lunes, 14 de noviembre de 2016

Beatrice Rana, más que virtuosismo

Quiero hoy hablarles a ustedes de Beatrice Rana, una jovencísima pianista italiana –nació en 1993– que estudió con Benedetto Luppo y que, tras un par de discos para otros sellos, debuta en Warner junto a nada menos que Antonio Pappano y su Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia interpretando dos pesos muy pesados: el Segundo de Prokofiev y el Primero de Tchaikovsky. El registro se realizó en Roma en julio de 2015 y ofrece resultados artísticos un tanto irregulares, más satisfactorios en el primero de los autores citados que en el segundo, pero de considerable altura: esta chica ofrece mucho virtuosismo, pero va más allá de eso.


En Prokofiev, nuestra artista no solo satisface plenamente las terribles demandas de esta partitura en lo que a potencia, densidad y agilidad se refiere. También atiende con enorme acierto a la cargada atmósfera de la partitura, indaga en las posibilidades expresivas de todos los pasajes, matiza de manera rica y variada, demuestra apreciable sensibilidad lírica y, sobre todo, sabe poner de relieve la mezcla de intensa melancolía, humor corrosivo e intensidad dramática que se esconde detrás de las cascadas de notas y de las grandes explosiones sonoras de esta página juvenil y llena de atractivo. Hay que irse a Ashkenazy, a Postkinova o a Kissin para encontrar algo aún mejor. Por su parte, Pappano demuestra una vez más su plena sintonía con el idioma de Prokofiev –sonoridad incisiva al tiempo carnosa, sentido del ritmo y cantabilidad–, y atiende con el mismo acierto que la solista a las diferentes facetas de la partitura, todo ello haciendo gala del empuje y el entusiasmo diríamos que latino que caracterizan su batuta. Además, logra que la orquesta romana rinda al límite de sus posibilidades.


En Tchaikovsky, como decía más arriba, las cosas no funcionan igual de bien. Tras una introducción verdaderamente fulgurante, arrebatadora, en el que la batuta despliega toda su fogosidad, sinceridad y capacidad para comunicar, Pappano propone un primer movimiento extrovertido y brillante, al tiempo que sabe paladear con concentración, sensualidad y sentido cantable los momentos más recogidos. Quizá contagiada por la vehemencia de la batuta, la joven pianista no termina de aprovechar los pasajes más rápidos, convenciendo mucho más cuando llega la hora de indagar en el lirismo al mismo tiempo tierno y amargo de la partitura.

En el segundo movimiento pinchan los dos artistas, interpretándolo de manera excesivamente liviana y coqueta, banal incluso, y cayendo en una efervescencia meramente virtuosística en la sección central. En el tercero vuelve el arrebato temperamental, para lo bueno y para lo malo, alternándose pasajes muy logrados con otros en los que el piano sucumbe al más superficial virtuosismo, aunque éste sea de primera y el sonido pianístico, por ventura, resulte francamente rico y adecuadamente poderoso, algo que se pone bien de manifiesto si se escucha esta grabación en la descarga HD, lo que siempre beneficia al registro grave.

En fin, una pianista llena de talento que aún tiene que madurar. No conviene perderla de vista.

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