sábado, 20 de febrero de 2016

Danzas húngaras y eslavas por las Labèque

Prometí escribir –ya lo hice de las páginas “infantiles” de Bizet, Fauré y Ravel– sobre el resto de la cajita de seis compactos dedicada a las Labèque bajo el título Piano Fantasy. Lo hago en dos partes, empezando por las Danzas húngaras de Brahms y las Danzas eslavas de Dvorák, grabaciones de 1981 y 1990 respectivamente. Pues bien, las dos colecciones me parecen un prodigio de sentido del ritmo, de la melodía, de la chispa y de la frescura, también de la rusticidad popular, pero siempre aplicando una gran dosis de técnica –agilidad, sincronización, volúmenes, colores–, de imaginación y de flexibilidad, dentro del más exquisito gusto y del mejor servicio a la partitura.

 
Por concretar un poco, en Brahms podríamos subrayar la manera en que las hermanas logran imitar el sonido del címbalo en algunas de las danzas. Y en Dvorák podríamos destacar cómo hacen volar las melodías, ofrecen lirismo a raudales, indagan en los aspectos más sensuales e introvertidos de estas páginas y destilan las mayores esencias poéticas, particularmente en danzas como la op. 72 nº 2 o la op. 72 nº 8. Total, una maravilla de principio a fin. Otro día les hablo del resto de la caja.

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