sábado, 21 de abril de 2018

Algunas grabaciones de las Sonatas y Partitas para violín de Bach (I): Rachel Podger

Hace ya más de un año estuve comparando cuatro grabaciones de las Sonatas y Partitas para violín solo BWV 1000-1006 de J. S. Bach: la que registró Rachel Podger para Channel a finales de los noventa –lamento no conocer el año exacto–, la que hizo Julia Fischer para Pentatone en 2004, la que Sergey Khachatryan grabó Naive entre 2008 y 2009 y la que en 2016 supuso la vuelta al mundo del disco de la enorme Kyung-Wha Chung. Teniendo la comparativa muy fresca, tuvo lugar en este blog el triste enfrentamiento con los chicos de la Orquesta Barroca de Sevilla en torno a Amandine Beyer; quien no esté al tanto de lo que ocurrió, puede hacerse una idea acudiendo a este enlace. ¡Ojalá hubiese tenido tiempo de escribir este entrada antes de aquello! Ya es tarde para lamentarlo, pero no para dejar de una vez por todas mis impresiones por escrito.

Bueno, quizá el retraso haya tenido una parte positiva: he vuelto a escuchar parte de estas cuatro grabaciones, pero esta vez haciendo comparativas con una larga serie de nombres que incluyen a gente como Grumiaux, Szering, Kuijken, Midori Seiler, Huggett, Onofri, Faust o Shaham, además de la increíble maravilla de Hilary Hahn no hace mucho comentada. Por tanto, escribo ahora con más perspectiva. Empezaré por Podger y dentro de un tiempo intentaré recopilar mis notas sobre los otros violinistas citados.


Rachel Podger hace uso, por descontado, de un violín y de un fraseo netamente barrocos. Y lo hace con enorme sensatez, adoptando tempi muy lógicos y haciendo gala de sonido realmente hermoso –nada que ver con el más bien desagradable de Amandine Beyer–, de un fraseo natural que sabe evitar excesivas angulosidades y de una perfecta exposición de las líneas polifónicas. La violinista británica demuestra asimismo musicalidad extrema, y sabe encontrar el punto justo de equilibro entre elegancia y comunicatividad. Ahora bien, no es menos cierto que ni se muestra muy imaginativa ni resulta muy intensa, desarrollándose el ciclo con evidentes desigualdades.

Así por ejemplo, en la BWV 1001 hay que admirar la voluntad de no extremar el juego de claroscuros ni en agógica ni en dinámica, pero también hay que reconocer que la Siciliana, paladeada con calma, no avanza con la fluidez debida, sino con una discontinuidad que termina desarticulando el movimiento y haciendo que se pierda el hilo de la polifonía. El Presto final, por el contrario, es todo fluidez sin aspavientos, aunque cosas aún más brillantes se hayan escuchado. En la BWV 1002 Podger diferencia bien entre cada uno de los números y todo se desarrolla con enorme lógica para redondear una, en conjunto, notabilísima interpretación.

La Sonata BWV 1003 recibe igualmente una ejecución de enorme pulcritud. La fuga del segundo movimiento está dicha con una claridad irreprochable, a lo que contribuye la relativa lentitud de la ejecución, pero necesita un punto más de fuerza, de sentido direccional, de planificación de las tensiones, mientras que en el tercer movimiento se echa de menos mayor sensualidad y hondura, resultando un punto frío

Muy teatral y contrastada la 1004, dicha con agilidad e incluso rapidez pero sin nerviosismo, aunque la Chacona pierde un poco de su profunda humanidad y, en general, se eche de menos una dosis mayor de elevación poética.

La Sonata BWV 1005 va de menos a más. En el Adagio inicial Podger pasa de largo ante asperezas sonoras y dramatismos expresivos. La Fuga está muy bien llevada, mas sin terminar de explorar sus posibilidades. Magnífico el Largo, lacerante y sincero, seguido por un adecuadamente vivaz, luminoso y comunicativo Allegro Assai

Tenemos finalmente una espléndida Partita BWV 1006 en la hay que admirar lo estupendamente que se encuentra capturado el espíritu de danza de cada pieza, así como el dinamismo, la luminosidad y la brillantez bien entendida que desprende toda la lectura. Se echa de menos, eso sí, algo de hondura en el movimiento más introvertido, la Loure del segundo.

En definitiva, recreaciones un tanto desequilibradas pero de buen nivel medio que recomiendo especialmente a quienes no son muy amantes del historicismo: aquí encontrarán esas maneras renovadas que resulta imprescindible conocer (¡por favor, no me vengan con que eso de los instrumentos originales es una tomadura de pelo!) sin que haga asomo la excentricidad en la que sí incurren otros artistas de la misma órbita históricamente informada.

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