viernes, 19 de febrero de 2016

El Sibelius de Karajan de los sesenta (y II)

Tras el doble compacto de la serie The Originals que ya comenté, continúo con el Sibelius de Karajan y la Filarmónica de Berlín grabado en los años sesenta.


En la serie Galleria puede localizarse el Concierto para violín realizado en 1964 junto a Christian Ferras: merece mucho la pena. Sin ser el del desdichado artista francés –terminó sus días suicidándose– el mayor virtuosismo de los posibles, hay que admirar su sonido bello y carnoso, su gran variedad expresiva y su muy apreciable aliento lírico. En cuanto a Karajan, y como era de esperar, ofrece una dirección de sonido opulento, siempre sensual, poderosa, aunque mirando antes a la dimensión romántica del autor que a la expresionista, y por ende no muy electrizante ni encrespada. Así las cosas, lo mejor es un formidable segundo movimiento, y lo menos conseguido un tercero trazado con naturalidad pero sin el carácter bronco, obsesivo y demoníaco, de danza macabra, que aquí resulta tan atractivo.

La impresionante lectura de Finlandia de 1964 se encuentra asimismo en ese compacto de Galleria, hoy descatalogado: sonoridad opulenta, empastadísima, densa y robusta, con gran presencia de una poderosa cuerda grave, para una interpretación que en su primera parte, recreada con especial lentitud, desarrolla una fuerza dramática y una atmósfera opresivas propias de una batuta genial, para en la segunda volverse épica, casi jubilosa, sin dejar ofrecer un himno muy emotivo y vibrante.

Queda el Vals triste de 1967, hoy por hoy la grabación de todas las comentadas más difícil de localizar en compacto. Esta es perfecto resumen de las características del Sibelius del maestro: ya un arranque algo decadente nos anuncia que nos vamos a encontrar ante una interpretación sonada con una belleza y opulencia deslumbrantes, cantada de manera admirable, pero un tanto narcisista, diríase que más lánguida que triste, aunque alcance gran fuerza en el clímax.

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