lunes, 20 de febrero de 2017

Me gusta/no me gusta

Siguiendo el hilo de la polémica entrada anterior, les dejo un par de vídeos para que escuchen y reflexionen. Su contenido, una de las más grandes obras de J. S. Bach: la chacona de la BWV 1004 a cargo de Henryk Szeryng y de Amandine Beyer. La primera interpretación me gusta, o mucho más que eso. La segunda, sin parecerme el horror de la filmación en directo de la entrada referida –le he querido dar a esta señora una nueva oportunidad con su grabación en estudio–, mucho me temo que no. ¿Que le han llovido premios? Pues vale.



Aprovecho para hacerles (¡a quienes coincidan con mis gustos, claro!) una recomendación discográfica para las Sonatas y Partitas bachianas: Sergey Khachatryan. Algo asombroso.
 

8 comentarios:

Fernando (Medellin) dijo...

Desde el primer acorde, la interpretación de Szeryng muy superior a la de la violinista francesa.

Antonio Perez dijo...

Bueno, este es un tema donde podríamos estar hasta el día del fin de los tiempos y no terminar. Hay quienes dentro de las interpretaciones historicistas han hecho su caballo de batalla la brusquedad en los ataques de las notas, el fraseo convertido en pura y dura interrupción sonora. Es como "Raphael" pero en versión música culta, lo que puede tener interés al final convertido en caricatura. Y un dato a tener en cuenta, en la época de la grabación de Szeryng no se "manipulaba" el sonido como en la actualidad... a ver que tuvo que vivir el técnico de sonido durante la toma...

Anónimo dijo...

Creo que al final la clave es, como siempre, la calidad y coherencia de los músicos y de sus interpretaciones. Tomemos un caso que todo melómano conoce: la Pasion según San Mateo de Klemperer y la segunda de Herreweghe. Casi todo el mundo estará de acuerdo en que son ambas extraordinarias, pero la de Herreweghe es un brillante ejemplo de todo lo bueno que la corriente historicista ha aportado a la interpretación del barroco: claridad polifónica, recogimiento, etc. Yo (y creo que otros muchos) sigo considerando la de Klemperer como una maravilla por voces, solemnidad, majestuosidad, etc, pero reconozco que ya no suele apetecerme escucharla y casi siempre recurro a Herreweghe, Gardiner o Koopman. Estos músicos han cambiado nuestra sensibilidad como oyentes porque hemos sentido que sus interpretaciones eran seguramente más coherentes con, y hacen más justicia al espíritu de esa determinada música. Claro que para eso deben ser músicos de detrminado nivel y esta violonista , despues de escuchar las dos interpretaciones que Fernando ha traído a esta entrada...., pues es que no resiste la comparación, ni por afinación, potencia, tersura de sonido o cantabilidad.
Y el historicismo, que ha dado muy buenos y sazonados frutos, también ha sido pasto del mercadeo que, efectivamente como dice Fernando, ha vendido muchas motos.
Un saludo, Fernando y a todos los seguidores y opinadores.
José.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por su opinión, Fernando. ¡Qué gran artista fue Szeryng!

Antonio, has puesto el dedo en la llaga. Entiendo que el Barroco, como estilo en general, necesita una buena dosis de teatralidad, de claroscuros, inclusos de golpes de efecto, y que por ende las interpretaciones de ese repertorio de la línea tradicional necesitaban evolucionar hacia nuevos presupuestos interpretativos. Pero una cosa es eso y otra muy distinta lo que tú dices, deformar la articulación hasta límites caricaturescos. Eso del frasear de manera espasmódica y "a saltitos" (creo que todos nos entendemos con el símil) se ha puesto demasiado de moda y, en general, me resulta bastante cursi y frivolón, cuando no pretencioso, aunque no siempre sea así: depende de la obra a interpretar y de cómo lo haga el intérprete de turno. Goebel, por ejemplo, me suele convencer bastante, mientras que Il Giardino unos días me entusiasman y otros me horrorizan; Onofri, como ya he dicho por aquí en más de una ocasión, es una de mis bestias negras.

