lunes, 8 de febrero de 2016

Los conciertos para piano de Prokofiev por Bavouzet y Noseda

Mi especial interés en Prokofiev me ha hecho acercarme a la integral de los cinco conciertos para piano y orquesta grabados por el pianista galo Jean-Efflam Bavouzet –primera cosa que le escucho– y el maestro italiano Gianandrea Noseda junto a la espléndida BBC Philharmonic entre 2012 (Primero, Tercero, Cuarto) y 2013 (Segundo, Quinto) para el sello Chandos. No ha merecido mucho la pena, la verdad.


Ya empieza decepcionando el Primero con un arranque plano y sin retranca, apreciándose que ni solista ni batuta van a sintonizar con el estilo de Prokofiev. Efectivamente, la lectura se decanta por un virtuosismo más o menos amable y apolíneo bastante insustancial, a la postre aburrido, aunque tampoco debemos desdeñar el lirismo que ambos procuran extraer –sin conseguirlo del todo– del segundo movimiento.

El segundo es una obra que exige un virtuosismo extraordinario –el piano es aquí protagonista muy por encima de la orquesta–, y hay que reconocer que Bavouzet toca con agilidad suficiente, frasea con flexibilidad –nada de mecanicismo ni de carreras de cara a la galería– y ofrece una línea sensual que resalta los aspectos más evocadores de esta página. En contrapartida, pasa un tanto de largo ante los más siniestros y dramáticos, y tampoco sintoniza con la peculiar ironía del autor; en general, necesita mayor variedad de acentos, contrastes más marcados y una dosis superior de chispa y garra. A Noseda, que descubre texturas muy interesantes en el primer movimiento, le pasa algo parecido.

Donde el maestro parece mostrarse más centrado es en el Tercero, y eso que un arranque particularmente suave y evocador hace pensar que la batuta se va a decantar por una visión mayormente lírica de la página. Por fortuna, poco a poco vamos descubriendo que no es así y Noseda se preocupa por ofrecer también las aristas tímbricas y la incisividad expresiva que demanda el universo de Prokofiev; aunque en general se va a echar de menos una idea clara del conjunto, termina enganchando hasta culminar en un final adecuadamente intenso. Interesa bastante menos la labor de Bavouzet, en general correcto pero poco variado en lo expresivo y con tendencia a quedarse en el mero virtuosismo.

De nuevo en el Cuarto la batuta se decanta antes por los aspectos líricos que por los incisivos o dramáticos, sin que tampoco termine de ser del todo intenso en ninguno de los dos aspectos, mientras que el pianista vuelve a mostrarse tan correcto y sensato como insuficiente a la hora de servir a Prokofiev. Necesita un toque más variado, más rico en colores, más comprometido en la expresión.

Habida cuenta de la línea interpretativa de los conciertos anteriores, podía preverse que en el muy anguloso, incisivo y fragmentario Concierto nº 5 los dos artistas podrían estrellarse, pero no es así y a la postre nos entregan una notable interpretación, centrada en lo expresivo y dicha con intensidad, aristada en su punto justo y muy bien expuesta; en todo caso, queda lejos la batuta del colorido y la garra de un Rozhdestvensky, y más aún el pianista del certero sonido, la imaginación y la asombrosa capacidad para las texturas –increíble cuarto movimiento– de Victoria Postnikova.

Precisamente el matrimonio ruso firmó para el sello Melodyia la que sigue siendo la interpretación de referencia pese a las deficiencias de su toma sonora. Esta de Chandos, que por cierto tampoco cuenta con un sonido todo lo extraordinario que era de esperar, no pasará a la historia.

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