viernes, 1 de enero de 2016

Año Nuevo 2016: vuelve Jansons

Con alguna importante excepción que señalaré en su momento, pocas sorpresas a nivel interpretativo con respecto a las anteriores intervenciones de Jansons en el Concierto de Año Nuevo. Tanto ha sido así que puedo repetir, en líneas generales, lo que escribí con respecto a la edición de 2012:
“Mariss Jansons ha ofrecido al frente de la Filarmónica de Viena una buena dosis de entusiasmo, desparpajo y sentido del humor, lo que le sienta de maravilla a este repertorio (…), pero se ha mostrado más bien tosco, poco atento al detalle (…), además de poco dotado para desplegar sensualidad y vuelo lírico. El resultado, lecturas muy vistosas y estimulantes, de esas que nunca aburren, pero más bien gruesas y de cara a la galería, siguiendo un planteamiento que ha funcionado estupendamente en las piezas trepidantes y bastante menos bien, por pura lógica, en los grandes valses, en los que por cierto el peculiarísimo sentido vienés del rubato brilló por su ausencia.”
Nada más abrirse el programa 2016 con la Marcha de las Naciones Unidas de Robert Stolz, dicha con entusiasmo pero un tanto de cara a la galería, el maestro letón volvía a dejar sus cartas al descubierto, evidenciando unas insuficiencias que quedaban aún más patentes con el Sachtz-Walzer de Johann Strauss II, sobre temas de El barón gitano: mucha robustez, poca elegancia, ninguna sensualidad y contundencia en el final.


Las virtudes de Jansons en este repertorio tuvieron su lugar en las dos páginas del mismo autor que vinieron a continuación, una Polca Violetta dicha con desparpajo y sin abusar de los rubatos, y un Tren del placer entusiasta, pícaro y entusiasta a más no poder, aunque –como era de esperar– bastante parco en matices e imaginación. Se echa de menos a Carlos Kleiber, quien también –no es imprescindible que lo diga Pérez de Arteaga: todos recordamos la portada del maravilloso disco– sopló el cornetín en este página allá por 1992.

El vals Muchachas de Viena, de Carl Michael Ziehrer, incorporaba unos silbidos por parte de los profesores de la orquesta que a mí me hicieron pensar en los más azucarados musicales del Hollywood clásico. Para terminar la primera parte, la polca rápida de Eduard Strauss Correo extra, para la que le trajeron a Jansons –típica broma del concierto: por correo extraordinario– una batuta decimonónica de esas muy gruesas.

En la obertura de Una noche en Venecia, la opereta del más célebre de la saga de los Strauss, Jansons intentó destilar dulzura en su sección lírica central sin terminar de convencer. A continuación, derrochó energía en Ausser Rand und Band, polca rápida de Eduard y primera intervención del Ballet de la Ópera de Viena: ya saben, sonrisas forzadísimas y poses cursis. Entusiasta y sinfónica la recreación de la sublime Música de las esferas, de Josef Strauss.

La polca francesa Sängerslust y la polca rápida Auf Ferienreisen, de Johann Strauss II y Josef Strauss respectivamente, contaron con la participación de los Niños Cantores de Viena, a los que encontré muy lejos de sus mejores tiempos; en la segunda de las piezas, hubo que suportar una filmación sobre lo monísimos que son los nenes.

La gran maravilla de la sesión vino con el interludio de la opereta La princesa Ninetta, de Johann Strauss II, música bellísima en la que Jansons, desde un arranque con verdadera magia, por fin logró destilar esa sensualidad y esa voluptuosidad embriagadoras tan necesarias en este repertorio. Y qué voy a decir de los violonchelos de la Filarmónica de Viena.

El vals España de Èmile Waldteufel resultó ser un simpático arreglo de la celebérrima España de Chabrier: puro tópico tanto la música como la interpretación, a lo que hubo que sumar el jueguecito de abanicos entre la percusión. De Josef Hellmesberger padre se ofreció la interesante Ball-Szene, escrita fundamentalmente para cuerdas, y de Johann Strauss padre el Galopp del suspiro, ideal para que Jansons luciera la electricidad de su batuta.

Eché mucho de menos a Ozawa en una Libélula, polca mazurca de Josef, que no logró remontar el vuelo en ningún momento. ¡Qué escaso dominio de la agógica, que poca ligereza! Peor aún el genial Vals del Emperador, basto a más no poder; por si fuera poco, lo ilustraron con un ballet azucaradísimo. Subió el nivel en la siempre apetecible A la caza, también de Johann Strauss II, dicha en la misma línea que el resto de las polcas rápidas; fenomenales las trompas.

De la primera propina no pude retener nombre y autor; polca rápida, en cualquier caso, dicha con gran electricidad y aderezada por unos cortes en el sonido –los hubo también en la primera parte– que sonaron a “les jodemos la grabación casera para que se compren el Blu-ray”. En El Danubio azul se vieron maravillosas filmaciones del río y los violonchelos volvieron a derretir nuestros oídos, pero la interpretación no pasará a la historia; los rubatos, forzadísimos. La Marcha Radetzky la hizo Jansons a su aire, sin apenas controlar las palmas del público y ausentándose un rato del podio.

Total, lo de siempre en Jansons por estas fechas: eficacia, entusiasmo y sentido del humor, con resultados muy irregulares. Yo solo me he entusiasmado con Fürstin Ninetta. Director de la edición 2017: ¡Gustavo Dudamel! Sorprendente, como poco.

2 comentarios:

Javier dijo...

Hola Fernando, ¡feliz año nuevo! En general estoy de acuerdo contigo, sobre todo en lo referente a Ninetta, sin duda lo mejor. Ahora bien, aun teniendo en cuenta las limitaciones de Jansons, yo prefiero su enfoque al de un Mehta al que personalmente encuentro directamente aburrido en este repertorio. De Welser-Most prefiero no hablar y el Barenboim 2014 no lo vi, así que para mí este es el mejor desde Petre 2010.
Difiero algo en la valoración del Vals del emperador, (no me meto en el ballet que en efecto fue una cursilada), yo lo he disfrutado (ya lo he dicho jaja). ¿Cuando fue la última vez que se tocó esta obra en un concierto de año nuevo? No puedo acordarme, pero si mi memoria no me falla me ha parecido superior a esa interpretación.
Todo esto teniendo en cuenta que un año más he visto el concierto en la 1 con su nefasto sonido que parece que va a peor. ¿hay algún canal que retransmita por internet con calidad de imagen decentilla y un sonido bueno?
Un último comentario: lo de Dudamel no me lo esperaba. Al terminar el concierto he fantaseado con Nelsons en este repertorio pero lo he descartado por motivos de edad.

Nemo dijo...

Solo en los casos de Carlos Kleiber (1989, 1992), Karajan (1987) y Maazel (entre 1980 y 2005), he disfrutado de verdad con esta música. Pretre fue un soplo de aire fresco entre tanta mediocridad y falta de estilo (Abbado, Muti, Ozawa, Mehta, Jansons, Welser-Most...), aunque solo los tres citados tocaron el cielo.