Obviamente, hay muchos intérpretes historicistas que no necesitan en modo alguno llegar a semejante grado de radicalización. Pinnock, por poner un ejemplo señero, nunca necesitó "efectos especiales". Ni su amiga Rachel Podger, que tiene una grabación de las Sonatas y Partitas mucho más sensata, hermosa y musical que la que estoy escuchando –con escasa satisfacción por mi parte– a cargo de Amandine Beyer, en la que encuentro muchos más fuegos artificiales que poesía, amén de un sonido que me desagrada bastante (Kremer a su lado parece la Mutter).

Curiosamente, Antonio, escuché hace poco una interpretación que recurre no poco a la aspereza, la incisividad y a la fragmentación del discurso, pero que me ha parecido interesantísima: nada menos que Kyung Wha Chung en su retorno al mundo del disco. Conozco a grandes melómanos a los que les ha gustado regular. A mí bastante, porque encuentro que detrás de sus maneras de hacer hay una idea, un mensaje claro, y ese mensaje me seduce muchísimo: dramatismo y desolación en grado extremo. No se trata, pues, del cómo se hacen las cosas, sino del qué se quiere transmitir al hacerlas así.

José, estoy de acuerdo con usted. Enlazo con lo que acabo de escribir: no se trata de historicismo o no historicismo, sino de coherencia expresiva. Le confieso, no obstante, que con la Pasión según San Mateo de Herreweghe II tengo un problema. La primera vez que puse el disco me fascinó sobremanera. Poco después se la escuché en directo, aquí en Jerez de la Frontera, y no me gustó tanto. Volví años más tarde a la grabación (hablamos siempre de la que tiene a Bostridge de narrador, para quienes no estén al corriente del asunto) y me dejó un agridulce sabor de boca. Tengo aquí las notas que tomé: “dirección fluida, natural, atentísima a la belleza sonora, manejando con enorme plasticidad al muy expresivo coro, pero por momentos algo blanda, sin muchas aristas, necesitada de una mayor garra e incisividad, e incluso por momentos (nº 8) algo pimpante”. No niego la categoría de enorme bachiano al maestro belga, pero ¿no parece que está caminando en los últimos años hacia la búsqueda de la belleza sonora en sí misma, hacia lo excesivamente pulimentado e incluso hacia lo relamido? Estoy con aquellos a los que les gustaba más el Herreweghe de antes que el de ahora. Y todavía no he encontrado mi versión perfecta de la Pasión: quizá la de Koopman en Erato sea la que más se le acerca.

Gracias por vuestra participación. Saludos cordiales.

Jesús dijo...

Hola.
De acuerdo, es mucho mejor la versión de Khachatryan.

agustin dijo...

Buenas tardes Fernando:

Si por Kremer se refiere al violinista Gidon Kremer, no puedo estar de acuerdo con esa crítica subliminal que desliza en su comentario.
Gidon Kremer me parece un violinista inmenso.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hola, Agustín.

Obviamente me refiero a Gidon Kremer. A usted y a miles de personas les parece un violinista inmenso. Pero a mí (y me parece que no soy el único precisamente) nos pone muy de los nervios, no solo por su "sonido gatuno" (opinión absolutamente subjetiva, pero bastante difundida), sino también por su tendencia al amaneramiento y escasa emotividad (de nuevo afirmaciones subjetivas, claro). Hace poco escuché su Concierto de Schumann y volví a escuchar el de Tchaikovsky y quedé un tanto mosqueado... Qué le voy a hacer, no me gusta este señor.

Gracias por compartir su opinión. Un saludo.

agustin dijo...

Sin embargo, en obras de Mozart como el Divertimento K.563 o los Duos para violín y viola K423 y K424 creo que son o la Sinfonía concertante para violin y viola K.364, sus interpretaciones son de referencia según la crítica y aparentemente inmejorables.
En fin, es cuestión de gustos.
Aprovecho para pedirle una cosa, si no le resulta demasiado laboriosa: que haga un resumen en el blog de las sinfonías que todo melómano debería conocer o no se debería perder antes de morir, tanto las más famosas como aquéllas menos conocidas que, sin embargo, pueden ser "paraísos perdidos de la música".
Gracias por este interesantísimo blog y un cordial saludo.