martes, 9 de febrero de 2016

Harold en Italia por Gardiner

Empieza bien este Harold en Italia grabado por Gardiner y su Orchestre Révolutionnaire et Romantique en Londres en septiembre de 1994: sobria, decidida y con marcados acentos dramáticos. Por desgracia, en pocos minutos queda en evidencia las habituales limitaciones del maestro británico a la hora de resultar atmosférico o sensual, así como su tendencia a la sequedad, a la contundencia en los tutti y al distanciamiento expresivo. Tampoco es que la viola de Gérard Caussé –que había grabado previamente la página con Plasson– sea el colmo de la poesía. Aun así, bien.


La marcha de los peregrinos defrauda por su carácter un tanto frívolo, lúdico incluso, carácter que le sienta mucho mejor al tercer movimiento, dicho con frescura y encanto. El cuarto, finalmente, está dicho con brillantez y muy buen trazo, cerrando así una interpretación notable que gustará bastante a los más interesados por los instrumentos originales. Otra cosa es para algunos paladares resulte poco atractiva la sonoridad de estos, e incluso llegue a molestar la articulación historicista: me sé de más de uno que se puede poner de los nervios con las notas sin apenas vibrar de la viola.

Lo más interesante del disco es el infrecuente complemento. Tristia se compone de tres páginas para coro y orquesta escritas por Berlioz en diferentes momentos de su vida y sin relación directa entre sí, la primera de ellas sobre un poema de Tomás Moro y las otras dos inspiradas en Hamlet: muerte de Ofelia y marcha fúnebre final. La presencia del increíble Monteverdi Choir –los pianísimos hay que oírlos para creerlos– hacen que la interpretación, pese a su distanciamiento, resulte fascinante. Y tampoco vamos a negar que la seca electricidad de la que hace gala Gardiner sea de lo más adecuada para la tercera pieza del tríptico.

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