jueves, 18 de febrero de 2016

Imprescindible Ravel por las Labèque

Soy gran admirador de las hermanas Katia y Marielle Labèque desde la primera vez que las escuché en directo, allá a principios de los noventa en el Festival Internacional de Santander, pero hasta ahora no he tenido –gracias a una caja editada por Philips adquirida a muy buen precio– la oportunidad de acercarme de manera sistemática a su discografía. Y en ese recorrido he llegado a un disco que me ha parecido tan  fundamental que no me resisto a escribir unas breves líneas para recomendarlo calurosamente: Jeux d’enfats de Bizet, Dolly de Fauré y Ma Mère l’Oye de Ravel, en grabaciones realizadas en Londres en diciembre de 1985, cuando las hermanas eran todavía unas jovencitas. Pero unas jovencitas con un talento inmenso.


En las obras de Bizet y Fauré nuestras artistas demuestran poseer el estilo perfecto para este repertorio, alcanzando el punto justo –tan difícil de obtener– de morbidez y sensualidad, lo que en unión con una enorme sutileza en el fraseo, amplia variedad expresiva y gusto exquisito da como resultado unas interpretaciones colosales. Pero es el Ravel lo que me ha vuelto loco: un prodigio de sensibilidad, poesía, sensualidad e imaginación donde asombran la manera de mantener la concentración a pesar de la la lentitud –tremenda en el primer número–, la flexibilidad del fraseo, la sutileza de los matices poéticos –asombroso el final de Bella y Bestia– y, sobre todo, la increíble variedad del sonido con la que consiguen reproducir una paleta de colores orquestales tan amplia que no se echa en absoluto de menos la portentosa orquestación que realizó el propio autor.

Más adelante iré escribiendo sobre el resto del contenido de esta caja.

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