batuta de Jonathan Nott.



El sabor que me ha dejado la audición es agridulce. Por un lado, Volodin demuestra poseer una técnica colosal. Y no me refiero tan solo a la agilidad digital. ¡Todavía hay melómanos, incluso críticos, que piensan que la técnica consiste fundamentalmente en tener soltura suficiente para correr mucho sobre el teclado dándolas todas en su momento preciso! Obviamente no: están también la maleabilidad del sonido, la graduación de las dinámicas, la riqueza de colores, en la posibilidad de aportar acentos y matices sin romper el discurso global, en la capacidad para alcanzar grandes picos de tensión… Alexei Volodin demuestra todo eso con creces: hay que descubrirse.

Por otro lado, a mí me parece que su sintonía con la partitura no llega a ser completa. Hay grandes dosis de efervescencia y de animación en su acercamiento. También una buena atención a los aspectos más siniestros y dramáticos de la página. Pero a veces el nervio interno se transforma en nerviosismo, cuando no en virtuosismo de cara a la galería, mientras que al lirismo con que hace cantar al piano, en cualquier casi notable, resulta antes delicado que sensual, preciosista más que verdaderamente poético o intenso.

Tal vez Volodin lo hubiera hecho mejor con una batuta más centrada que la de Jonathan Nott. El maestro británico está soberbio a la hora de clarificar texturas y colorear intensamente la tímbrica, pero se muestra un tanto apresurado, poco atento a la enorme variedad expresiva que esta música necesita; vistoso pero superficial, en definitiva. Sea como fuere, mi recomendación es que si encuentran algo de tiempo vean el vídeo y juzguen por ustedes mismos.

1 comentario:

Julio César Celedón dijo...

Yo tuve el placer de escucharle un tercero de Prokofiev como hace tiempo no lo escuchaba. En esa ocasión hizo muestra de esa técnica de la cual habla, no muy rica en texturas pero sí en digitación, así que supongo que estuvo mejor que con el Rachmaninov que a usted le tocó. Claro que puede que sea también en parte por la dirección de Massimo Quarta, que no lo dejó correr tanto. Saludos.